Fotografo: Liliana Estrada

The Smashing Pumpkins en el Teatro Metropólitan

Casi 10 años de ausencia y Smashing regresa al corazón de la Ciudad de México.

El centro de la ciudad de México se preparaba para recibir a una banda que tiene casi 30 años en el negocio. Caminando por la calle independencia, desde eje central, se podían ver playeras negras, largas cabelleras y el estilo del rock del que muchos somos afines. Ver estas personas por la calle y saber que van al mismo lugar que tu, con la misma emoción, te hace sentir acompañado, aunque camines solo. 

Mientras más me acercaba al Teatro Metropólitan el ambiente me acogía y la multitud crecía, la economía de cualquier evento se hacia presente, los puestos de playeras, tazas y posters te avasallaban mientras más cerca estabas; poco a poco se escuchaba más de cerca los megáfonos que manipulaban la organización del evento: “Boleto en mano”, gritaban. 

Esquivando gente y grupos que se conglomeraban por toda la banqueta del recinto, logré llegar a las puertas del lugar. Era mi primera vez en el Teatro Metropólitan, al menos que yo recuerde, pero su arquitectura y su estilo me dejó un tanto impresionado, las escaleras no se si de mármol, o simplemente una loseta demasiado fina acompañada de techos altos y candelabros luminosos, daban mucha luz al espacio. En fin, al estar dentro, toda esa sensación de estar en un palacio se opacaba con las voces, risas y platicas de las personas mientras tomaban cerveza. Eso fue básicamente la espera y el ambiente que se sentía, la gente tomaba cerveza, compraba botanas y mercancía oficial de la banda mientras esperaban impacientemente, al menos el sonido de los técnicos que alistaban los instrumentos en el escenario.

Conforme la hora de acercaba fui alistándome para buscar mi puerta de acceso, con una cerveza en la mano y el boleto en la otra, me llevaron hasta mi lugar. Lo primero que vi fue el escenario, debido al lugar, este no era grande, no tenia ningún tipo de pantalla, solo eran los instrumentos, atriles y pedaleras dejando de lado cualquier tipo de producción fantoche, solo era rock. Estando en mi asiento, lo primero que se hacía notar era la perfecta visión que se tenía del escenario desde cualquier punto en el que estuvieras. El único problema que se cruzó por mi cabeza fueron las butacas, me pregunté si eso no sería un problema cuando la energía del evento estuviera en su punto máximo; a la gente eso no parecía importarle, o eso parecía porque todos se veían entusiasmados cantando, platicando y hasta simulando tocar una guitarra con la música de fondo que se escuchaba. Dieron las nueve en punto, y las luces se apagaron, los integrantes de Smashing estaban listos para salir a tocar, posiblemente a varios nos tomó por sorpresa, al menos yo no tengo la costumbre de la puntualidad en los artistas.

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“The Colour of Love” comenzó al unísono del grito de la gente, Billy apareció con esta túnica larga y negra con detalles dorados, que ha sido su vestuario de esta última gira. El perfecto sonido del recinto nos envolvió a todos, y su voz, como si fuera de un joven de 20 años emocionó a todo el lugar.

Canción tras canción la gente no dejaba de gritar, cantar y mover la cabeza, el lugar estaba a tope, la energía de todos producía un calor que de pronto era aquejante, el mismo Billy lo expresó, y claro, como no sentirlo con una túnica pesada del cuello a los pies mientras se toca con la energía que demanda el genero del rock. De cualquier modo el concierto llevó su curso y canción tras canción se podía ver a Billy y a la banda ¡dándolo todo!

En cuanto a su producción, como ya mencioné, no fue muy grande en el sentido del escenario, pero musicalmente si lo fue, al menos cada canción la banda cambiaba de instrumentos, pero era de esperarse puesto que una gran capacidad musical se demuestra con varios recursos: diferentes tonalidades, distorsiones, efectos, etc.

Smashing tocó un gran repertorio: “Ava Adore”, “Stand inside Your Love”, “Cherub Rock”, “1979” y más fueron las canciones que entonaron. Dos horas de principio a fin escuchamos guitarrazos, solos de batería, pequeños lapsos de improvisación y experimentación; realmente la interacción del grupo con la gente fue puramente musical, pocas palabras escuchamos de ellos hacia nosotros, aunque con el poco español que manejan supieron darnos a entender el agradecimiento y el gusto por visitar México.

Las butacas no hicieron falta, pues toda la gente estuvo parada todo el tiempo, de principio a fin, pocos tomaron un respiro para sentarse y descansar los pies. La emoción de una larga espera fue evidente con la energía, los brincos, aunque el espacio fuera limitado, los coros cantados por todos haciendo sonar una misma voz, que imagino es lo que nutre a los artistas para continuar y dejar todo en el escenario. 

Así terminó el primer concierto, de las cuatro fechas abiertas por The Smashing Pumpkins, todos caminamos hacía la salida con una sonrisa y euforia difícil de contener, Billy Corgan, junto a los Pumpkins, han regresado a México y no han decepcionado.

Foo Fighters en el Foro Sol

Foo Fighters hacen del Foro Sol su pista de baile con Medicine at Midnight.

Han pasado cinco años desde que Foo Fighters se presentó por última vez en la CDMX durante aquel lejano Corona Capital 2017 y también han sido dos largos años desde que yo pongo pie en un concierto masivo. Parece otra época remota cuando no era agorafóbico y el uso de cubrebocas no era la norma social.

Mi emoción por ver en vivo a las teloneras The Warning era casi palpable, hora de ver si estaban a la altura del hype. A dos años de su presentación en el Vive Latino, en punto de las 20:00 H Daniela, Paulina y Alejandra lo dieron todo y debo decir que el escenario del Foro Sol no les quedó grande. Las hermanas originarias de Monterrey presentaron su más reciente EP y calentaron el escenario con enérgicos temas como “Mayday”, “Disciple”, “Evolve” y “Martirio”, además de darle al público capitalino un tema inédito. No sería descabellado verlas en escenarios cada vez más y más grandes.

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A las 21:15 H, sin mayor preámbulo apareció Dave Grohl en las pantallas ante el aclamo de un Foro Sol lleno a casi toda su capacidad. "Times Like These" arrancó la presentación con un arreglo estelarizado por el teclado de Rami Jaffee y la siempre imponente voz de Grohl. La agrupación estadounidense Foo Fighters apostó por los hits seguros para arrancar pues le siguieron "The Pretender" y "Learn To Fly" para hacer al público brincar. "No Son Of Mine", el número más rockero de su más reciente material, no hizo más que subir los ánimos.

"The Sky is a Neighbourhood" y "Shame Shame" son momentos más serenos que ponen de manifiesto el talento de las coristas que acompañan a la banda en esta gira en medio de luces psicodelicas. Dave Grohl no paraba de manifestar su amor por el público de nuestro país y de invitarlo a bailar y cantar con él en cada oportunidad que tenía. "Breakout" y "My Hero" fueron los primeros grandes coros que hizo la audiencia.

Medicine At Midnight, el nuevo disco de Foo Fighters, marcó un giro importante para el grupo y les puso el reto de combinar sus canciones más funky y disco con los clásicos para sacudir melenas en un mismo setlist. Afortunadamente sus temas fueron bien recibidos, con todo y un cover al clásico “You Should Be Dancing” de los Bee-Gees cuyos falsetos emuló Grohl a la perfección.

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El punto medio de la velada llegó con la tradicional presentación de cada miembro de la banda con sus respectivos solos para demostrar sus talentos en el instrumento ante la continua ovación de la multitud: Chris Shiflett con estridentes solos de guitarra, Nate Mendel con una rendición de “My Generation” de The Who, Pat Smear con “Blitzkrieg Bop” de Ramones y Rami Jaffee desplegando sus habilidades en el teclado. El momento de Taylor Hawkins de brillar llegó con su interpretación vocal del clásico “Somebody To Love” de Queen con Dave Grohl en la batería.

“These Days” y “Walk” nos pusieron nostálgicos, mientras que “All My Life” y “Run” convirtieron el Foro Sol de una pista de baile a un auténtico y estridente show de rock and roll que sacude hasta los huesos. “This Is a Call” para los fans de la vieja escuela apuntaba a que la velada estaba por terminar, pero Grohl aseguró al público que todavía faltaba un buen tramo.

“Love Dies Young” hizo su debut en vivo en esta gira de Foo Fighters, mientras que “Aurora” resultó una sorpresa inesperada pero bienvenida con su dulce y melancólico sonido. “Best Of You” naturalmente fue coreada a todo pulmón por el Foro Sol entero que iluminó con las linternas de su celular el recinto como un cielo estrellado en la tierra, “Monkey Wrench” fue una última oportunidad para hacer headbanging y, como es tradición, “Everlong” cerró con broche de oro una noche espectacular. Casi tres horas llenas de emociones, nostalgia, baile y guitarrazos.

Tardó en llegar a nuestro país, pero una vez que Foo Fighters aterrizó por primera vez en México hace ya nueve años, se convirtió en consentido del público nacional y tiene garantizada una enorme multitud esperando para corear sus hits como una sola voz la próxima vez que regrese.

Conciertos, conciertos, sé que nos volveremos a encontrar

Streaming y auto conciertos ¿la única alternativa para la industria musical?

Llegué al lugar, compré una playera, luego una chela, busqué el mejor lugar, las luces se apagaron, el bajo me hizo retumbar el pecho. Lloré en la tercera canción, abracé a mi amor en la séptima, al llegar a la novena, le grabé un voice note a mi amigo. Después del slam, me tomé otra chela, sude, sudamos, salté, saltamos, canté y grité hasta que terminó. Fui por unos tacos ahí cerca y me fui a dormir. 

Así era nuestra vida cada fin de semana o al menos cada que podíamos ir a un concierto, hasta que todo paró; el contexto está de más que lo diga. Quédate en casa, no salgas, usa cubrebocas, no puedes ver a tus familiares, ni a tus amigos, así el nuevo setlist de vida; así los últimos cuatro o cinco meses, ya hasta perdí la cuenta. 

Es una realidad que la economía global se vio afectada, todas las industrias, no hay quien quede exento. Empleos perdidos, familias rotas, la lista es interminable. Algunas actividades han vuelto a la vida, restaurantes, centros comerciales y tiendas al 30% de su capacidad, pero de conciertos ni hablar, hasta que llegó el anuncio de los autoconciertos y los streamings

Hay quienes dicen que un streaming aunque sea en vivo no se compara a un concierto y es una realidad. Pero hay cosas que nos faltan, aunque quizá otras que no. El consumo es más barato en casa, nadie te empuja ni te estorba, si quieres estar en silencio y disfrutar del show sin que nadie platique a tu lado, es posible. Punto para el streaming. Por otra parte, se extraña a la audiencia, sentir las vibraciones de las bocinas y la interacción que te brindan los músicos desde el escenario. 

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El 7 de agosto se llevó a cabo el primer auto concierto en el país y estuvo a cargo de Moderatto. Fue en el Foro Pegaso, ahí mismo donde se han congregado entre 30 y 40 mil personas en festivales como Ceremonia o Knotfest, pero ahora, una modalidad distinta, cada quien en su coche (cerca de 1500) con un aproximado de 7500 personas presentes.

Sin souvenirs, sólo con un Kit Sanitizante de por medio (cubrebocas y gel), un estacionamiento que rodeaba el escenario. Un auto sí, otro no, en una especie de ajedrez de cuatro ruedas. El acceso fue ordenado y rápido. La salida fue igual de sencilla, en ese sentido, mucho mejor que en los conciertos que conocíamos, el caos vial, no se apareció. 

Lo que sí apareció fue la energía de la banda, pirotecnia, pantallas gigantes, iluminación y un sonido estruendoso. Sí, quizá no es lo mismo que si fuera un recital como lo conocíamos, pero permite disfrutar la experiencia con distancia social. 

La mayoría de los asistentes la respetaron y usaban cubrebocas; al ingresar, te daban un reglamento, en el cual una de las indicaciones era:

 “Se podrá descender de los autos para presenciar el evento en los siguientes casos: 

  1. Para relajarse y disfrutar de la música al aire libre, ubicándose enfrente del automóvil para no tapar a los demás. Lo anterior sin que ello implique invadir total o parcialmente los espacios de terceros, ni tampoco salirse ni cambiarse de lugar.
  2. Para ir a los sanitarios habilitados  higiénicamente en cada sección”.

Casi todos bajaron del auto y al menos en las secciones que me quedaban a la vista, cada quien estaba en su sitio y la distancia social reinó en el Foro Pegaso. Hubo venta de alimentos, todo estaba empaquetado, algunos meseros rondaban por ahí, completamente protegidos y sin gritar, así que, punto para el autoconcierto, sin charoleros, ni distractores. 

La producción de Moderatto fue impecable tanto vía streaming como en vivo, la experiencia nos devolvió la esperanza de vivir un concierto después de casi cinco meses alejados de los escenarios. 

Funciona, sí, es mejor que un streaming, también. Lo negativo, no es accesible para todos, no todos tienen auto, no todos pueden viajar fuera de la ciudad. El costo es alto $2500 pesos, que repartidos entre 5 ya es menos. Pero es más cómodo, si te daba frío, te metías al auto y santo remedio.

Creo que el verdadero reto será para los promotores y ver si es costeable. Los autoconciertos con las medidas necesarias de seguridad podrían reactivar parte de esa escena que de momento se ve perdida. Lo malo, será sólo para unos cuantos. 

No compre la playera, ni me metí a slam, tampoco bebí nada (ni se me antojó) pero sí disfruté y canté, incluso quedé un poco afónica (sí, medio nervios, pero fue la falta de práctica), salté y sentí el pasto sobre mis pies. Sentí la música retumbar en mi pecho, no, no fue lo mismo, pero la esperanza revivió y sé que nos volveremos a encontrar, concierto masivo, en algún momento volverás. 

A Taste of Sónar 2018

La noche que la CDMX desapareció en una fábrica de harina.

Baile, música, creatividad y tecnología, esos son los estandartes de un festival que se creó en 1994 en Barcelona y que ahora llegará a México. Es único en su tipo, ya ha pisado otras ciudades como Bogotá, Hong Kong, Reykjavik y por supuesto no podría faltar la CDMX.

Para celebrar su llegada se anunció A Taste of Sónar, encabezada por nada más y nada menos que por el DJ Laurent Garnier. Se llevó a cabo en la ex Fábrica de Harina, en Azcapotzalco.

El venue era particular en sí mismo, una fábrica abandonada, repleta de murales y graffiti por todas partes. Luces que iban del rojo, al azul, pasando por el naranja. Mientras el ambiente iba calentándose poco a poco a medida que caía la noche.

Era el lugar idóneo, al entrar parecía por un segundo que estabas fuera de la ciudad, que entrabas en una escena de alguna película. Lo que ocurría adentro, salía por completo del caos y de todo lo que vivimos afuera.

BBY JSS comenzó, la gente comenzaba a llegar, recorría el lugar y se adaptaba al ambiente, después, Iñigo Vontier sacudía los cuerpos que cada vez se veían más y más juntos, al mismo ritmo y en la misma sincronía.

Sónar es un festival que siempre ha salido de ser solo un encuentro musical, expande sus horizontes a la creatividad y el arte. Y la ex Fábrica de Harina a pesar de ser pequeña y ser sólo una fiesta de celebración englobaba todo aquello y la gente, lo sabía.

Alrededor de las 23:00 Metrika salió detrás de unas luces rojas y de pronto, algunas luces caían del techo al suelo, eran reflejadas hacia otros puntos por espejos y así, las cosas se pusieron aún mejor.

El momento estelar de la noche llegó cuando Laurent Garnier, el DJ francés tomó el control de la noche, las luces eran espesas y era complicado verlo detrás de la tornamesa pero no era necesario, la gente bailaba por igual y se desconectaba de un mundo que parecía seguir a fuera.

A Taste of Sónar fue solo una cucharada de lo que será el Festival Sónar por primera vez en México, sinceramente, no considero que haya manera de que nos defraude.