Ciudad: CDMX

Nike #BattleForceMX

Nike hace que la ciudad vibre de energía con competencias de freestyle.

Verdaderas batallas se dieron desde temprano en las canchas de los Viveros de Coyoacán. Luego de una extensa y emocionante contienda de basquetbol, se dio paso al certamen de rap que muchos estaban esperando.

En punto del medio día, asistentes e incluso equipos se acercaron al escenario para los combates. Fueron diferentes participantes, raperos de toda la república, desde Guadalajara hasta Chiapas, lo mejor de lo mejor sin ninguna duda.

Cada uno de los competidores fue bien recibido y todos tuvieron la oportunidad de presentarse antes del fuego cruzado para dar muestra de su talento, ganarse al público e intimidar a los rivales. Desde el comienzo vimos un derroche de talento que dejó impactado a más de uno. La facilidad con la que las rimas salían era algo que dejaba con la boca abierta; ahora solo necesitábamos ponerlos a competir entre ellos.

Si un freestyle es impresionante por sí solo, una lucha entre cuatro MCs era un espectáculo. La contienda fue intensa y cualquier error te podía destrozar, pero eso no afectó a estos raperos, que arremetieron de principio a fin.

Una vez que el jurado, conformado por Danger, Gino y Feli Dávalos, eligió a los cabezas de serie, era hora de sacar las pruebas de alto nivel. La dinámica del Nike #BattleForceMX fue interesante, con duelos de parejas y dos rounds por batalla. En el primer round tenían un tema en común, todos relacionados con el basquetbol pero también con la cultura pop, lo que hizo de la competencia algo más ameno.

Para el segundo round se daban imágenes al azar y los raperos tenían que responder con velocidad, pero vimos a muchos recuperarse y dar la vuelta en esta parte del evento.

Al final, tras varias sorpresas, conocimos a los finalistas de la #BattleForceMX: Lobo Estepario, Zticma, Yoiker y Potencia. Pero también, nacieron varios fans del freestyle mexicano y creció el interés por la cultura urbana en nuestro país.

No te pierdas la última competencia que será el próximo sábado 24 de noviembre, un evento donde el breakdance y el básquetbol serán los protagonistas.

Si quieres asistir a la Gran Final de las competencias de éstas cuatro disciplinas, en un evento donde celebraremos con varias actividades el aniversario de Air Force 1, reserva tu lugar aquí.

#BATTLEFORCEMX #AF1

Chvrches showcase acústico

El lado íntimo de Chvrches.

Detrás de los sintetizadores, de las melodías repetitivas y de los coros pegajosos en la música de ​Chvrches​​, se esconde un discurso mucho más profundo de lo que parece. Además de ser compositores, los escoceses utilizan su popularidad para compartir mensajes sociales, políticos y de su vida personal. En 2015, ​Lauren Mayberry publicó un ensayo a través de ​The Guardian en donde confrontó a todos aquellos que se comportan de manera abusiva en las redes sociales. Posteriormente, expuso su lado más vulnerable al compartir una ​carta para el portal ​Lenny​​, en donde habló sobre la relación tóxica en la que estuvo durante años y cómo logró salirse de ella.

Con este contexto, ​Chvrches demuestra que es capaz de comunicar algo que va más allá de algunos versos bailables. Y es que si quitamos todas las capas que endulzan la música del trío, se expone un lado sentimental que recae únicamente en las letras. Previo a su presentación en el ​Corona Capital​​, los escoceses lanzaron un EP con cinco canciones de su más reciente material ​Love is Dead e​n versión acústica. Acompañada de guitarra, piano y algunos arreglos orquestales, la voz de ​Mayberry le da la seriedad merecida a sus canciones y nos deja claro por qué piensa que el amor está muerto.

Es difícil imaginar una versión minimalista de ​Chvrches​​. Afortunadamente, el lunes pasado, la banda dio un ​showcase ​íntimo para sus seguidores mexicanos en donde, a través de tan solo cuatro canciones, mostraron esta parte “desnuda” de su música. Sin toda la parafernalia que caracteriza sus shows masivos, los escoceses se notaban nerviosos, bromeaban con el público y no estuvieron en el escenario más de 30 minutos. Pero ese tiempo bastó para poder escuchar realmente lo que la banda tiene que decir, sin ​Auto-Tune, sin sintetizadores, sin atuendos llamativos.

Lo más cerca que tendrán de experimentar esta intimidad aquellos que no pudieron asistir a su ​showcase, e​s escuchar su nuevo EP ​​Hansa Session.​​ P​arece que era necesario un cambio en los arreglos musicales de ​Chvrches para poder empatizar realmente con ellos. Fue un concierto sumamente sentimental en donde quizá todos los espectadores experimentamos un poco de desamparo, miedo a crecer y la inevitable decepción de un amor que llega a su fin.

Nine Inch Nails en El Plaza Condesa

Clavos en nuestra psique.

“Branches / Bones”, nociones, aseveraciones, expectativas, de ninguna forma estábamos preparados para lo que nos deparaba.

“Wish”, ¿qué deseas?, ¿que el mundo sea perfecto?, ¿que mañana será un día normal en el que no tengas que preocuparte por nada?, al demonio, la pulsión instrumental te está lacerando, lo más real que tendrás en un buen fin de idiotas atascando las calles y los centros comerciales ávidos de cosas que no necesitan. La música que va a atacarte.

“Letting You”, déjate llevar, estás presenciando uno de los mejores conciertos acontecidos en la historia de El Plaza Condesa y es apenas el comienzo. Repleto como pocas veces, en un lunes en espera de volver a la normalidad, esa que te da cierta tranquilidad, get away, que todo se disipe, que las inyecciones de la enfermiza electrónica que antes que alegrarte te hipnotiza, te sofoque, te provoque, te mande al demonio. Somos cerdos en una marcha ávidos de atascarnos de todo lo que nos complace, ¿eso te hace sentir mejor?, entonces arráncate el cabello, delira, dispara, figura al opresor ante en ti y sorpréndelo con un golpe contuso a la quijada.

“This Isn’t The Place”, gran contradicción, estamos en el lugar correcto, El Plaza Condesa cual capilla de adoración ante un Trent Reznor que hasta el momento no ha dicho nada. Solo se concentra en lo mejor que sabe hacer: ofrecernos la música que nos lleva al delirio. “Sanctified” para arrastrarnos a la adoración primigenia, pequeñas máquinas de odio devaneando entre notas y frases, estamos siendo purificados, absortos miramos a nuestro alrededor, las poses, los rumores, los letargos, la indiferencia, cómo es que observas tu pantalla ante tal maestría sonora, cómo es que te preocupas por lo que pasará mañana sin disfrutar el hoy.

“Reptile”, la maldad avante ante las buenas intenciones, la maquinaria que pocos comprenden, porque es más fácil posar, estar presente, hacer check-in, tomar la foto para la red social favorita, vanagloriar la presencia antes que la esencia, y mientras sucede la selfie de manifiesto de los que están en apariencia, los que están en esencia cierran los ojos y se dejan llevar. El gran pecado de escuchar y apreciar antes que posar: “Sin” y su siniestra euforia, los gritos sinceros que opacan la hipocresía. No fuimos multitud, fuimos bendecidos por los tonos que no sonaron en un festival masivo. La intimidad y la fidelidad antes que el afán de pertenecer.

“Help Me I Am In Hell”, y en las llamas encontramos el confort, en los sonidos la iluminación, el candor que tanto nos falta. “Happiness in Slavery”, no abras los ojos, no quieres ver lo que sucede, solo siente, deja de ser un reo de tus necesidades. “God Break Down The Door”, el delirio, la necedad de moverse, el frenesí, la capacidad que tenemos para apreciar antes que perder el tiempo. Sin gran ardid visual y un saxofón nos arrastra a la locura.

“Gave Up”, y esa necesidad de azotar nuestras cabezas contra la pared que fácilmente nos lleva a la locura, “The Great Destroyer” para calmar el ímpetu pero no la emoción que claramente nos domina, brilla, y pertenece, sobre todo a aquellos pocos que cierran los ojos y disfrutan antes que escribir un texto en su teléfono. “Burning Bright (Field on Fire)”, no están todos los que lo merecen, “Survivalism”, bocanadas de nicotina ante la prohibición, un olor entre hierba ilegal y perfume barato, los tragos que fluyen. “The Hand That Feeds”, ¿morderás la mano de aquel que se entrega en el escenario para tu iluminación mientras te tomas una selfie?, no pertenezcas si no sientes, no aparentes si no hiciste el mínimo esfuerzo. “Head Like a Hole”, nuestras almas oscuras y podridas que saltan, trasfugan, enardecen, no tenemos dinero pero tenemos desgracias, no tenemos que adquirir pero sí qué saquear, tenemos lo que merecemos, no lo que podemos adquirir sin necesidad.

“The Day The World Went Away”, y cual dirección de orquesta los golpes a la guitarra, los ecos de una maldición, la instrumentación que nos guía a la figuración: imagina que todo terminará pronto, que el plástico matará los mares, que las guerras serán los nuevos deportes, que tus necesidades se convertirán en deseos. “Even Deeper”, no ha terminado nuestro descenso, “Over And Out”, y aquellos que se rinden y se van, pobres diablos, aún falta el alta causa, la expiación, el réquiem persistente, la costumbre, el preludio al final que no queremos aceptar.

“Hurt”, el viento orgánico de nuestra agonía, porque nos lastimamos para sentirnos vivos, porque nos golpeamos el pecho para hacer trabajar el corazón, la realidad del dolor punzante, lo que queremos dejar atrás pero nos sigue doliendo. ¿En qué nos hemos convertido?, en seres que en su nostalgia y el dolor se regodean mientras aquellos culpables de nuestra miseria se han olvidado de nosotros. Tronos de mentiras y porquería, cosas de las que nos arrepentimos, palabras que nunca debimos haber dicho, esa extraña cómplice amargura en una zona de confort incompleto. El final anunciado, el último momento para ahogarnos, la esperanza de encontrar un camino. Y las luces que nos guiaron y los sonidos que nos ultimaron de pronto callan, y lo agradecemos, lo saboreamos, después de ser crucificados por clavos en nuestra psique antes que en nuestras manos.

 

Corona Capital 2018: Día 2 presentada por AT&T

Se va a segunda vuelta.

Había preocupaciones de que el cielo se estaba tornando espeso y que el frente frío amenazaba con traer cierta humedad, pero afortunadamente los miles que se dieron cita para la segunda vuelta del Corona Capital gozaron de otro día soleado y con un augurio de que sería otro festival de música divertido y memorable. Lo fue por ambas razones, pero mientras el día anterior se percibía una algarabía musical más maleable para todos, este Corona se notó más refinado y rápido, quizás por los músicos y bandas que se presentaron y por lo empalmados que estaban en horarios unos con otros, lo que provocó que uno se quedara a cinco o seis canciones, esperar a que tocaran algún himno de la adolescencia o aquella que no deja de sonar en tu playlist, e irte a correr a ver al siguiente hasta el otro lado de la Curva. Bueno, después de todo el lugar se construyó para las carreras.

Quienes arribaron temprano pudieron deleitarse en el escenario Corona con el set de la cantautora Sasha Sloan, directo desde Boston, Massachusetts, que atrapó la curiosidad de propios y extraños con “Runaway,” “Normal” y “Here.“ Del otro extremo, en el Dorito’s Bunker, el proyecto como solista del baterista Ilan Rubin, The New Regime, daba batalla con su propia mezcla especial de hard rock y electrónica. Tú decidías cómo llegar al festival, ya que ambos actos se encontraban en los escenarios que colindaban con los accesos: con ondita y sofisticado o lleno de energía y adrenalina.

A medida que se iba llenando nuevamente de playeras fosforescentes, lentes de sol, olor a bloqueador, perfume y cebada, máscaras de animales hechos de pelo o plástico e inflables para playa, los neoyorquinos de San Fermin llegaron con violines y trompetas para hacer saltar a todos como conejitos y hacer que retozaran en las áreas verdes con “Bride,” “Emily,” “No Promises” y “Ladies Mary”. K. Flay devolvió lo rasposo y sensual al mood del festival con su híbrido de rock con hip hop y “Make Me Fade,” “Giver,” “Black Wave” y “Mean It.” A pesar de que contó con una ligera falla técnica al principio, la norteamericana lo compensó hablando perfecto español con el público y bailando entre gracioso y sexy.

En la Levi’s Tent, los ingleses de Superorganism hizo uso del escenario para convertirlo en un arcade, con visuales y tipografías ad hoc y sus miembros saltando por todos lados con capas de brillantina metálica y esferas de luz en sus manos. Las manos del público hicieron que un par de ballenas inflables nadaran en las alturas, pero sus bocas corearon cada parte de “SPRORGNSM,” “The Prawn Song,” “Nobody Cares” e “It’s All Good.” Al caer la tarde, los hermanos Brian y Michael D'Addario, mejor conocidos como The Lemon Twigs, dieron un show que tomó por sorpresa a un público limitado, aunque fiel y entregado. Entre duelos de guitarra, falsetes dramáticos e historias sórdidas acerca de Father John Misty, ambos dieron una repasada rápida por su disco conceptual, Go to School, acerca de un chango que va a la escuela. Ya se imaginarán lo absurdo de toda la situación.

La parte de ensueño corrió a cargo de Mercury Rev, quienes tomaron la Levi’s Tent y la convirtieron en su propio planetario, con animaciones espaciales, juegos de luces de todos los colores y la imponente presencia del frontman Jonathan Donahue, quien pretendía conducir una orquesta surreal. Con motivo de los 20 años de su emblemático Deserter’s Songs, sonaron canciones como “The Funny Bird,” “Tonite It Shows,” “Goddess On a Highway” y “Holes”, llenas de mucha melodía y reverberación que fascinaron tal y como en 1998. La cosa se puso más electrónica en el escenario vecino con Digitalism, que realizó un set en vivo donde hizo gala de su manipulación de samplers, vocales energéticas y producción solemne y dinámica. Fue una especie de “precopeo de energía” para que todos entráramos en calor y “Utopia,” “Battlecry,” “Glow” y “Pogo” ayudaron bastante.

El ambiente en general tenía un dejo de satisfacción, más no llegaba a los niveles de júbilo de la noche anterior; quizás por el bajón de la temperatura o el cansancio que ya se notaba en algunos. Eso no impidió que participaran en los stands de juegos de destreza; comieran hamburguesas, piernas de pavo, churros o tacos de cochinita; disfrutaran de tragos coquetos bajo una cabaña romántica o entraran a una especie de antro improvisado en donde te colocabas unos audífonos y tú mismo podías tener tu propia fiesta alrededor de otros que bailaban a su propio ritmo. De esas ondas europeas que van teniendo apogeo, ya saben. Eso sí, la producción va tomando mucha nota de las necesidades y deseos de los asistentes, y me atrevo a decir que va mejorando con cada edición. Si en una de esas arman un jacuzzi en alguna sección VIP techada, les aseguro que a muchos no les va a doler el codo comprar un boleto con precio jugoso.

Pero de vuelta al show después de ese breve comercial. Uno de los actos más sobresalientes del día fue The War on Drugs, que superó el complicado reto de tocar por primera vez en México ante una multitud considerable en un festival reconocido, y lo hizo airosamente. Pudimos probar una pizca de verano manejando en la carretera con canciones como “In Chains,” “Pain,” “Strangest Thing,” “Under the Pressure” y “Red Eyes” gracias a la voz soñadora de Adam Granduciel y el magnífico trabajo de su ensamble en vivo. Mismo caso de MGMT, que empleó las pantallas e iluminación (y al respetable, ya de paso) para quebrar y distorsionar todo a su antojo, con “Little Dark Age,” “James", “TSLAMP” luciendo los nuevos sonidos y “Time to Pretend,” “Electric Feel” y “Kids” recordando a los de antaño.

Justo por este empalme, Death Cab For Cutie sufrió un poco tanto la asistencia como la potencia de sonido, hechos que su líder, Ben Gibbard reconoció pero logró salvar, diciendo “al menos nosotros tenemos más pinche sentimiento". Dicho y hecho, varias parejas aprovecharon para romancear con “I Dreamt We Spoke Again,”“Your Hurricane,”“Long Division,” “I Will Follow You Into the Dark,”“I Will Possess Your Heart” y “Transatlanticism,” convirtiendo esa parte del campo en una plaza de baile muy adecuada para el entorno carnavalesco. Pero la cursilería se tornó en furia, desolación y… más pinche sentimiento con el devastador show de Nine Inch Nails. Para este punto, muchos ya estaban acostumbrados a las deliciosas locuras del tío Trent Reznor, pero para los no iniciados, fue un deleite oscuro el poder sacudir las penas con “Wish,” “March of the Pigs,” “Reptile,” “Closer,” “The Perfect Drug,” “Burn,” “Copy of A” y, claro, “Hurt.”

Otro pequeño comercial que quisiera hacer aquí es la calidad del sonido, justo hablando de Nine Inch Nails. El tío Trent es quizás infame por su perfeccionismo en las cuestiones sonoras y tiene todo el derecho de serlo - vamos, el señor tiene un Óscar por Mejor Música y tiene mano en uno de los servicios de streaming más grandes. Sin embargo, uno de los aspectos que más fue aplaudido por el público y cuidado por los artistas durante los dos días fue el sonido. A diferencia del año pasado en donde la distorsión se coló varias veces en los escenarios principales, aquí sonaba impecable. Desde la baja fidelidad-convertida-en-HD de The Jesus & Mary Chain y las sirenas y beats ensordecedoras en el buen sentido de The Chemical Brothers el día anterior hasta los sintetizadores chillantes de MGMT, las cuerdas y vientos de San Fermin y prácticamente cada decibel que salía de NIN, el Corona se ganó otro sellito de tortuga en el cuaderno por “suena muy bien.”

Ya que la gente pudo agarrar un respiro, era momento de realizar la titánica tarea de pasar entre las multitudes que dificultaban el paso por quedarse a ver a New Order. Incluso hubo algunas molestias por quienes tiraban la cerveza sin querer, obstruyan neciamente los traslados o simplemente no les importaba que hubiera mujeres, gente con capacidades diferentes o niños pequeños. Pudo parecer que a la gente no le importaba, pero al sonar los primeros acordes de “Singularity” cualquier riña se convirtió en abrazo y los empujones se convirtieron en movidas ochenteras. Bernard Sumner y compañía supieron mezclar eficazmente canciones más modernas como “Crystal" o “Plastic” con algunas de su repertorio clásico como “True Faith,” “The Perfect Kiss,” “Regret,” “Bizarre Love Triangle,” “Blue Monday” y “Temptation.” Incluso por ahí tocaron “Disorder” para no negar la cruz de su parroquia, pero lo que selló el trato fue su encore con “Love Will Tear Us Apart,” en donde proyectaron varias imágenes de su vieja agrupación, Joy Division y culminaron con un bonito tributo a Ian Curtis. Sin duda, uno de los mejores momentos del fin de semana.

Era el momento de cerrar dos días de música, paz, amor y mucho frío. Una tarea nada fácil. Ya le ha tocado a Green Day, LCD Soundsystem, Calvin Harris, Kings of Leon y Queens of the Stone Age en años anteriores, con resultados mixtos. Los elegidos para este año eran Imagine Dragons, que ya gozan de un reconocimiento global cada vez mayor con su rock alternativo que puede tener algo para cada gusto, justo como el cartel de este año. Tenía sentido y, por lo que atestiguamos miles de melómanos ayer, vimos por qué fueron elegidos. Ya se graduaron de estar en el segundo renglón de actos de un festival (ellos tocaron en el Corona Capital de 2013 abajo de Phoenix y The xx) y ahora vinieron con fuegos artificiales, confetti y un admirable esquema de iluminación.

Si están notando que uso adjetivos muy conservadores es porque así estuvo su show. No estoy negando su poder de convocatoria, y me siento muy orgulloso de ver esta transición que han logrado. Escuchar canciones como “Radioactive,” “It’s Time,” “Machine,” “Zero,” “Demons,” “I’m So Sorry” y “Believer” con 100 veces más testosterona que en el disco ya es algo, o el hecho de cantar “Cielito Lindo,” que fue un gesto sorprendente. Pero desde que tocaron menos tiempo del previsto, la saturación del audio y lo intrascendente de todo el meollo, queda una sensación de que el puesto de headliners les quedó grande.

Si quizás hubieran movido a Robbie Williams a ese día o a Nine Inch Nails o a The Chemical Brothers, quienes realizaron sets sorprendentes, a ese horario, hubiera sentido un Corona Capital más allá de satisfactorio. Pero me quedo más con momentos que con un todo coherente. Momentos que sin duda fueron puntos altos en lo que va de conciertos en 2018 (las bandas que ya mencioné, Sparks y Friendly Fires, por ejemplo), además de los aspectos eco-friendly y de sonido, pero mi temor es que todo solo quede en comentarios más hacia el “vi a tal y tocó poca madre” o “tal banda o cantante cerró pero no estuvo tan chido,” en vez de decir “el Corona Capital de 2018 fue uno de los mejores.” Si contamos con una edición en 2019, sondearé y regresaré con ustedes para verificar si esto fue cierto. Ojalá nos veamos el año entrante.

Deep Purple en la Arena Ciudad de México

Noche fenomenal a cargo de Deep Purple, una de las bandas más icónicas que dice un prolongado adiós con su The Long Goodbye Tour.

Este año que Deep Purple cumple cinco décadas de haberse formado, el grupo del Reino Unido tuvo una cita más con sus fanáticos mexicanos, después de presentarse con éxito en la reciente edición del Hell & Heaven. El pretexto fue la promoción de su álbum de estudio número 20, Infinite, lanzado el año pasado bajo el sello earMUSIC y que le valió su lugar más alto en las listas de popularidad de su nación en más de 30 años.

El recinto que recibió a estos verdaderos artífices del heavy metal fue la Arena Ciudad de México, que no lució lleno pero acogió a un público que vitoreó a los ingleses de principio a fin.

En punto de las 21 H., In Flames, la banda sueca de death melódico cuya última placa, Battles, data del 2016, se encargó de abrir la noche. Desde antes de ingresar, ya se notaban varios seguidores del grupo quienes esperaban el regreso de la agrupación a la CDMX.Colony”,tema homónimo de su LP que está a poco de cumplir una década de haberse lanzado, inauguró el set de los nórdicos. La recepción en general fue calurosa. 

A lo largo de su presentación, In Flames fue poco a poco animando al público con temas como “Delight and Angers” y “Here Until Forever” (previo a éste, una parte importante de la arena coreaba el nombre de la banda). El vocalista Anders Fridén se dijo privilegiado de compartir escenarios con las leyendas a quienes le estaban abriendo, mientras el baterista Tanner Wayne presumía la bandera mexicana en su playera. “The End” dio cierre a ésta potente intervención, un tanto desconcertante para algunos —un hombre detrás de mí, luciendo un traje impecable, gritaba sentado un contundente “¡ya no más, por favor!”—, pero en general muy bien recibida.

Como ya se sabía, Eddie Trunk, el hombre al frente de “That Metal Show”, presentó a los íconos ingleses y grabó material para el documental del pequeño tour de 10 fechas que Deep Purple dará en nuestro país. Sumado a esto, Trunk continuó con las transmisiones de la gira en México para su programa de radio Trunk Fest. En punto de las 22:30 H., el conductor apareció en el escenario. “Es mi gran honor presentarles a una de las más grandes bandas de todos los tiempos…”.

Looks variados se dejaron ver en el recinto: metaleros empedernidos, hombres trajeados, mujeres con el cabello morado, motociclistas enfundados en piel e incluso uno que otro vaquero rocanrolero. El inicio del show, inmejorable. Pocos esperábamos un tema tan emblemático, tan pronto. Los primeros acordes de “Highway Star” se distinguieron y el público no dejó su emoción resguardada. Ian Paice, desde un principio, mostró sus dotes en los tambores —tocó un hermoso Pearl Drum Kit Signature que lleva el mismo nombre de la canción mencionada— y dio prueba de su lugar en la élite de los mejores bateristas.

Siguió, ligado, y también del grandioso Machine Head, “Pictures of Home”La parte del solo de Gloveracompañado de sus amplificadores TC Electronics y su bajo Vigier, impecable. Inevitable aquí no recordar al mítico Ritchie BlackmoreInevitable también hablar de Deep Purple y no mencionar a sus distintas alineaciones, mismas que sus fanáticos bautizaron como “Marks” y de las cuales la consentida sigue siendo la conformada por el músico inglés ya referido que también formó parte de Rainbow, otra banda icónica cuya voz fue el gran Dio, el legendario Jon Lord uno de los mejores tecladistas que ha dado el género, Glover en el bajo, la voz inconfundible de Ian Gillan y ese portento de baterista que sigue siendo Ian Paice.

Hoy, la agrupación que incluye a los virtuosos Steve Morse en la guitarra y a Don Airey sustituyendo a Lord en los teclados, se mantiene vigente y representa la alienación más estable que ha tenido el grupo. En total, ocho formaciones distintas con más de 10 músicos; su legado, indiscutible.

Del disco en el que debutaron Glover y Gillan (quien mostró una voz muy cuidada), In Rock, continuó el set “Bloodsucker”Después, otro clásico de la banda: “Demon's Eye”A mi lado, un hombre de sombrero negro y una playera que mostraba el coyote de Ciudad Neza bailaba al más puro estilo urbano. La ejecución de Purple, magnífica.

Tras interpretar “Sometimes I Feel like Screaming” y “Uncommon Man”, llegó el turno de otro de los temas favoritos del público: “Lazy”, no sin antes dedicarla al gran Jon Lordcuya fotografía lucía en las pantallas del lugar. Después, recordando la promoción de su última pieza de estudio, The Surprising” (gran tema), “Time for Bedlam” y “Birds of Prey”.

Llegó aquí el momento pináculo de la noche. Un solo a cargo de Don Airey que incluyó temas emblemáticos para México como su himno nacional o “Bésame Mucho”sumado piezas de jazz, música de cámara y una variedad de recursos técnicos y tecnológicos que dejaron boquiabierto a quien escribe éste texto. Simplemente fabuloso.

El grupo originario de Hetford siguió con canciones simbólicas para su carrera como “Perfect Strangers”homónima del disco de 1984 que marcó el regreso de la banda después de su separación, ocho años antes—, o “Space Truckin'”. Seguido a éste, un hito del hard rock y el heavy metal y uno de los temas fundamentales del rock: “Smoke on The Water”.

Ian Paice sugirió si queríamos una más, y la respuesta fue contundente. El encore nos presentó el cover de Joe South “Hush” y dio cierre a la fecha con otra composición esencial de la carrera de Purple: “Black Night”.

Con esto, quien alguna vez fue considerada la banda más potente del mundo regresó a nuestra ciudad. Aunque el lugar mostraba huecos, los asistentes compensaron la ausencia con mucha energía. A cambio, el grupo dejó muestra de su relevancia y sus dotes individuales que, en conjunto, dejan un espectáculo con pocas cosas que reprochar. Según los mismos miembros de Deep Purplela gira de su adiós pretende prolongarse lo más que se pueda. Mientras llega la despedida, esperamos volver a verlos. De no poder, damos gracias por sus 50 años de música y por dejarnos varias canciones en el soundtrack de nuestras vidas.

14 aniversario de Reactor 105.7 FM en el Foro Indie Rocks!

Rebel Cats, Los Mesoneros, Sexy Zebras y Johnny Nasty Boots celebran los 14 años de Reactor 105.7 FM.

La noche del pasado viernes 16 de noviembre, se celebró el aniversario número 14 de la famosa estación de radio Reactor 105.7 FM, en el Foro Indie Rocks!; dicha fiesta contó con la presencia de Rebel Cats, Los Mesoneros, Sexy Zebras y Johnny Nasty Boots, quienes fueron los encargados de musicalizar y dar vida al evento.

Las puertas se abrieron a las 19:00 H., algunos de los asistentes fueron puntuales y llegaron temprano para poder encontrar un buen lugar para escuchar a sus bandas favoritas, otros, en cambio, optaron por llegar justo cuando iniciara el show. A las 20:00 H. la banda mexicana Johnny Nasty Boots dio inicio a los festejos.

Juan Herrera (Johnny Nasty), Alfredo Espinosa y Mr. Chochi, fueron los encargados de abrir el show, tocaron sus grandes éxitos durante una hora, preparando los ánimos de los fieles seguidores de Reactor 105.7 FM, la actitud del público incendio el Foro, todos cantaban y saltaban, un gran inicio para una gran noche.

Johnny Nasty Boots es una banda de rock mexicana, que debutó con un álbum homónimo en 2017; Su esencia se encuentra en la energía que pone en cada una de sus canciones e interpretaciones en vivo, pero aún más importante, en su autenticidad, ya que ha logrado crear un estilo propio que los distingue de cualquier otra banda de la escena musical mexicana.

Los siguientes en entrar a escena fueron los españoles Sexy Zebras, quienes tocaron durante una hora sus simples pero pegajosas canciones como: "Yeah", "Hey Mama", "Salvajes", "El fugitivo", entre otras. Vestidos como si fueran rumbo a una pelea de box subieron al escenario y comenzaron a hacer vibrar a los asistentes. Durante el show invitaron a Ale Bonilla y a Juan Herrera (Johnny Nasty), quienes lograron cautivar a los asistentes.

La banda española Sexy Zebras tuvo sus inicio en 2005 lanzando algunos EP, sin embargo, Nada más lejos de la realidad es el álbum debut de la banda y con el cual logró mayor reconocimiento en su país de origen. Sus ritmos son frescos y enérgicos, y aunque sus letras no son trascendentales, la combinación de ambos te invita a bailar o a unirte en un slam, tal como pasó en la celebración de los 14 años de Reactor 105.7 FM.

A mitad de la fiesta, mientras los ingenieros de sonido cambiaban y afinaban los instrumentos musicales, los locutores de la emblemática estación de radio subieron al escenario para convivir con sus fieles seguidores, una de las dinámicas que utilizaron fue dar regalos, así que María Letona fue la encargada de lanzar playeras a los ansiosos fans, mientras esperaban la entrada de la siguiente banda.

Uno de los grupos más esperados fue Los Mesoneros, que llegó para hacer bailar y cantar con sus rolas corta venas a todas las personas que se encontraban en el Foro Indie Rocks!. Iniciaron con su reciente sencillo "Dime como tú quieras", Luis Jiménez, vocalista del grupo venezolano, logró enamorar a más de una fan con su sexy movimiento pélvico y su peculiar voz, la cual hizo a los fans corear sus canciones por una hora.

Con broche de oro, Rebel Cats cerró la celebración por los 14 años de Reactor 105.7 FM, e hizo de la noche un gran baile en el que ninguna persona logró quedarse quieta. Los pioneros de la corriente rockabilly han logrado mantenerse a la vanguardia por el cariño de su público, pero sobre todo por ser fieles a sí mismos y a su proyecto, el cual los ha llevado a pisar grandes escenarios.

Rebel Cats, Los Mesoneros, Sexy Zebras y Johnny Nasty Boots les regalaron una noche mágica, llena de energía, emociones y baile a los fieles radioescuchas; estas bandas lograron que la celebración del 14 aniversario de la estación de radio Reactor 105.7 Fm fuera una verdadera fiesta, en la que ningún invitado salió sin haber bailado un poco.

¡Felicidades por tu aniversario Reactor 105.7!

Gepe en el Centro Cultural Roberto Cantoral

El romance folclórico de Gepe.

Hace algunos meses vivíamos la emoción de la visita de Gepe al Foro Indie Rocks!, un espectáculo festivo, explosivo, con el cantante bailando en el escenario portando una máscara de luchador, una fiesta y una montaña rusa de emociones, o lo que es lo mismo, un show convencional del chileno; esto hacía pensar que su regreso a nuestro país tardaría un poco pero afortunadamente no fue así.

En los meses después de su visita se cocinó la salida de su disco Folclor Imaginario, si bien nunca el artista ha dejado de lado en su música los sonidos de Latinoamérica, con este LP se entrega de lleno a ellos, un homenaje a Margot Loyola que como consecuencia traería uno de los en vivos más especiales en la carrera de Daniel.

Quien ha ido a El Cantoral entiende lo peculiar que resulta vivir un recital ahí, el escenario rodeado casi los 360 grados de butacas, la cercanía del público, además de ser un recinto estéticamente maravilloso, parecía el lugar perfecto para ver a Gepe romper el molde, y lo fue.

Una alineación de siete músicos, más un desfile de instrumentos, como arpa, charango, acordeón, guitarras, contrabajo, saxofón, trombón, cajón; todo lo necesario para que sonará Folclor Imaginario más versiones adaptadas de sus éxitos, contrario a otros actos, esta gira ofrece algo más intrínseco y profundo.

Alrededor de las 20:30 H. y después de una introducción instrumental el cantante saltó al escenario para interpretar “Qué sacarán con quererme” seguido de “Hablar de ti”, para así darle la bienvenida a un público que no dejaba de festejar, ver a Daniel interpretando “El volcán”, “Tu nombre” o “La vertiente” y explicando un poco la historia de cada canción, solo reafirmó la madurez que ha alcanzado como artista, y cómo ha logrado consolidar su versatilidad, estamos presenciando tal vez a una de las mejores versiones de Gepe (si no es que la mejor).

El éxtasis se presentó muy pronto con “Alfabeto”, donde el teatro se puso de pie y bailó hasta donde las butacas lo permitieron, también hubo tiempo para mencionar al pueblo mapuche y mostrar solidaridad con Flor Canelo, e interpretar una tremenda versión de “Amor violento” de Los Tres en honor a Álvaro Henríquez.

El teatro entero coreó “Ser amigos”, “Fruta y té”, y al grito de “a ustedes se les viene y a nosotros se nos va” llegó “Invierno”, no faltaron “San Miguel”, “Joane”, ni “Marinero Capitán”. La atmósfera del lugar era suave, relajada, el público se mostraba en conexión íntima con su artista, había algo de magia. Con “Bomba Chaya” bajaron del escenario y regresaron con “Las hojas de los naranjos”, y dar cerrojazo con “Hambre”, el concierto había llegado a su final y la gente pedía más.

La noche fue un éxito y seguramente del agrado de todos, Gepe logró darle su estilo al folclor como consecuencia de un proceso artístico natural, y es que tarde o temprano esto iba a pasar, uno siempre termina regresando a sus raíces y enamorándose de ellas.

Exploded View en el Foro Indie Rocks!

Déjà vu y otras formas de experimentar junto a Exploded View.

La palabra déjà vu no está en el diccionario de la lengua española (RAE)... porque tiene origen francés. Básicamente significa: “ya visto antes”.

Anoche, mientras un nuevo frente frío congelaba la Ciudad de México, uno de los proyectos más disruptivos en la industria calentaba el ambiente. Para los que no conocen a Exploded View, es proyecto conformado por la alemana Anika Henderson y los mexicanos Martin Thulin "Fancy Free” a cargo de batería y guitarra, Hugo Quezada del bajo y Amon Melgarejo, quien alterna guitarra y sintetizadores. Su historia comenzó justo en México y ha tenido eco suficiente para almacenar tres LPs en su existencia. El pretexto para verlos pisando escenario de nuevo en tierra mexa fue Obey, su trabajo más reciente.

Cuando la energía fluye, existen milagros o secretos bien guardados como B.A.R.D.O.S.S. del sello independiente Wicce Records. Ellos son un grupo capitalino al que no le interesan los parámetros musicales, exponen un sonido experimental que oscila entre el rock progresivo, psicodélico nato y experimental per sé. Ruidosa, alquímica y psicodélica de otro planeta fue la presentación de Omar Carapia, Fabián Márquez y Gerardo Peralta como primer platillo de la noche que, para ser el primero fue bastante fuerte. Más proyectos como éste a la luz, por favor (cadenas de oración).

Anika subió al escenario con el mismo collar que le vi puesto en Corona Capital hace un año. Largo hasta tocarle casi el ombligo, redondo y grande como si fuera un oráculo. Ahora parecía un ángel blanco, y en trance, como es costumbre cuando sale a cantarnos sobre existencialismo, oscuridad, muerte, fiestas, alucinaciones, escepticismo y demás que con el agudo e introspectivo carácter, hasta cierto punto indómito.La comunidad que ha creado HIPNOSIS va en aumento, los asistentes se codeaban entre sí, como en todo concierto, a diferencia de ellos que se saludan como familia que se reúne a celebrar y a pasarla bien. Una pareja de amigos que se conocieron en la fila para comprar playeras de King Gizzard feat. KeMonito en HIPNOSIS 2018 se veían de nuevo y disfrutaban del trance. Exploded View creó una conexión mental y corporal con todos. Eso no hubiera sucedido en su presentación en Corona Capital, de día y con poca audiencia debido al horario, ni debajo de un escenario con carpa. Gracias, HIPNOSIS.

Además de varios pertenecientes al Obey, sonaron los ya conocidos tracks “Orlando”, “Dark Stains”, “Lost Illusions”, “No More Parties in the Attic”, donde Anika se paseó cual Nick Cave entre el público para cantar y bailar sin miedo a la intimidad. El virtuosismo de Hugo Quezada y Amon Melgarejo para intercambiar roles entre guitarra y sintentizadores fue un volón de sesos al instante.

Todo un déjà vu lo que pasó entre Exploded View y la comunidad HIPNOSIS. Tienen el súper poder de transportarnos a una psique que recuerda haber estado en el pasado, en el mismo lugar, escuchando los mismos sonidos espeluznantes, pero relajantes que hacen engaños a nuestras mentes y sentidos. ¿Me pregunto si ellos también habrán sentido que regresaron a sus orígenes?

A Taste of Sónar 2018

La noche que la CDMX desapareció en una fábrica de harina.

Baile, música, creatividad y tecnología, esos son los estandartes de un festival que se creó en 1994 en Barcelona y que ahora llegará a México. Es único en su tipo, ya ha pisado otras ciudades como Bogotá, Hong Kong, Reykjavik y por supuesto no podría faltar la CDMX.

Para celebrar su llegada se anunció A Taste of Sónar, encabezada por nada más y nada menos que por el DJ Laurent Garnier. Se llevó a cabo en la ex Fábrica de Harina, en Azcapotzalco.

El venue era particular en sí mismo, una fábrica abandonada, repleta de murales y graffiti por todas partes. Luces que iban del rojo, al azul, pasando por el naranja. Mientras el ambiente iba calentándose poco a poco a medida que caía la noche.

Era el lugar idóneo, al entrar parecía por un segundo que estabas fuera de la ciudad, que entrabas en una escena de alguna película. Lo que ocurría adentro, salía por completo del caos y de todo lo que vivimos afuera.

BBY JSS comenzó, la gente comenzaba a llegar, recorría el lugar y se adaptaba al ambiente, después, Iñigo Vontier sacudía los cuerpos que cada vez se veían más y más juntos, al mismo ritmo y en la misma sincronía.

Sónar es un festival que siempre ha salido de ser solo un encuentro musical, expande sus horizontes a la creatividad y el arte. Y la ex Fábrica de Harina a pesar de ser pequeña y ser sólo una fiesta de celebración englobaba todo aquello y la gente, lo sabía.

Alrededor de las 23:00 Metrika salió detrás de unas luces rojas y de pronto, algunas luces caían del techo al suelo, eran reflejadas hacia otros puntos por espejos y así, las cosas se pusieron aún mejor.

El momento estelar de la noche llegó cuando Laurent Garnier, el DJ francés tomó el control de la noche, las luces eran espesas y era complicado verlo detrás de la tornamesa pero no era necesario, la gente bailaba por igual y se desconectaba de un mundo que parecía seguir a fuera.

A Taste of Sónar fue solo una cucharada de lo que será el Festival Sónar por primera vez en México, sinceramente, no considero que haya manera de que nos defraude.

Nacho Vegas en el Teatro Metropólitan

Versos de amores perdidos, de adicciones, de anhelos y de críticas a la misma condición humana.

Hace muchos años, cuando los gustos propios se desarrollan con mayor intensidad, descubrí a Nacho Vegas. Me llamó la atención su voz. Parecía alguien que hablaba con la experiencia de muchos años, con esa fragilidad que distingue a los que ya han vivido suficiente, pero también con la experiencia que eso conlleva. Versos de amores perdidos, de adicciones, de anhelos y de críticas a la misma condición humana. Pero también crónicas mundanas, exaltando la cotidianidad hasta esos puntos que solo alguien que ha sido discípulo de los grandes del folk puede hacer. Nacho Vegas apenas tiene 43 años pero desde aquel entonces, hace más de 10 años, se escuchaba como un alma vieja.

En México tenemos una particular afición por los españoles. Desde Mocedades, o con la Movida Madrileña, las canciones de Duncan Dhu, Hombres G, Héroes del Silencio, Mecano, pasando por el punk de Eskorbuto y La Polla Récords, hasta Vetusta Morla o Love of Lesbian, los ibéricos han formado parte de la vida de las personas. Y muchas veces, el fanatismo es uno de esos que varios artistas quisieran. Es ferviente, pasional, casi absoluto. Es por eso que no sorprende que, a pesar de las constantes visitas, las salas donde se presenten dichos actos, estarán casi siempre repletos. Así fue la noche del 14 de noviembre del 2018 en el Teatro Metropólitan. Tocaba el turno de ver a Nacho Vegas con Violética.

Alguien a mi lado dijo: “llevo dos canciones y media y me queda claro que es un artista de nicho”. Lo que me puso a pensar. Quizá tenga razón. Para mí y para muchos otros, la simple presencia de Nacho Vegas sobre el escenario es cuestión suficiente para quedar hipnotizado. Una figura que parece de otros tiempos, con un traje simple pero preciso, desgarbado, el pelo sobre la cara y su voz característica. A pesar de que pudiera parecer trémula, siempre se escuchan sus palabras claras hasta la última butaca. Y es que ahí es en donde radica la gracia de Nacho Vegas, en creerle como cuentacuentos.

Uno de los puntos fuertes en el espectáculo del gijonés, es la variedad que es capaz de ofrecer. Por suerte es un autor prolífico que no tiene que reciclar y reciclar sus grandes éxitos. Si la gira se trata de un disco, la mayoría de los temas vendrán incluidos en tal obra. Por ello, las primeras canciones —al menos en esta primeras visitas—, siempre se reciben con mayor contemplación. “El corazón helado”, “La plaza de la soledá”, “Ideología” y “Desborde”, todas son canciones incluidas en la más reciente producción. Algunas voces ya se empiezan a oír por ahí, pero queda ver lo que sucede sobre el escenario. Para este particular concierto, el punto débil quizá, era lo que sucedía alrededor. Nacho Vegas nunca se ha caracterizado por puestas en escena exuberantes, es más bien sobrio —salvo contadas ocasiones en donde se hace acompañar de más personas—, no obstante, en esta ocasión, las luces eran casi estáticas, los visuales casi inexistentes, se podía presentir que algo faltaba en cuanto a producción… pero con los sentidos puestos en otras cosas, en las personas, podía pasarse por alto.

“Ciudad Vampira”, esa reversión a “Devil’s Town” de Daniel Johnston, es una de las canciones que, cuando estrenadas, era para contemplar, pero ahora, con los años a cuestas, desató una oleada de celulares y voces a coro. Pocos artistas con tanta maestría para darle la vuelta a temas originales y no hacer simples covers iguales, sino imprimirle su toque personal y resignificándolos por completo.

Otro clásico con “Canción del Palacio #7” y, enseguida, uno de los puntos fuertes. Desde hace unos años, Nacho ha tomado consciencia de su postura como voz que se hace escuchar. Quizá antes los temas iban más enfocados a la vida misma y sus vicisitudes, una vida introspectiva, quiero decir. Desde Resituación, Nacho ha intentado que se toquen temas de la vida colectiva, temas de interés social y político. “Crímenes cantados” trata sobre las condiciones deplorables a las que se enfrentan los migrantes en España. Racismo y malos tratos. Segregación y abusos. Trasladarlo a la política geográfica mexicana, podría ser un ejercicio sencillo con lo que sucede con la Caravana Migrante o la situación de las mujeres. Sobre el escenario se proyectó un video con testimonios de maltrato, de abuso de poder, un alzamiento de voz a cargo del Colectivo Pan y Rosas, con mantas y oraciones que potencializaron la interpretación. Los años vividos han concientizado a Nacho y él quiere poner algo de su parte para que el silencio no impere sobre las injusticias.

Luego vinieron algunos nuevos temas que seguro se convertirán en clásicos como “Ser árbol” o “Todos contra el cielo”. Un recuerdo al disco que lo popularizó con mayor fervor en México con “La pena o la nada” y una invitada en “La última atrocidad”. Casi llegaba el final y “La gran broma final” llenó el teatro. La interpretación más potente, el recuerdo a La zona sucia del 2011 y ese grito desgarrador que solo pueden emitir quienes encuentran identificación en esa farsa de amoríos. Un homenaje a la única Violeta, la protagonista sobre la que gira el Violética con “Maldigo del alto cielo”, en otra de las re-versiones de Vegas. Y el primer adiós.

Pero todos sabíamos que iba a regresar. La primera interpretación en vivo de “Las palabras mágicas” a petición del Colectivo Pan y Rosas, y “Que te vaya bien, Miss Carrusel” recordando a Townes Van Zandt. “Dry Martini, S.A.” volvió a enaltecer el verso aquel en donde Nacho Vegas logró plasmar la bestialidad que se tiene cuando la pasión desborda por sobre la razón, y a pesar de que se sabe que se está obrando mal, se prefieren aceptar las consecuencias que quedarán con la ansiedad, a perder la magia del instante. Y otro adiós.

“Michi, Michi, Michi” se escuchaba en el público. Y es que ya sabían lo que venía. Todos nos convertiríamos en niñas para cantar “Sharalalalalá” mientras Nacho rememoraba cosas y aceptaba que la ha pasado bien, rechazó propuestas matrimoniales y (casi) conoció en una ocasión a Michi Panero… para luego despedir con un seco: “Hasta nunca”.

Esperemos que no sea así y que pronto regresen el vino y las memorias, pero por ahora, el adiós será más prolongado, porque era hora de salir al entonces gélido aire de la CDMX.