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David Byrne en el Teatro Metropólitan

David Byrne en el Teatro Metropólitan

Cortesía
OCESA/Lulú Urdapilleta

04/Abr/2018

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Organización

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Ambiente

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Teatro Metropólitan

Artista(s)

¿Apropiación cultural?

En los últimos años la sociedad occidental ha vivido una serie de condiciones en las cuales integrantes de una pseudo-burguesía artística han intentado hacerse del control de expresiones culturales de sociedades de las que no son participes social, económica, política ni, por supuesto, culturalmente. El objetivo de este grupo de personas es retomar lo curioso, lo que representa al otro y poseerlo para hacerlo pasar por propio.

El Teatro Metropólitan vivió una noche en donde se encontraron dos músicos que representan visiones diferentes sobre retomar la influencias artísticas y culturales de sociedades alrededor del mundo. Propuestas contrarias que demuestran que el arte es un compromiso político.

El Instituto Mexicano del Sonido fue el encargado de abrir la noche en el recinto del centro histórico. Media hora de show se vivió para un auditorio que se encontraba a la mitad de su capacidad se impacientara por la aparición del ex líder de Talking Heads.

Un minuto después de las 21:30 H. llegó al escenario David Byrne quien ataviado con su, ya clásico, traje gris tomo asiento en medio del escenario para comenzar su presentación. Una decoración sencilla, pero que al estar mezclada con los juegos de luces que durante la presentación jugaron un papel muy importante creó la atmósfera perfecta para un show con una teatralidad exacerbada.

Pasaron los minutos y poco a poco el ensamble de músicos que acompañan a Byrne en esta gira entraron al escenario, todos portando el mismo traje, descalzos y siguiendo a David en un acto cuasi religioso-musical. Con más de cuatro décadas en el mundo musical, Byrne ha creado una sólida base musical que en sus diferentes proyectos se ha ejecutado con su particularidad y con base en las condiciones de posibilidad de cada proyecto.

La selección que hizo David para este concierto incluyó canciones de su más reciente disco American Utopia, clásicos de Talking Heads y una selección especial de su colaboración con St. Vincent. Cada uno de estos proyectos solo se relacionan por la voz que lo caracteriza, pero sonoramente tienen pocos puntos de relación entre ellos, pues cada uno surge a partir de contextos diferentes.

El gran diferenciador de David Byrne es que retoma cada uno de sus proyectos, pero junto con su ensamble los reversiona para generar una presentación homogénea que hace disfrutar aún más el show porque ninguna canción se siente forzada y todas entran dentro del libreto que el director de escena Byrne se ha encargado de armar para dotar de cada una de ellas partes de una coreografía que hace sentido particularmente y en su unión global.

Retomando el título de este texto y la introducción del mismo, la apropiación cultural ocurre cuando la persona que se apropia del elemento artístico está desligado de la realidad donde surge éste. David Byrne es todo lo contrario a este tipo de apropiación cultural, porque el ensamble que ha conformado es el mejor ejemplo de la multiculturalidad y de conjuntamente crear una serie de sonidos que les pertenecen.

Byrne conoce las culturas afro-caribeñas, sudamericanas y de Asia-pacífico, por ello no duda en utilizar todo el aprendizaje adquirido de estas sociedades para transmutar su sonido y alejarlo de sus inicios en Nueva York para incluirlo en creaciones musicales donde la nacionalidad se difumina para dejar que el arte guíe las creaciones. Percusiones y cuerdas llevan cada una de las canciones interpretadas durante la noche, cada una es una versión única de la canción pues Byrne nunca se queda estático y busca innovar en todo momento hasta con esos elefantes blancos que han construido su carrera como “Once in a Lifetime” o “The Great Curve”.

Pocos músicos deciden salir de su status quo para seguir creando desligado de sus inicios, la mayoría de las carreras solistas es solo regenerar el sonido una y otra vez para nunca trascender y quedar atado a un sonido primigenio. Byrne rompe con ello y decide hacer música desde diferentes géneros y sociedades, por eso puede crear una comunidad como lo hizo en este concierto; la conexión con la gente demuestra que la música es un lenguaje universal y que no es necesario apropiarse de una cultura para usar sus sonidos, lo que si es necesario es conocer esa cultura, comprenderla y sumar a talentos de la misma para la creación.

En el siglo XXI muchas personas utilizan elementos de culturas que no comprenden para mantenerse en las tendencias en diferentes disciplinas, pero en un mundo donde eso ocurre, saber que existen músicos con compromiso político y social como David Byrne es un aliciente, pues él nos da una cátedra de integración, que en este momento no existe y busca eliminarse para volver a la otredad clásica y seguir juzgando sin conocer para, así, mantener los prejuicios.

La noche terminaba, tras el encore que incluyó una canción de Talking Heads y una puesta en escena musical filipina, el público sentía que era el final del concierto, había un sentimiento de satisfacción porque todos sabíamos que presenciamos un show que será irrepetible. Fue en ese momento cuando Byrne y su séquito tomaron de nueva cuenta el escenario para el momento más emotivo y político de la noche.

“Hell You Talmbout” de Janelle Monáe fue la última canción que interpretaron. Y lo hicieron con un claro mensaje para nosotros, no debemos olvidar a las personas que se encuentran desaparecidas porque ellas siguen ahí perdidas por la culpa de gente despiadada, personas a las que que la vida humana no les importa. “Say his name” se repitió en el escenario y en las butacas durante cinco minutos, mientras uno a uno los nombres de personas que no están con nosotros fueron recitados, silencio abismal mientras se hacía el recorrido de los nombres, desesperación de vivir en un mundo donde alguien más puede decidir tu destino porque ejerce un poder fáctico. David Byrne hace política, sí, hace política porque su arte y estilo de vida son un acto político ligado a una efervescencia por mejorar el mundo y no dejarlo perder.

Byrne representa nuestros sueños por rescatar a las sociedades de personajes que solo nos dañan. Bajo el contexto en que los mexicanos nos encontramos, la elección de la última pieza musical nos motiva a nunca dejar de luchar por nuestros ideales.

David Byrne se retira del escenario, ahora sí, el concierto ha terminado, pero nos llevamos un mensaje para no detenernos y seguir combatiendo por un mundo mejor. El Metropólitan queda como testigo mudo de una noche maravillosa donde se creó una comunidad gracias a la música.

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OCESA/Lulú Urdapilleta

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