Fotografo: Bruno Muti

Instagram: @Bruno_Muti

Chingadazo de Kung Fu en El Plaza Condesa

La consagración de un sueño.

Conocí a Marino hace algunos años en una revista en la que coincidimos. La verdad es que solo lo reconocía de vista. Estaba siempre sentado en su escritorio pero cuando hablaba, alguien más reía fuertemente. Un día, en un podcast que grabábamos, lo vi con una playera de Seguimos Perdiendo y pensé: qué chido güey. Y eso fue todo. Algunos meses después, un amigo que por aquel entonces era locutor del Tiradero Santa Fe en Ibero 90.9 me dijo que escuchara un disco. Orinando contra el viento llevaba por título. Lo firmaba el Chingadazo de Kung Fu. Le di una vuelta. Luego dos, tres, seis. Esa semana lo escuché en repeat sin hartarme y las canciones ya estaban impregnadas en la memoria. Cuál fue mi sorpresa, que un día en un concierto, me di cuenta que el vocalista de mi nueva banda favorita, era ese mismo Marino con su playera de Seguimos Perdiendo.

Tendrías que buscar y buscar entre artistas que sean tan frontales como el Chingadazo de Kung Fu. No hay medias tintas. No hay maquillaje. O tal vez un poco, pero como si no lo hubiera. Las historias autobiográficas suelen tener un mayor impacto en las personas, porque es cuando el que está cantando algo, podría ser el muchacho que viste salir del edificio de enfrente por la mañana, o tu conocido de la escuela que se la pasaba diciendo que de grande iba a ser rockstar, o quizá aquel primo raro que en toda la vida te dijo que escucharas a Rancid. Cocaína, sexo, alcohol, mujeres y playas. Más cocaína. Mucho más cocaína. Así era el Orinando contra el viento, un disco que con pocas canciones, le brindó al Chingadazo mucho más de lo que en un principio imaginaron. Y las mejores cosas estaban por venir.

Además de ser honestos en las grabaciones, las redes sociales del CHDKF son constantemente alimentadas con las ilusiones y eventos venideros. Un buen día, salió la noticia: Chingadazo de Kung Fu se presentaría en El Plaza Condesa. Sin lugar a dudas, para los que estuvieron pendientes de la historia de la banda, aquel escenario representaba un sueño hecho realidad.

Era momento de la celebración, cinco años después de que Marino decidiera canalizar sus vivencias tocando música y muchos más después de sus primeras incursiones en bandas, CHDKF abría con “3 de noviembre (No me agüito)”. Algo por lo que siempre se ha caracterizado la banda —y con razón, pues Marino es diseñador gráfico—, es por su trabajo visual. Playeras que se han vuelto icónicas, pines y ahora, unos visuales espectaculares que, igual hubieran lucido en un foro más pequeño, pero que, en la pantalla de El Plaza, lucían inmejorables. “#imape” y los recuerdos que afloran cuando se te pasan las copas. El ambiente en El Plaza Condesa era como en cualquier lugar que se presenta Chingadazo: abrumador. “No me importa (¡Oh, Oh!)” solía cerrar los conciertos, pero ahora se presentaba como la tercera canción. Incuestionablemente, el crecimiento ha sido exponenciado.

Si algún día quieren escandalizar a alguien que dice ser muy recto, díganle que le enseñarán una bella canción de amor. “Sexo anal con hipsters (por detrás)” fue la siguiente interpretación, esa cruda pero directa enunciación: “no soy el chico que tú crees”. Si rompes ilusiones desde el principio y aún así se dan las cosas, ¿qué se le va a hacer? “Asunto pendiente (mi playera, tu pijama)” continuó la noche con la historia, quizá, de la playera aquella que Marino llevaba a la oficina y que ahora pertenece a alguien más. Después vino el combo viejito: “Azul turquesa” y “Rehab” transportaron a varios a aquellas presentaciones de Chingadazo en Caradura, con tal vez 50 asistentes, o en Bajo Circuito, cuando con poco más de un año de formación, ya pintaban para cosas grandes.

El tradicional cover a Seguimos Perdiendo con “Farolito” y, de repente, un aroma a Jack Daniels voló por entre las cabezas de los presentes. Enfundado en una chamarra con la bandera confederada, apareció el novio de México, el único e incomparable Charlie Monttana irrumpió en el escenario para cantar “Sigo perdiendo”. ¿Será Marino o Charlie el autor de la canción?

Momentos icónicos se vivieron en El Plaza Condesa. Las mamás de la banda subiéndose al escenario para partir el pastel del los cinco años, Alejandro Mendoza en acústico o subiéndose en una orca inflable, los interminables mosh pits en prácticamente todas las canciones. El público de la banda es uno que hay que reconocerse. Yo no sé cómo terminan al día siguiente y si es que necesitan algún medicamento.

Después de un encore, la última canción fue aquella con un Woody Allen caricaturizado que no necesita aparecer en un LP para que El Plaza entero coreara a capela. “No lo tomes a mal (No me toques, ando chido)”. “Y qué hueva explicar lo que pasó entre los dos, que te encontré con alguien más y que no quiero verte nunca jamás”. La simpleza honesta de Chingadazo es un ídem al corazón, a los músculos, al tabique nasal y a la cabeza. Bandas así, necesitan cumplir cinco, 10 o los años que sean, y aunque todo sea efímero y quizá ellos lo sepan mejor que nadie, este primer lustro ha sido un goce tomando coca y ron. Quién sabe ellos, pero yo pienso que el Chingadazo de Kung Fu ha seguido ganando desde el primer día.

Black Flag en 360 Venue

La guitarra de Greg Ginn sigue arengando: Black Flag en México.

Un coche blanco se dirige, como puede, a su destino en California. Casi cae la noche y en el cielo, los nubarrones oscuros que amenazaban desde hacía tiempo, empiezan a cumplir con su misión. Todo se vuelve más lento cuando el agua escurre sobre los pavimentos. Es algún punto de 1981 y los dos amigos en el coche están desesperados. Si los carteles eran ciertos —y si la policía no intervenía—, Black Flag, la banda más emocionante del momento, estaba a punto de presentarse. Angustia por no llegar. Malditas grandes ciudades, son impredecibles. Un trueno ilumina el cielo y de repente ya no es California, ni 1981, sino la Ciudad de México en un 28 de junio del 2019. Black Flag, estaba a punto de presentarse… aunque con un poco de retraso.

Cuando uno comienza a conocer bandas y géneros, hay agrupaciones que destacan de entre las demás por el momento en que llegaron. Si hablamos de hardcore, Black Flag es el estandarte. Pero hay otros quienes les llaman simplemente punk. Algunos argumentan que van más por el jazz punk o el sludge metal, y bla bla. Las etiquetas salen sobrando a veces. Qué gratificante debe ser para un artista, crear un proyecto, un vehículo en el cual puedan conducir sus inspiraciones sin temores, sin cuestionarse si serán bien recibidas, o si quedarán en el tope de las listas. Greg Ginn es un hombre sumamente afortunado por dichas razones.

Y después de revisar esos discos viejos, los artículos, los videos, y demás cosas para conocer bandas, a veces te das cuenta que te perdiste de años gloriosos. Únicos. A veces te das cuenta que hay agrupaciones que nunca jamás verás en vivo. Y que si por casualidad se juntan, lo harán en un festival alrededor del mundo, o tal vez una ciudad que tuvo un aprecio especial por ellos. Pero a veces hay obstinados que encuentran circunstancias para que lo imposible, se vuelva tangible. Para que a unos cuantos metros, Greg Ginn y compañía se presenten en el 360 Venue del Estado de México.

Hace poco tuve la oportunidad de platicar con Mike V para Indie Rocks! y me contaba que lo que querían, era reapropiarse de las canciones. Que la gente no solo fuera a ver a Black Flag por lo que representó, ni por tacharlo de su lista de pendientes. Sino que la intención era crear una nueva experiencia, una en la que los asistentes se sintieran revitalizados. Cuando Mike comenzó a cantar: “Right here, all by myself / I ain’t got no one else” , se congregaron en un momento, las voces que crecieron escuchando con atención una música que parece calzada para ellos. Cientos de personajes que se entremezclaban en cabezas canas y el entusiasmo que solo un adolescente puede tener. ¿El punk está muerto?

El setlist no podía escatimar. “Black Coffee”, “White Minority”, “Revenge”, “Jealous Again”, “Can't Decide” todas estaban ahí. Quizá algunos sigan diciendo que Mike V no debe estar al frente de algo como Black Flag. Que solo quieren dinero. ¿Se le puede llamar a Black Flag una banda vendida? Y de ser así, ¿se les puede culpar después de su legado? Los caminos se separan y Henry Rollins tal vez nunca vuelva a estar junto a Greg, pero el alma creativa, la esencia y el guía de Black Flag, sigue ahí. Regocijándose en el escenario. El lugar al que pertenece. “Nervous Breakdown” empezó y recordé cuando Mike contaba que fue aquella canción la que lo conectó con Black Flag. La canción que le habló. Y ahora él estaba sobre el escenario cantándola. Y después, el estruendo, el rugido, el grito de guerra: “Rise Above”. Greg con el riff legendario. Sempiterno. Greg con la canción que, de no existir todo un catálogo, se habría ganado el puesto en un selecto grupo de míticos musicales. “Louie, Louie” dijo adiós. Poco a poco, los pasos empezaron a dispersarse y estoy seguro que a varios sí les vino la reinvención deseada. Recuerdo ver a un adolescente de 15 ó 16 años feliz con un setlist de Black Flag en la mano subiéndose a un coche blanco. Ahora, sin lugar a dudas, envidiaré su habitación.

Él Mató a un Policía Motorizado en el Lunario del Auditorio Nacional

De la argentinidad a la felicidad melancólica.

Él Mató a un Policía Motorizado, un nombre largo para una banda, tan largo como a veces es el camino a la salida de nuestros males y pesares. Esta noche es especial, pues el conjunto argentino se presentaba nuevamente en la CDMX, teniendo esta vez como escenario el Lunario del Auditorio Nacional.

Como acto telonero presenciamos a Carla Rivarola, cantautora mexicana que se impuso solamente con su guitarra, su voz potente y sus desgarradoras letras ante un público que atento se dejó seducir a su propuesta, siendo los temas de su disco Médula Silvestre los principales protagonistas.

Unidos, atraídos por "El magnetismo" emitido por nuestro cariño a cada integrante de la banda, siendo Santi Motorizado quien robara la atención de la mayoría del público, pues los gritos de afecto, amor y hasta propuestas de matrimonio hacia él no se hicieron esperar.

Luces rojizas, unos últimos ajustes en la guitarra de Pantro, "La Síntesis O'Konor" sonado de fondo; este concierto comenzaba a cobrar vida, iluminándose el fondo con una constelación que se proyectaron para mayor vistosidad del show. Los primeros acordes de "La noche eterna" retumban en nuestro corazón, pues la atmósfera nostálgica se resiente inmediatamente.

"Las luces" estroboscópicas al ritmo de una batería punk nos deslumbran y agitamos nuestra cabeza al unísono. "El baile de la colina" en conjunto con "Nuevos Discos" liberan de la inhibición con la que muchos jóvenes asistentes se habían mantenido hasta ese momento. El niño elefante nos teletransporta a otra dimensión a través de sus arpegios, deslices sobre el brazo de su guitarra y sutil acompañamiento dentro de "La cobra".

Amor del tamaño de cosmos, envuelto en "Dos Galaxias", inspiración explosiva cual fuegos artificiales que inspiran el emprendimiento, gracias al "Amigo Piedra", recuerdos del hogar en una "Noche negra"; conjunto de melodías en los que nos hundimos y nos alzamos.

Tema tras tema, el público convergía con la melancólica voz que Santi inyecta, así como con el audio envolvente que mostró una buena ecualización. Las canciones seguían impactando nuestros sentidos: "Terrorismo en la copa del mundo", "Terror", "Sábado” y "Alguien que lo merece".

Después de un breve agradecimiento y algunas dedicatorias de la banda hacia algunos asistentes, "El Tesoro" congrega a propios y extraños, pues todos a mi alrededor comenzaron a gritar, bailar y corear cada estrofa de tan bello tema. Santi nos aplaude, levanta su pulgar en señal de aprobación y agradece a sus "amiguitos" mexicanos. A partir de este momento el ambiente tuvo un despegue que no paró, pues "Excálibur", "El Mundo Extraño" y "El Fuego que hemos construido".

La pausa necesaria, más no requerida, deparaba un cierre increíble. La densidad en los acordes de "Madre" despierta nuestra mente, libera endorfinas, apacigua el alma. El público aplaude, sonríe por la gran noche que está viviendo y por el "Fuego" que calienta nuestro corazón y gargantas.

Explosividad total de la mano de los últimos temas, pues "Ahora imagino cosas" sonó en todo lo alto, a lo que Santi nos volvió a condecorar con su pulgar arriba. Si las cosas iban "Más o menos bien", el sonar de este tema hace que cada persona se una al cantar de este himno. Para cerrar, una explosividad de bailes, brincos y gritos se dejaron venir en ráfaga: "Yoni B", "Chica de Oro", "Mi próximo movimiento" y "Chica Rutera", siendo este último tema que hiciera que dejásemos todo en la pista y salir del venue con una sonrisa en el rostro.

Empress Of en Galera

Una noche cargada de emociones.

La primera vez que vi a Empress Of fue como parte de su participación en el Festival Nrmal en 2016. En aquel año la productora y compositora promocionaba su debut Me y una gran cantidad de gente se acercó a ver su show. Tres años más tarde regresó para ofrecer su primer headlining show en Galera.

La originaria de Torreón, Ilse Hendrix fue la encargada de poner el mood. Acompañada por un guitarrista y un percusionista -aparentemente uniformados con gafas rojas y blazers negros-, su show comenzó a las 22:00 H en punto con un audio que hacía que las láminas del techo retumbaran. Su set constó de aproximadamente ocho canciones en las que transitó entre mezclas de géneros electrónicos que en ocasiones se cruzaban con la música que había en un restaurante contiguo.

Para finalizar su breve presentación, Ilse interpretó su más reciente sencillo "Tuna". Casi al final de la canción, la cantante quiso despedirse pero su micrófono ya no tenía señal. Después de intentos fallidos por arreglarlo -y con un descontento notorio-, Ilse indicó a sus músicos que terminarán la canción, se acercó al borde de escenario, dijo adiós y se bajó del escenario.

Esta ocasión el venue (que no es muy amplio que digamos) se veía aproximadamente a la mitad de su capacidad. Pocos minutos antes de las 23:00 H, la angelina Erin Fein aka Psychic Twin y Empress Of subieron al escenario. Un frenesí de percusiones inundaron el lugar y así comenzó "Trust Me Baby", "In Dreams" y "Everything to Me".

Lorely se tomó una pausa para expresar lo emocionada que estaba y agradecerle a sus seguidores por estar ahí. También agradeció a su mamá por el par de vestidos rosas que usaron ella y Erin. El siguiente bloque estuvo integrado por temas de su álbum reciente Us como "Love For Me", "Just the Same" y "All for Nothing", pero la gente no se contuvo cuando se escucharon los primeros acordes de "Water Water" y todos comenzaron a cantar.

Canciones como "I Don't Even Smoke Weed", "When I'm With Him", y "Woman is a Word" también fueron muy bien recibidas por el público que las cantaba y las bailaba. Había una conexión que aunque era visible, la podías sentir. El baile continuó con la explosiva "How Do You Do It", quizá la más exitosa en su repertorio, hasta que por un breve momento se fue del escenario.

Cuando volvió interpretó "Again", melodía con la que cierra Us. Mientras la gente seguía aplaudiendo, Lorely presentó la siguiente y última canción de su show, una que escribió con su amigo Dev Hynes. Se trataba de "Best to You". El público muy emocionado aplaudió y empezaron todos a cantar, pero cuando el momento de los beats llegó, Lorely agradeció nuevamente a sus fans y bajó del escenario dejándonos con ganas de bailar una vez más.

Sin afán de comparar, en este show pudimos ver a Lorely Rodríguez muchísimo más segura en el escenario, con más confianza y con un semblante más relajado que hace tres años. La vimos contenta al interpretar su música, se veía alegre al bailar al ritmo de los coros que cantaba junto a su seguidores. La única razón que explica estás emociones es que Empress Of es uno de los proyectos más honestos de los últimos años.

Fer Casillas en el Foro Indie Rocks!

Del amor al odio: una noche íntima con Fer Casillas.

Hay veladas que resultan íntimamente especiales. La noche de ayer, resultó ser una de ellas. Directo desde Monterrey, Fer Casillas llegó al escenario del Foro Indie Rocks! para complacer a sus seguidores con el encanto de su voz y la melancolía de sus letras. Una auténtica dualidad de emociones.

La ocasión suponía una noche especial, al tratarse de la presentación oficial de su nuevo álbum, Imágenes de Olga.

El reloj marcaba las 20:30 H y los primeros asistentes comenzaban a darse cita en el venue capitalino. Una vez al interior, el primer detalle que llamaba la atención era el escenario al centro de la pista. Sí, ¡la pista!.

Poco a poco, los asistentes fueron ingresando y acomodándose en el mejor lugar alrededor de un escenario que permitía la vista en 360 grados. El rostro de la gente repetía los mismos gestos de sorpresa al descubrir los instrumentos y el entarimado trasladados al centro de la sala.

Después de una hora de espera, el acto telonero hizo su aparición para calentar los ánimos entre los asistentes. Se trataba de JT. Supičić, dúo veracruzano que al ritmo del trap encendió los ánimos en la primera parte de la noche.

Tras media hora de show, llegó el momento de ceder la pista a Fer Casillas. Un grupo de tres músicos se hizo presente para darnos una muestra del más fino y delicado soul con un breve intro y tras esta ejecución, la intérprete daba el primer golpe de la noche a través de un “Arma letal”.

Acompañada por una producción sencilla, pero elegante, que era conformada por una alfombra, dos lámparas y focos, Fer Casillas tomó su guitarra y dio paso al primer par de temas en inglés. Fue así como empezaron a sonar los veros de “Without You” y “My Little Song”.

La noche avanzó, la melancolía se hizo presente y los coros en español volvieron junto a la interpretación de “Olga” y “Programada”. De esta forma, llegábamos a la mitad del set y tocaba el turno de escuchar “Cuando volvamos al mar”, tema que robó los gritos de los asistentes desde el primer momento de su ejecución.

Tras la interpretación de su sencillo Como el aire y regalarnos las últimas “Imágenes” de su presentación, la cantante dedicó un pequeño momento para agradecer a todos aquellos que, desde hace seis años, han formado parte de este proyecto musical.

Antes de partir, Casillas regaló una versión solitaria de “Bajo el sol” para despedir a la audiencia y dar fin a una íntima velada, ambientada por un set breve; pero lleno de emociones.

Daniela Spalla en el Lunario del Auditorio Nacional

La santa patrona de los corazones rotos.

El viernes, 30 de noviembre, la sala del Lunario del Auditorio Nacional se llenó del romanticismo y dolor del que Camas Separadas está impregnado. Los fans hicieron vibrar el recinto cada que coreaban una canción de la talentosa cantautora argentina Daniela Spalla.

Daniel, me estás matando fue el encargado de abrir el show, con algunas canciones como "¿Qué se siente que me gustes tanto?" y "Diez pasos hacia ti" logró prender los ánimos de los asistentes, quienes entusiasmados bailaban al ritmo del bolero glam.

Las luces se encienden y se escucha "Prometí no verte más y tiré las llaves para no escapar. Prometí no verte más lo acordamos juntos para no estallar", los fans vitorean a Spalla, mientras ella dio inicio al concierto dedicado a los corazones rotos, los amores no correspondidos y los que deben dejarse atrás para rescatarte a ti mismo.

"Insomnio", "Canción Decente" y "Trasatlántico" fueron las canciones seleccionadas para que los asistentes prepararan sus gargantas para cantar todo el dolor que llevaban adentro. La cantante argentina se tomó un minuto para agradecer el cariño con el que han recibido a su música, en especial su nuevo álbum Camas Separadas.

Sonaba "Vayámonos de viaje, lejos, por una última vez, para encontrarnos sin recuerdos, sin nada que perder. Te espero en Costa Rica", pero, a la mitad de la canción la cantante decidió parar para invitar a Daniel Zepeda para interpretarla con ella, los espectadores no dejaron de entonar la melodía ni un sólo minuto.

La noche del pasado viernes será recordada como "La noche del club de los corazones rotos", pues cada uno de los asistentes cantó con euforia y desgarro canciones como "Prefiero olvidarlo", "Si no lo cortas" y "Los de siempre", estás últimas fueron muy especiales, pues Daniela nos regaló la versión acústica.

El show se transformó con la llegada de Elsa y Elmar interpretando "Viaje a la luna", canción en la que originalmente colabora el español Carlos Sadness, y con su abrigo blanco llenó de plumas parecía que Daniela Spalla volaba hacia la luna "sin pensar en qué dejó atrás".

Aunque los ánimos de la sala parecían estar más encaminados a un karaoke colectivo y depresivo, el cover "Que nadie sepa mi sufrir" logró prender a todos en el recinto, iniciando la fiesta al hacerlos bailar con el dolor vibrando en sus gargantas y corazones.

La argentina aprovechó un momento para agradecerle a su mamá por ayudarle a confeccionar su hermoso atuendo "mi mamá literalmente bajo del avión para ayudarme a pregar plumas, cada una representa a cada uno de ustedes" dijo mientras se reía un poco, posteriormente presentó sus siguientes canciones con estas palabras: “Yo no soy mucho de playa, pero bueno, la idea es tan linda que he hecho un par de canciones sobre ella y esta es una” presentó uno de sus nuevos éxitos "Pinamar".

Esa canción y "Amor difícil" fueron unas de las más coreadas esa noche, seguidas de "Volverás" canción que logró hacer que las lagrimas de más de uno brotaran, tal vez de tristeza o de emoción, incluso ambas. Pero sin lugar a dudas la sorpresa de la noche fue el solo de guitarra del invitado especial Adan Jodorowsky en el poderoso sencillo "Vete de una vez".

La velada concluyó con la consentida del público "Estábamos tan bien", la dulce voz de Daniela Spalla cerró con broche de oro entonando "Cómo me dejaste de amar, de golpe y sin avisar. No me diste opción, ninguna opción de salvarlo a tiempo".

La santa patrona de los corazones rotos les regaló una noche inolvidable a todo aquel que deseaba cantar sus tristezas, quejas y resentimientos, entre la multitud para sentirse acompañados y darse cuenta que a todos nos han roto el corazón más de una vez, pero siempre hay oportunidad de desahogarte entonando las canciones más dolidas que te ayudarán a sanar.

Garbage en la Arena Ciudad de México

Celebración y nostalgia en Día de Muertos con Garbage.

Se nota cuando una banda tiene una conexión especial con el público de un país, cuando este es leal, vuelve cada vez y no se cansa de corear canción tras canción. Y es que Garbage ha venido casi cada año a México desde que se reunieron con el Not Your Kind Of People en 2012, ya sea a dar conciertos en solitario o a festivales y saben que sus fieles seguidores siempre estarán ahí.

Con motivo del vigésimo aniversario de su exitoso Version 2.0 y apenas un año después de que se presentaron junto con Blondie en el Palacio de los Deportes, Shirley Manson, Duke Erikson y Steve Marker (Butch Vig se ausentó por una emergencia familiar y fue reemplazado por Eric Gardner en la batería) regresaron a nuestro país en el marco del Día de Muertos. Se presentaron primero en Puebla y luego en Querétaro antes de volver a la capital y dieron un show diferente al que acostumbran, esta vez se trató de un concierto para fans más empedernidos.

Los encargados de calentar el escenario fueron los originarios de Cuernavaca, Valsian. A pesar de ser un dúo, seis músicos tocaron un dream pop suave ante una Arena muy vacía y agradecieron a Garbage por el apoyo y la difusión que les brindaron. Afortunadamente para cuándo salió la banda principal de la noche, el aforo incrementó significativamente y dieron arranque con "Afterglow", lado B de su segundo álbum, en un escenario simple con luces de colores.

La velada fue un amoroso tributo al disco que propulsó su popularidad en ese lejano 1997 con sencillos como "I Think I'm Paranoid", "Push It" y "Special", pero también sonaron deep cuts que hace tiempo que no figuran en sus setlists como "Hammering In My Head", "Medication", "Temptation Waits", "Wicked Ways" o "Dumb". Por si fuera poco, también desempolvaron los lados B y rarezas del disco, cortes que nunca jamás de los jamases volveremos a escuchar en vivo como "Soldier Through This", "Lick The Pavement", "Get Busy With the Fizzy" y el cover al tema "Thirteen" de Big Star.

Entre temas, Manson siempre sonriente y enérgica agradeció a sus fans de antaño y nuevos por el inmenso apoyo a través de los años, se declaró fan de nuestra celebración de Día de Muertos, despotricó contra Trump, elogió a la banda telonera y relató su experiencia con el Version 2.0 hace 20 años.

Una vez que terminamos este viaje de nostalgia por ese segundo disco con las emotivas “You Look So Fine” y “The Trick Is To Keep Breathing”, pasaron por el inescapable sencillo que los dio a conocer al mundo con su primer disco, “Only Happy When It Rains”. “Cherry Lips”, la cual dedicaron a la comunidad LGBT y a todos los “freaks and weirdos”, fue la canción que cerró con broche de oro este concierto.

El ambiente dejó que desear, la Arena con su área pista de asientos asignados que no deja mucho espacio para saltar y bailar no es el espacio ideal para un concierto de rock y la gente sigue teniendo una grave obsesión por documentar todo en sus teléfonos celulares.

El recinto en sí le queda un poco grande a la banda escocesa/estadounidense que apenas vendió poco más de la mitad de su capacidad, pero es un hecho que Garbage tiene una relación especial con el público mexicano, fans que han crecido con ellos a lo largo de más de dos décadas y que los hacen sentir siempre bienvenidos.

Su música suena fresca al día de hoy y siguen ganando adeptos jóvenes (incluyendo a los hijos de sus propios seguidores de antaño). La banda prometió regresar en 2020, año para el cual está contemplado el lanzamiento de su siguiente disco y es una apuesta segura que el público mexicano estará ahí con los brazos abiertos como siempre.

Cypress Hill en el Centro de Convenciones Tlatelolco

La noche en que la CDMX se puso "Loco con el coco".

Los domingos por lo regular son sagrados y este no fue la excepción, ya que a diferencia de otros, se convirtió en el día de ver a Cypress Hill en el Centro de Convenciones Tlatelolco. ¿Es igual de sagrado, no?

El lugar –al que por lo regular tus jefes se van a bailar o en el que se arman las famosas fiestas setenteras– se convirtió en el más weed friendly de la capital y sitio para promocionar su LP Elephants on Acid.

Desde las 17:30 H. ya había gente afuera del recinto comprando la ya clásica merch pirata, que suele ser mejor que la original (en algunos casos). Los horarios ya estaban establecidos y aunque era bastante temprano eso no impidió que todos esperáramos ansiosos (me incluyo) al acto principal.

DJ Agustin

El reloj marcaba las 18:30 H. y el recinto ya estaba a la mitad de su capacidad, debido a la lluvia que cayó. DJ Agustin se armó un warm up con algunas canciones de Control Machete, Wu-Tang Clan, Missy Elliott y Notorious B.I.G. Algunos lo disfrutaban, otros sencillamente estaban echando el coto, se alistaban comprando cerveza o armaban su porrito previo al show de los californianos.

En la pista del venue de Tlatelolco te topabas a todo tipo de personas, cuyos estilos dan muestra de que la escena del hip hop en México se ha mantenido latente a pesar de los nuevos géneros. Playeras alusivas a Cypress Hill, bermudas y pantalones Dickies, era de lo más común.

Luego de algunas rechiflas por poner unas canciones de los reggaetoneros J Balvin y Ozuna —pues es claro que la escena respeta su cultura— el DJ telonero dio por finalizado su acto.

Cypress Hill

Mix Master Mike salió al escenario para poner el ambiente a lo largo de 10 minutos y de manera inesperada apareció B-Real con una especie de turbante y una playera con el escudo de México. Sen Dog y Eric Bobo salieron después. Esto provocó los gritos y que todos de manera inmediata prendieran sus churros sustituyendo a la máquina de humo del escenario.

"Band of Gypsies" y "Get 'Em Up" fueron las canciones de apertura e hicieron que el público moviera las manos de arriba hacía abajo al ritmo de los beats. Estos tracks por ser los más recientes no tuvieron mucho impacto en los asistentes, pero todo cambió cuando sonaron los acordes iniciales de "Real Estate", uno de los temas de su álbum debut de 1991. "¿Cómo se sienten? La familia mexicana en la casa", grito Sen Dog al eufórico público.

Algo que debo resaltar es que el audio y el lugar no estuvo a la altura de los oriundos de Los Ángeles, ya que en ocasiones eran inaudibles las pocas interacciones de B-Real con el público y algunos tracks se podían identificar solo gracias a sus beats.

Los temas más coreados de la noche fueron "Boom Biddy Bye Bye", "Latin Lingo", "Tequila Sunrise", "No entiendes la onda" e "Insane in the Brain". A mitad del show, Mix Master Mike se unió a Eric Bobo para tocar algunas piezas en la tornamesa, combinadas con las percusiones del originario de Queens.

Luego de tal intervención B-Real se paró en medio del escenario diciendo "Vamos a ver si ya están locos" y de inmediato se aventaron medley con las canciones que apoyan a la legalización de la marihuana. Obviamente el MC sacó su porro y sonaron "I Wanna Get High", "Dr. Greenthumb" y "Hits from the Bong", acompañadas de luces verdes.

Tras 21 temas en los que la energía no paró, el cierre estuvo a cargo de "(Rap) Superstar" que fue coreada por los asistentes al recinto de la recién nombrada Alcaldía Cuauhtémoc. El evento terminó temprano, pero parecía que la gente quería más. Algunos siguieron bebiendo y otros se compartieron el gallo.

The Magic Numbers en El Plaza Condesa

Are You In Or Out?

Con la salida de su reciente disco lanzado este año 2018, queda claro que The Magic Numbers no sigue en aquellas mieles del éxito donde los situó su debut de hace casi 15 años o el mismo Those The Brokes. Su carrera ha perdido gradualmente ese estatus tan relevante que tuvo y, quizás es hasta lógico cuando su estilo se mantiene fiel a las guitarras cuando hoy por hoy, la tendencia está muy alejada de lo que era en aquel entonces. Pero ante eso también hay que decir que la situación es el filtro fidedigno para saber que aquellas canciones con las que muchos crecimos se han convertido en clásicos y, lo más importante, si ese nicho que sigue siendo ferviente seguidor de los hermanos de Londres, ha seguido al pie de la letra la carrera del grupo o si quizá se ha "cansado" de escuchar sus temas más representativos en las múltiples visitas que han tenido ya en tierras aztecas.

Cierto es que las canciones son parte fundamental de un recital, el setlist, pero también es el mayor de los hechos aceptar que los hermanos Stodart y Gannon ya tienen una conexión fraterna y profunda con los fans mexicanos. A pesar que muchos parece que ni siquiera enterados estaban que tienen un disco llamado Outsiders (2018) estaban ahí, quizá por el amor a todo lo ocurrido de Alias (2014) o The Runaway (2010) hacia atrás y enterarse ahí de cualquier actualización. Que de inicio, todo iba sin mayor novedad con un coro de niños pregrabado entonando el estribillo de "Forever Lost" anunciando la salida de la banda al escenario de El Plaza. Michele y Romeo Stodart los más activos interactuando con el público, ambos sonreían, saludaban con las manos y se tocaban el corazón emocionados, sumados Angela y Sean es que empiezan a llevar al público a ser parte de la canción que inaugura la noche: "Forever Lost", que por supuesto, todos en la sala se la saben.

El éxito de sus últimos discos no es ni en mitad equiparable a la de los primeros dos, y en varias ocasiones se nota en el setlist cuando los presentes dejan de cantar y bailar con el mismo ímpetu; "Shotgun Wedding", "Ride Against The Wind", "Sing Me A Rebel Song" pasan sin pena ni gloria aunque hay que señalar que nunca dejando de ser agradables, algo que los integrantes tienen en el ADN; saben moverse y tratar con el público para mantenerlos en sintonía, aunque también, dan muestra rotunda que más allá de "simples" canciones, pueden desatar lapsos instrumentales contundentes y habilidosos como en esa versión extendida que hicieron de "Shot in the Dark". Y el repaso del catálogo no se detiene ahí, se van incluso hasta los EP cuando develan "Fear Of Sleep" o escarban en los recuerdos, no de los asistentes en El Plaza, sino del mismo Romeo y compañeros que dejaron ver el gran cariño y sentimiento que tienen por nuestro país, contando la historia de uno de sus primeros temas compuestos ("Anima Sola") como The Magic Numbers y las ansias que tenían en aquel entonces por llegar a este lado del mundo con una frase emblemática que pidieron cantar a todos: "But I'll get to Mexico before I die" para convertir uno de los momentos más sensibles de la noche.

"This Is Our Music. These Are Rebel Songs. Are You In Or Out?" era el lema que yacía en una manta al fondo del escenario al igual que la frase "We are Outsiders" dicha por Romeo, todo en alusión temática hacia su reciente trabajo discográfico. Y sí, es cierto que los integrantes de The Magic Numbers son todo menos unos outisders, y que sus canciones son todo menos rebeldes, pero el frontman se encargó de reivindicar ese pensamiento: son rebeldes por el hecho de decir lo que sienten, expresar claro lo que piensan y mostrarse en naturalidad, y desde ahí, quizá entonces sean unos outsiders por seguir fieles a un estilo de hace 15 años que hoy parece anticuando ante las nuevas tendencias y modas, pero que la noche del 20 de octubre hizo que muchos volviéramos a la raíz fuera de cualquier parafernalia: a querer cantarle a alguien canciones de amor como "Love Me Like You", a recordar que "Love Is A Game", a perder el control con una tierna y acelerada "Take A Chance" o llegar a las lagrimas en el momento final (se veía en los ojos cristalinos de algunos) por recordar cuando rondábamos los 15 años de edad y le queríamos decir a alguien "Die for you" y le dimos play al primer álbum de la banda allá en 2005 y descubrir "Mornings Eleven".

Agregando más aciertos a la noche, The Magic Numbers ofreció una firma de autógrafos en El Plaza y un afterparty en el bar Caradura, dando otra muestra de fe y legalidad que lo dicho en palabras y expresado en lenguaje no eran el tipo de cosas que de trámite se ven en cada concierto; Sean, Angela, Michele y Romeo se tomaron con total seriedad y entrega esta visita a México (dejaron una bella postal de ello en redes) y eso se agradece... mucho más de lo habitual.

Así vivimos HIPNOSIS 2018

Mira a detalle toda la experiencia de HIPNOSIS 2018.

Nuestro principal interés en un festival es la música, los artistas que vamos a ver. Pero no sabíamos que había algo más, que la esencia de un festival no depende tanto de los actos, sino del entorno, la gente que te rodea y el aire que se respira.

No se trata de crear un buen ambiente con actividades fabricadas y distracciones baratas. Logramos, por nuestra cuenta, crear esa experiencia de la que tanto se habla, el escenario perfecto para alejarnos de lo común y vivir un momento especial.

Desde los camiones ya se percibía algo bueno. El sonido de las latas nos acompañó todo el camino. La gente se conocía, venían de toda la república. Es probable que muchas de las caras nuevas vinieran a ver a sus bandas favoritas, pero ya estaban formando parte de una comunidad que comenzó con la primera edición de HIPNOSIS, y que fue creciendo hasta duplicarse.

Al llegar, un camino enlodado nos dio la bienvenida. Aquellos que siguieron las recomendaciones y llevaron sus botas, pasaron sin problemas. Los despistados de tenis blancos se veían angustiados, pero pronto lograron la resignación.

El lugar es hermoso, no tengo otra palabra para describirlo. Espacioso, con los árboles cubriéndonos y nada que nos pudiera distraer. La anterior locación, era una maqueta en comparación. Debo confesar que me tranquilizó no ver militares, ni tener a la Ciudad de México respirándonos encima como la vez pasada.

Las barras estaban llenas, Tuborg agradó el año pasado y volvió a repetir en este. A la gente le llama la atención, es algo nuevo y diferente. Es buena y supongo que HIPNOSIS se trata de probar cosas distintas, así que es una gran combinación.

La gente estaba animada, conociendo bandas de la escena mexicana y acercándose a todo lo que HIPNOSIS tenía que ofrecer: se sentaban en un pequeño montículo, muy a lo Woodstock, a escuchar como pinchaban discos; se acercaban curiosos a comprar en el bazar; e incluso se aventaban de la enorme tirolesa de Aeroméxico. Me puse a pensar en el slogan, “La música te hace volar”; tiene sentido.

Cerca de terminar el día, cuando los zapatos ya estaban irreconocibles y nuestros pantalones llenos de lodo, parecía buena idea ir a la terraza de Winston para ver el atardecer. Las nubes no ayudaron mucho, pero sí se tenía un buen lugar para ver a las bandas. Además había un monopie en el barandal, disponible para todo el que trajera cámara. Vi a varios con tenis blancos en ese lugar, creo que se era su espacio seguro.