Fotografo: Diego Figueroa

Instagram: @halofive

Cage The Elephant en el Pepsi Center WTC

Locura, desenfreno y melancolía con Cage The Elephant y amigos.

Muchas veces envidio de nuestros vecinos del norte cuando tienen tantas giras conjuntas de ensueño, una de ellas fue el Night Running Tour que unía los talentos de Beck, Cage the Elephant, Spoon, entre otros.

Afortunadamente para nosotros, por la cercanía a veces nos llega alguna de rebote como fue el Rage and Rapture con Blondie y Garbage hace dos años. En esta ocasión Cage The Elephant y Spoon se aventaron a deleitar a sus fans con una noche de euforia pura en el Pepsi Center WTC.

Para el melómano capitalino fue un dilema escoger dónde pasar la noche del 21 de octubre. Por un lado Vampire Weekend en el Teatro Metropólitan, por otro Kaiser Chiefs en El Plaza y LP en el Auditorio BlacBerry. Nada de esa competencia evitó que el Pepsi se encontrara al tope de su capacidad.

Calentando motores con Spoon

A las 20:00 H salió Spoon, la banda encabezada por Britt Daniel, ante una cálida bienvenida. Un sencillo telón rojo con el nombre de la banda de fondo y empezó a sonar "Do I Have to Talk You Into It" para bailar sensualmente. En seguida retrocedemos un poco en el tiempo con "The Way We Get By" y "My Mathematical Mind". "The Underdog" fue la primera canción reconocida por la mayoría, notorio por la cantidad de celulares alzados.

"Hot Thoughts" continúa con el ánimo para bailar y con "Don't You Evah" están de racha. Muchos como el sujeto detrás de mí no dejaban de pedir "Do You" y, cuando llegó ese momento, fue el más coreado de la agrupación de Austin, Texas.

Suena "I Turn My Camera On" y Britt Daniel no deja de agradecer la calidez del público y a la banda estelar por haberlos invitado. En "Inside Out" los sintetizadores asfixiantes y atmosféricos son la cereza del pastel y entre guitarrazos y feedback, "Rent I Pay" marca su despedida con 40 minutos sin un segundo desperdiciado.

Euforia con el elefante enjaulado

En cuanto se retira el telón de Spoon se revela el inmenso escenario de Cage The Elephant que consiste en una plataforma elevada con escalones, lo cual inmediatamente sube los ánimos. Desde hace años que el público mexicano clama por un show en solitario de los de Kentucky y su triunfal debut en el Corona Capital de 2017 solo elevó las expectativas.

Empieza a sonar “Broken Boy” y el Pepsi Center se cimbra ante tanto brinco, el vocalista Matt Shultz siempre teatral sale disfrazado en lo que solo puedo describir como un vaquero colorido de látex –reminiscente al personaje de la portada de su más reciente disco, Social Cues-, atuendo que a lo largo del show cambia a lo que parece un traje típico oaxaqueño y un impermeable blanco.

“Cry Baby” y “Spiderhead” no dan un descanso al público, el cual parece un mar agitado. Brad Shultz, guitarrista y hermano del vocalista, se deja llevar completamente por el ambiente y aprovecha la oportunidad para surfear sobre el público con su guitarra. “Too Late to Say Goodbye” es la primera oportunidad para descansar un poco, pero no de parar de cantar a todo pulmón.

Durante el concierto, la agrupación fluctuó entre sacudir melenas y destrozar gargantas al ritmo de temas como “Mess Around”, “It’s Just Forever” o “House Of Glass” y ponernos sentimentales con “Shake Me Down”, “Trouble”, “Telescope” y en especial con los temas de su desgarrador nuevo disco, cuyas letras en su mayoría fueron inspiradas por el reciente divorcio del vocalista.

“Ready To Let Go”, “Tokyo Smoke”, “Social Cues” y “Skin and Bones” fueron recibidas por el público casi con la misma emotividad desgarradora pero enérgica que emitía la banda.  “Ain’t No Rest For The Wicked” nos puso nostálgicos por ese debut homónimo que cumple una década este año y durante “Come a Little Closer”, Shultz se envuelve en la bandera mexicana para que los acompañemos al viaje místico que es dicho tema.

Las emociones más fuertes al final del camino

Al momento que suena “Cigarette Daydreams” creí que no habría un momento más coreado y emotivo durante la noche -más adelante probarían mi equivocación-. “You can drive all night looking for the answers in the pouring rain, you wanna find peace of mind looking for the answers”, canta el público como una sola voz mientras se va desvaneciendo la canción.

Parecía un cierre apropiado, pero Cage The Elephant aún tenía combustible suficiente para sacudirnos una última vez al ritmo de “Teeth”, donde Shultz aprovechó para navegar sobre el mar de gente hasta llegar a la mitad de la sección general y lograr el equilibrio suficiente para ponerse de pie sobre este como una figura de poder en medio de decenas de celulares que buscaban capturar el momento.

Las luces del Pepsi Center se encienden para advertir que el concierto ha concluido, pero Matt Shultz no está listo para irse, aún es temprano y tiene mucho qué decir. Solitario, con una guitarra y sentado en un banco se propone a tocar “Love's The Only Way”, la introduce entre lágrimas, las cuales se contagian y se quita su anillo de compromiso que aún porta.

Por si para ese momento no estabas conmovido, el tecladista Matthan Minster y el guitarrista Nick Bockrath regresan al escenario para acompañar al vocalista para una última canción. “Goodbye” concluye el concierto entre un sonido de órgano distante y melancólico, discretos arpegios de guitarra y una desgarradora interpretación vocal que se siente como golpes al corazón. Shultz se despide con un mensaje contundente: el amor existe y hay que creer en él.

En general, fue uno de esos conciertos en que si no acabaste empapado en cerveza y sudor, con los zapatos pegajosos y un poco golpeado es como si no hubieras estado ahí. En un show de Cage The Elephant el público canta a todo pulmón, sacude la melena y derrama una que otra lágrima y en esta ocasión tanto público como artistas dieron todo de sí en una noche de múltiples emociones.

Morcheeba en El Plaza Condesa

Morcheeba: Música en tonalidades relajantes.

Desde los lejanos 90, llega a México Morcheeba para recitar su segundo concierto en la historia de nuestro país. Mucha buena onda, mucha sensualidad, mucha calma, mucho baile y muchos “viejitos” contemporáneos rockeando sin temor a nada fue todo lo rondaba por El Plaza la noche de ayer.

Skye Edwards al escenario después de un preludio musical, lleva puesto un vestido diseñado por ella misma con texturas como plumajes de color rojo, muy lindo, muy llamativo, muy elaborado, pero al mismo tiempo desprendible, que para la tercera canción manda al demonio la parte de arriba del hermoso vestido.

Así decidió mostrar sus poderosos brazos y usarlos para darle teatralidad a su presentación, utilizándolos para crear figuras en el aire y moverse libre como ave arriba del escenario.

El ambiente dentro de El Plaza se siente cálido, acogedor y sensual. Los integrantes de la banda crean esa atmósfera benévola para nuestros oídos y nuestros cuerpos; del lado público, se comienza a encender la yesca para elevar toda esa energía al siguiente nivel y así bailar los espíritus en gran armonía.

Skye tiene una voz increíble en directo, tiene una personalidad muy bella, tiene una vibra hermosa, una risa que se contagia y toda su existencia es muy agradable.

Ross Godfrey es un héroe de guitarra que se mueve en las cuerdas de su instrumento con gran facilidad, haciendo resonar los acordes y los solos de manera mágica.

Richard Milner en el blanco y negro del teclado crea increíbles arpeggios, melodías y solos que se gozan de inmediato.

Junto con Steve Gordon en el bajo y Jake en la batería, crean un ensamble bien formado y bien plantado en el escenario.

Su interpretación es muy segura, su presencia es casi mística, mágica y su técnica se oye pulida durante los años. Es un placer encontrarse con un proyecto comprometido con su música y su público.

El más reciente disco tiene grandes canciones, suena increíblemente moderno, levemente distinto a Big Calm y bastante mejor que su predecesor, Head Up High, pero solo usaron 3 municiones de todo su tracklist para incluir una avalancha de éxitos, en su gran mayoría de su segundo disco y rolas varias de su cancionero.

Las rolas del Blaze Away suenan muy bien montadas y precisas, a excepción de precisamente “Blaze Away” que sin Roots Manuva no suena igual.

Pero en lo personal hubiera agradecido por mucho escuchar “Love Dub”, “It’s Summertime”, “Set Your Sails” o “Mezcal Dream” en vivo, grandes canciones del álbum del año pasado que decidieron hacer a un lado para satisfacer a los fans mexicanos, que obviamente celebraron con gran entusiasmo la selección de temas para el setlist de ayer.

Entre la gran cantidad de covers que vienen tocando en esta gira, eligieron tocar “Let’s Dance” para hacer un homenaje al inolvidable David Bowie, una versión muy bien hecha, pero quizás un “Don’t Let It Bring You Down” de Neil Young también hubiera caído de lujo. Un double feature de covers a nadie se le niega.

El audio de El Plaza, me parece que ha tenido mejores tiempos. Con Morcheeba, el sistema de audio no mostró su mejor momento, pero tal vez fue parte de la ingeniería de audio o de plano El Plaza necesita una actualización de backline.

Esto no es un reclamo o una exigencia o un ultimátum, pero la experiencia de usuario debe ser prioridad o con el tiempo el negocio de los shows en vivo se puede ir al infierno.

Un negocio que para seguir recaudando tanto dinero debe pensar primero en su público.

Muse en el Foro Sol

Muse: La música o los visuales, ¿qué vale más?

Los últimos serán los primeros. Y es que los fans más apasionados que corrieron a comprar su boleto en cuanto Muse anunció que la CDMX estaría dentro del Simulation Theory Tour, se quedaron en segundo plano al ver que la nueva fecha –debido al sold out– sería el día antes. Por lo tanto, sin afán de provocar prejuicios (positivos o negativos), procedemos a contar cómo fue esta primera fecha.

The Ruse, la banda telonera de Muse, sabía que no podía pedirle mucho a un público que llevaba en algunos casos, desde el día anterior esperando a la banda británica. Sin embargo, con unas cuantas palabras en español y mucha energía, aprovechó sus 40 minutos con su accesible y pegajoso rock. Aunque, siendo honestos, su estilo no conectaba bien con Muse. “¿Quién elige a los abridores?”, escuché decir por ahí.

Al tener antecedentes de la producción de esta gira en otros países, las expectativas eran altas. Además, bien sabemos que Muse, aunque no necesita visuales pues su música ya es exquisita, invierte mucho en su escenario para dar una experiencia totalmente diferente. Así, esperábamos, pelotas gigante, drones por doquier, un bonito show de luces empatadas de manera impecable con cada acorde, y sí, un robot/demogorgon/alien gigante. Lo tuvimos, sí. Como nos lo imaginamos, no.

El comienzo fue lento, utilizando como intro “Algorithm”. Algo para despertar la intriga y comenzar a analizar los detalles en el fondo: las luces, las formas y a los sujetos con trajes iluminados que comenzaban a salir al escenario para moverse en perfecta coordinación. Le siguió “Pressure” que mantuvo los ánimos calmados. Los asistentes comenzamos a despertar al escuchar al sargento previo a “Psycho”. “Break it to Me” animó a varios, pero no hay ambiente aún. Este crowd anda muy calmado.

Y hasta parece que Matt lo siente porque nos invita a cantar “Uprising”. Sin más, nos cede el micrófono y sí, la coreamos completa, al igual que “Plug in Baby”. Sin embargo, todavía falta algo. ¿Acaso estamos muy viejos para disfrutar al full un concierto? No lo creo, lo que faltan son los clásicos.

Estaba en lo correcto. Cuando llega “Supermassive Black Hole” ya se siente la vibra rockera, ese deseo de mover la cabeza con un poco de air guitar. Le sigue “Thought Contagion” que conectan con “Hysteria” y hay un boom de emoción. Ese solo de bajo nunca pasará desapercibido.

Después Matt nos pide levantar nuestros flashes para que el entorno luzca tan bonito y esperanzador como la letra de “Dig Down”. Y es en este momento cuando realmente empieza el concierto. “Madness” cambia el mood de esta noche totalmente. De ahora en adelante, todo serían gritos, saltos y brazos levantados.

“Time Is Running Out” y “Starlight” definitivamente son momentos destacados, pero no son EL MOMENTO. Ese llega cuando se escuchan los primeros acordes de “Stockholm Syndrome” al momento en que comienza a salir un alien/robot gigante que nos impacta con sus movimientos durante un medley compuesto de “Reapers”, “The Handler” y, sorpresa, “New Born”.

Así es como Muse se supera de nuevo en cuestión de visuales. El final es el de siempre. ¿Por qué? Porque funciona perfecto. “Knights of Cydonia” es la pieza perfecta para unirnos a todos en un grito de guerra común y despedirse dejándonos con la frente en alto y completamente satisfechos.

Lo bueno: El setlist en general. Siempre querremos alguna joya que no se ha escuchado desde hace años. Por ejemplo, ¿cuándo fue la última vez que tocaron “Space Dementia”? Sin embargo, cuando se trata de agrupaciones con tanta historia y hits como Muse, no podemos pedir tanto. Así, el setlist de hoy fue equilibrado y complaciente.

Lo malo: El sonido. Al ser un venue abierto, el juego de láser quedó mucho a deber. Al igual que el sonido, que no alcanzaba a llegar a las gradas con la potencia que hubiéramos querido y que desafortunadamente en varios momentos se cortaba dejando a Matt y a Chris un poco desconcertados cuando había alguna interferencia a la mitad de un solo de guitarra o bajo. De igual manera, la ecualización no fue la mejor. Y, si bien muchos agradecimos que el bajo fuera lo principal, estaba saturado y opacaba la guitarra.

CMD_Fest en Frontón México

CMD_Fest: Las segundas partes no siempre son buenas.

Tras una gloriosa primera edición y dejando atrás a Euritmia, el CTRL_Fest renació como el ave fénix bajo el nombre CMD_Fest prometiendo continuar con el legado que comenzó a instaurar en abril del 2018.

A pesar de haber arrancado muy temprano, la plancha del Frontón México lució medianamente llena para la presentación del músico francés Arnaud Rebotini, quien puntualmente dejó el escenario libre para Xeno & Oaklander. Ambos proyectos marcando la pauta de lo que sería constante el resto del festival: voz femenina al micrófono y hombre a la consola, o solo un hombre detrás de las consolas.

Eran apenas las 16:00 H cuando la gente comenzó a arremolinarse para disfrutar el primer plato fuerte del festival: Boy Harsher, dupla compuesta por Jae Matthews y Augustus Muller que en poco tiempo ha logrado hacerse de un importante lugar en la escena electrónica del “nuevo darks”.

Entre emocionados comentarios que recordaban su pasada presentación en el Foro Normandie y quejas por haberlos puesto en ese horario, el lugar comenzó a desbordar gente por los costados, en las rampas de entrada y junto a las salidas de emergencia.  “A Realness”, “Come Closer” y “Tears” sonaron fuertes y nítidas en voz de Jae, quien levantó suspiros y hizo bailar de manera convulsionada a sus fieles admiradores.

Tras un breve descanso, Pepe Mogt subió al escenario para hacer más amena el tiempo de convivencia en espera de lo que venía: The Golden Filter, dúo célebre por sus remixes que, a siete años de su primera y única presentación en México, volvió para recordarnos en un dejo de nostalgia quiénes éramos y lo que escuchábamos hace una década.

Una vez que el sol se ocultó y dejó de colar rayos de luz por el techo del Frontón, Adult. tomó el control del festival para sacudirnos un poco del ensimismamiento provocado por las cervezas, las suaves secuencias de quienes los antecedieron en el escenario y las seis horas que llevábamos ya en ese lugar. Regresando a México por primera vez desde la presentación de The Three Grace(s) Triptych en el 2011, el dúo regaló uno de los sets más enérgicos de la noche.

La posibilidad de reingresar provocó que los alrededores del Monumento de la Revolución estuvieran siempre llenos de gente que salía a buscar qué comer, qué beber o simplemente a que les diera el aire, sobre todo durante los sets de Ramón Amezcua y Daniel Miller, que si bien no estaban vacíos, se percibían bastante más tranquilos que durante otras presentaciones.

Después de que Daniel Miller dio las gracias y decenas de personas con playera de Boy Harsher se enfilaron con sus vasos de cerveza vacíos hacia el lobby, otros que portaban camisetas de Ministry y D.A.F. comenzaron a abrirse paso hacia el frente del escenario. Aunque el año pasado formó parte del festival con Black Line, volver a ver a Douglas McCarthy de cerca era algo imposible de dejar pasar.

Las luces se apagaron y en la pantalla apareció Nitzer Ebb. Bon Harris tomó posición y Doug salió al escenario con la misma fuerza que lo ha caracterizado desde el inicio de la banda hace 37 años. Desafortunadamente, las fallas de audio decidieron hacerse presentes y de la peor manera: la voz era casi imperceptible, el bajo estaba muy arriba y nunca le pudieron dar a las percusiones, lo cual hacía prácticamente imposible identificar de qué canción se trataba.

Ni “Captivate” o “Hearts & Minds” pudieron ser coreadas, fue hasta “Getting Closer” que se pudo distinguir un poco la voz. La gente bailaba, brincaba y se entregaba, pero el audio seguía sin funcionar. Para “Join in the Chant” parecía que la cosa se estaba arreglando, pero al final no fue así.

El show terminó con “Murderous”, cortando de tajo “Alarm” y “Godhead” originalmente previstas en el setlist. La banda agradeció y el público comenzó a salir con cara de confusión, ¿de verdad esperamos nueve años para esto? Sin duda, la presentación que más prometía pasó con más pena que gloria, aunque Robert Alfons llegó a levantar un poco los ánimos hacia la recta final.

A pesar de haber llenado de manera consecutiva dos fechas en el Foro Indie Rocks!, TR/ST no pudo evitar que cerca de la mitad de la audiencia del festival decidiera emprender el camino a casa. Afortunadamente, para su presentación no se registró ningún contratiempo ni problema en el audio, lo cual nos permitió disfrutar en su máximo esplendor de canciones como “Bicep” y “Sulk”.

Eran ya las 2 de la mañana y aún habían muchos aferrados con ganas de seguir bailando. Finalmente, Caroline Martial de Kap Bambino tomó el micrófono para cerrar con desbordada energía la segunda edición, aunque primera con este nombre, del CMD_Fest.

En papel, cuando se anunció, el cartel prometía muchísimo; sin embargo, en la práctica, dejó un extraño sabor de boca. A diferencia del año pasado, cuya oferta musical iba del EBM al dub, pasando por el aggrotech y hasta llegar incluso al psych, el CMD_Fest.se quedó cortísimo y, aparentemente, esto se vio reflejado a nivel producción.

Mientras que los actos básicos de consola y voz no tuvieron ningún contratiempo, el único que implicaba un mayor grado de complejidad en cuanto al audio fue el que más lo padeció. Al final, esta edición del CMD_Fest. no fue desastrosa. Pero si quiere seguir vigente y gozar de la fidelidad de un público en particular, tendrá que aprender de sus errores y ajustar algunas tuercas.

Iron Maiden en el Palacio de los Deportes

Iron Maiden: El eterno e infalible legado de la bestia.

Debemos defender nuestro derecho a decidir sobre nosotros mismos sobre todas las cosas, debemos pelear en las calles y desde nuestras trincheras, debemos pelear contra nuestros demonios y nuestros pesares y nunca rendirnos, y después de la oda de Winston Churchill a la batalla, el Supermarine Spitfire de la real fuerza aérea es nuestro vehículo a la catarsis absoluta: “run, live to fly, fly to live, do or die”. “Aces High” para emprender el vuelo piloteado por la doncella de hierro en la primera de tres noches completamente vendidas en el Palacio de los Deportes

“Where Eagles Dare”, la precisa y poderosa ejecución instrumental, Janick Gers y esa única forma de revolverse con su guitarra y maltratarla, Bruce Dickinson cual gran mariscal en las alturas controlando a un ejercito, Adrian Smith y Dave Murray y sus solos enmarañados y perfectos, Nicko McBrain escondido tras sus tambores y un telar de camouflaje, y el supremo Steve Harris, alta causa, el comandante, Alexander the great, disparando a diestra y más siniestra las líneas insuperables en el bajo. “2 Minutes to Midnight”, la emoción de una niña por ver a la banda que tal vez hizo que sus padres se conocieran, la familia abrazada al compás de Iron Maiden apreciando su grandeza y enlazandose en la tradición de asistir al show, gritar, ensordecer y llevarse a casa los mejores recuerdos posibles.

“Esta es una canción de libertad”, refiere Bruce Dickinson antes de interpretar “The Clansman”, la oda a la epopeya de William Wallace y su lucha por la tierra que siempre le perteneció, las canciones como clases de historia, puedes aprender más de mitología griega o de los grandes iconos de Escocia, Egipto o Macedonia al compás de heavy metal que en un salón de clases con un burdo y aburrido resumen. El grito de “Freedom” trasfuga entre la lluvia de cerveza y los puños al aire. “The Trooper” enmarca la aparición en escena de Eddie y una de sus múltiples personalidades, quizá la más famosa, pero es difícil afirmarlo ante tantas grandes caracterizaciones en las portadas de los discos, singles, playeras y videojuegos. Después de ondear la bandera del Reino Unido, Bruce hace lo propio con la mexicana ante el desato de la multitud. 

La primera estrofa del canto religioso de un poema Gilbert Keith Chesterton es el comienzo de uno de los temas quizá más incomprendidos de la obra lírica de Bruce Dickinson, pero también de los más grandiosos, “Revelations” y su afán de re descubrimiento e inspección, caer y levantarse, mirar más allá de la adversidad y entender que ni la tormenta puede hundir el barco. “For The Greater Good of God” y sus pasajes instrumentales que alimentan gran parte del display en los modos de juego de Legacy of the Beast, el videojuego cuyo nombre enmarca este tour al igual que la mayoría de los temas que se presentan y en el cual simulas batallas épicas entre Eddie y sus diferentes formas y enemigos siniestros como faraones, soldados nazis, demonios y aliens. Términos como ironita, almas, runas, talismanes son comunes entre los jugadores que incluso hacen grupos para compartir tips de juego como en LOTB usuarios en español en Facebook.

“The Wicker Man” y su ánimo punk, los cantos gregorianos como preludio a “Sign of the Cross” y un gran display en el escenario evocando a un Eddie en llamas emergiendo del cielo ante el rezo de monjes y hombres crucificados incendiandose. La suprema imaginería de Iron Maiden que domina desde sus inicios hasta nuestros días, dantesca, tan llena de imaginación y alineándose a diferentes épocas y situaciones. “Flight of Icarus” y su poderoso statement, el mismo hombre y mito blandiendo sus alas ante el domo de cobre, Bruce Dickinson disparando fuego de sus manos, “fly on your way like an eagle, fly as high as the sun”, aunque se derritan tus alas y caigas, vuelve a levantarte. Al final la imagen cae ante una lluvia de fuego y vemos idealizada una parte de lo que siempre quiso lograr la doncella de hierro: llevar los conciertos de rock a un nuevo nivel visual e interactivo más allá de la música. 

“Fear of the Dark” para que el canto de batalla al ritmo de la guitarra nos cimbre, los grupos de amigos que se abrazan, los niños tal vez experimentando su primer concierto enganchándose de por vida a la experiencia en vivo, las viejas generaciones de cabello largo cantando como si fuera la primera vez al giro del vinilo en su cuarto, la generación del streaming que llegará a casa a armar la playlist para recordar tan épica noche. 

La invocación al maligno tal y como se lee en el libro de las revelaciones, capítulo 13, línea 8, una lluvia de fuego en el escenario, “The Number of the Beast”, la euforia y la energía, el recuerdo de una playera tirada a la basura porque mi mamá consideraba que era satánica, la memoria de haber visto por primera vez esa portada del disco y pensar que era lo más malditamente diabólico que existía, tocar hasta la fecha esas canciones y pensar que Iron Maiden es una de mis bandas favoritas de la vida, y ante su canción homónima y una enorme efige de Eddie mirando a todos lados en el escenario, entender que el legado de la bestia es eterno y trascendente. 

“The Evil That Men Do” es la canción que suena cuando abres la aplicación de Legacy of the Beast para comenzar a jugar y como mencioné anteriormente, el hilo conductor de este tour que no deja de ser interesante, aunque los “metaleros clavados” digan que “Maiden siempre toca lo mismo”, tres noches vendidas refutan a aquellos que se quedaron en casa escuchando sus discos de Saxon. Simplemente tienes que ver a Iron Maiden por lo menos una vez en la vida, apreciar la ejecución instrumental y la teatralidad que llega a su cenit en “Hallowed Be Thy Name”

“Run to the Hills” para decir hasta luego, en verdad, espero que no sea un adiós, y sé que el tiempo y las causas harán que Iron Maiden deje de hacer giras, solo su música será eterna, pero por esta razón, porque el tiempo es implacable y el destino no perdona, agradezco a la vida por ponerme de nuevo frente a ellos, llenos de vida, con la energía que a veces a mi en mi aparente juventud me falta, con el talento musical que nunca tuve, con esa potencia sonora evocadora que levanta el ánimo y llama a la batalla diaria: ”we will never surrender”. UP THE IRONS.

Semifinal III Vans #SessionsMx en el Foro Indie Rocks!

Metales pesados y riffs descontrolados en la Semifinal III de Vans #Sessions.

Cuatro bandas, un escenario y la ilusión de compartir una meta en común: ganar. La noche de ayer se vivió una nueva Semifinal de Vans #SessionsMx, en la que los asistentes finalmente pudieron conocer al tercer finalista de la competencia.

El Foro Indie Rocks! sirvió como testigo de una noche intensa, compuesta por música y talento joven, con hambre de triunfar. El ánimo de los asistentes generaba un ambiente ideal, regalándonos imágenes de amigos cantando y disfrutando la experiencia colectiva de un recital.

Tras una breve introducción de Natalia Szendro y Antonio Castañeda, la primera banda de la noche arribó al escenario pasadas apenas las 21 horas. Directo desde Zapopan, Jalisco, Rodeo Radio hizo acto de presencia para explotar las bocinas del recinto con la variedad de influencias sonoras que convergen entre sus integrantes.

Tras 20 minutos de metal y una respuesta positiva del público, llegó el turno de dar paso a la siguiente banda. Representando a la Ciudad de México, Los Wild Ones ofreció una divertida dosis de rock and roll, conectando de inmediato con los asistentes y demostrando que el carisma y buen humor, son suficientes para conquistar al espectador más escéptico.

La noche avanzaba y las propuestas no cesaban. Los Wild Ones había dejado la bara muy alta, pero ahora era turno de recibir a los chicos de Covenrty que, a pesar de ser una banda joven, recién formada en 2017, demostró que en Ciudad Juárez también se hace metal, y se hace de forma intensa.

Ya encaminados en el género, tocaría el turno de escuchar a la última propuesta de la noche. El death metal de Dance Now Bitch terminó por sacudir hasta el último rincón con energía y aumentar la ansiedad por conocer al tercer finalista de la competencia.

Como en toda gran fiesta, las sorpresas no se hicieron esperar. Justo antes de conocer al proyecto ganador, los asistentes disfrutaron una dosis extra de metal a cargo de S7N, que fue la banda encargada de poner cierre final a una velada llena de propuestas, música y descontrol.

Tras la participación especial, el momento esperado llegó. La decisión del jurado anunciaba a Coventry como los terceros finalistas de Vans #SessionsMx. Los originarios de Ciudad Juárez, Chihuahua tendrán la oportunidad de medirse en la prueba máxima y competir por la grabación de un EP el próximo 10 de octubre. Los metales pesados y riffs descontrolados conquistaron los oídos de la noche.

Bengala en El Plaza Condesa

Nostalgia y entrega pura en el regreso triunfal de Bengala.

2009, regresas a tu casa después de un día de mierda en la secundaria, subes a tu cuarto y enciendes la televisión. Te acuestas en tu cama y sonríes, no todo es tan malo, los videos de bandas como LeBaronAustin TVPanda y Bengala te suben el ánimo. Eras feliz y no lo sabías... 2019, casi todos esos grupos ya no existen, salvo uno: Bengala.

Ayer, canciones como “Miente” y “Cárcel” hicieron recordar aquellos tiempos de adolescencia a los asistentes en El Plaza, lugar que recibió el regreso de uno de los proyectos más importantes del rock mexicano, el cual presentó su más reciente disco Laberinto (2019).

Antes de tomar un descanso indefinido después de aquel íntimo show en diciembre 2013 en El Imperial, en octubre de ese mismo año la banda capitalina debutó en El Plaza al lado de la agrupación española Dorian. Seis años después, la banda vuelve a pisar el mismo escenario para ofrecer una presentación que, en punto de las 21:10 H, da inicio con “Un millón de estrellas”, de su nueva placa.

Diego Suárez (piano y voz), Sebastián Franco (bajo), Jesús Herrera (guitarra), Amauri Sepúlveda (guitarra), Marcos Zavala (batería) y un guitarrista de apoyo, reciben aplausos que hacen vibrar el venue, sold out, por cierto. Las luces rojas hacen juego con el negro de sus prendas. “Gracias por venir”, dice Diego, segundos después de tocar “Planeador”. El público responde con gritos. “Vamos otra vez” y “Soñé” tocan fibras sensibles en algunos. La adolescencia de muchos.

“Horizontes” es el pre ideal para lo que se viene: el primer tema de la noche con Diego a cargo del piano: “Elefantes”, cuyo ambiente envolvente va in crescendo. “Rey de España” y “Cuarto del fondo” ejemplifican un salto en el tiempo de 10 años, que en realidad no se nota, porque la entrega que siguen teniendo es igual o mejor. “Tuvieron que pasar seis años para volvernos a ver, pero valió la pena, ¿no? (...) Creo que habrá Bengala para mucho más”, afirma Diego, cuya presencia en el escenario impone y deleita. Sin duda se le extrañaba.

Para el siguiente tema hay un invitado, pero no cualquiera, se trata del productor de LaberintoCamilo Froideval, quien se apodera del piano para interpretar “Otra vez”. La sorpresa de la noche la da “Carretera”. Y es que, para los conocedores de Bengala, este clásico por lo general se escucha en el tramo final. Las composiciones nuevas de “Tiempo” y “Enloquecer” hacen que los presentes irradien locura, se olviden de la temporalidad y disfruten.

La celebración continúa con un momento íntimo, pues los miembros abandonan el escenario, excepto uno: Diego, su piano, un venue lleno y “A cero”, ¿qué más puedes pedir? A mitad de la canción, el resto de los integrantes se une al trance. “Cosas infinitas”, “Tírate” y “Mensaje” dejan ver la entrega de Diego: salta baila, interactúa, juega con el micrófono, sabe ser un líder, pero sobre todo, un showman. Tan es así que para el siguiente acto se quita la camisa y, para quienes no es su primera vez, ya saben lo que eso significa: “Cárcel”. Cero calma, manos en alto y pies en el aire.

Sin embargo, es tiempo de despedirse... o no, pues mientras la banda capitalina deja el escenario, de fondo suena una de las infaltables: “Abril Oneil”. Al término, el vocalista suelta una frase que seguro quedará por días en las mentes y los corazones de los fans: “Ha sido una noche fantástica, mientras ustedes sigan aquí nosotros estaremos aquí”. Amor mutuo.

“Déjala ir” y “Miente” son el combo perfecto antes de decir adiós. “Nos vemos muy muy pronto”, expresa Diego. La típica foto colectiva se hace presente y todo parece haber llegado a su fin. Pero no, ¿segundo encore? Algo así, ya que solo hay espacio para una más: “Mal incurable”. Decisión correcta. Eso sí, la gran olvidada de la noche es “Temblor (eso soy)”, track 7 de Laberinto, la única que hizo falta para escuchar por completo el material.

Pese a eso, el show ha sido un éxito. Si bien es cierto que este año formaron parte del cartel de los 20 años del Vive Latino y el año pasado estuvieron en la primera edición de Mapa Sonoro y en el Centro Cultural España, su espectáculo de anoche en El Plaza fue su regreso no solo oficial, sino triunfal.

Hellow Fest 2019

Hellow Fest 2019: Entre la lluvia y el lodo, la felicidad.

A las 17:00 H la lluvia llegó y llegó para quedarse. Mientras MLKMN, tocaba en el West Stage, Tláloc desató su furia sobre el Hellow Fest y no paró hasta el final de la jornada sin que esto fuera un impedimento para que se convirtiera en uno de los mejores festivales del año, consolidándose como una excelente propuesta del país.

Al principio del día todo era sol y calor. sailawway y Noa Sainz, abrieron los escenarios principales. Aunque para esa hora el público era poco, sin embargo eso no impidió que lograran impresionar a los presentes.

Cabe mencionar que los escenarios principales albergaron casi puro acto de electrónica, trap o reggaeton, por lo que el rock y otros ritmos más tradicionales se vieron relegados al escenario Delux, lugar en el que a esa hora se presentó Efelante, una de las promesas recientes del rock regio.

Mientras MLKMN presentaba a numerosos invitados al escenario, entre los cuales estuvieron Jesse Báez y el mismísimo Alemán, Clubz ponía a bailar a todos en el escenario Delux, el cual dominó por hora y media a pesar de que para ese momento la lluvia ya hacía de las suyas.

El East Stage siguió con el trap y el hip hop, esta vez de la mano del argentino Khea, uno de los máximos exponentes del género urbano en su país. Aunque no muchos lo conocían, aquellos que lo escuchaban por primera vez se fueron con una sonrisa en la boca gracias a los beats poderosos y bailables que lo identifican. canciones como "Tumbando el club", "Mi cubana", "M.I.A" y "Loca", fueron las mas coreadas de su set.

Hasta el momento hemos mencionado los tres escenarios principales, sin embargo hubo otros tres que presentaron actos de música electrónica en sus distintas vertientes.

Es aquí donde tocaron dos de los mejores actos nacionales: Jessica Audiffred y Flor Capistran, en el EDM e Infinity Stage respectivamente, dando cada una por su parte de los mejores sets del festival.

Las mejores tres horas del festival

Para las 19:30 H ya todos se habían resignado a que la lluvia iba a ser un elemento más en el festival, y que se tenía que abrazar como algo positivo, le daba frescura a lo que de otra forma hubiese sido una tarde de calor incontrolable. En ese contexto empezó lo que vendría siendo el trío perfecto de los festivales.

Primero Justice DJ Set, que –en voz de varios asistentes que los han visto varias veces en sus distintos formatos– dio uno de sus mejores sets, agresivo, poderoso, alimentado por el agua, la cerveza y drogas que fluían en el ambiente, una hora en la que sonó desde "I Love Rock & Roll" hasta "Out Of Space" de Prodigy, en fin un set que no tuvo momentos bajos, todo el tiempo hacia arriba, todo el tiempo elevado.

Una vez terminada esa experiencia, vendría el set que tanta expectativa causó: A$AP Rocky, sí, ese por el que se peleó Trump con el presidente de Suecia, ese que hasta hace un par de semanas estaba en la cárcel acusado de agresión, ese que todos se burlaban porque al parecer no llegaría. Pues sí, ese dio un show igual de intenso que sus predecesores, en el cual no podías más que dejarte llevar por la gente, brincar y rezar para no caer en el lodo o quedar atrapado en medio de un "wall of death" creado por el moshpit el cual A$AP dio instrucciones de crear en sus pantallas. También duró una hora su set, una hora que se sintió como minutos, se pasó volando.

Por último llegó J Balvin, la cereza del pastel, el mejor de los mejores en el mundo del género urbano. Con un escenario similar al que usó en Coachella y Lollapalooza, José se dispuso a tocar la mejor hora del festival. Nadie vio venir este show, un set plagado de hits pero pura canción del 2018 para acá. ¿Qué quiere decir esto? Que en lugar de "si necesitas reggaeton, dale", ahora se trató de: "si el pueblo pide reggaeton, pues yo sé lo voy a dar", o sea ya no necesita convencer a nadie. Así comenzó el show, "Reggaeton" abrió la pista pal perreo y bajo la lluvia todos perrearon, al menos en un alma.

J Balvin sorprendió interpretando cuatro temas de Oasis –el disco que tiene junto a Bad Bunny– destacando "La canción" que, a pesar de no ser lanzada como sencillo, se ha convertido en la favorita de muchos y que se demostró al ser coreada con lágrimas en los ojos de los presentes. Simplemente un gran espectáculo.

Más de una docena de hits, llenaron la hora que tenía asignada y como ya se mencionó, ninguno previo a 2018, siendo "Mi gente", la canción que cerró su presentación al ser la más antigua del setlist. Esto habla de la gran capacidad que tiene el colombiano para generar hits, ya que el público coreo, gritó, perreó cada una de las melodías interpretadas.

José es un gran cantante, compositor, intérprete; baila y rapea, lo tiene todo y lo sabe, sabe que nos tuvo a sus pies y nos puso a perrear, cerrando así la tercera hora y concluyendo el ciclo perfecto de un festival.

Final feliz

Es cierto que después de estos tres shows, el resto iba a palidecer en comparación, sin embargo hubo otras tres presentaciones que ayudaron a seguir la fiesta: Kygo, Zhu y Bad Gyal; el primero fue el acto que cerró el escenario West y vaya que no decepcionó: un set un poco más largo que el de sus predecesores pero con la misma intención de fiesta al máximo. Zhú por su parte le tocó cerrar el East Stage, siguiendo con la misma tendencia de fiesta al máximo. Por último, y concluyendo las actividades del escenario Delux, Bad Gyal demostró ser la reina del dancehall aunque desafortunadamente por la hora el público no pudo conectar a la perfección con su perreo, el cansancio ya era notorio en los asistentes, aunque eso sí, cada que ella o sus bailarinas sacaban los mejores pasos de twerk, el escenario se llenaba de aplausos. Cerró con “Fiebre”, perfecta para cerrar la noche.

Hellow es el festival que se arriesga, ese que dice ¿por qué no traer a Kendrick, Tyler o A$AP? Aquel que logra el equilibrio entre los ritmos más escuchados de hoy (hip hop, trap, reggaeton y electrónica), es sin duda uno de los mejores festivales del país y cada año crece más, tanto así que después de siete horas de lluvia, lo único de lo que podemos hablar es de lo bien que lo pasamos.

Anti-Flag en México Tattoo Convention 2019

El lenguaje del punk rock: mosh pit, la amistad y la unidad invadieron el Centro Citibanamex.

¿Cómo llega Anti-Flag a una convención de tatuajes en la Ciudad de México? El 17 de agosto vivimos una fiesta con la pandilla punk de la Ciudad de México, entusiastas del género se citaron en las instalaciones del Centro Citibanamex para compartir una noche caótica y sumamente politizada.

Aproximadamente a las 20:30 H comenzó el show con un invitado nacional: The All, un grupo de crossover con chicas vestidas como duendes. Todas vestidas de negro saltaron al escenario y durante un set de media hora intentaron prender al público de la convención, aunque en realidad solo una que otra persona pasaba caminando.

Posteriormente tocó Seguimos Perdiendo, una propuesta que fue más ad hoc con el cartel de la noche: con letras de desamor y alcoholismo, llevaron a la audiencia a corear sus canciones como los clásicos que son, reuniendo más gente que la banda pasada y logrando establecer camaradería con la audiencia. Nos invitaban a cantar, corear y bromeaban “si ya estábamos listos para ver a Sin Bandera. Con canciones de dos a tres minutos máximo e intervenciones divertidas entre canciones, hicieron su presentación simpática y como si se tratara de un grupo de amigos ante quiénes se presentaban.

Para las 22:00 H el diminuto escenario en la convención estaba puesto para que el grupo de Pensilvania, Anti-Flag, saliera a tocar. La gente poco a poco se iba juntando alrededor, los fans comenzaron a desesperarse y abrieron la valla entre la zona general y VIP. Cuando el grupo saltó a la escena, la valla fue empujada totalmente por los punks y la verdadera fiesta comenzó, la famosa frase repetida por Justin Sane hizo que el auditorio perdiera el control: "You’have Gotta Die, Gotta Die, Gotta Die For Your Government". La seguridad del recinto ni si quiera peleó por mantener la barda y la famosa zona del mosh pit fue inaugurada por uno de los asistentes con una playera de Blondie. Justin y Chris #2 lideraban la ceremonia invitando a que se abriera el círculo del mosh pit e interviniendo las canciones con su discurso anti alt right.

El grupo dio un recorrido a su catálogo básico, tocaron canciones como: "Broken Bones", "This Is the End (For You My Friend)", "The Press Corpse", "Cities Burn", "All of the Poison, All of the Pain" y "1 Trillion Dollars", durante una hora y media. Los asistentes –en su mayoría arriba de los 30 años de edad– se empujaban violentamente pero siempre –como dice Chris #2–. “Si alguien se cae, lo recogemos". El sentimiento de unidad y camaradería se sentía en la expo, en repetidas ocasiones Justin reconoció a quienes marchaban en días pasados por las problemáticas de actualidad en México, desconociendo a su presidente actual e invitando a la audiencia a levantar sus puños en contra de la discriminación en general.

La importancia de un grupo como Anti-Flag radica en su discurso y curiosamente con más de 20 años tocando, el mundo se ha dividido todavía más. Como es característico en sus shows, para la canción "Brandenburg Gate", invitaron a que las personas se abrazaran e hicieran nuevas amistades, algunos saltaban en grupo y otros coreaban; sorpresivamente el grupo bajó con instrumentos y tocó desde donde se encontraba la audiencia. Así cerraba el show, con gente abrazándose, devastada por la ola de golpes que volaron, pero unidos por el lenguaje del punk rock, que como Justin Sane dijo, era el lenguaje que todos en ese concierto entendían.

Cigarettes After Sex en El Plaza Condesa

Black & white + ambient pop = Cigarettes After Sex.

¿Cuánto dinero estarías dispuesto a pagar por ver a una de tus bandas favoritas? Fue una de las preguntas que me hice cuando me di cuenta de que las entradas para el show de los oriundos de El Paso, Texas, en la Ciudad de México, estaban agotados. ¿En qué momento se volvió tan cotizado Cigarettes After Sex?

Las puertas de El Plaza Condesa se abrieron en punto de las 19:00 H y la fila comenzó a avanzar, sin embargo, noté que muchos de los asistentes tuvieron percances en el escaneado de su ticket; ya que al parecer, muchos de ellos eran falsos, motivo por el cual, la revisión fue aún más estricta. Decepcionados, tristes y enojados, se fueron todos aquellos que se enfrentaron ante un bochornoso y lamentable: “Tu boleto es falso, no puedes pasar”.

Había transcurrido una hora desde la apertura del recinto y la gente no paraba de llegar, se notaba a cada segundo el sold out de esa noche. Dentro del venue las personas se encontraban muy emocionadas contando los minutos para que la banda liderada por Greg Gonzalez se presentara en el escenario. También, no podían faltar todos aquellos que intentaban “ambientarse” para vivir el concierto; bebiendo mucha cerveza, y por qué no, fumándose unos cuantos porros.

Pasadas las 21:00 H, las luces del recinto se apagaron y todos sabíamos que el show iba a comenzar. Desde el primer momento en que Cigarettes After Sex, tocó el escenario, la noche se volvió en blanco y negro para todos los presentes, quienes eufóricos aclamaban a la banda.

Tomando posiciones, Greg Gonzalez, Phillip Tubbs, Jacob Tomsky y Randall Miller dieron inicio a tan sublime acto, al ritmo de “Sesame Syrup”, una buena elección para comenzar a calentar las cuerdas vocales de los presentes, y para demostrar todo el potencial musical que poseen, haciendo vibrar en tu interior el sonido de cada uno de los instrumentos.

Entre aplausos y gritos, el vocalista de la banda se dirigió al público por primera vez, con un: “Buenas Noches, México. Gracias por estar aquí”, palabras que bastaron para que todos enloquecieran un poco más y gritaran con mucha fuerza: “Los amamos”. Entre risas, el vocalista volvió a tomar su guitarra y se dispuso a interpretar “John Wayne”.

La pasión que desprenden los oriundos de El Paso, Texas, te penetra el alma, logrando que las emociones y sentimientos se hagan presentes de inmediato. Un ejemplo perfecto fue cuando se escucharon de fondo los acordes de “Crush” -uno de mis temas favoritos- logrando que se me pusiera la “piel de gallina”.

La magia apenas empezaba a tomar fuerza, continuando con “Opera House”, el séptimo track de su álbum debut, uno de los temas más desgarradores de la noche.

Al parecer, la agrupación tiene temas para todo tipo de situaciones. ¿De qué manera le has demostrado tu afecto a una persona? Esa es la pregunta que define la línea del siguiente tema que resonó en El Plaza Condesa: “Affection”. Los gritos se hicieron presentes, señal de que los fanáticos interpretarían de principio a fin el tema, y así fue. Se escuchaba corear a los fanáticos. Una peculiar lírica que te deja una extraña sensación de felicidad.

El hecho de que una canción esté triste, no significa que no puedas bailar al ritmo de ella, lo digo porque especialmente “K.” tiene como intención que tomes a tu pareja y bailes con ella. Ni siquiera hace falta que imagines esa tarde lluviosa, ya que través de sus visuales, Cigarettes After Sex se encarga de ponerte en el momento y situación indicada.

Dentro de la hora sad de la noche, no pudo faltar Keep On Loving You”, el tema ideal para hacerle frente a esa relación que está a punto de romperse, por falta de amor o interés. Con el corazón roto, y con las lágrimas en los ojos, todos nos atrevimos a cantar.

Al ritmo de “Nothing’s Gonna Hurt You Baby”, los amantes del ambient pop, nos hicieron saber que el amor es atreverse a correr riesgos, y a experimentar cosas nuevas. El público se balanceaba de un lado a otro, mientras un poco de picardía se disolvía en el aire.

Sin importar lo que siguiera, nos deleitaron con lo más dulce de la noche: “Sweet”, un tema muy especial que es indicado para todos aquellos que se sienten enamorados, o los que apenas empiezan a experimentar ese tipo de sentimientos y emociones.

Culminando “Sweet”, Greg tomó el micrófono y dijo: “México. Los amo mucho. Gracias por venir”. A partir de estas palabras sabíamos que el final de la noche se acercaba, así que decidieron irse por el tema más esperado de la noche: “Apocalypse”.

Al terminar la canción, una vibra muy especial quedó en el aire. Evidentemente el Apocalipsis había llegado y nosotros lo habíamos presenciado.

Los integrantes de la agrupación se despidieron del público, levantaron los setlist, los entregaron a los fanáticos, y se retiraron del escenario. Las luces aún continuaban apagadas, eso significaba que en un momento más regresarían para culminar este show tan surreal.

La agrupación de Texas volvió a retomar el escenario, esta vez para despedirse definitivamente de sus fanáticos capitalinos, al ritmo de “Young & Dumb”, tema que me hace pensar mucho en la adolescencia, y también en la inmadurez.

Lamentablemente el final real del concierto había llegado, y como se sabía, todos los presentes lo disfrutaron lo más que pudieron, desgarrándose la garganta para hacerse notar mientras cantaban: “Want you, yes I do, bet you never knew it, think you'd suit me fine, want you all the time”. Indudablemente, “Dreaming Of You”, es y será siempre, uno de los temas más románticos de la agrupación.

Portando la bandera de México, así fue como se despidió Cigarettes After Sex del escenario de El Plaza Condesa. La gente coreaba “otra”, pero ya no hubo más. Las luces se encendieron y todos volvimos a la triste realidad.