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A 35 años del 'Black Celebration' de Depeche Mode

A 35 años del 'Black Celebration' de Depeche Mode

17/Mar/2021

Black Celebration: ¿Por qué Depeche Mode es más que una banda de sencillos?

“La gente no tiene nada que celebrar en la vida”, sentenció Martin Gore durante una entrevista con NME en la primavera de 1986. Para algunas personas, las palabras del compositor resultaban realmente fastidiosas. Incluso Dave Gahan catalogó el hastío de Gore como «un comportamiento adolescente».

¿Había razones para conservar la narrativa pesimista de una realidad post industrial? Cyndi Lauper recorría el mundo con la gira True Colors y —pese a la pugna económica, político y cultural—Bananarama ganaba públicos a los que les gustaba creer en los títulos de True Confessions.

Mientras tanto, las emisoras británicas saturaban la programación con canciones de los Pet Shop Boys en las que se intentó dar la vuelta a la atmósfera hostil y ambivalente de las urbes europeas. ¿Esa no era una de las promesas de Depeche Mode en “Boys Say Go!” y “I Sometimes I Wish I Was Dead”?

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Black Celebration no solo es un álbum áspero en su ritmo y composición lírica. El proceso en sí mismo fue un paralelismo al anticipado derrumbe del Muro de Berlín. Los estudios Hansa fueron epicentro para muchas bandas. Depeche Mode no fue la excepción. Basta escuchar los primeros versos de “Fly on the Windscreen” y “World Full of Nothing” para corporizar las salpicaduras de la Guerra Fría: La muerte está en todas partes/ La mosca en el parabrisas es un recordatorio de que podemos ser destrozados/as.

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A lo largo de los 80,  MTV y K-ROQ FM lograron que “People Are People” se convirtiera en el motivo de reunión de adolescentes en San Francisco, Boston, San Diego, Washington D.C. y Pittsburgh. A pesar de las pocas —por no decir nulas—críticas favorables que obtuvo Construction Time Again (1983), la Depeche-Mania fue una de las rupturas más importantes en la distribución musical del siglo XX. Para 1985, los singles de Catching Up with Depeche Mode pudieron llegar por contrabando a los clubs de fans de la capital polaca y rusa.

Martin Gore no exageró al afirmar que “corrompieron el mundo”.  Sin embargo, el ser una banda de pop no les dio la inmunidad de la que tanto presumía el compositor. A medida que “See You” y “Love, in Itself” alcanzaban los primeros lugares en los charts, los integrantes de Depeche Mode experimentaron una incomodidad similar a la de Gary Numan. Ni Telekon (1980) ni Some Great Reward (1984) pudieron anticipar los daños colaterales de una entrada innovadora y experimental al mainstream. Quizá esa era la trampa implícita en “Stories Of Old” y “We Are Glass”.

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Tras 81 conciertos en el Reino Unido, Italia, Grecia, Norteamérica y Japón, Alan Wilder, Dave Gahan, Andy Fletcher y Martin Gore consideraron retirarse, pues su labor ya no solo consistía en superar el número de tickets de Duran Duran. La industria estadounidense atravesaba por un periodo en el que se quería recuperar el “rock clásico”.

La gran mayoría de los corporativos ignoraban las propuestas de new wave y post punk. En Europa, el contexto era un poco distinto. Fad Gadget elevaba los estándares de lo que se podía lograr con los sintetizadores y la reivindicación industrial de Cabaret Voltaire parecía prometedora. Con el lanzamiento de Micro-Phonies (1984), el sector musical identificó el potencial del sampling.

Rumbo a la segunda mitad de los 80, el público devoto a Speak & Spell  (1981) empezó a diversificarse. Algunas/os fans dejaron la pubertad y empezaron a preguntarse sobre lo que podían esperar de un entorno en el que el amor se declaraba en un inevitable declive.

Depeche Mode no podía continuar presentándose como una banda de singles. Como muestra de ello se tuvo la poca aceptación de “It's Called A Heart”, un desacierto que Alan Wilder adoptó como una frustración propia. El necesario cambio de ruta musical no fue lo único que marcó la crisis de Depeche Mode. Más allá de los disensos entre Wilder y Gareth Jones, el retraso de la entrega de Black Celebration se debió a la disparidad entre los proyectos personales de Gahan y Gore.

Mientras Martin Gore disfrutaba de los beneficios del fetichismo, Dave Gahan mostraba un mayor rechazo a convertirse en el mal augurio de The Buggles. Ante el repudio de enlistarse en las figuras que se estancaron en la dinámica de Video Killed The Radio Star, se mudó a una provincia alemana. En una charla con Danny Nelly (NME), el vocalista señaló lo siguiente:

Pienso que Martin está haciendo todas las cosas que hacía a los 16. Todo ese rollo sobre el hastío es exactamente la actitud que tenía a esa edad. Iba a clubes con gente mucho mayor que yo. Me ponía toneladas de maquillaje y ropa extraña (...) Si voy a un club, lo único que me importa es pasarla bien (...) Pero Martin dice que odia salir a la calle y  sentirse normal. En el momento en el que se ve envuelto en una situación normal, se asusta”.

Meses previos a la escritura de Black Celebration, Gahan advirtió públicamente que la banda podría pasar a segundo término, pues quería formalizar su compromiso con Joanne Fox. Aunque Dave fue el único que habló de paternidad, Alan y Andy también estaban en búsqueda de un hogar fijo. La narrativa hegemónica —y presuntuosa— de la “madurez” causó cierta fricción entre los integrantes. “Tenemos la teoría de que Martin es un soldado holgazán que escribe un álbum entero en una tarde. Pero dice que no lo ha hecho porque así puede tardar más, pensar en otras cosas y hacer nada”, sostuvo Alan Wilder en una entrevista para Back to the Wall.

Black Celebration Era

A esto se sumaron los encontronazos entre las propuestas conservadoras (Gore y Fletcher) y las “intrépidas” (Wilder y Gahan). También se suscitaron algunas discusiones en torno a la tecnología. Al tener como antecedente a los Silicon Teens con Music for Parties (1980), Alan Wilder insistió en que la innovación no solo tenía que ver con las narrativas o melodías, sino con el propio proceso de producción. Desde su perspectiva, Black Celebration tenía que incorporar el motivo instrumental de “Master and Servant” y las posibilidades sonoras del Synclavier. Según relató Daniel Miller (Mute Records):

Alan se había convertido en un experto en técnicas de estudio, pero coincidimos en menos cosas durante la grabación de este disco que en el pasado. Parte del problema era que Martin no había decidido completamente de qué forma quería las canciones. No era un álbum muy popero y esa era una de nuestras preocupaciones. El cometido de cada uno se difuminó.”

“Your optimistic eyes seem like paradise to someone like me”:

Inicialmente, Depeche Mode iba a grabar Black Celebration en Londres. No obstante, las coberturas de Bravo, NME y Melody Maker daban algunas pistas de dónde se encontraba el cuarteto. Al igual que The Birthday Party, Alan Wilder, Dave Gahan, Andy Fletcher y Martin Gore se refugiaron en el número 38 de Köthener Straße. Cuando le preguntaron a Gareth Jones sobre el proceso creativo dio una respuesta similar a la de Robert Smith con los resultados de Pornography (1982).

16 semanas es un largo tiempo en un estudio de grabación. Fue muy estresante. Decidimos hacerlo sin darnos tiempo libre porque queríamos vivir el disco (...) Hacer Black Celebration fue una tarea de titanes. Ahora, con la experiencia que tengo, estoy seguro que nunca repetiría algo como aquello”.

Uno de los mayores errores al relatar la trayectoria de Depeche Mode es el marcar una distancia cronológica entre Construction Time Again (1983), Some Great Reward (1984) y Black Celebration (1986). Aunque estas producciones no conservan los intervalos de los trabajos de Gary Numan y David Bowie, hay ejes que permiten pensar en una trilogía de Depeche Mode: ¿Qué implica aproximarse a la edad adulta mientras se desmorona el mundo?, ¿Por qué las y los adolescentes encontraban atractivo entonar “More Than a Party”, “Blasphemous Rumours” y “Stripped” en  ciudades fallidas?

Black Celebration no solo es valioso por poner a prueba las dinámicas de la industria europea y estadounidense (“A Question Of Time”) o por potenciar el talento y profesionalismo de mujeres como Sandy Aloutte (MTV y Sire Records), Janie Spiers (productora de conciertos en el Reino Unido) y Susan Ottaviano (Book Of Love).

Black Celebration fue la clausura de una trilogía con la que Depeche Mode dejó de ser una banda de singles para convertirse en uno de los proyectos más disruptivos y ambiciosos del siglo XX. Martin Gore, Dave Gahan, Alan Wilder y Andy Fletcher retrataron la disputa entre los Estados Unidos y la Unión Soviética (“New Dress”), denunciaron slogans turísticos de capitales malogradas (“Stripped”), se empeñaron en hacer del amor la única religión a la cual ser devotas/os (“Here Is the House”) y ampararon a jóvenes que eran testigos de cómo sus familias se diluían a la par de un proyecto político-cultural que nunca se consolidó (“A Question Of Lust” y “A Question of Time”).

Puede que Martin Gore tenga razón y sigamos sin encontrar una razón para celebrar. Sin embargo, su afirmación resulta debatible. 35 años después del lanzamiento de Black Celebration, la apuesta de Depeche Mode es la misma: Agrietar la cotidianidad.

“You can’t change the world

But you can change the facts

And when you change the facts,

You change the points of view”

No es una revista, es un movimiento.