Fotografo: Liliana Estrada

Conciertos, conciertos, sé que nos volveremos a encontrar

Streaming y auto conciertos ¿la única alternativa para la industria musical?

Llegué al lugar, compré una playera, luego una chela, busqué el mejor lugar, las luces se apagaron, el bajo me hizo retumbar el pecho. Lloré en la tercera canción, abracé a mi amor en la séptima, al llegar a la novena, le grabé un voice note a mi amigo. Después del slam, me tomé otra chela, sude, sudamos, salté, saltamos, canté y grité hasta que terminó. Fui por unos tacos ahí cerca y me fui a dormir. 

Así era nuestra vida cada fin de semana o al menos cada que podíamos ir a un concierto, hasta que todo paró; el contexto está de más que lo diga. Quédate en casa, no salgas, usa cubrebocas, no puedes ver a tus familiares, ni a tus amigos, así el nuevo setlist de vida; así los últimos cuatro o cinco meses, ya hasta perdí la cuenta. 

Es una realidad que la economía global se vio afectada, todas las industrias, no hay quien quede exento. Empleos perdidos, familias rotas, la lista es interminable. Algunas actividades han vuelto a la vida, restaurantes, centros comerciales y tiendas al 30% de su capacidad, pero de conciertos ni hablar, hasta que llegó el anuncio de los autoconciertos y los streamings

Hay quienes dicen que un streaming aunque sea en vivo no se compara a un concierto y es una realidad. Pero hay cosas que nos faltan, aunque quizá otras que no. El consumo es más barato en casa, nadie te empuja ni te estorba, si quieres estar en silencio y disfrutar del show sin que nadie platique a tu lado, es posible. Punto para el streaming. Por otra parte, se extraña a la audiencia, sentir las vibraciones de las bocinas y la interacción que te brindan los músicos desde el escenario. 

Autoconcierto-Moderatto-8

El 7 de agosto se llevó a cabo el primer auto concierto en el país y estuvo a cargo de Moderatto. Fue en el Foro Pegaso, ahí mismo donde se han congregado entre 30 y 40 mil personas en festivales como Ceremonia o Knotfest, pero ahora, una modalidad distinta, cada quien en su coche (cerca de 1500) con un aproximado de 7500 personas presentes.

Sin souvenirs, sólo con un Kit Sanitizante de por medio (cubrebocas y gel), un estacionamiento que rodeaba el escenario. Un auto sí, otro no, en una especie de ajedrez de cuatro ruedas. El acceso fue ordenado y rápido. La salida fue igual de sencilla, en ese sentido, mucho mejor que en los conciertos que conocíamos, el caos vial, no se apareció. 

Lo que sí apareció fue la energía de la banda, pirotecnia, pantallas gigantes, iluminación y un sonido estruendoso. Sí, quizá no es lo mismo que si fuera un recital como lo conocíamos, pero permite disfrutar la experiencia con distancia social. 

La mayoría de los asistentes la respetaron y usaban cubrebocas; al ingresar, te daban un reglamento, en el cual una de las indicaciones era:

 “Se podrá descender de los autos para presenciar el evento en los siguientes casos: 

  1. Para relajarse y disfrutar de la música al aire libre, ubicándose enfrente del automóvil para no tapar a los demás. Lo anterior sin que ello implique invadir total o parcialmente los espacios de terceros, ni tampoco salirse ni cambiarse de lugar.
  2. Para ir a los sanitarios habilitados  higiénicamente en cada sección”.

Casi todos bajaron del auto y al menos en las secciones que me quedaban a la vista, cada quien estaba en su sitio y la distancia social reinó en el Foro Pegaso. Hubo venta de alimentos, todo estaba empaquetado, algunos meseros rondaban por ahí, completamente protegidos y sin gritar, así que, punto para el autoconcierto, sin charoleros, ni distractores. 

La producción de Moderatto fue impecable tanto vía streaming como en vivo, la experiencia nos devolvió la esperanza de vivir un concierto después de casi cinco meses alejados de los escenarios. 

Funciona, sí, es mejor que un streaming, también. Lo negativo, no es accesible para todos, no todos tienen auto, no todos pueden viajar fuera de la ciudad. El costo es alto $2500 pesos, que repartidos entre 5 ya es menos. Pero es más cómodo, si te daba frío, te metías al auto y santo remedio.

Creo que el verdadero reto será para los promotores y ver si es costeable. Los autoconciertos con las medidas necesarias de seguridad podrían reactivar parte de esa escena que de momento se ve perdida. Lo malo, será sólo para unos cuantos. 

No compre la playera, ni me metí a slam, tampoco bebí nada (ni se me antojó) pero sí disfruté y canté, incluso quedé un poco afónica (sí, medio nervios, pero fue la falta de práctica), salté y sentí el pasto sobre mis pies. Sentí la música retumbar en mi pecho, no, no fue lo mismo, pero la esperanza revivió y sé que nos volveremos a encontrar, concierto masivo, en algún momento volverás. 

A Taste of Sónar 2018

La noche que la CDMX desapareció en una fábrica de harina.

Baile, música, creatividad y tecnología, esos son los estandartes de un festival que se creó en 1994 en Barcelona y que ahora llegará a México. Es único en su tipo, ya ha pisado otras ciudades como Bogotá, Hong Kong, Reykjavik y por supuesto no podría faltar la CDMX.

Para celebrar su llegada se anunció A Taste of Sónar, encabezada por nada más y nada menos que por el DJ Laurent Garnier. Se llevó a cabo en la ex Fábrica de Harina, en Azcapotzalco.

El venue era particular en sí mismo, una fábrica abandonada, repleta de murales y graffiti por todas partes. Luces que iban del rojo, al azul, pasando por el naranja. Mientras el ambiente iba calentándose poco a poco a medida que caía la noche.

Era el lugar idóneo, al entrar parecía por un segundo que estabas fuera de la ciudad, que entrabas en una escena de alguna película. Lo que ocurría adentro, salía por completo del caos y de todo lo que vivimos afuera.

BBY JSS comenzó, la gente comenzaba a llegar, recorría el lugar y se adaptaba al ambiente, después, Iñigo Vontier sacudía los cuerpos que cada vez se veían más y más juntos, al mismo ritmo y en la misma sincronía.

Sónar es un festival que siempre ha salido de ser solo un encuentro musical, expande sus horizontes a la creatividad y el arte. Y la ex Fábrica de Harina a pesar de ser pequeña y ser sólo una fiesta de celebración englobaba todo aquello y la gente, lo sabía.

Alrededor de las 23:00 Metrika salió detrás de unas luces rojas y de pronto, algunas luces caían del techo al suelo, eran reflejadas hacia otros puntos por espejos y así, las cosas se pusieron aún mejor.

El momento estelar de la noche llegó cuando Laurent Garnier, el DJ francés tomó el control de la noche, las luces eran espesas y era complicado verlo detrás de la tornamesa pero no era necesario, la gente bailaba por igual y se desconectaba de un mundo que parecía seguir a fuera.

A Taste of Sónar fue solo una cucharada de lo que será el Festival Sónar por primera vez en México, sinceramente, no considero que haya manera de que nos defraude.