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The National — I Am Easy To Find

7

The National
I Am Easy To Find

4AD / 2019

Artista(s)

24/May/2019

La majestuosidad de la fragilidad humana puede ser muy, muy dolorosa.

Algunos discos no deberían existir, sería mejor si los archivos se corrompen y las canciones no son publicadas. O mejor aún, si no son creadas, porque algunos técnicos o ingenieros logran recuperar documentos e información de computadoras casi muertas. También sería mejor si algunos shows no suceden. Si no se anuncia el concierto, si no se difunde el póster y no se genera el boletaje. Algunas personas estaríamos más tranquilas, tirando poco a poco, sin aquellos tonos que vienen a complicarlo todo, a ponernos a reflexionar sobre la vida, el sentir cotidiano y los miedos que vienen durante las relaciones interpersonales. Le pregunté a un amigo sobre su estado emocional, me dijo “no soy bueno hablando de lo que me pasa”, cambiamos el tema y no hemos atinado a conversar sobre ese punto de nuevo. La fragilidad de la situaciones, lo incomprensible que puede ser la otredad y lo inexplicable del individuo. Somos analfabetas emocionales. Qué terrible puede ser pensar en eso. Es más, no debería de estar escribiendo esta reseña sobre el nuevo álbum de The National, I Am Easy to Find, su trabajo más arriesgado en 20 años de carrera. Mejor aún, no sigan leyendo. Pasen a otra reseña, dejaré este texto hasta aquí.

Si siguieron leyendo entonces no pueden dejar de pensar en The National, yo tampoco. En el nuevo material de la banda, llamada “Radiohead de Estados Unidos” por el diario británico The Guardian, persiste una tremenda emotividad con composiciones cerebrales capaces de adentrarse un poco más en el alma humana hasta desnudarla, exponerla hasta dejarla vulnerable. Aún así, la brutalidad de sus armonías no es suficiente para lograr una pieza contundente como lo es Boxer o High Violet. Tiene un dinamismo desconocido gracias a la inclusión de voces femeninas interviniendo en un continuo diálogo, en una conversación en la que sale lo mejor y lo peor de una pareja ficticia, reclamos, enojo, amor, resignación y esperanza. La colaboradora de David Bowie, Gail Ann Dorsey; Sharon Van Etten o Kate Stables modifican el monólogo que solía efectuar el vocalista Matt Berninger para darle espacio al otro.

I Am Easy to Find es también una suave furia que cuestiona en sus letras el sentido de las relaciones y el doloroso proceso que acarrea cada una de ellas, un dolor que no muere, que puede agonizar lentamente y, aunque los integrantes de la banda insistan en el positivismo de su contenido, parece no terminar porque el proceso de aprendizaje toma tiempo y es compartido. “Estoy aprendiendo a recostarme en la luz tenue, mientras veo el cielo ir de negro a gris, aprendiendo a cómo no morir internamente poco a poco, pienso en ti y en si estás despierta”. Ruptura dolorosa en “Quiet Light”. “La tormenta, el apagón, el mar tranquilo. Fuiste corriendo hacia él, lejos de mí. Tenemos amigos en buenas casas, tenemos niños en los árboles. Ahora no tengo más que noches sin dormir”. Incertidumbre y ansiedad en “So Far So Fast”. “¿Qué estamos pasando, tú y yo?, ¿qué es lo que quieres que aprenda? Siempre estamos discutiendo sobre las mismas cosas. Días de brutalismo y giros en la horca”. Fastidio y rutina en “Hairpin Turns”. También hay amor, esperanza por amor, porque regrese. En “I Am Easy to Find”, una de las canciones mejor logradas brilla una flama tenuemente. “Hay un millón de pequeñas batallas que nunca voy a ganar. Todavía te espero todas las noches con la cinta de máquina de escribir (...) sigo en el mismo lugar en donde me dejaste, soy fácil de encontrar”.

En Internet circulan un par de memes sobre la banda que refleja la percepción que se tiene de su música. En uno de ellos un grupo de chicos están pateando a otro que yace sobre el suelo, los golpeadores traen cubierto el rostro con los álbumes de The National. Escuchar a esta banda es estar dispuesto a que el mundo se te venga abajo, a viajar hacia aquellas emociones que vamos guardando y que tarde o temprano terminan por salir. Ya sea con las melodías intimistas o con la ira y el dolor que trae la voz de Berninger. Y en I Am Easy to Find esto aumenta por la incursión de otras vocales, a ratos nos convertimos en testigos o protagonistas de eternas peleas de pareja. Lo que me lleva al segundo meme, dos brazos de lado opuesto de la imagen se juntan en un acto de unión, de un lado lleva escrito el mensaje de “canciones de indie rock moderno” y del otro “canciones tristes sobre papás divorciándose”. Así de existencialistas pueden llegar a ser. Y aún así, este álbum no logra posicionarse como uno de los mejores de la banda, “afortunadamente”, de lo contrario terminaríamos devastados.

Las composiciones de Aaron Dessner y su hermano Bryce, así como de los otros hermanos Scott y Bryan Devendorf, son de lo más exquisito, artístico y arriesgado en su carrera. Algunos cortes no alcanzaron a entrar en el álbum anterior, Sleep Well Beast, y aquí tienen más sentido, pero el disco se va desdibujando poco a poco y no logra dar un sentido de consistencia, de ritmo o de una idea respecto al sonido. La música se pierde sobre arenas movedizas y no alcanza para arrastrarnos en las primeras escuchas. I Am Easy to Find es una pieza para fans de la banda, es necesario adentrarse demasiado para entender las canciones, para sentirlas. Los asiduos a su música, como sucede con los involucrados en algunas relaciones, conocen la dinámica y la pueden comprender, por más extraña que resulte, por más dolorosa, incluso. Para los otros escuchas, el álbum se perdió muy al principio. La extensión de 16 canciones hace más lento el proceso de acercamiento y como también sucede en otras relaciones ya no hay más qué hacer.

Les dije que mejor no siguieran leyendo. Me dije que mejor no siguiera escribiendo. Pero ni ustedes ni yo hicimos caso. Definitivamente este álbum no debería existir, ni estas canciones ni futuros conciertos de la banda, porque con él último corte llega una sensación de devastación total, un sentimiento que se expande por el cuerpo y es muy difícil de eliminarlo, de segregarlo, de vomitarlo o escupirlo, de deshacernos de él. La flama se apaga. Y solo nos queda el último calor que dejó al extinguirse. “Pensé que vi a tu madre el fin de semana pasado en el parque. Podría haber sido cualquiera, era de noche. Todo el mundo se estaba iluminando en la soledad de las sombras. Podrías haber estado justo a mi lado, y nunca lo habría sabido”.

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