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Tame Impala — The Slow Rush

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Tame Impala
The Slow Rush

Modular / Island Australia / 2020

Artista(s)

Tame Impala

06/Feb/2020

La ópera disco-rock en manos de un esteta del pasado y de la nostalgia.

“No sabes lo rápido que pasa el tiempo hasta que llegas aquí” dice Frank Sheeran, "El Irlandés", a la enfermera que le toma la presión arterial en la residencia de ancianos donde viviría sus últimos años. La película del mismo nombre es el recuento que hace Sheeran sobre sus años en la mafia sindical como “pintor” de casas y su relación con el asesinato del ex presidente sindical Jimmy Hoffa. La historia se desarrolla como una mirada nostálgica al pasado del protagonista mientras ve las fotografías de sus hijas y narra cómo fue que llegó al mundo violento del ajuste de cuentas a punta de plomazos. Lo que me hace preguntar si existe otra forma de ver el pasado que no sea a través de la nostalgia. La banda australiana Tame Impala aborda esta emoción en su nuevo álbum, The Slow Rush, que se sumerge en el cristal de los instantes y su implacable movimiento.

No hay nada mejor que el ayer que sabemos como terminó y del que salimos a salvo, puesto que la incertidumbre que nos produce el futuro y el caos del presente se convierten en una nube insoportable que impide ver con claridad la vida. Pensar el pasado nos da perspectiva, es cierto, pero hay algo de peligroso en estar mirándolo fijamente, produce adicción. Tengo la sensación de que incluso esto ya lo he escrito y de que doy vueltas al tema una y otra vez, como un gato siguiendo al ratón. La temática con sus variantes parece recurrente en este siglo; la exploración del tiempo, su paso demencial, la sensación de una época más amable, las malas decisiones que afectan el futuro, en fin, todo lo referente al ayer. 

En The Slow Rush, Kevin Parker, cerebro y cuerpo del proyecto, se encarga de escribir, componer y producir el álbum en su totalidad, los 12 cortes que rebasan la hora de duración y que sostienen el que, sin espacio para la pausa, es su trabajo más complejo y contundente. Estamos ante una ópera disco-rock de alcance épico en la que Parker nos hace pensar en el movimiento del reloj, en el vaivén de la aguja en el viejo mueble colgado en la pared, en el cambio digital de los números. 

El disco es un manifiesto estético y una propuesta en tanto que el sonido y la composición de las canciones se vuelven una tradición y una marca: están los elementos característicos de su música como los synths psicodélicos y los riffs progresivos; está también la extensión de las canciones que oscila entre cinco y siete minutos; está la reiterativa producción multicapa de cada corte; está la repetición de algunos elementos dentro de las canciones con un fin estético; y está también la propuesta de un bajo más sólido y unas percusiones festivas. En su totalidad, The Slow Rush eclipsa la vida y envuelve con las letras y el sonido lo que su eco alcanza. 

Nadie permanece inmune a la vejez, es cierto, Parker no es la excepción. En 2019 publicó un sencillo como manifestación de lo que ocurría en su vida. La sensación que se produce al mirar hacia atrás y descubrir cuánto tiempo ha transcurrido desde algún suceso, desde algún punto de referencia. “Patience” es un corte festivo que se construye a través de percusiones, muy a lo disco y con space rock. El tema acentúa el lapso que se ha creado desde Currents en 2015 hasta 2019. El músico quería publicar el nuevo material, pero la entrega se vio afectada por los incendios en California en 2018 que destruyeron el estudio que había puesto ahí y que lo obligaron a regresar a Australia para terminar la producción del disco. Desafortunadamente “Patience” no viene en esta nueva placa. 

The Slow Rush es un viaje por el tiempo a través de la psicodelia y la música disco, es una fuga propia del género en que se desplaza, no hay que olvidar que la psicodelia quería escapar del entorno inmediato e imaginar un mejor mañana, incluso un mejor momento. Es una borrachera de colores y formas. En su épico track inicial, “One More Year”, hay distorsión en las vocales que asemejan la voz propia como ocurría en “Past Life”. ¿Soy yo hablándome o es Dios que se comunica conmigo? Es un tema largo que al igual que “Is it True”, “It Might Be Time” o “Tomorrow’s Dust” mantiene la repetición de un fragmento de la canción hasta que éste se transforma en una totalidad. El loop dentro del track como una forma de estirar y extender la duración del mismo como ocurre en “Let It Happen” hacia la mitad del corte. En la construcción usa la alteración del sonido para crear el efecto de dilatación. 

Imagino que este álbum es ese momento en que en 2001: Odisea del Espacio el astronauta David Bowman viaja más allá del infinito en medio de luces estroboscópicas cruzando el límite de lo conocido. El tiempo en The Slow Rush tiene otra caducidad, por ejemplo, en “It Might Be Time” en medio de la caótica fiesta de sonidos juega con el ritmo entrecortado de una estructura convencional. Son canciones complejas, agradables y aún así arriesgadas, de diferentes ritmos, en casos como “Posthumous Forgiveness” y “Breathe Deeper” se transforman en otro tema dentro de sí. Pareciera que en su forma The Slow Rush intenta de cualquier manera evitar el fin. En algunos temas es como si fueran dos canciones dentro de una que no puede ir por separado de la otra, es psicodelia progresiva dance. 

En 1908 Alemania fundó un pueblo en Namibia con el fin de extraer diamantes, eventualmente lo dejaría al abandono hasta que quedó como una ciudad fantasma. En este pueblo llamado Kolmanskop los habitantes tenían un casino, un hospital, escuelas y casas. Era habitable. Ahora está casi cubierto bajo la arena del desierto, en ruinas. La vista es como esas antiguas fotografías color sepia. Pienso que la arena o el polvo sirven también para indicarnos el curso de la vida, por ejemplo, cuánto ha pasado sin que alguien limpie esa superficie del mueble de la sala, cuánto tiempo ha transcurrido desde el rompimiento ya que aquellas cartas de amor se ocultan bajo una gruesa capa de polvo o cuántos años han corrido desde que Kolmanskop quedó en el olvido. Kevin Parker junto con el fotógrafo Neil Krug viajó a este pueblo para retratar el abandono y así crear el arte del nuevo álbum. El tiempo nuevamente, en forma de arena, es tema en esta entrega. 

Creo que he estado aquí antes, en la nostalgia. Y me he sentado con la pluma a escribir sobre el pasado, mirando el anochecer como si fuera mejor que el amanecer. El miedo de lo que pueda ocurrir hace temblar mis manos. The Slow Rush es todo lo anterior, es la reflexión sobre algo que ya no vuelve y que extrañamos, pero el final emblemático de “One More Hour” deja la sensación de contundencia, de decisión, de aceptación. Se siente como en la escena final de las películas en que el protagonista camina hacia un horizonte anaranjado, cargado de esperanza, mientras van apareciendo los créditos mientras la pantalla se va fundiendo suavemente en negro hasta que aparece la palabra fin. FIN...

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