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Trópico 2018

Brisa mariana y ritmos electro-caribeños en la sexta edición del Festival Trópico en Acapulco.

La fiesta es interminable. La música no se detiene, nadie duerme, las chicas no dejan de bailar. Rumba total. Durante tres días continuos -literal-, Trópico 2018 fue una celebración a la vida misma.  

Viernes.

Destruir la rutina. El despertador suena a las 6:30 H. como de costumbre. Último día laboral de la semana. Tras un baño y un desayuno ligero, salgo de casa. Llevo una maleta con todo lo necesario para un fin de semana en la playa. Hoy todo es distinto, tomo un rumbo diferente al acostumbrado. Si hubiera sido un viernes regular, no habría llegado al trabajo; el tránsito en el cruce entre Periférico e Insurgentes estaba ahogado gracias a una manifestación de la cual me entraría más tarde a través de la repetición del noticiario nocturno (ya a varios kilómetros de distancia).

La cita para la prensa es las 10:00 H. en la Fuente de Cibeles. Luego de 30 minutos de tolerancia, el autobús parte con rumbo a Guerrero. Cinco horas y media después, llegamos al Puerto de Acapulco. Bajo los 32° de temperatura ambiente, siento que me derrito. Diligencias de rigor al arribo: despabilarse un poco, comer algo, hospedarse, acreditarse y comprar suministros para varios días. Ya instalados en una par de habitaciones, Michel (mi compañero fotógrafo) y yo nos dirigimos al lugar donde se realiza la sexta edición del Festival Trópico. “Van a la mera fiesta, a lo mero chulo pues”, nos previene Jorge, un dicharachero taxista local en sus 20s.

A la entrada del Hotel Pierre Mundo Imperial, la fila de autos se va haciendo cada vez más larga. La música se escucha a lo lejos. Preferimos bajar y caminar. Escanean nuestros boletos desde el teléfono; nos ponen una pulsera Weekend Access y entramos a otra realidad. La noche está en su plenitud y la gente desfila con ropa ligera. Nos dejamos guiar por el oído hacia el escenario más grande; esquivamos una piscina, algunos camastros, varios grupos de personas que conversaban mientras beben, y un conjunto de edificios.

Inmejorable recepción. Salón Acapulco nos da la bienvenida a la costa más famosa de Guerrero, y quizás todavía de México entero. “Hace dos años tocamos (en Trópico) y nos fue muy bien. Ahora vamos a presentar el nuevo show que es más visual. Estoy preparando cosas especiales, me gusta sorprender a la gente”, nos adelantó Íñigo Vontier en entrevista exclusiva para Indie Rocks! hacía un par de meses. Promesa cumplida. La gente baila muy contenta al píe del escenario principal. Beats electrónicos combinados con trompetas juguetonas. El productor jaliciense aprovecha para presentar nuevos temas, luego de tres años. Además de los clásicos, “Bikini Lover”, “Las Sirenas” y “Gin & Coconuts”; suenan “Rumba” y “Lemon Tree”, singles de su próximo disco que se espera sea publicado durante el primer semestre del 2019 bajo el título de Tropics. Después de lo escuchado, las expectativas por este material son muy altas.

Faltando 20 minutos para la medianoche, otro músico consentido del público mexicano –que también está por lanzar nuevo álbum– releva en el escenario principal. Nicola Cruz nos hace despegar los pies de la tierra con un set que irá ganando en fuerza e intensidad conforme se desenvuelve. Empieza tranquilo y relajado, como el llamado a una ceremonia ritual. Los sonidos de la naturaleza resuenen con una tremenda claridad. Trinar de aves de exóticas y fluir de agua en una cascada. Un par de tipos a mi izquierda aún no logran acoplar el paso, siguen vibrando al son del acto anterior y comienzan a desesperarse; los mismos terminarán aplaudiendo y pidiendo más. Los sonidos andinos aparecen como lluvia, los visuales estallan. En las pantallas, un dios mesoamericano en piedra diluye su figura entre secuencias de un eclipse solar. Momento de levitar. “Arka”, su reciente sencillo, apunta al viento como eje central de su siguiente entrega discográfica, Siku (instrumento folclórico dos hileras de tubos de caña de diferentes longitudes).   

Sábado.

El ambiente es agradable, la vibra positiva y mi vaso de cerveza está lleno. Luego de echar una mirada al escenario contiguo, instalado a mitad de la playa (inactivo aún), decido quedarme en el Escenario Trópico para ver a Red Axes, lo cual resulta ser una agradable sorpresa. Antes, vistazo rápido a Twitter: la gente presume su #Mi2018Spotify, los expectativas por las semifinales de la Liga MX van en aumento, los comentarios sobre la “Cuarta Transformación” siguen polarizados.      

Raya la 1:00 H ya del sábado, todo está muy fresco. El ánimo está a tope. “Esto apenas está comenzando, cabrón”, escuchó que alguien comenta a lo lejos. Y sí, el día más intenso del festival es el segundo. Salvo los desplazamientos obligados: ir al baño, recargar la pulsera con crédito, acudir a la barra por una bebida o al área de comida, muy poca gente se movió de donde estaba. Algunos se retiran el calzado para sentir el pasto fresco sobre sus pies. Una chica danza como libélula, lenta y cadenciosa. Su capa de luces multicolor se roba las miradas, brilla desde lejos.   

El dúo israelí toma posición. Desde el primer minuto se siente esa vibra de un set intenso. Acuático e industrial como un viaje en submarino a través de corales metálicos. La gente se transforma en peces multicolor. Cardumen que va de izquierda a derecha, contoneándose alegremente, se deja llevar por una dulce corriente marina de secuencia eléctricas. Luego de una hora que transcurrió a la velocidad de 15 minutos, Red Axes se despide. La gente agradece este gran acto con un fuerte aplauso. Las jornadas en este escenario han quedado suspendidas temporalmente. La fiesta sigue en los demás spots. Para nosotros y la mayoría de la gente es momento de retirarse a dormir para recargar un poco de energía para lo que viene.

El público sale tranquilo y jubiloso. Muchos siguen sin playera; qué importa si es de madrugada, nadie tiene frío. Mientras esperamos el taxi recuerdo que ese mismo sábado, más tarde, se presentarán Hercules & Love Affair y Boy Harsher en la Ciudad de México; y se realizará el Festival Catrina en Puebla.

Ya en el hospedaje del Airbnb, Hannia Novell nos actualiza. Durante varias horas, padres de familia de una secundaria que fue dañada durante el sismo del 19 de septiembre de 2017 bloquearon la circulación en Periférico para demandar a las autoridades locales que den mantenimiento a las instalaciones. Los favoritos para llegar a la final de la Liga MX son America y Cruz Azul. Todo listo en Madrid para la final de la Copa Libertadores entre el River Plate y el Boca Juniors.

Dormimos un poco. Al mediodía, más noticias a través de TW. Por primera vez en la historia de Miss Mundo, México gana el concurso; Vanessa Ponce De León fue coronada en la edición número 68 del certamen que se celebró en China. La gimnasta mexicana Alexa Moreno se llevó la medalla de oro en la prueba de salto de caballo en un torneo japonés. Debido a un problema climatológico que resultó en la cancelación de un vuelo de Houston a Puebla, Le Butcherettes cancela su participación en el Catrina; Descartes a Kant tomará su lugar. El 8 de diciembre es natalicio Jim Morrison y aniversario luctuoso de John Lennon.

En el transporte de regreso al festival, miro a Acapulco a través de la puerta abierta de la vagoneta (sí, el transporte colectivo circula con las puertas abiertas). Centro turístico por excelencia. En su nombre aún resuenan las historias de las celebridades internacionales que lo convirtieron en su sitio vacacional favorito. Figuras como Elizabeth Taylor y Elvis Presley se expresaban con cariño del puerto. El mismísimo John F. Kennedy pasó su luna de miel en este mágico lugar. Si bien su brillo y glamour se han deslucido gracias a la oleada de violencia física y simbólica que golpea al Estado, su encanto aún es palpable.

De nuevo, pasamos el filtro de seguridad del Pierre y llegamos justo en el apogeo de la pool party. Los 33º grados de temperatura son inclementes. Muchos se refrescan en la alberca; otros bailan debajo de un pequeño kiosco, muchos otros se pasean con cerveza en mano. La luz del día permite apreciar más detalles. Cielo despejado, oleaje tranquilo. Buena parte del público del festival es fitness. Cuerpos esbeltos y marcados por el ejercicio. Se dejan llevar por la música; para muchos el baile es como una rutina más, su favorita. La alegría en sus rostros y la facilidad con la que se dejan llevar por el ritmo los delata. La Luz Roja de San Marcos toca ritmos caribeños. Aunque el sol está que arde, los integrantes del conjunto musical no pierden el estilo y conservan su traje azul marino.

Wet Baes es el encargado de abrir el Escenario Adidas. Su electropop dulce convoca a las chicas muy cerca del entarimado. La decoración vegetal es ideal para el despliegue de su fresco sonido. El synth ochentero se acopla bien con los versos de aventuras adolescentes y amores joviales. “Midnight Caller” y “Goodbye” para corazones sensibles. “¿Cómo van? Esta siguiente canción ojalá fuera mía, es un cover de una banda que se llama Badbadnotgood“, confiesa Andrés Jaime. Teclado siniestro, inconfundible; se trata de “Speaking Gently”. Luego de un minuto, parece que algo no va bien, hay un problema técnico que no permite al baterista amarrarse al ritmo; decide pararla y pide una disculpa. “Dancing in the Dark” es un momento muy emotivo, una chica la recita para sí misma, suavemente con los ojos cerrados.

El Escenario Playa queda oficialmente abierto. Laid Back es el primer acto. El dúo danés de post-disco pone a todos a bailar suavemente. En ese justo momento en que el sol comienza a ceder y la arena ya no quema, suena “Beautiful Day”. Gran pieza musical que dura casi 10 minutos, se contrae y estira; de piano melódico a synth acuático. La gente se deja llevar, acompaña con especial carisma en los coros… “It’s a beautiful, beautiful, day today”. Hermosa postal.

Pausa para ir por una cerveza y tomar el fresco debajo de una palmera. “Acérquense, necesitamos calor, más calor”, se escucha en los repetidores contiguos a una alberca pequeña. Girl Ultra convoca a su gente. Poco a poco se van reincorporando las personas de regreso al Adidas, yo incluido. Su falda satinada con estampado atigrado se mueve con el viento al igual que su acaramelada voz. Con sus lentes verdes parece que ve hacia el futuro; hay relativamente poco público, pero ella se desempeña como si lo estuviera haciendo frente a una gran masa – cosa que logrará pronto, su nombre comienza a aparecer cada vez más en eventos–. La anterior vez que tuve oportunidad de verla fue en el Ceremonia 2018; en medio hubo un gig trascendental en su carrera: abrirle a Kali Uchis en El Plaza.

A mitad de la actuación del show de Girl Ultra, me muevo al escenario principal para ver la recomendación de un amigo: Neneh Cherry. Hay poca gente todavía, la tarde comienza a morir. Broken Politics, lanzado hace un par de meses, es el álbum que la puso de gira. Confesiones sinceras en forma de rimas, mirada crítica de una sociedad que necesita ser más tolerante. Usa los movimientos naturales del cuerpo al desplazarse y bailar para proyectar más su voz. Su actuación más que bailable y desbordante invita más a la reflexión y al agradecimiento de estar vivos para disfrutar el momento presente.

Turno de la descendencia de la figura más emblemática del reggae y el movimiento rastafari. Con sus características rastas, Julian Marley acompasa el ritmo de la tarde. El tiempo se dilata en Trópico. Suave y melódicamente, Acapulco se transforma en la embajada del ritmo de Jamaica en México. Su ritmo trasciende fronteras, apenas el 29 de noviembre pasado, la UNESCO declaró al reggae como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Algunos aprovechan la complicidad de la noche para fumar un poco de weed; yo voy por algo de comer.

Mariscos, hamburguesas, tacos, pizza, burritos, comida vegetariana y más. Yo me decido por unas alitas botaneras en salsa búfalo mientas suena el reggae. Miro mi teléfono, más información del mundo exterior. Childish Gambino, Drake, Beck, Dua Lipa, St. Vincent, Pharrel Williams y TOKiMONSTA figuran en la lista de nominados a los premios Grammy 2019. El resto nombres que me suenan, pero cuya música no he querido escuchar; quizá eso explica porque me entero un día después del anuncio oficial. En fin, la gran industria musical y los públicos masivos.

27% de pila. Debo cargar la batería de mi teléfono. Camino al Centro de Medios paso “Mirando a las Muchachas” en el escenario Adidas. El IMS se trae una fiestota. Camilo Lara sabe cómo enganchar al público. Extraño fenómeno, en cualquier festival siempre convoca a mucha gente; pero los actos individuales no se le dan.

Mientras mi celular recupera energía y yo bebo una cerveza, veo a Girl Ultra, Laid Back y al líder de Antibalas dar entrevistas con los pocos medios que hay. Circulan varios rumores sobre el acto sorpresa; los más optimistas dicen que será Metronomy

82% de pila; ya con eso la armo para lo que resta de la jornada. Saliendo del área de medios se escucha un beat potente y callejero. Álvaro Díaz se desplaza como una lagartija sobre las tarimas del Adidas. Va de un lado para el otro y de arriba para abajo. Siempre que puede, el boricua agradece a México por abrirle las puertas. Justo despide su set con el tema que le dio proyección internacional: “Super Xclusivo”.

Medio año después de su presentación en la CDMX como parte de la Semana Indie Rocks! 2018, Antibalas regresa a México para bien vibrar a Acapulco. En su colorido afrobeat existe la paz, la esperanza y la fraternidad. Es una orquesta muy completa que ejecuta con precisión. Los 11 músicos sobre el escenario expresan la alegría de vivir a través de percusiones, cuerdas y vientos. La energía, actitud y movimientos del líder me hacen pensar en Rafiki (El Rey León). Es como un guía espiritual que usa la música como vehículo que trasciende todas los idiomas para compartir conocimientos, sonidos de la naturaleza que resuenan desde tiempos ancestrales.

Ha llegado el momento del acto sorpresa. Suena un acordeón, de inmediato todos nos damos cuenta de quién se trata: Celso Piña. “Cumbia Sampuesana” para aflojar el esqueleto. Con su fusión de ritmos y guiños intergenéricos, “El Rebelde del Acordeón” tiene bien posicionados varios ritmos en el imaginario colectivo.Todos bailan. La peculiar mezcla de norteño con sonidero y destellos tropicales genera mucha emoción. De pronto hay cada vez menos espacio entre personas, la temperatura vuelve a subir. Piña hace una pausa para dedicar unas palabras al escritor colombiano Gabriel García Márquez, dedica la siguiente pieza al pueblo de ensueño de su obra magna: “Macondo”. De pronto todos se saben la letra y cantan, “Los Caminos de la Vida”. “Cumbia sobre el Río” y esto se transforma en una fiesta total.

Directo desde Nueva York, llega el Hip Hop de De La Soul al puerto. El trío es ultra conocido por sus colaboraciones con Gorillaz, “Feel Good Inc.” la más famosa. “Superfast Jellyfish”“Momentz” son otro par de tracks junto a la banda virtual más famosa del mundo. Los nombres de Beastie Boys, David Byrne, Little Dragon y Snoop Dogg también figuran en su lista de colaboraciones. Su presentación arranca con algo de scratch, luego un beat mordiente. Tras sentir el ritmo por unos minutos, saltan los “Fuck Donald Trump, Fuck Trump… Fuck that puta” a dos voces voces. El proyecto que lleva más de 30 años viajando por el mundo y tocando para gente de muchas culturas, reconoce que las políticas del presidente estadounidense están muy jodidas. La gente pone las manos en el aire en señal de comunión y así despega una intensa sesión de rap con sabor a funk.

Domingo.

Se viene el acto estelar, es momento de ir por otro trago. Me muevo antes de que termine el set de los neoyorkinos para evitar el tumulto y las filas en el baño, el cashless, y la barra. Ya listo para el plato fuerte del festival. Regreso a tiempo para ver cómo es montada la enorme bola disco, mientras reviso. TW. Cruz Azul pasó a la final de la Liga MX; el “cometa más brillante” del 2018 se puede ver a simple vista. Reviso la bóveda celeste sin éxito, aunque el cielo está sumamente despejado el brillo de la bola disco se roba mi atención.

Las canas se respetan. Con paso lento y parsimonioso, Giorgio Moroder hace su arribo a la tornamesa. En perfecto español agradece la oportunidad y dice “A ver qué sale esta noche”. Tal cual, venía más en plan de selector. Tenía muchas expectativas del live de la leyenda de las pistas de baile. Tras comprender que solo pondría rolas de modo aleatorio y sin gran mezcla, decido suspender el juicio crítico y dejarme llevar por el ritmo al igual que el resto de la gente. Qué importa si esta noche no viene muy inspirado, se respeta su posición dentro del universo musical. Los pasajes por Bee GeesKylie Minogue y Daft Punk fueron de los momentos más bailables y dulces. Con “Call Me” de Blondie se despide agradecido. Ojalá haya otra oportunidad de verlo.

Trópico está en su clímax. Antes de que llegue Black Madonna decido dar un último recorrido por el festival. En el Adidas, Jennifer Cardini tiene electrizado al público con un house semi-industrial. Camino buscando el Pop-Up Club donde está tocando Rosa Pistolas y en cambió me topo con el Club Rhonda, una carpa pequeña en la orilla de la playa. La entrada está enmarcada por un par de palmeras y un letrero neón. Dentro es como una almeja, del techo cuelga una especie de bola disco en forma de piernas femeninas. Los azules y morados se amplifican a través de los pequeños espejos. Iñigo Vontier se luce con un set electrónico, burbujeante y oscuro como las profundidades del mar. La arena suave sobre los pies descalzos la brisa marina, la noche a pleno. Mi momento favorito de Trópico 2018.

Miro el reloj; salgo de prisa. No quiero mirar atrás, tengo una sensación de ensueño. Temo que si volteo la mirada, el Club Rhonda desaparezca como si de un espejismo se tratara. Decido atesorar el recuerdo. El final de Black Madonna fue robótico y subliminal. Una voz robótica nos da consejos sobre cómo subvertir el orden estructural de la sociedad y divertirse sin complicaciones.

Las jornadas en el escenario principal quedan oficialmente cerradas. La fiesta seguirá todo lo que resta del domingo. En el Escenario Playa, los más fiesteros recibirán el amanecer; seguirán bailando el la pool party a mediodía y, por la tarde se mudarán al Adidas para rematar. Es todo para nosotros; debemos volver a la Ciudad de México, a la cotidianidad. ¡Hasta el próximo año, Trópico. Gracias por tanto!

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