Jenny Lewis en El Plaza Condesa

Un tornado de música campirana para liberar el alma.

Pocos minutos antes del show de Jenny Lewis, el escenario se ilumina con una intensa luz roja, se escuchan grandes clásicos de la música popular mexicana a piano solo y los asistentes se encuentran metidos en platicas muy profundas.

Del lado derecho se escucha la intensa discusión de cómo se nos complica tener una buena administración de dinero, del lado izquierdo, y en otro idioma, recuerdan que el Aha Shake Heartbreak de Kings of Leon era increíblemente bueno y como poco a poco se empezaron a ir al demonio.

Precisamente la generación que escuchó ese disco en 2004 y que ahora odia a Kings of Leon, es el tipo de audiencia que viene a un concierto como este.

El Plaza no estaba tan lleno, aún hasta el final del concierto, nunca llegó al lleno total, ¿pero eso importa para presenciar un gran concierto? Por eso era tan fácil escuchar las voces de varios círculos de plática, conversaciones que al comenzar el show se convirtieron el aplausos, baile y risas de gran satisfacción.

Un breve intro musical es el que da la entrada a Jenny Lewis que sale amedrentando a los presentes quienes aplauden con tan solo verla montada en el escenario.

Los demás miembros de la banda apenas se acomodan sus instrumentos, los afinan y ajustan sus asientos cuando un par de teléfonos con luces neón, sobre el teclado de Jenny, se encienden y comienza la noche con “Heads Gonna Roll” a guitarra, piano y voz.

“Wasted Youth”, la segunda canción de la velada, comienza a sonar ya con todos los músicos vibrando al mismo tiempo y todo se escucha de súper lujo.

El bajo, el órgano, la batería y la guitarra realizan una economía de sonido bien gestionada, ahorrándose acordes innecesarios, manteniéndolo todo simple a lo individual para que en el ensamble todo tenga una ejecución más precisa y fina.

Esa estrategia les da más control en la ejecución y sobre todo ayuda a la voz de Jenny a jugar con diferentes rangos que obviamente mandan al demonio la cordura del público que lanzan gritos eufóricos completamente impredecibles. A veces gritos de mariachi, a veces algún tipo de grito polinesio de batalla o hasta gritos de emoción al estilo Pérez Prado.

Una onda muy rara, pero divertida, todo eso es lo que provoca la gran voz de Jenny, que se ha vuelto más potente y mucho más experimentada durante el transcurso de su carrera.

Pero la voz no es lo único que Lewis ha evolucionado, también su visión del show en vivo ha mejorado increíblemente. Ella sabe muy bien lo que quiere, usar un jumpsuit con hartos brillitos, una escalera pequeña difícil de subir con tacones gigantes, globos enormes para que el público termine de divertirse en grande o un micrófono dentro del auricular de un teléfono para interpretar “On The Line”.

Esa selección de recursos, más la forma en la que Jenny Lewis se desenvuelve en el escenario, hacen que el show se vuelva tremendamente disfrutable. Cada instante está pensado premeditadamente, pero también un poco de improvisación entra en el show para hacerlo más orgánico y divertido para quienes se posan frente al público.

Y sí, éramos un quórum un poco mínimo, pero eso no impidió que liberáramos todo lo que traíamos dentro en una catarsis con gritos y baile.

Billy Idol en el Palacio de los Deportes

Rebelde e indoblegable ¡Billy Idol desata furia en el Palacio!

Luego de que sonara durante días en la radio y tras la inagotable publicidad en redes, por fin se dio el primer concierto de Billy Idol en nuestro país.

El músico británico pisó tierras mexicanas a sus 63 años y con casi cuatro décadas de carrera en solitario. Honestamente, creo que Billy tardó en venir, pero ver a una de las figuras más importantes de los 80 era algo que no nos podíamos perder.

La gente empezó a llegar al Palacio de los Deportes cerca de las 19:30 H. Desde metro velódromo ya se distinguían las chamarras de piel, notas y estoperoles. También las canas y las arrugas.

Iniciamos la noche con Cherry Glazerr, banda de Los Ángeles que ya ha estado en México y que ahora vuelve para promocionar su tercer álbum de estudio. El grupo liderado por Clementine Creevy logró transportarnos a la época del fem grunge y darnos una idea de lo que sería ver a una banda como Hole o Throwing Muses en un show de gran magnitud.

A decir verdad, a Cherry Glazerr no le sienta tan bien un recinto de ese tamaño y mucho menos el Palacio de los Deportes. El sonido no les ayudó para nada y no pudieron contagiar toda su energía. A pesar de todo, la banda agradó y muchos estuvieron preguntando el nombre del grupo para buscarlo en su celular. Pronostico que les irá mejor en Galera y, ya les diré en mi siguiente reseña.

No esperamos mucho para que saliera Billy y tampoco tardó en arrancar. La noche inició con “Cradle Of Love” y pensamos que poco a poco iría soltando sus hits, pero para la segunda canción Idol ya nos tenía bailando con “Dancing With Myself”. Siendo sincero, quemó este tema muy rápido, él todavía no entraba en calor y nosotros tampoco. Más que comenzar fuerte, el principio fue tropezado.

La gente cantó temas como Flesh For Fantasy de la misma manera que sencillos más recientes. Durante el show, el músico hizo sus conocidas poses, levantaba el puño y hacía las mismas expresiones de sus portadas. Sin embargo, le costaba mantener el ritmo y mostrar esa agresividad en el escenario. No sé si solo fue cuestión de la edad o también tuvo que ver la altura y el cansancio.

El momento bizarro ocurrió justo a la mitad del setlist, cuando Billy Idol tomó el micrófono para ponerse personal. Para no hacer esto largo, el cantante dijo que no estuvo con su papá en sus últimos días por estar “rockeando con nosotros”. Lo gritó con un orgullo que contagió a muchos pero que a mí me causó desconcierto. Eso no está bien, Billy.

El músico le dedicó “Ghost In My Guitar” a su papá y como acto de consideración, los asistentes prendieron la luz de sus celulares para iluminar el Palacio de los Deportes. Fue emotivo, sí, pero no me podía quitar de la cabeza lo que había dicho antes.

Siguió “Eyes Without A Face” y aunque lo de las luces ya se había gastado, fue uno de los mejores momentos de show. La canción hizo que todos se levantaran y que vibrara el lugar. Billy dejó todo puesto para el solo de guitarra de Steve Stevens.

El guitarrista, compañero de Idol desde la década de los 80, se robó la noche. Su talento dejó maravillados a muchos y Billy le dejó gran parte del show para aprovechar e ir al backstage en repetidas ocasiones. Durante su solo de guitarra, el músico tocó algunas notas de “Stairway To Heaven” y la gente se le entregó con un rugido ensordecedor. Steve solo estaba bromeando y dejó a muchos con las ganas.

Billy Idol sí tocó algo de Generation X y fue “Your Generation”, el primer sencillo de la banda. La gente reaccionó bien, pero creo que el artista tiene más fans por su carrera en solitario que por su etapa punk.

El británico decidió hacer explotar el Palacio con “Rebel Yell” y la gente terminó por entregarse al frenesí. Billy se retiró para el encore, pero pasó tanto tiempo en el backstage que nadie se enteró de lo que había pasado.

Luego de su quinto regreso al escenario, Billy mantuvo la efusión con “White Wedding”, un favorito de su servidor. La verdad, ahí ya teníamos un cierre memorable, fuerte y poderoso pero el plan del músico era terminar con “Mony Mony”, el cover de Tommy James and The Shondells que popularizó en los 80. Fue un final inesperado, pero sobre todo extraño. No obstante, el ídolo estadounidense se las arregló para darnos una noche increíble.

Billy Idol, por primera vez en México, fue un éxito y adoración a primera vista. La gente salió encantada y estoy seguro que Billy, al igual que muchos músicos de sus mismas condiciones, ve en México una oportunidad de volver a su mejor época.

HIPNOSIS Presenta: Jonathan Bree en C3 Stage

El misticismo del hombre sin rostro: Jonathan Bree.

Las nubes y una brisa ligera cubren al C3 Stage, sin embargo el calor abrumador y la gran emoción por conocer el místico show de Jonathan Bree se sienten en el ambiente.

Victor Rosas, mejor conocido como Rosas, fue el encargado de inaugurar el concierto. Su presentación desprendió calma y paz sobre el ambiente, pues la manera sensitiva de interpretar sus temas, aunado al acompañamiento de su guitarra fueron una combinación que logró ganarse a un público que atento disfrutaba el momento.

Minutos después, cinco individuos enmascarados se hicieron presentes, entre ellos, la figura estelar de la noche: Jonathan Bree. Todos vistiendo de blanco de la cabeza a los pies, siendo el baterista, el bajista/guitarrista y dos bailarinas los que complementarían la enigmática presencia de Jonathan.

Uno de los grandes atractivos del show es la combinación de elementos visuales: las proyecciones en las que se observaban videoclips sincronizados perfectamente con el bailar de las chicas sobre el escenario, las luces simétricas que coincidían en momentos hacia donde Jonathan ejecutaba su espectáculo y las cortinas de humo que de momento ocultaban todo detrás de ellas.

De pronto, una de las bailarinas toma el micrófono y comienza a cantar “Say You Love Me Too”, canción donde Jonathan cruzó micrófonos con la antes mencionada, a la par que un fondo en blanco y negro resaltan las palabras del coro. Cada paso que daba el Neozelandés sobre el escenario se lograba con una gracia admirable, mientras que la inquietud por adivinar las expresiones en su rostro no dejaba de pasar por mi cabeza.

La exactitud en el ejecutar de cada músico, la coordinación entre las bailarinas, la enorme presencia de Jonathan y el ritmo incesante entre canción y canción, hizo de este un gran concierto, donde pudimos ver distintas transiciones entre los miembros de la banda, intercambio de instrumentos y posiciones sobre el escenario, incluso, hasta el uso de dos raquetas que simularían ser guitarras.

Luego de un setlist de 13 canciones, las proyecciones sobre las pantallas agradecen al público y señalan el final del show. Cada integrante se despide de un público que fue atento y educado al mantenerse en silencio durante los momentos precisos, lo que hizo de este concierto una experiencia más disfrutable.

Sin pensarlo dos veces, recomiendo asistir a sus próximas presentaciones a aquellos que no han tenido la oportunidad de hacerlo así como a aquellos que aún no sé han adentrado a lo hipnótico de este proyecto musical. Incluso, puede que al final logres llevarte una foto o su merch autografiada, pues Jonathan y una de sus colaboradoras se dieron el tiempo para convivir con sus fans y tomarse fotos al final del evento.

10 000 Russos en el Foro Indie Rocks!

10 000 Russos o la apología de la distorsión como forma de arte.

22:20 H en punto comenzó la noche musical en el Foro Indie Rocks! donde se rindió una ofrenda a la distorsión como forma de arte y donde reinó una psicodelia actualizada.

El dúo Nada se sirvió del banquete durante 26 minutos en los que sus integrantes se lucieron solo con bajo y batería. Una chica en el escenario con su voz y bajo lidera el inicio de este encuentro y lleva al público a querer más. Quizá el único inconveniente para Nada fue no terminar de explotar pues primero consiguió encender los ánimos y tuvo tiempo para darse a conocer; pero ya en pleno vuelo pudo subir un poco más como para mostrarnos sus sonidos desde otras alturas. Sin embargo por algún motivo se quedó ahí. Quizá solo sea cuestión de tiempo, de más recitales y más música para que lo logren y cuando así sea seguramente lo harán genial.

Un receso de banda en vivo fue quizá necesario para que el público digiriera mejor lo que se acababa de presentar. El temple es importante y fundamental en noches como esta. Fue el turno entonces para el folk psicodélico y decaído de Pedro Tirado, quien es una oda a la construcción musical putrefacta, honesta y sin ninguna pretensión más que ser así. Lo consigue. Valiente este músico en su apuesta que se vio acompañada por cajón, bajo y batería. La música de Pedro es la que nace a las 10:00 H después de toda una noche de fiesta hasta lo más hondo. Acá, a diferencia de la primera banda, fue que el tiempo frente al público fue más de lo necesario y eso pudo llegar a cansar a algunos asistentes, mismos que no dejaron de agradecer la música que ahí se presentaba.

Pedro Tirado

Así, llegó el turno para el trío compuesto por Pedro Pestana, André Couto y João Pimenta. Poca gente en el público pero quienes ahí estuvieron se sintieron muy afortunados de llegar a ese momento de la noche. Brutal la banda portuguesa 10 000 Russos. Puedo asegurar que en el tiempo reciente no se había presentado un sonido tan particular y bien realizado por estos pagos y vaya que por acá viene la música más interesante a probar suerte. No cabe duda que cuando el talento sobra se luce en su totalidad en vivo, porque el trío conformado por batería, guitarra, bajo y pedales, hizo un derroche de post punk, psych y distorsión llevada a lo majestuoso.

Notas sobre lo extraño reinaron el lugar mientras visuales misteriosos hacían juego con las luces en el escenario. La música de 10 000 Russos parece no tener una estructura que sirva de soporte para su despegue y vuelo, incluso así logran crear algo que en verdad podría por momentos rozar lo sublime. Paisajes distorsionados que hacen pensar en la rabia interna o en un futuro pos apocalíptico, sonido que da la impresión de pulverizarse para volverse partículas que envuelven y retienen al espectador.  La evocación de sonidos de sintetizador industrial, logrados gracias a la genialidad de sus músicos, es parte clave para el éxito de esta banda, que toco poco en verdad, apenas una probada de lo que pueden llegar a hacer en vivo, no pudo faltar uno de sus éxitos “Usvsus”. Creo que parte del espíritu nocturno de esta ciudad se sintió agradecido con esta propuesta musical, que esperemos no tarde en volver.

Entrevista con The Twilight Sad

The Twilight Sad: La banda triste salvada por Robert Smith.

Dos escoceses caminando por las calles de la colonia Condesa, uno usando una playera de rayas blancas y negras y otro con un jersey de la Selección Mexicana podrían pasar desapercibidos como un par de turistas más, pero no lo son. Ellos, James Graham y Andrew McFarlane fueron apadrinados nada menos que por Robert Smith y juntos, son los creadores de una triste y oscura banda llamada The Twilight Sad.

Cuando se habla de México, su comida es de los temas principales y esta ocasión, no fue diferente. James y Andrew llegaron a las oficinas de Indie Rocks! justo después de haber comido en uno de las tantos restaurantes de comida mexicana del área. Andrew, comió enchiladas; James, había probado el mole —que calificó de extraordinario— ambos, habían maridado su comida con mezcales. Qué mejor excusa para una gran plática que giró en torno del gran rol que tuvo el líder de The Cure en que la banda continuara haciendo música, los nuevos artistas emergentes y cómo, si tuvieran la oportunidad de cambiar algo, sería el nombre de la banda.

Empecemos por el inicio. Su primer álbum fue lanzado en 2007. La banda había sido formado por James y Andrew, quienes han escrito las letras juntos desde los inicios, y un amigo bajista. No fue sino hasta siete años después y tres álbumes de estudio que, justo antes de darse por vencidos, entró Robert Smith a la ecuación y literalmente, salvó a The Twilight Sad.

“Antes del álbum Nobody wants to be here and nobody wants to leave no veíamos un futuro. Pensamos que no estábamos yendo a algún lado […] y teníamos problemas para ganar dinero. Era muy difícil y aunque no queríamos dejar de hacer música, teníamos que vivir de algún modo”, dijo James en entrevista.

Mientras todo esto pasaba, la banda había trabajado en su cuarto álbum y cuando tuvo un demo presentable, decidió enviarlo a varios especialistas, entre ellos Robert Smith, el vocalista de The Cure.

“En cuanto Robert entró en la producción, comenzamos a ver todo con un poco más de optimismo. En cuanto él cubre los costos de hacer tus canciones y te invita a ser el acto invitado principal en un tour, se te abre el mundo por completo”, explicó James quien dijo que aún ahora, cinco años después, no encuentran la manera de agradecerle al cantante británico lo que hizo por ellos y salvar, literalmente, a la banda.

De este modo, The Twilight Sad, específicamente James y Andrew, siguen tocando canciones que hablan de situaciones reales de la vida, con letras que el mismo James describe como intensas y sobreacogedoras.

“La vida real es lo que más me ha inspirado. Tanto de manera positiva como negativa. Incluso más que el arte o la música”, dijo Andrew; mientras que James considera que lo que hace especial a The Twilight Sad es la honestidad en las letras y la música lo que ha hecho que a lo largo de estos años, se haya creado una comunidad —y no un culto como bromeó Andrew— alrededor de su música.

Pero al preguntarles si después de todos estos años con altibajos, hay algo que cambiarían, no dudaron ni un momento en darle una segunda oportunidad al nombre de la banda, mismo que surgió del poema del escritor británico Wilfred Owen titulado But I was looking at the permanent stars.

“Definitivamente cambiaríamos el nombre de la banda porque es terrible”, dijo James, mientras que Andrew, un tanto decepcionado dijo “es lo que es, pero no es mi favorito”. Pero ambos estuvieron de acuerdo con algo. Esas decisiones del pasado, como el nombre, reflejan un momento en el que pensaron que eso era lo indicado porque es lo que consideraban correcto en el momento.

Y aunque se arrepientan del nombre, nunca se arrepentirán de haber aceptado la oferta de Robert Smith. Incluso ahora, no tienen cómo agradecerle haberle dado la oportunidad de tocar en lugares del mundo que, como ellos dijeron, nunca pensaron haber pisado. Uno de ellos, México. Que por cierto, el Foro Sol, es uno de los estadios más grandes para los que han tocado y todo, gracias a no darse por vencidos hace cerca de cinco años.

Wilco — Ode to Joy

Wilco y su búsqueda de las pepitas de oro musicales en Ode to Joy.

El lanzamiento de Ode to Joy ha levantado discusiones acerca de si es más de lo mismo en cuanto a discos anteriores de la banda o si ésta no logra despegar después de más de una década haciendo música.

La realidad es que éste es un álbum con distintos matices, todos hermosos y complejos; además, al darle play suena ésta y no otra placa, es evidente. Entonces desde la primera canción se puede disfrutar la combinación de indie rock con un pop oscuro (paradójicamente) y detalles musicales que agradan.

Las primeras cuatro canciones están regidas por las percusiones de Glenn Kotche, mismas que aparecen en primer plano, martillan el cerebro (más si se disfrutan con auriculares) y dejan flotar suavemente la voz del fabuloso Jeff Tweedy, apenas sostenida por una guitarra que suena muy parecida en la primera parte del disco.

Sin embargo, apenas en la segunda canción: “Before Us” se exhibe un hallazgo en la combinación de guitarra y coros. Lo bueno es que el recurso es explotado en este tema y no se vuelve a usar más. Esto último es un gran acierto y una forma muy significativa que tiene Wilco para abordar las distintas composiciones de la placa, pues al respetar esta idea de usar una sola vez un hallazgo, ofrecen un disco que nunca cansa y casi siempre sorprende.

Otra característica es que resulta inevitable no darse cuenta del halo de tristeza que recorre las letras incluso en canciones como “Love Is Everywhere (Beware)” pues describe el enamoramiento como algo abrumador, casi un mal viaje. Así, no importa que se narren situaciones vitales positivas o negativas, la decepción y angustia siempre están presentes.

“Everyone Hides” que fue presentado como segundo single, ocupa el puesto cinco en las 11 canciones que componen el álbum. Aquí el ritmo cambia, como si en el auto musical pasáramos a cuarta velocidad. Los arreglos presentan la voz más alegre, persiste la base de percusión y la guitarra es absolutamente bailable, además que hay un lucimiento mayor en el bajo de John Stirratt.

“White Wooden Cross” en verdad tiene un lindo juego de guitarras. Acá teclados y batería también entran a un juego donde la voz se muestra más rasgada, personal y distintiva. Ode to Joy tiene el gran acierto de que sus arreglos son precisos, sin adornos extra, puro jamón del medio, sin un gramo de grasa o desperdicio. Tal como sucede también en “We Were Lucky”, que suena desafiante con sus guitarras distorsionadas que se tensan conforme avanza la canción.

Entonces, éste disco tiene todo para ser querido por nuevos y viejos seguidores de la banda. Hay complejidad en sus arreglos y composiciones; pero dan al centro de la diana cuando esa complejidad no es un impedimento para disfrutar desde el principio esta nueva propuesta que incluye secretos allá en el fondo, tal como ocurre con los rastros de ese country alternativo (pequeñas pepitas de oro) de los orígenes de la banda: Uncle Tupelo. Si pegamos el oído a la guitarra, en momentos que duran poco los hallaremos, como sucede en “Love Is Everywhere (Beware)”  o en “An Empty Corner”, pero ojo, para nada es un disco de este género.

Top 5 con los mejores tracks de la semana

Te compartimos esta selección de los mejores 5 nuevos tracks de la semana en este Top Indie Rocks!.

Mucha música se ha estrenado en este 2019, releases y sorpresas de los proyectos que recomendamos para tu oídos, pero nuestro equipo editorial hizo una selección muy especial para el top 5 de los mejores tracks de la semana del 14 al 20 de octubre de 2019. Aquí encontrarás diferentes géneros y ritmos que te pueden acompañar durante el fin de semana.

Estos días se estrenaron muchos sencillos dobles, así que esta vez fue más difícil elegir los puestos de este top. The Drums compartió "I didn't Realize" y "You Lied", mientras que Noa Sainz publicó "ya mi mamá me dijo que contigo sí" "pero ahora que lo pienso mejor". Además, Taylor Hawkins & The Coattail Riders –banda liderada por el baterista de Foo Fighters– anunció un disco que saldrá a la venta el próximo 8 de noviembre a través de Shanabelle/RCA y estrenó el primer sencillo que lleva por título  “Crossed The Line”; y Miami Horror nos prepara para su presentación en el Corona Capital con "Luv Is Not Enough".

Escúchalos a continuación y no olvides decirnos cuál es tu favorito en nuestras redes sociales:

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Tayrell comparte su sencillo "Paycheck"

Con "Paycheck" cada vez estamos más cerca de escuchar el primer LP de Tayrell.

Los hermanos Hugo y Miguel Galicia –mejor conocidos como Tayrell– estrenaron "Paycheck", penúltimo sencillo de su primer LP Shapes. La canción tiene el toque de french house característico del dúo nacional, además de tener ese estilo funk lleno de ritmo que hará bailar a cualquiera que lo escuche.

Ponte de buen humor y dale play a "Paycheck" aquí abajo.

Para este tema los hermanos contaron con la participación del holandés Maydien y la cantante francesa Holy Brune, con quien ya habían trabajado previamente en su sencillo "Fond Of Me".

Además, Tayrell compartió la portada de este primer material discográfico, que fue diseñado por Helena Garza.

Esta es la portada de nuestro primer LP Shapes finally les podemos decir que ya está muy cerca y el próximo jueves 17 sale el penúltimo sencillo “Paycheck ft. Maydien y Holybrune “ 💸
denle pre-save para que sean los primeros en escucharlo y compártanlo con sus homies, es una 🔥💣 🔥", expresó el dúo en redes sociales. 

Tayrell

Sin duda alguna Tayrell cerrará el año con broche de oro, pues a principios de diciembre se estará presentando en la séptima edición del festival Trópico en Acapulco. Sí aún no tienes tus boletos, adquiérelos ahora dando clic aquí.

"Bajo tu ala", lo nuevo de Tessa Ia

"Quédate solo un momento. Quiéreme perdida en violentos fragmentos de dudas. Quiéreme bajo tu alalalala al dormir", es lo que nos dice Tessa Ia en su nueva canción.

Tessa Ia, la actriz, cantante y compositora mexicana, nos comparte el estreno de "Bajo tu ala". Este sencillo –grabado en los Estudios Panoram– cuenta con la producción de Felipe Ceballos y formará parte de la continuación de su EP, Breve, publicado el pasado 21 de junio.

"Bajo tu ala" llega acompañado de un peculiar lyric video, dirigido por Marco Marcovich, en el que vemos a la cantante recostada sobre una mesa llena de frutas. Dale play a continuación:

Recientemente Tessa Ia estrenó "Quimeras", un videoclip protagonizado por el actor mexicano Damian Alcazar y por ella misma, quien aportó la idea original para este visual. “Quimeras” cuenta con una estética increíble, el efecto blur logra que parezca una película retro. Un proyecto visual y auditivamente bien realizado.

La canción está inspirada en una relación que la cantante vivió al estilo Lolita de Vladimir Nabokov. “Habla de los esqueletos que guardamos en el clóset, y de cómo nuestra perspectiva acerca de ciertas cosas que vivimos, cambia conforme crecemos”expresó Tessa Ia.

Si aún no lo has visto, aquí te lo dejamos:

The National en el Pepsi Center WTC

Noche de gotas de lluvia y lágrimas con The National.

Apenas un año después de su última visita al Pepsi Center WTC, The National regresó a México para promocionar su más reciente disco, I Am Easy To Find.

A la hora de la apertura de puertas se veían pocas personas formadas, cuando salió Ed Maverick en punto de las 20:00 H al escenario, el aforo apenas llegaba a media capacidad. El joven artista de Chihuahua, junto con su guitarra acústica y su banda de acompañamiento, en principio sonaba como una elección apropiada de telonero por la vibra melancólica de su música.

Sus nervios y temor eran muy notorios y, a pesar de que los murmullos del público en ocasiones ahogaban la quietud de sus canciones, Maverick puso mucha emotividad e intensidad en ellas, lo cual fue acentuado por su banda cuando lo necesitaba y para cuando llegó el momento de su éxito viral, “Fuentes de Ortiz”, más de uno entre el público la coreó.

Llegó el turno de The National, esta vez venía acompañada de cuatro músicos adicionales, incluyendo a Kate Stables, a quien pudimos escuchar en varios cortes de su nuevo disco y quien fungió como la voz femenina requerida para la interpretación en vivo de las canciones de I Am Easy To Find.

“You Had Your Soul With You” dio arranque a la presentación y lo primero que salta a la vista es la cálida recepción que tuvieron las nuevas canciones, las cuales eran coreadas una tras otra. “Quiet Light”, “The Pull Of You”, “Hey Rosie” le siguieron, generando la misma emoción entre el público y con Stables vitoreada cada vez por su acompañamiento a la voz de Matt Berninger.

Con “Don’t Swallow The Cap” empezó el viaje al ayer y la energía no hacía más que subir, en seguida las luces se volvieron tenues y anaranjadas como indicación de que venía “Bloodbuzz Ohio”. “I still owe money to the money, to the money I owe”, se escucha al unísono entre un público emocionado y Berninger con su característica voz profunda y melancólica.

Es difícil discernir entre los gemelos Aaron y Bryce Dessner en la sección rítmica. No solo sus facciones son idénticas, sino que tienen el mismo corte de cabello y ambos fluctúan entre las guitarras y el piano, pero prueban ser un dúo dinámico que genera un sonido masivo y envolvente en una de por sí numerosa banda arriba del escenario.

A pesar del tono gris que caracteriza la música de The National, su vocalista Matt Berninger es un personaje que contrasta con esta. Rara vez se mantiene quieto y, cuando no hace comentarios humorísticos entre canciones, gusta de pasearse por el pasillo debajo del escenario para tomarse fotos con fans mientras canta, lo cual debe hacer del trabajo de su jalacables una pesadilla.

“So Far, So Fast”, “Where Is Her Head?” y “Oblivions” demostraron que las versiones de estudio no le hacen justicia a su desgarrador potencial. Con “I Need My Girl” naturalmente llegó uno de los momentos más coreados y grabados de la noche desde que comienzan aquellas notas suaves de guitarra, quizás el riff más reconocible de The National.

“The day I die, the day I die, where will you be?”, se preguntan Berninger y el público al ritmo de las azotadoras percusiones de Bryan Devendorf. Para su sucesora, “This System Only Dreams in Total Darkness”, un fan pidió tomar el lugar de este último, pero no tuvo éxito, no todas las bandas son The Killers o Green Day para dejarte subir a tocar un instrumento.

“Pink Rabbits” es una grata sorpresa para los fans más acérrimos y, en esa misma vena delicada y sombría, “Light Years” llegó con su dulce melodía de piano que nos arrulla y hace que las parejas se abracen.

"Rylan” ha sido una favorita de fans desde tiempo antes de que apareciera en un disco y esta junto con “Graceless” hizo uno de los momentos más enérgicos de la noche antes de volver a la paz, tranquilidad y brazos ondeantes nuevamente con “Fake Empire”, en cuya interpretación destacó una sección de trompetas cortesía de los músicos de acompañamiento de la banda.

Primer encore, hora y media de música no es suficiente para una banda con la trayectoria de The National, aún se siente que falta mucho. “I Am Easy To Find” suena con dedicatoria a un profesor universitario de Berninger que falleció; “Mr. November” nos recuerda que no todo es sentimentalismo y pesadumbre, sino que también hay guitarrazos y comentario político.

“It takes an ocean not to break”, ruge el líder de la agrupación mientras porta una playera regalo de un fan durante “Terrible Love”. “About Today” presagia el final de la velada en una depresiva nota de corazones rotos, pero la esperanzadora “Vanderlyle Crybaby Geeks” llega como su ya tradicional cierre donde Berninger cede las vocales al público, el cual corea cada palabra al ritmo de las guitarras acústicas de los hermanos Dessner.

Dos horas de música y aun así se siente que faltó repasar los primeros discos, especialmente Boxer y Alligator. Sea como sea, dos Pepsi Center WTC llenos en dos años son prueba de que The National ha trazado un gran camino y generado una amplia base de seguidores mexicanos desde que debutaron en nuestro país como teloneros de Foo Fighters allá por 2013.