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CNTRL Fest en Pepsi Center WTC

CNTRL Fest en Pepsi Center WTC


Diego Figueroa

29/Abr/2018

Detalles

Organización

Producción

Ambiente

Lugar

Pepsi Center WTC

La perfección de una noche.

A pesar de la tromba que nos tomó a todos por sorpresa y que se llevó consigo una de las puertas de cristal del Pepsi Center WTC, además de provocar que explotaran los baños, la primera edición del CNTRL Fest inició sin contratiempos e impecable con la presentación de Nonotak Studio.

Sin importar que en el público hubiera menos de un centenar de personas, el dúo, conformado por la artista visual Noemi Schipfer y el arquitecto-músico Takami Nakamoto nos regaló un set potente, aunque distinto al presentado durante su última visita como parte de Mutek México. Con menos melodías que invitaran a bailar, pero igual de inmersivo gracias a la instalación de luz y sonido.

Conocido por tocar los teclados con The Horrors, Tom Furse subió al escenario como el segundo acto del festival. Mientras esperábamos pacientemente con una cerveza en la mano, lo que algunos creían que sería un DJ set cualquiera para pasar el rato dejó con la boca abierta y el ojo cuadrado a quienes esperaban música para mover los pies.

Mientras la tarde llegaba a su fin, Richard Devine fue el encargado de preparar el ambiente para The Horrors. Aunque al principio su set tornó bastante experimental, al final decidió tocar algo más amigable para los chicos con playeras de Gorillaz y Arctic Monkeys que comenzaban a apretujarse alrededor del escenario.

Exactamente a las 19:45 H, ni un minuto antes ni uno después, uno a uno los integrantes de The Horrors tomó sus posiciones en el escenario para presentar por primera vez en la Ciudad de México: V, su quinto álbum de estudio y el que logró consolidar a la banda como una de las más importantes de la escena psych a nivel mundial.

Para no perder la costumbre, las fallas de audio fueron el invitado especial de la noche. Afortunadamente, el ingeniero logró controlar la situación tras solo un par de canciones, haciendo que incluso “Sea Within a Sea”, que pase lo que pase siempre se escucha horrible, conservara su dignidad e hiciera cantar a los más jóvenes que se dieron cita en el lugar.

Tras poco más de una hora, sin encore ni ninguna otra sopresa, Faris Badwan y compañía se retiraron de nuevo tras bambalinas, dejando un muy grato sabor de boca para los más fans de la banda, los que los conocimos 11 años atrás, pero les perdimos la pista y aquellos que no tenían idea de por qué los habían incluido en el cartel.

Después de una corta pausa para recargar energías e ir al baño, Mateo Lafontaine apareció detrás de la consola para presentar una nueva versión de Década 2, proyecto legendario que puso a México en el mapa de la música electrónica y que, 27 años atrás, compartió escenario con Front 242 en su primera visita a nuestro país.

Lo que en su momento fuera un dúo, ahora es solo Mateo soltando secuencias y haciendo las voces de canciones icónicas como “Música electrónica” y “Los decretos del poder”. Si bien hasta ese momento todos los actos del festival habían sido buenos, Década 2 prendió la chispa y espantó a quienes seguían esperando encontrarse entre la gente a alguno de los integrantes de The Horrors.

Cerrando su set con “Der Mussolini” de DAF, Mateo nos dejó más que listos para lo que venía. Playeras de Skinny Puppy, Suicide Commando y Einstürzende Neubauten pululaban por todos lados cuando Doug McCarthy tomó entarimado al lado de su más reciente proyecto, Black Line.

A ocho años de haber visitado la Ciudad de México con Nitzer Ebb, McCArthy apareció frente un público fiel para presentar un set de nuevas canciones que a pesar de que poseen la fuerza que lo caracteriza, se quedan un tanto cortas. Incluso, algunas bien podrían ser baladas más que algo para agarrarse a patadas en la pista de baile.

Sin importar que muchos lo esperamos y rogamos porque pasara, Black Line no tocó ninguna canción de Nitzer Ebb; aunque esto no significó para nada una pérdida de tiempo. Su presentación fue impecable, solo que puede llegar a ser complicado quitarse de encima el peso tan grande de una banda como Nitzer Ebb.

Pasaban de las 23 H. y los pies comenzaban a hincharse mientras varios desafortunados caían en las esquinas de lugar víctimas del alcohol. Justo cuando era su momento de salir al escenario, el staff de Gary Numan se tomó 10 minutos más para terminar de montar. Dando lugar al único retraso de todo el evento.

Por fin, las luces se apagaron y un incandescente sol fue proyectado en las pantallas, cegando de manera instantánea a cualquier incauto que volteara a verlas directamente. Desde el primer segundo, “Ghost Nation” derritió oídos y pegó directo en el pecho de los miles que para ese momento abarrotaban la plancha del Pepsi Center WTC.

Fieles a la temática postapocalíptica de su nuevo disco, Savage (Songs from a Broken World), Gary y su banda aparecieron ataviados con raídos camisones. Sin tregua alguna soltaron “Halo” seguida de la clásica “Metal” y “The Fall”, mientras el cerebro se nos escurría por la nariz.

Como era de esperarse, la más bailada, coreada y grabada fue “Cars”, mientras que una de las más impactantes fue “My Name is Ruin” para la que aunque no salió a cantar su hija, quien originalmente hace los coros de la canción, fue proyectada en las pantallas para acompañar a su papá.

Por tratarse de una de las presentaciones más especiales del festival, después de tocar 14 canciones Gary Numan volvió para dar un encore que originalmente estaba compuesto por tres temas, pero se quedó solo con “Are ‘Friends’ Electric?” para compensar el retraso al inicio de su presentación.

Sin importar que fuera casi la 1 H., las filas para la cerveza seguían siendo interminables. Viejos amigos se saludaban y se tomaban fotos mientras esperaban el plato fuerte para la pista de baile. Incluso, entre el público se distinguían stompers alemanes (¿o belgas?) uniformados y listos para ver a Front 242.

Por fin empezó a sonar “Happiness/Modern Angel” y la tierra se detuvo. Gracias a los litros de cerveza derramada el piso era una trampa mortal, aunque no fue pretexto para apretujarse al centro, saltar y bailar. “Body to Body” fue la primera en ser coreada con los puños en el aire, mientras que con “Moldavia” empezaron a caer al suelo los primeros distraídos que no veían dónde pisaban.

Contrario a lo que uno se espera cuando escucha Pepsi Center WTC, el audio fue casi perfecto y canciones como “Commando Mix” siguen y seguirán sonando en nuestra cabeza por un par de días más. No hay una sola persona que pueda decir lo contrario.

Tras hora y media que se fue como agua entre los dedos, Front 242 se despidió del CNTRL Fest dejando claro que, por mucho, este show quedará grabado como uno de los más memorables.

El cansancio ya era casi insoportable para muchos que se enfilaron hacia la salida, pero para otros la noche aún era joven y decidieron volver a la pista para bailar con Luke Vibert. Algunos pocos, aún conscientes, trataban de mantener la compostura al moverse, mientras que otros menos afortunados se retorcían cual gusano con sal; era de entenderse tras más de 10 H. de música y aparentes tragos sin fondo.

Con esta grandiosa primera edición, Euritmia y Noiselab se han ganado el cariño y la fidelidad de un público que es capaz de seguir a sus bandas al fin del mundo. El tiempo dirá si podrán superarse a sí mismo o, por lo menos, continuar con la misma calidad de este primer CNTRL Fest.

FOTO:


Diego Figueroa

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