Fotografo: Diego Figueroa

Instagram: @halofive

Carl Barât DJ set en Caradura

Caradura se transformó en embajada musical del Reino Unido en México para recibir la selección musical del guitarrista y vocalista de The Libertines.

La noche del sábado se respiraba un ambiente distinto en la colonia Condesa. Cielo nublado con pronóstico de lluvia. Desde las 20:00 H, chicos con chamarras y boinas de cuero hicieron fila afuera del venue ubicado en la calle Nuevo León #73. B:oost Sessions fichó a Carl Barât para armar una fiesta a la inglesa en la Ciudad de México.

Caradura de pronto era un pub. La cerveza corría de un lado para el otro. Conforme iban llegando, las personas se arremolinaron al pie del escenario para tener la mejor vista posible.

Resguardado por elementos de seguridad, el líder de la extinta banda Dirty Pretty Things hizo su arribo. En su camino a las tornamesas, recibió varios saludos y regaló algunos abrazos. En punto de las 23:30 H. tomo el micrófono y preguntó si estaban listos para cantar y bailar con ímpetu. Todos respondieron afirmativamente. Tras un pequeño inconveniente técnico, abrió su set con "I Bet You Look Good on the Dancefloor" de Arctic Monkeys. La emoción contenida por horas explotó tras el primer riff de la guitarra de Alex Turner

"This Charming Man" para los románticos de copete alto. "Boys Don't Cry" nos hizo sentir un hueco en el estómago; llevamos dos semanas con la incertidumbre de no saber si confirmarán a The Cure en el Foro Sol para el 8 de octubre.

Es admirable el cariño que el público le tiene al músico. Con "Fuck Forever" de Babyshambles nos quedó claro que los viejos rencores con Pete Doherty han quedado en el pasado. Sobrevino "Take Me Out" de Franz Ferdinand y atraído por la euforia del público, Barât se acerco para firmar algunos discos, playeras, carteles, botellas de cerveza e incluso billetes.

Regresamos a 1995 con "Common People" de Pulp. "Bang Bang You're Dead" de los mismísimos Dirty Pretty Things tuvo un sabor súper especial ya que el videoclip fue grabado en la Ciudad de México. La alegría se notaba en los rostros de todos los presentes. ¡Más disparos! "Paper Planes" de M.I.A. llevó la euforia a uno de los puntos más altos. Recibíamos el domingo bailando en Caradura.

Amy Winehouse no podía faltar en el set. Sobrevino una mezcla de canciones con mucho swing aderezado con ritmos jazz y blues. Baile cadencioso. De nuevo, guitarras electrizantes. Nos volvimos a encender con "Connection" de Elastica. Clímax. ¡Todos con las manos en el aire y en coro colectivo para interpretar “Can't Stop Me Now” de The Libertines!

Cuando sonó "Live Forever" de Oasis aquellos cuerpos que había sobre la pista se disolvieron en un mar. Sudor, cerveza y whisky se mezclaron en una sustancia acuosa. El oleaje arremetía hacía el frente. "Lust For Live" de Iggy Pop para ir cerrando. Carl realizó su último acercamiento con el público para firmar algunos artículos. Con "Don't Look Back Into the Sun" culminó este emotivo regreso de Barât a México. Esperamos que vuelva pronto junto con Pete Doherty y el resto de The Libertines.

Florence and The Machine comparte dos demos de 'Lungs'

Hoy se cumplen 10 años de Lungs y Florence and The Machine compartió un par de demos de ese material.

Como parte de los festejos de el décimo aniversario de Lungs, Florence and The Machine compartió un par de demos de tracks que no entraron al corte final del LP. Se trata de "Donkey Kush" y "My Best Dress". En ambas grabaciones podemos escuchar la voz potente de Florence Welch.

¡Dales play a continuación!

Para celebrar los 10 años de este material se lanzará un box set que incluirá LP, cassette y un exclusivo set de doble caja de vinilo. Puedes pre-ordenarlo aquí y recibirlo a partir del 16 de agosto.

Como parte del aniversario de Lungs hemos escrito un texto en el que analizamos por qué se ha convertido en el material que le dio un respiro a la industria británica. Da clic en la portada para leer más.

Baroness en el Lunario del Auditorio Nacional

La noche de la Baronesa y la conquista del Lunario.

“Ya sé que cada vocalista dice esto, pero yo lo digo de verdad. Ustedes son los mejores”, dice John Baizley, voz y guitarra de Baroness, tras regresar de la primera parte del set para el obligado encore. Una pausa extraña, ya que las luces del Lunario se encendieron tímidamente y los fans no sabían si en verdad ya había terminado el show, con apenas una hora rebasada. La euforia volvió cuando John entró al escenario corriendo, con guitarra en mano y sonrisa en el rostro, una expresión que no aparecía por primera vez en la noche, sino que se fue alimentando por la recepción que los fans le dieron a la banda en su primer concierto titular en México, tras haber formado parte del Vive Latino en el 2016.

El público mexicano, casi siempre muy expresivo y agradecido con sus artistas, demostró las ansias satisfechas por ver a los de Savannah, Georgia, de nuevo en un escenario. Puños al aire acompañando el galope de las notas del bajo de Nick Jost, coros heroicos a una sola voz, los potentes “eh! eh! eh! eh!” mientras John y Gina Gleason en la segunda guitarra hacían duelos de solos, espalda contra espalda. Personalmente no vi su participación en el Vive Latino, pero sabiendo que en un festival el público siempre es dividido, podemos entender el asombro de la banda con la respuesta del los fans esta noche.

“Gracias por traer esta energía con ustedes”, volvía a comentar John, quien junto a los demás integrantes de pie, se acercaban constantemente a la orilla del escenario. Estoy seguro que en este momento, Sebastian Thomson se arrepintió de escoger la batería como su instrumento ya que no podía hacer lo mismo, pero bueno, lo compensaba con la intensidad de sus tamborazos.

Si a esto le sumamos que recién ha salido el quinto disco de Baroness (Gold & Grey, lanzado el 14 de junio), y la mezcla de nervios y emoción por tocar estas canciones en vivo recién salidas del estudio, el resultado no pudo ser mejor. La combinación entre estas canciones nuevas y los clásicos fue ideal gracias al gran setlist que armaron y que fue creciendo, destacando el inicio con la épica triada de "A Horse Called Golgotha", "Morningstar" y "Borderlines"; el canto incesante de Eula, el cierre de la primera parte con "Seasons" y "The Gnashing", para llegar al gran final con "Isak" y "Take My Bones Away".

La banda encargada de abrir la noche fue The Wicked Ones, de quien me gustaría hablarles más, pero por protocolos del personal del Lunario, lo único que puedo comentarles es “desde el lobby suena bien”. Lo poco que pude apreciar de su presentación fueron guitarrazos duros que lograron la aceptación de los pocos fans que ya habían tomado su aferrado lugar en la barricada. Buena propuesta de apertura para un show de este calibre.

Florence and The Machine en el Palacio de los Deportes

Rodeada de flores, catrinas de papel, dedicatorias y llamados a disfrutar de la experiencia, Florence and The Machine nos recordó por qué los Dogs Days Are Over.

"Los momentos mundanos pueden volverse increíblemente profundos. El performance, la trascendencia y sentarse a ver televisión pueden coexistir entre lo mundano y lo mágico. Tal vez trato de aferrarme a la normalidad. Tal vez porque estar en el escenario se ha vuelto algo tan normal como mis momentos de paz. Pero lo importante es que los atesoro", Florence Welch.

“No es una fecha aleatoria” pensé en más de una ocasión. Con el mes de junio, personas, cosas y situaciones me vienen a la cabeza: Los renglones originales de Mrs Dalloway (1925), el Pride Month y la potencia de uno de los versos de la canción de apertura de High As Hope (2018): El amor se vuelve desafío en los días difíciles. 

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Aunque tengo impresas algunas de las primeras tomas de Tom Beard, siempre he visto a Florence Welch bajo el retrato de Virginia Woolf. Supongo que se debe a mi referencia favorita de Ceremonials (2011).

No me equivoco, pues cuando se escuchan las primeras notas de “June”, el vestuario de Flomismo que resalta por el sello de Gucci– me recuerda a “What The Water Gave Me”, a la colección fotográfica de Bernard en 2015 y a una que otra escena de Nicole Kidman en The Hours (2002). Reitero, escuchar y ver a Miss Welch y su banda (Isabella Summers, Rusty Bradshaw, Tom Monger, Mark Saunders y Robert Ackroyd) es una experiencia que implica tener presente a personas y situaciones.  

El año pasado Isa se reunió con Melena Ryzik y entre risas declaró que “Flo había optado por usar prendas más cercanas a la vida real”. Desde mi punto de vista, lo cumplió. No hay nada más real que las palabras de Virginia. 

Pero el cambio de estilo en el escenario (que soy honesta no es tan radical), no ha sido el único desde que escuché “Heartlines” en el Corona Capital de 2012. “La última vez que vinimos recuerdo haber bebido bastante”. 

Mientras interactúa con el público, recuerdo que hace poco tuvo una visita de Eva Wiseman, periodista de The Guardian. Hablaron de lo que había inspirado canciones como “100 Years” (una de las favoritas del público mexicano), su libro de poesía (Useless Magic), la contribución de Kamasi Washington a los temas de su último álbum y el haberse convertido en tía. 

Posiblemente reconstruir el texto de Wiseman me distrajo de algunos coros de “Ship To Wreck” y “Queen Of Peace”, pero necesitaba entender a una Florence Welch de 32 años, cercana a la maternidad de su hermana y con constantes pensamientos referentes al matrimonio para disfrutar de una de las canciones que remiten a una situación personal: “Hunger”.

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Desde su presentación en San Diego estuve al pendiente del tour y -por obvias razones- sabía que el setlist del Palacio de los Deportes no incluiría “Lover To Lover”, “Various Storms & Saints” o “My Boy Builds Coffins”. Sin embargo, durante todo el concierto fui consciente de que escribiría un texto que conservara momentos como la dedicatoria a Patti Smith, las leyendas de los carteles de las y los fans en las primeras filas, la lectura que hizo del libro que le obsequiaron y la petición que hicieron Neko Case y Björk hace algunos años: ¡Por favor guarden el (pinche) celular!

Me asumo como una persona calculadora y, aunque a veces me es imposible, trato de encontrar fórmulas para todo. Esta vez no es la excepción y la única vía que tengo para narrar la experiencia que usuarios en Twitter describieron como mística es a partir del mismo trinomio bajo el que concibo la música de la Madrina del Punk, PJ Harvey y Fiona Apple: Amor, libertad, inspiración y memoria.

Si bien la lírica de “What Kind Of Man” y “The End Of Love” me transportan constantemente a las publicaciones de Hera Lindsay Bird en The Spinoff y a tres de los poemas de Sylvia Plath (Mad Girl’s Love Song, Poppies In July y Try To Trick Me With A Kiss), fueron los cameos a la bandera de la comunidad LGBTTTIQA y las dedicatorias del visual de ‘you’re my favorite’ en “You’ve Got The Love” con las que agradecí a las mujeres (tres de ellas amigas y una ex pareja) que desde algún tiempo le cambiaron el sentido a mis versos favoritos de “Cosmic Love”: Estaba en la oscuridad y me volví en oscuridad (…) Estabas en la oscuridad, así que me quedé contigo. 

https://www.instagram.com/p/BCD_eIzD2z7/

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Aunque en ningún momento de mi vida he rechazado el amor desde la perspectiva en la que Karen O escribió Crush Songs (2014), siempre he preferido adoptar la lectura de Susan Sontag: Lo que ahora importa es recuperar nuestros sentidos. Debemos aprender a ver, oír y sentir más. 

Las palabras de Sontag no me pueden ser más significativas al escuchar a Florence, pues para ella también es posible el amor a la libertad, victoria (no por nada dedicó “Jenny Of Oldstones" a Arya Stark) al arte (constantemente se imagina sentada al lado de Frida Kahlo) y al reconocimiento de “Patricia” Lee Smith como la persona que le recuerda que “todas las puertas están abiertas para las creyentes”. 

JOY OVER PERFECTION

Usualmente Greta Gerwig describe a la música de Florence como “el pozo más oscuro de dolor que incita a una fiesta”. No podría estar más de acuerdo. Desde Lungs (2009), la conversación se ha mantenido bajo una disputa entre la interrogante de ‘too fast for freedom?’ y la danza de nuestros demonios y fantasmas. 

Al finalizar “Shake It Out”, mis amigos me esperarían en la puerta 7. Sabía que lo primero que me preguntarían sería mi sentir con la apertura de “Hunger”: “A los 17 comencé a morirme de hambre”. Tal y como lo expresan Sontag y -en algunas ocasiones- Amélie Nothomb, el amor implica el entendimiento propio a través de las emociones. Desde los 11 años me reconozco como una mujer que a diario aprende a manejar su relación con la comida. 

A pesar de que todavía me cuesta trabajo hablar al respecto y de que hay días en los que me convence “No Choir”- Es difícil escribir sobre ser feliz porque todo lo que encuentro que es felicidad es un tema incidental-, estoy segura de que ya no me asumo bajo el tatuaje que tiene Florence en su brazo izquierdo: Always Alone. 

Ed Maverick en el Lunario del Auditorio Nacional

Nace una estrella.

Hace unos meses, la mayoría de aquellos que nos acercamos a los 30 años de edad, no teníamos ni idea de la existencia de Ed Maverick. Cuando se anunció que se presentaría en el Lunario, nos sorprendimos aunque no tanto como cuando nos enteramos que en cuestión de horas se habían agotado los boletos, repitiendo la hazaña con una segunda fecha. Desde ese momento, me propuse asistir a esos conciertos y responder la pregunta que muchos nos hemos hecho a lo largo de estos meses: ¿cómo un chico de 18 años logró tanto en tan poco tiempo?

Llegué media hora antes de lo pactado en el boleto, sin embargo el Lunario ya se encontraba lleno. La mayoría de los asistentes o eran menores de edad o a penas rebasaban los 18 años, eran chavitos pues; una nueva generación con un nuevo ídolo.

Pasando las 20:00 H, Ed Maverick y sus amigos (porque más que banda se trataba de un grupo de amigos) subieron al escenario acompañados de un grito ensordecedor. Tardó un minuto en empezar, afinó su guitarra, dijo hola y empezó. No había dicho ni media palabra cuando el público reconoció la canción y cubrió con su canto la voz del chico de chihuahua parado frente a ellos, armado con una guitarra y un micrófono.

De inmediato reconocí a los músicos que lo acompañaban y destaqué al bajista: Diego Puerta aka Dromedarios Mágicos, otro chico folk, alguien que en cualquier otra escena debería de estar dedicándose a morir de envidia porque un novato estaba logrando lo que él no había podido conseguir, sin embargo ahí estaba, ayudándole en los coros, con el bajo y con los chistes, haciéndolo sentir respaldado en la que probablemente era la noche más importante de su vida hasta ahora y quizás el momento en el que más nervioso podría estar.

Y a todo esto ¿qué tocó? Sonaron canciones de sus dos materiales, tanto de aquel primero que escribió mientras asistía a la prepa en Chihuahua y le ganó la fama, como de Transiciones el disco que describe perfectamente el momento en el que se encuentra hoy, mudándose a la Ciudad de México con tan solo 18 y tener que ser independiente de la noche a la mañana, teniendo que “aprender a hacerme un huevo, una maruchan o un huevo con maruchan” según sus palabras.

No hubo más que una invitada, Braty, con la cual interpretó “Ropa de bazar” en la poco más de una hora que duró el show, breve para muchos pero con un par de materiales no había forma de que durara más.

A las afueras solo se veían caras sonrientes de una generación nacida y criada por completo en el nuevo milenio que acaban de vivir el nacimiento de un nuevo ídolo, porque eso es a lo que Ed Maverick apunta, quiera o no, a convertirse en el ídolo de una nueva generación a la cual pertenece y da voz.

Catfish and the Bottlemen en El Plaza Condesa

Aquí la energía no baja.

A las 20:59 H la música de fondo, destinada a llenar el silencio de un recinto semi lleno, se detiene. Las luces se apagan para dar la señal de que es momento de avanzar un poco más al frente del lugar pues el concierto está por comenzar. Algo tienen los británicos que les encanta subir al escenario con clásicos de la música de los 60 y 70. La elección de Catfish and the Bottlemen es “Ain't That a Kick in the Head” de Dean Martin. El pop ligero marca un contraste interesante al ver salir a Van McCann con sus instrumentos y look rockero.

“Longshot”, sencillo de su más reciente disco, fue creada para ser la manera perfecta de comenzar un concierto. Suena un profundo “Go” seguido de los primeros acordes de guitarra, batería y bajo. Gritos de emoción inundan el recinto y hasta opacan un poco la voz de Van. Al terminar, solo unos segundos pasan para comenzar la siguiente canción: “Kathleen”. “Come on Mexico City!”, parece que ya les contaron del potencial de los mexicanos para crear el mejor ambiente. Literalmente, todos comenzamos a brincar al ritmo de la música.

Apenas llevamos 10 minutos y ya hace calor. En la mirada de Van se nota intriga, la melodía de “Soundcheck” comienza y él nos señala pasándonos el micrófono. Las paredes de El Plaza se llenaron de nuestra voz al unísono. Tal vez no es un sold out, pero es algo mejor que eso. Quienes estamos aquí somos verdaderos fans. No hay relleno. ¿Cómo lo supe? Todos optamos por corear cada palabra de cada canción en lugar de sacar el celular para postear en redes sociales. Y lo mejor es que sí nos las sabemos. Todas aparentemente.

Por ahí dicen que todas las canciones de Catfish and the Bottlemen son iguales. Y, por supuesto que tienen un sonido muy definido, pero en lugar de parecer una misma canción resulta que todas podrían ser sencillos y hits. Todas son crowdpleasers. Por eso, aquí la energía no baja. No hay un momento de respiro, porque cuando ya acabó la canción preferida con la que gritaste más, ya viene la otra que te hace gritar igual o más.

Se nota la emoción de los galeses de visitarnos por primera vez. Lo están dando todo. No solo se nota en el sudor que deja mojadas sus cabezas, sino en la improvisación de solos de batería y guitarra casi al finalizar “Business”.

This i sour first show here. Thank you for this night, for coming to see us. We are Catfish and the Bottlemen and this song is called Tyrants. Siempre terminan con esa canción.

Las luces se prenden. ¿Y el encore? Todos comenzamos a salir, ligeramente decepcionados de que haya terminado. Se pasó muy rápido, pero el setlist fue perfecto. Definitivamente, al TOP 10 de conciertos de más de uno.

Solar GNP 2019

El festival que no sabíamos que necesitábamos.

La expectativa era enorme para este fin de semana. Paisajes llenos de colores, un lineup lleno de leyendas de la música y una oferta gastronómica que merecía su propio festival.

Minutos después de las 13:00 H, las puertas se abrieron y la fila que ya esperaba ansiosa el disfrutar de la música y la comida, ingresaba a Jardines de México con una sonrisa y bloqueador solar embadurnado por toda su piel. El sol parecía no tener misericordia y con hasta 40 grados centígrados, el sudor hacía su recorrido hacia el suelo sin necesidad de un esfuerzo siquiera mínimo.

Gente de todas las edades llegaba al lugar, vestidos con bermudas, shorts, faldas, pareos… con la ropa más fresca que encontraron (hubo incluso quien se paseó en ropa interior durante todo el festival) bailaba en los alrededores disfrutando del delicioso sonido de Los Músicos de José, que nos pusieron a mover los pies desde las 15:25 H. El funk, el jazz y un exquisito groove encendieron los ánimos de la gente en el área General y en la VIP (gran desatino para mi gusto que esta última estuviera justo entre el escenario y el resto de los espectadores), quienes descalzos y llenos de alegría se contoneaban al ritmo de temas como “Amaneceres”, “Thanks Jaime” y “La Virgen de la Macarena”.

El ambiente era más bien familiar, habían desde niños pequeños hasta personas de la tercera edad. En sus dos escenarios: Vivir es Increíble y Bermuda que fueron tan dispares durante todo el festival, que mientras en uno escuchábamos a Diego El Cigala y bailábamos a su compás, en el otro apenas un par de personas escuchaban a Gordo’s Project sin grandes ánimos.

Hablando de El Cigala, lo que uno de los más grandes cantaores de la historia nos regaló fue simplemente sublime. Rodeado de músicos de primerísima categoría que tocaban salsa, son cubano y ritmos latinos; su característica voz inundó toda la extensión del terreno ubicado en Morelos y al tiempo que bailábamos, lágrimas y suspiros salían de manera involuntaria de nuestros cuerpos. Un par de caballeros a mi lado con nula noción de cómo marcar el “un, dos, tres” no se contuvieron y a como el cuerpo les pedía, movían los pies y las caderas. Eso se repetiría a lo largo del festival con los diferentes actos. Canciones como “Si te contara”, “Inolvidable”, “Lágrimas negras” o “Indestructible” fueron parte del setlist que el Español nos ofreció como regalo para alegrar nuestras almas y llenar de congoja a nuestros corazones, logrando que al término de su show, la gente lo despidiera entre gritos y ovaciones.

En el tiempo en el que se preparaba todo para el siguiente acto, una música característica de la región se alcanzó a escuchar desde detrás. Los Chinelos, originarios de Morelos, hicieron su aparición y con trajes típicos y su tradicional sonido sonando por todo lo alto, hicieron un recorrido entre el público haciéndolos sonreír y bailar mientras llenaban el lugar de color y emoción.

El calor apenas cedía y la temperatura descendió a los 36 grados para cuando, después de hacer un recorrido por la oferta culinaria de Solar (un 10 de 10), Kool & the Gang salió corriendo y brincando a la tarima para llenarnos de vibras de los 70 y 80. Con un sonido limpio y claro, “Tonight” fue la pieza encargada de abrir el espectáculo e iniciar la fiesta en la que se convirtió toda su presentación. No hubo un solo momento en el que la energía bajara ni en el que el show se sintiera pesado, todo lo contrario. Los 75 minutos de espectáculo nos supieron cortos, pero no por culpa de los de New Jersey, sino porque nos hubiese encantado tener una hora más llena de funk, soul, disco y R&B. Los éxitos de toda una época como “Joanna”, “Take My Heart”, “Ladies Night” y “Get Down On It” se encargaron de hacernos olvidar de que estábamos en un espacio abierto y sentirnos llevados a un salón disco con luces y atuendos llenos de color. Pero el carnaval musical tenía que llegar a su fin y “Celebration” fue el broche de oro con el que se cerró una de las presentaciones más especiales y mejor llevadas que he podido presenciar en mi vida: músicos tocando de manera magistral, una conexión con el público que pocas veces se da, el ánimo arriba en todo momento… todo logrado de manera excepcional.

La gente se movía alrededor de todo el parque, buscando bebidas, comida o simplemente disfrutando de la vista que nos regalaba el atardecer. El cielo se había nublado un poco, pero aunque un par de gotas cayeron, la lluvia no hizo presencia real y el viento terminó despejando las alturas para que un azul intenso nos llenara los ojos.

DJ Reborn detrás de las tornamesas se encargó de hacernos saber que era hora de uno de los momentos que más se esperaban: Ms Lauryn Hill tocando por primera vez en México. Previo a que la reina saliera a escena, la versatilidad de esta DJ se hizo notar mezclando R&B, rap, cumbia, reggaetón e incluso sonidos norteños. Y llegó por fin el tiempo de que Ms Lauryn apareciera frente a nosotros: ataviada con un vestido blanco, entre gritos y ovaciones, la originaria de East Orange nos emocionó cuando el “Intro” de su único disco (y uno de los más importantes de toda la industria) The Miseducation of Lauryn Hill, sonó por los altavoces acompañado de imágenes de niños y niñas afroamericanas en las pantallas. “Everything Is Everything”, “Superstar”, “Lost Ones”, “Forgive Them Father” (con un arreglo en música latina increíble), “Ex-Factor”, “Zion” y “That Thing” fueron las piezas que durante una hora nos hicieron vibrar y llorar sin dejar de saltar o bailar. Los arreglos y reinterpretaciones de cada pieza hicieron aún más especial su espectáculo. En ningún momento hubo algo predecible y las pocas intervenciones de la rapera y cantante, en español e inglés, nos hicieron sentirla cercana y verdaderamente entregada a sus fans en México. La figura de Ms Lauryn Hill en el escenario es algo que sin duda quedará en la memoria para todos quienes la vimos. Registros increíbles, delivery y flow en su rapeo, la manera en la que domina la tarima; todo es una muestra de cómo debe hacerse un show.

Comenzaba a enfriarse la temperatura en el recinto y la gente abarrotaba los espacios. Para cuando los primeros acordes de “Everybody Wants to Rule The World” sonaron, personas corrían para estar lo más cerca posible a Tears For Fears. La energía con la que los británicos tomaron el escenario fue brutal: se adueñaron de la atención de todos y lograron que cada alma en su presencia se rindiera a su música. “Sowing Seeds of Love”, “Mad World”, un cover a “Creep” de Radiohead, “Head Over Heels” y demás temas hicieron que la nostalgia creara una atmósfera de intimidad y pasión que permeaba en cada uno de los presentes. Tras un encore obligado por dificultades técnicas, “Shout” sonó con toda la fuerza y las luces hicieron que, una vez más, el público se explotara de emoción. Pareciera que los años no pasan por el duo inglés, pues aunque sus rostros ya reflejan la edad, su energía y técnica musical siguen intactos.

Lamentablemente uno de los actos que más esperábamos tuvo que ser cancelado y Dimitri From Paris no pudo hacernos bailar por el resto de la noche.

En conclusión, lo vivido en Jardines de México para Solar GNP fue un momento único. Si de quien escribe estas líneas dependiera la decisión de hacer una segunda edición en este momento estaría invitándolos a Solar GNP 2020.

The Chemical Brothers en el Pepsi Center WTC

Un grito entre la multitud del Pepsi Center: "El amor lo es todo".

“La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un ¡¡¡Ahh!!!”, On the Road de Jack Kerouac.

Ardíamos, explotábamos, nos quemábamos, fuego, fuego, fuego, se encendieron las luces, salimos extasiados, rostros exhaustos, ojerosos, despeinados, prendas desacomodadas, afuera también hacía calor, adentro The Chemical Brothers acababa de hacer que funcionara (“brothers gonna work it out”), lo galvanizó, lo desempolvó, lo conectó, lo desconectó, lo volvió a conectar, lo rompió y lo volvió a armar, lo dejó caer, lo atrapó en el aire, y al final lo colocó en su pantalla, resplandecientes letras azules sobre fondo negro, “el amor es todo”.

“No puedo pensar, no puedo dormir, no puedo respirar…”

Al principio expectativa, expectativa que se transforma en desesperación, desesperación por ver al dueto británico, desesperación por ver las imágenes en su pantalla, desesperación por bailar, tras la pasada por Corona en 2018 (un escenario que les quedó chico), el Pepsi Center WTC quiere temblar, chiflidos al acto abridor, los hermanos químicos son imponentes, su nombre impreso en playeras es iconografía para algunas generaciones, la hora ha llegado, una pista contemplativa que advierte “Tomorrow Never Knows” (Junior Parker), mañana quién sabe que suceda, ahora hay que darle, vamos, “Go”, celulares arriba, manos descontroladas, el cuerpo vibrando, los visuales son abstracciones, arquitectura digital verde fosforescente con humanos rosas brincando sobre ella, sonido nítido, energía concentrada, “Free Yourself”, “Chemical Beats”, después el rave, “MAH”, estoy tan loco como el infierno y no voy a seguir soportándolo, luces blancas sobre una multitud oscura, cientos de manos hacia arriba, cuerpos retando la gravedad.

“Deberías sentir lo que siento, debería cargar lo que llevo…”

Quién empuja, quién avienta, quién grita, unos salen, otros van hacia adelante, gritos de euforia, gritos de emoción, de adrenalina, de locura, gritos contenidos al fin libres, sudor en la espalda, en el cuello, en el cabello, más gritos, “EML Ritual”, “Swoon”, “Temptation”, libres como la pareja que se persigue en “Swoon” y se funden en uno como se une esta pista con “Temptation”, manos moviéndose lentamente, quieren tocar el cielo, pero estamos en la tierra, conciencia expandida, velocidad del sonido, escape, fuga, huimos, corremos, en “Temptation” nostalgia de Trainspotting, este es el rave esperado, la promesa que se hizo con la música electrónica, un lugar en donde estar y del cual nunca volver, sueños, esperanza, alegría, más sudor, mañana no sabemos, The Chemical Brothers en vivo, ahorita, aquí, no solo es Ed Simons y Tom Rowland, también el genio de los visuales Adam Smith, y el equipo que produce este performance, porque aunque concierto, es un performance, un manifiesto: aquí y ahora, arte audiovisual, abstracción, puntillismo, minimalismo, futurismo, manga, arte bizantino.

“Si alguna vez cambias de idea sobre dejarlo todo atrás, recuerda, sin geografía”

Lásers, confeti al aire, pelotas, celebración, nos atrapan, nos sueltan, nos levantan, nos dejan caer, nos colocan, estoy flotando, viajo sobre la multitud, veo las caras de éxtasis, las sonrisas, veo que Ed Simons deja su maquinaria electrónica, una escultura de sintetizadores análogos y digitales que parece nave espacial, camina hacia el frente y levanta las manos, escucho los aplausos, escucho los coros, sigo flotando, mi alma se ha desprendido del cuerpo, volteo y lo miro, ensimismado, bailando como si estuviera loco, pero aquí todos estamos locos, queremos reventar, explotar, arder, no cabemos en nuestro propio cuerpo, “Got to Keep On”, “Hey Boy Hey Girl”, “Eve of Destruction” y su coreografía visual de un enfrentamiento extraída de los power ranger, “Saturate, “Elektrobank” y “No Geography”. No importa la edad, niños, jóvenes, adultos, los de abajo, los de arriba, los de los costados arriba, están desatados, The Chemical Brothers es energía, energía que hidrata, que da potencia, que da electricidad, hace más calor, pero nadie baja el ritmo, del escenario bajan los robots arrojando sus rayos láser, celulares arriba, pantallas blancas atrapándolo, se lo quieren llevar, pero lo que pasa aquí no hay manera de volverlo a tener, es el presente.

“Estoy bien abierto, ¿pero ya no te complazco?, te estás escapando de mi…”

Después de “C-H-E-M-I-C-A-L”, “Leave Home” y “Block Rockin Beats” se marchan, pero nos quedamos esperando, “deben venir un par más” dice él, y sí, están de vuelta, sobre morado y mientras ejecutan “Got Glint?” proyectan un letrero que afirma: “Agárrate Fuerte México”, el cierre es así de potente, “The Private Psychedelic Reel” es el último jalón, lo sospechamos, lo estamos sintiendo intensamente, toda la energía hacia este momento, hacia donde mire hay placer, están resplandeciendo, “ardiendo como fabulosos cohetes amarillos”.

“Sigue corriendo, sigue corriendo…”

Y así fue como salimos, con el brillo que el dueto nos dejó, con la esperanza de encontrar esa misma tierra prometida en todo lugar, y con una respuesta a tantas incógnitas, “el amor es todo”.

boy pablo en el Foro Indie Rocks!

boy pablo hizo el show, pero el público citadino lo elevó a otro plano mucho más alucinante.

¿Qué hace a un gran show? Es una pregunta que quizás podría responder con certidumbre, pero al final sería algo bastante subjetivo. Sin embargo, cuando es la primera visita de un artista con altas expectativas, la cede es en un foro acogedor, la demanda por boletos es considerable y puedes observar a los fanáticos haciendo fila desde muchas horas antes de la apertura de puertas; puedes estar seguro de que será un gran show. Y pues en efecto, así fue. boy pablo y su agrupación realmente dejó satisfecho al público al brindar uno de los shows con más energía y jovialidad que he presenciado este año.

En general es bastante refrescante la atmósfera que logran crear. Cosa que le atribuyo a su entusiasmo tan genuino por presentar sus canciones a un apasionado grupo de fanáticos de todas las edades que lo dieron todo al bailar, brincar y cantar con todas sus fuerzas. Y hago énfasis sobre el entusiasmo por parte de la banda, pues si es evidente la dicha con la cual se desplazan por el escenario mientras bromean entre ellos, juegan con el público, brincan, hacen piruetas y todo sin dejar de tocar su música a la perfección.

Y sí es cierto que son unos personajes simpáticos y agradables, pero tampoco puedo decir que ese es su único atributo. Musicalmente hablando también son impecables. Sus temas sumamente agradables sacados de su álbum Soy Pablo y melosos se traducen en vivo de una manera que te genera gran exaltación y fervor. Confieso que soy un seguidor casual de boy pablo, pero tengan por seguro que me sacó el frenesí y me hizo pasar un muy buen rato.

Entre un acto que se entrega en su totalidad (y disfruta haciéndolo), una audiencia repleta de vigor y un foro que encierra toda esa energía terminó por ser algo muy bonito de presenciar desde el balcón de arriba y muy emocionante de vivir desde las primeras filas frente al escenario.

Finalmente me gustaría hacer mención a Holbox, que se encargó de la apertura del show y logró entonar a los asistentes con su dulce sonido interpretado de una forma agraciada poniendo en alto la escena local de la Ciudad de México.

L'impératrice en el Auditorio BlackBerry

L'impératrice: La música como idioma universal.

Lo fundamental de tener una banda, es demostrar tu pasión hacia la música que haces. Cuando esto sucede, es imposible que fracases en tu objetivo: conectar con el público.

Esto fue lo que sucedió este viernes 26 de abril en el concierto de L'impératrice.

Las luces, la propuesta y el ritmo de esta banda de pop-funk francesa, nos dejó sin palabras y sin piernas. A través de cada una de sus notas, provocaron que se moviera cada hueso de nuestro cuerpo. Removió los cimientos del Auditorio BlackBerry.

Los músicos franceses, vienen realizando una serie de conciertos presentando su primer álbum titulado Matahari. Esta banda se formó en el año 2012 en París.

Su alineación original fue Charles de Boisseguin el fundador (teclados), Hagni Gwon (teclados y sintetizadores), David Gaugué (guitarra y bajo), Achille Trocellier (guitarra eléctrica), Tom Daveau (batería). En 2015 se integró al grupo Flore Benguigui con su magnifica voz, la cual nos guió durante toda la noche.

Empezaron su show con un agradecimiento y una muestra de emoción por estar en nuestro país. Como siempre el público mexicano con su gran pasión y un poco de locura, dejó a L'impératrice en shock. Gritos y una tremenda aclamación fue lo que recibió. Gracias a esta respuesta, la banda dio el mejor show que pudo. Y créanme que si fue el mejor.

Al pensar en el nombre de esta reseña, me di cuenta que la música no tiene barreras y por eso decidí titularlo de esta manera.

El día de ayer lo presencié. Vimos a una banda que la mayoría de sus canciones están francés. Y sin importarnos en lo más mínimo (si estábamos diciendo bien las letras o no), todo ese evento musical nos movió y fuimos parte de algo muy grande.

Es impresionante cómo podíamos sentir cada palabra, cada vibración. Crearon un ambiente excepcional. En un principio un poco tranquilo, pero al final todas estas vibraciones explotaron, y se notaba en el público entre brincos, baile y aplausos.

En el momento que empezaron las primeras tres notas de “Agitations Tropicales” todos perdimos el control. Desde el manejo del bajo, hasta esa voz que incluso suena poética, llegamos al clímax del concierto.

Un momento en el que todos cantamos a coro y bailamos con más emoción que en toda la noche. Como sabíamos que venía el final, decidimos disfrutarlo más que nunca.

Un detalle que me gustaría subrayar, es cómo cada uno de los instrumentos de la banda tenía su espacio para brillar. A pesar de ser seis personajes en escena, cada uno logra destacar a su manera. Y es aquí donde nos damos cuenta que cuando una banda tiene química entre sus integrantes, se ve en el escenario. Todos notamos que es el tipo de grupo que comenzó como un proyecto entre amigos en un garaje o lo que sea y hoy recorren el mundo haciendo lo que más les gusta.

Ellos tenían su propia fiesta y nosotros fuimos parte de ella.

Lo hicieron tan bien, que estoy segura que el día de hoy, más de la mitad de las personas que asistieron ayer al concierto, tienen dolor de pies. No pudimos parar de bailar en ningún segundo y eso hizo de este show algo grandioso. Uno de esos que no podremos olvidar jamas.