Fotografo: Cortesía OCESA

Hercules & Love Affair en El Plaza

Un affair que no se consumó.

Luego de media hora de un abridor notoriamente improvisado –y no anunciado–, Andy Butler subió al booth a las 21:53 H. “Nuevamente estoy aquí, you are in my heart Mexico” dijo el productor y advirtió que aquel show sería distinto.

La música comenzó a sonar, segundos después la voz de Anohni ayudó a identificar que se trataba de una versión distinta de “Time Will”, track que 10 años atrás funcionó también para la apertura de su debut homónimo Hercules & Love Affair. En seguida entraron a escena la artista queer Love Bailey y el coreógrafo Julio Marcelino, quienes durante todo el set se encargaron de cubrir con sus prendas escarlata cada centímetro del escenario.

El beat –que no paró en ningún momento– se desnudó poco a poco para dar entrada a los vocales Mashrou’ Leila en “Are You Still Certain?”. En este instante mi mente solo pensaba en la ausencia de Rouge Mary y Gustaph, cantantes con los que Andy ha toureado los últimos cuatro años.

Para “I Try to Talk to You”, Butler incrustó en la armonía algunos fragmentos del principio de la canción original, sin embargo la mayoría de la gente notó que era ese tema hasta que empezó la grabación de la voz de John Grant. Algo faltaba, pero yo no estaba seguro que me disgustara del todo.

De un momento a otro, los visuales se volvieron casi estroboscópicos para dar inicio a los característicos violines de “Painted Eyes” –y hablo solo de los violines porque el track no tenía la estructura original–. Luego de seguir con “Raise Me Up” hubo una breve pausa.

“Dame un poquito de tus corazones para estas personas”, haciendo referencia a los bailarines que tampoco pararon. Andy Butler aprovechó este intermedio para disculparse por la previa cancelación del show. “Este año no es muy fácil para mi pero 2019 is gonna be fucking big”, además anunció que se encuentra trabajando en un nuevo proyecto con personas aún por dar a conocer.

El segundo bloque musical nonstop estuvo integrado por canciones como “My House”, “Do You Feel The Same?”, “You Belong”, “My Offence” y “Blind”. Tras hacer otra pausa para hacer un chiste que involucró su decepción al enterarse que el Patrick Miller no abre en sábado, continuó con “Controller” y finalizar la noche con “Omnion”.

En estos últimos temas –a excepción de “Blind”– fue notorio que la gran mayoría de la audiencia no estaba conectando con estas “nuevas versiones”. Aunque no se tratara de un DJ set de sus propios éxitos, la manera en cómo fueron programados los tracks para armar cada canción –más la falta de Rouge Mary y Gustaph– hizo que el mood estuviera muy alejado de un live.

Si este fue tu primer concierto de Hercules & Love Affair, probablemente quedaste satisfecho, pero la decepción es innegable para aquellos que hemos podido disfrutar al menos una de las previas ocasiones en que este proyecto nos ha visitado. El amorío de aquella noche nos dejó con ganas de más.

 

Nacho Vegas en el Teatro Metropólitan

Versos de amores perdidos, de adicciones, de anhelos y de críticas a la misma condición humana.

Hace muchos años, cuando los gustos propios se desarrollan con mayor intensidad, descubrí a Nacho Vegas. Me llamó la atención su voz. Parecía alguien que hablaba con la experiencia de muchos años, con esa fragilidad que distingue a los que ya han vivido suficiente, pero también con la experiencia que eso conlleva. Versos de amores perdidos, de adicciones, de anhelos y de críticas a la misma condición humana. Pero también crónicas mundanas, exaltando la cotidianidad hasta esos puntos que solo alguien que ha sido discípulo de los grandes del folk puede hacer. Nacho Vegas apenas tiene 43 años pero desde aquel entonces, hace más de 10 años, se escuchaba como un alma vieja.

En México tenemos una particular afición por los españoles. Desde Mocedades, o con la Movida Madrileña, las canciones de Duncan Dhu, Hombres G, Héroes del Silencio, Mecano, pasando por el punk de Eskorbuto y La Polla Récords, hasta Vetusta Morla o Love of Lesbian, los ibéricos han formado parte de la vida de las personas. Y muchas veces, el fanatismo es uno de esos que varios artistas quisieran. Es ferviente, pasional, casi absoluto. Es por eso que no sorprende que, a pesar de las constantes visitas, las salas donde se presenten dichos actos, estarán casi siempre repletos. Así fue la noche del 14 de noviembre del 2018 en el Teatro Metropólitan. Tocaba el turno de ver a Nacho Vegas con Violética.

Alguien a mi lado dijo: “llevo dos canciones y media y me queda claro que es un artista de nicho”. Lo que me puso a pensar. Quizá tenga razón. Para mí y para muchos otros, la simple presencia de Nacho Vegas sobre el escenario es cuestión suficiente para quedar hipnotizado. Una figura que parece de otros tiempos, con un traje simple pero preciso, desgarbado, el pelo sobre la cara y su voz característica. A pesar de que pudiera parecer trémula, siempre se escuchan sus palabras claras hasta la última butaca. Y es que ahí es en donde radica la gracia de Nacho Vegas, en creerle como cuentacuentos.

Uno de los puntos fuertes en el espectáculo del gijonés, es la variedad que es capaz de ofrecer. Por suerte es un autor prolífico que no tiene que reciclar y reciclar sus grandes éxitos. Si la gira se trata de un disco, la mayoría de los temas vendrán incluidos en tal obra. Por ello, las primeras canciones —al menos en esta primeras visitas—, siempre se reciben con mayor contemplación. “El corazón helado”, “La plaza de la soledá”, “Ideología” y “Desborde”, todas son canciones incluidas en la más reciente producción. Algunas voces ya se empiezan a oír por ahí, pero queda ver lo que sucede sobre el escenario. Para este particular concierto, el punto débil quizá, era lo que sucedía alrededor. Nacho Vegas nunca se ha caracterizado por puestas en escena exuberantes, es más bien sobrio —salvo contadas ocasiones en donde se hace acompañar de más personas—, no obstante, en esta ocasión, las luces eran casi estáticas, los visuales casi inexistentes, se podía presentir que algo faltaba en cuanto a producción… pero con los sentidos puestos en otras cosas, en las personas, podía pasarse por alto.

“Ciudad Vampira”, esa reversión a “Devil’s Town” de Daniel Johnston, es una de las canciones que, cuando estrenadas, era para contemplar, pero ahora, con los años a cuestas, desató una oleada de celulares y voces a coro. Pocos artistas con tanta maestría para darle la vuelta a temas originales y no hacer simples covers iguales, sino imprimirle su toque personal y resignificándolos por completo.

Otro clásico con “Canción del Palacio #7” y, enseguida, uno de los puntos fuertes. Desde hace unos años, Nacho ha tomado consciencia de su postura como voz que se hace escuchar. Quizá antes los temas iban más enfocados a la vida misma y sus vicisitudes, una vida introspectiva, quiero decir. Desde Resituación, Nacho ha intentado que se toquen temas de la vida colectiva, temas de interés social y político. “Crímenes cantados” trata sobre las condiciones deplorables a las que se enfrentan los migrantes en España. Racismo y malos tratos. Segregación y abusos. Trasladarlo a la política geográfica mexicana, podría ser un ejercicio sencillo con lo que sucede con la Caravana Migrante o la situación de las mujeres. Sobre el escenario se proyectó un video con testimonios de maltrato, de abuso de poder, un alzamiento de voz a cargo del Colectivo Pan y Rosas, con mantas y oraciones que potencializaron la interpretación. Los años vividos han concientizado a Nacho y él quiere poner algo de su parte para que el silencio no impere sobre las injusticias.

Luego vinieron algunos nuevos temas que seguro se convertirán en clásicos como “Ser árbol” o “Todos contra el cielo”. Un recuerdo al disco que lo popularizó con mayor fervor en México con “La pena o la nada” y una invitada en “La última atrocidad”. Casi llegaba el final y “La gran broma final” llenó el teatro. La interpretación más potente, el recuerdo a La zona sucia del 2011 y ese grito desgarrador que solo pueden emitir quienes encuentran identificación en esa farsa de amoríos. Un homenaje a la única Violeta, la protagonista sobre la que gira el Violética con “Maldigo del alto cielo”, en otra de las re-versiones de Vegas. Y el primer adiós.

Pero todos sabíamos que iba a regresar. La primera interpretación en vivo de “Las palabras mágicas” a petición del Colectivo Pan y Rosas, y “Que te vaya bien, Miss Carrusel” recordando a Townes Van Zandt. “Dry Martini, S.A.” volvió a enaltecer el verso aquel en donde Nacho Vegas logró plasmar la bestialidad que se tiene cuando la pasión desborda por sobre la razón, y a pesar de que se sabe que se está obrando mal, se prefieren aceptar las consecuencias que quedarán con la ansiedad, a perder la magia del instante. Y otro adiós.

“Michi, Michi, Michi” se escuchaba en el público. Y es que ya sabían lo que venía. Todos nos convertiríamos en niñas para cantar “Sharalalalalá” mientras Nacho rememoraba cosas y aceptaba que la ha pasado bien, rechazó propuestas matrimoniales y (casi) conoció en una ocasión a Michi Panero… para luego despedir con un seco: “Hasta nunca”.

Esperemos que no sea así y que pronto regresen el vino y las memorias, pero por ahora, el adiós será más prolongado, porque era hora de salir al entonces gélido aire de la CDMX.