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Force Fest 2018

Force Fest 2018

09/Oct/2018

Detalles

Organización

Producción

Ambiente

Lugar

Campo De Golf Teotihuacan

Fotos Diego Figueroa

Cuando las piedras hablan los hombres tiemblan.

El lugar donde los hombres se convierten en dioses, donde nunca habíamos ido antes a presenciar un festival, y así, a ciegas, en la tierra aún fértil nos abrimos paso ante la sorpresa, y sin previo aviso A.N.I.M.A.L. ocupaba el lugar de DevilDriver. Hatebreed como en cada actuación que han dado en nuestro país denotaron su condición al unísono: “I Will Be Heard”, y siempre se llevan nuestro reconocimiento. Dino Cazares y Tony Campos enfundados en sus máscaras hicieron honor a su nombre con un setlist Asesino que incluyó temas de Brujería.

Garrobos con las botas bien puestas y su infaltable himno y condición: “Sacude el cráneo”, P.O.D. para comenzar una inevitable travesía en la nostalgia por los viejos tiempos que se vio interrumpida por una masacre sonora llamada Code Orange, ante la respuesta escéptica del público me vino a la mente la frase de Marty McFly después de interpretar a Chuck Berry en Back To The Future: “Tal vez no estén preparados para esto, pero a sus hijos les encantará”. Increíble despliegue de energía, sonidos en glitch y pesados riffs de una de las bandas más nóveles del cartel del primer día de actividades de Force Fest, que a la par de la música ofrecía actividades alternas como un mini-show de motocross, una villa vikinga y puestos de mercancía diversa.

Bush fue la gran sorpresa de la primera jornada al mostrar su alteza desde la primera canción: “Machinehead” nos llegó directo a la psique y a la nostalgia, Gavin Rossdale demostrando que hay vida después de una tal Gwen y que la música opaca la falsa celebridad que abunda en las calles de Hollywood. Con los golpes a su Fender Jaguar y su impecable talento vocal, “Everything Zen” avivó la mecha que incendiaría nuestra memoria de aquellos días en los que el grunge dominaba al mundo, una impecable interpretación de “Glycerine”, Gavin y su guitarra hipnotizando a miles, hablando en impecable español, dando a entender que a pesar de las inclemencias la música nos salva de alguna extraña forma.

“Crackerman” fue el emocionante inicio de Stone Temple Pilots y su extraña nueva forma, la esencia transformada, los hermanos DeLeo como resquicio de lo que nos queda, Jeff Gutt y sus movimientos tratando de emular la gloria perdida de Scott Weiland, la voz extraña que se pierde entre versiones diferentes de temas como “Big Empty” e “Interstate Love Song”, los clásicos para una generación perdida que nunca vivió el absoluto cenit de una banda grandiosa. “Check My Brain” y la pesadumbre absoluta de Alice In Chains, “Them Bones” y “Dam that River” para añorar tiempos perdidos, “Hollow” y “Stone” para avivar glorias recientes de su discografía, renovarse o morir, “No Excuses”, “Would?” y “Rooster” como despedida ideal. Carcass dejándonos cicatrices gracias a su acero quirúrgico, NOFX ofreciendo una divertida y energética presentación.

“Innervision” como sorpresa absoluta para comenzar la catarsis ansiada, el sistema cashless había caído pero nunca el System of a Down, ellos hicieron que valiera la pena la espera para los fans que soportaron hasta el final. Y a partir de ahí el slam y los gritos irían in crescendo ante el recorrido por su historia y curiosidades como “U-Fig” o ”P.L.U.C.K.”, ese intrincado y sedoso telar sonoro que resulta ser “Spiders”, hasta su tóxica pero dulce despedida ante un público enardecido que disfrutó 32 canciones.

Para el segundo día y ante cambios sin previo aviso The Warning comenzó la actividad, talento comprobado en los escenarios de los festivales de metal en el país, siempre precisas y magníficas, cerrando bocas, ganando aplausos. Pinhead como cambio intempestivo tocando con el display de Anthrax de fondo, la expectativa que se convirtió en insultos para la banda que estaba ocupando el lugar de Exodus, y ante la ausencia de Testament el recorrido por los escenarios alternos en busca de opciones. Cemican y su increíble ritual sonoro y estético, abriendo el camino al Mictlán, conchas, flautas de barro y caracoles cual complemento perfecto para su mezcla sonora entre thrash y progresivo, la representación de un sacrificio en honor a Tláloc y la invocación a su ausencia, ya que padecíamos de las consecuencias de su aparición el día anterior. Steel Panther y Dee Snider fueron un combo perfecto para apreciar, por un lado, entretenidas variantes y tributos al glam rock del Sunset Boulevard, y por el otro, el talento vocal y energía que se mantienen a pesar de los años.

La larga espera por Vital Remains y sus fallas de audio que en cierto punto del terreno se mezclaban con el sonido de División Minúscula nos llevó a la sorpresiva aparición de Phil Anselmo en uno de los escenarios principales, quien acompañado por The Illegals, complació a una generación entera que invocaba a gritos a Pantera, y así, ante uno de los dos sobrevivientes de aquella legendaria banda, “I’m Broken” (con la colaboración de Phil Rind de Sacred Reich), “Domination” y “A New Level” fueron la complacencia ideal. Y ante la llegada al escenario alterno para apreciar a Dark Funeral en su horario estipulado, su lugar fue ocupado por Dokken, Scars on Broadway y su gran poder de convocatoria, Anthrax ocupando el lugar que dejó vacante Lamb of God, el poder del thrash de esta banda más que conocida y celebrada en nuestro país siempre de manifiesto, el display de Danzig como anuncio evidente de que ocuparía el lugar que dejó Rob Zombie, la tormenta cual ave de mal agüero, la venganza de los dioses ante la invasión de sus territorios sagrados, las piedras hablaron, los monolitos canalizaron la furia, y de la nada Slayer emergiendo con “Repentless”, los “no tengo idea” que se convirtieron en corretizas, el descontrol de la seguridad, no llovía sangre pero reinaba la confusión. “Disciple” y el fuego emanando de cruces invertidas, ¿dónde está tu dios ahora?, “Hate Worldwide” para calmar la ira contenida, el cansancio, las inclemencias del tiempo y las cosas que se pudieron haber corregido. “War Ensemble” para desatar la batalla, y esperamos que esta no sea la última ocasión en la que la magia negra nos hace olvidarnos por completo de todo lo que habíamos padecido: auténticas “Seasons in the Abyss”, “South of Heaven” como eterno tributo a Jeff Hanneman, “Raining Blood” para un último desfogue, el “Angel of Death” abriendo sus alas para volar a un destino incierto, y nosotros emprendiendo camino a la normalidad esquivando los charcos, asentando los pies lo más firme posible en el lodo, procurando gastar el crédito cashless debido a la desinformación sobre el reembolso, rendidos y con el ansia de no haber visto y escuchado a Glenn Danzig, cuyo logo seguía inerte en el escenario a modo de obituario. Situaciones difíciles que deparan en el ánimo de la gente, el los comentarios en redes sociales, y como dice la frase popular: “cada quién hablará de cómo le fue en la feria”.

No es una revista, es un movimiento.