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Pearl Jam — Gigaton

8

Pearl Jam
Gigaton

Monkeywrench Records / 2020

Artista(s)

Pearl Jam

Gigaton de Pearl Jam: Música para cruzar el río.

“Who Ever Said”, tanto tiempo, tantos cambios, nuevas vidas e historias que dejamos atrás, ya no son esos tiempos de consumo musical en el que un disco giraba y dictaba el pulso de nuestro sentir. Si no es un leak, debemos esperar hasta el día en el que nuestro servicio de streaming preferido ponga a disposición la música ansiada, o mejor aún, en un ánimo de nostalgia, ir a la tienda de discos ese mismo viernes para ver si ya está disponible el artilugio que tanto esperamos para llegar a casa y comenzar el ritual: dar play, escuchar con atención, y quién lo diría, arrastrarnos a nuestra adolescencia, cuando los audífonos no tenían tanta fidelidad, cuando la pila del Discman se terminaba y hacíamos coraje porque no teníamos más disponibles. Quién lo diría, las circunstancias ahora han cambiado, y en la comodidad del home office obligatorio, a través de la computadora que nos proporciona la empresa de la que somos esclavos, subiendo el volumen a tope sin temor a que nuestros padres nos regañen, volvemos a enardecer con música de Pearl Jam, tantos años después. 

“Superblood Wolfmoon”, “ask for forgiveness”, por todo lo que has hecho bien o mal y que al final ha resultado contraproducente, porque todo lo que has dicho al final será usado en tu contra, y el aullido de dolor ante la luna nueva que promete tanto y nada cumple de nada servirá. Pero esa música, esa intensidad que te atrapa desde el siglo pasado, ese ímpetu de vitalidad y desahogo siempre estará contigo, nunca te abandonará, semper fi, never die. 

“Dance of the Clairvoyants” fue el primer coqueteo de Pearl Jam con sus nuevos y viejos escuchas, “suena a Arcade Fire”, alguien me comentó al respecto de la experimentación que se puede apreciar en este track, y el romper del silencio de esta banda que nunca deja de girar por el mundo, pero que en el estudio se reencuentra de vez en cuando para seguir creando himnos. Cambios de ritmos e instrumentos, la misma mística pero diferente proceso de maquila, ya no son los tiempos de Ten, el grunge es un concepto que vendió revistas, un género para nombrar playlists, una era que dejó legados y esbozos en estos días donde hacen falta las guitarras. “Quick Escape” y el galope del corcel que sigue avante ante las nuevas tendencias, para qué ganar likes en un video viral si sigues llenando estadios, por qué tratar de agradar a los fans que lloran junto a Dua Lipa por la filtración de su disco si la emoción que te causa una banda que te ha acompañado ya gran parte de tu vida sigue siendo la misma. Ahora hasta escuchamos samples de transmisiones y solos y riffs difusos de Mike McCready. La evolución instrumental hacia el final de este tema es brillante. 

“Alright”, pulsiones que llevan al amanecer de un folk eléctrico y la voz siempre evocadora de Eddie Vedder: You can't hide the lies in the rings of a tree. If your heart still beats free. Keep it for yourself”, está bien quedarnos solos para escuchar así el latido de nuestro propio corazón, el sol siempre saldrá en la isla de nuestra soledad, en tiempos de cuarentena es cuando más debemos concentrarnos por estar bien. Está bien fallar, pero nunca desaparecer. “Seven O’Clock” y de nuevo el candor de este nuevo sonido, experimenta o muere, pero mantén esa mística que te ha convertido en un referente de vida, una inspiración inmortal, una de esas bandas que se queda contigo toda la vida. “Never Destination” para seguir musicalizando esos road trips internos o hacia la nada, solo tomar la carretera al estilo Jack Kerouac para despejarnos y que el ritmo del bajo de Jeff Ament nos guíe como los colores de los carteles de los Ames Bros, como las evoluciones de Matt Cameron, como las cuerdas eléctricas que se entrelazan siempre en perfección.

“Take The Long Way”, insiste en mencionar en que cualquier tiempo pasado fue mejor haciendo air guitar, que importa que la gente piense que eres un necio amante de lo retro si es que las frases vacías de J Balvin no te provocan, si es que el ritmo repetitivo no te atrae, si lo tuyo es apreciar antes que caer en lo inmediato, desmenuzar, analizar, hasta incluso, qué tipos de efectos usan las guitarras, que tantos paneos puedes apreciar en este tema, cuanta fidelidad es necesaria para escuchar un álbum en su totalidad, ese arte perdido de la completa apreciación antes que los sencillos con nombres de colores que salen cada semana. “Buckle Up” y recordar esa transición del VS al Vitalogy y de como Pearl Jam nunca se quedó en lo mismo, llegaron los acordeones, los haikus, los cambios que alteraban a los fans pero que los mantuvieron con ellos. “Comes Then Goes”, largas letanías para mantener un legado, la guitarra acústica que desde las orillas del Mississippi procuraron la inmortalidad del blues, las voces a coro que nos llevan al cielo como en las viejas capillas y la luz del gospel, todo lo que viene y va y que es musicalizado por los arcanos, aquellos que nos saben tanto sin habernos visto nunca. 

“Retrograde”, los planetas no nos rigen, “the more mistakes, the more resolve”, no culpemos a mercurio por nuestras atrocidades, “River Cross” para el final perfecto y el mensaje de esperanza que ciertamente necesitamos todos en estos momentos de pandemia, aislamiento y distancia, ya sea obligatoria o circunstancial, porque la música seguirá sonando mientras no podamos salir, porque la lírica nos seguirá sanando aunque ese alguien a nuestro lado que ya se ha ido desde hace mucho ahora está empacando sus cosas. Mientras nuestras mascotas sigan a nuestro lado mientras escribimos y duermen sin preocupaciones dejaremos de pensar en cruzar el río, y cuando eso pase, ellas estarán ahí, antes que todos aquellos que decidieron que no podían más.

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