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Santa Sabina en el Teatro Metropólitan

Santa Sabina en el Teatro Metropólitan

Cortesía
OCESA / Paulo Vidales

28/Sep/2019

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Teatro Metropólitan

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La eternidad de una despedida en el Teatro Metropólitan (Gracias).

"No te andes por Avenida Juárez… presenta tu credencial. Y llégale por otro lugar, el eje central te puede acercar".

Alameda Central, Palacio de Bellas Artes… ¡Teatro Metropólitan! ¡Oh sorpresa! Aún son visibles los vestigios del disturbio capitalino dos días después del aniversario de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Todavía son latentes los daños causados en el histórico cuadro de la Ciudad de México por la marcha que captó la atención de propios y extraños hace dos días.

Aquel viernes 27 de septiembre de 2019 fue cómplice del caos citadino, tal como nuestra urbe nos tiene acostumbrados. Horas antes la avenida de los insurgentes – típico conector vial para los habitantes de la selva de asfalto – era un campo de batalla entre sindicalistas y detractores del Sindicato Mexicano De Electricistas. Pocos pensarían que horas después de todos estos sucesos una de las bandas más importantes que ha parido el rock nacional estaría diciendo adiós definitivo a los escenarios.

¿Quién diría que 15 años atrás los mismos artistas que este viernes pisaron el mismo escenario del Teatro Metropólitan estarían aun acompañados de uno de los mitos más importantes dentro de nuestra escena rockera como lo fue la inmaculada Rita Guerrero? Mismo lugar, diferente postura. Aquellos muchachos visionarios que acumulaban elogios por sus actuaciones en el mítico Rockotitlán, ahora se visualizan 30 años después de su primera tocada, cuando la simple aventura terminó por forjar a la leyenda, el día en que los profanos se convirtieron en santos no reconocidos por los católicos, romanos y apostólicos.

Pero ¿quién necesita el reconocimiento mediático para ser un gigante de la música de principios de los 90? Prueba de ello es el semblante de todos aquellos mortales que llegan plenos, pero nostálgicos a su cita al recinto de la avenida Independencia número 90. Rostros resignados a su encuentro con el ultimo rock, el ultimo adiós masivo a la vampiresa del rock mexa y su legado, así como a la memoria de Julio Días (batería) y así unirse al encuentro con la experiencia cuadrafónica preparada con meses de anticipación por parte de Santa Sabina. Una propuesta sonora pocas veces vista y planteada por una banda mexicana.

Concierto Santa Sabina, Teatro Metropolitan. Foto: Paulo Vidales/OCESA

Tomando como presagio aquella canción de Los Ángeles Negros “Debut y despedida”, la banda conformada por Alfonso Figueroa, Alex Otaola, Jacobo Lieberman, Juan Sebastián Lach, Pablo Valero y Patricio Iglesias dieron el último adiós frente a su fiel público chilango, brindando un recital excelso que fue planeado estratégicamente para ser un madrazo musical, comprometido con ofrecer un digno cierre a su carrera, una experiencia sonora sin igual llena de sorpresas y variedad en todos sus aspectos.

El ritual místico dio inició con una obertura que enfatizó con “Incierto Destino”, un espeluznante preámbulo para lo que serian las siguientes 32 canciones reunidas en un solo momento de hermandad banda - fanáticos. Un ensamble de músicos conformado por el Coro Virreinal Rita Guerrero, el Coro Eliseo, Santa Sabina, bailarinas, chelistas, sección de vientos y un sinfín de invitados de alto calibre fueron los protagonistas de una noche inolvidable que sin duda fue y será irrepetible en la historia de la banda.

Un performance aludiendo a una ceremonia prehispánica en honor a la sacerdotisa de los hongos, María Sabina, con rezos en náhuatl por parte de Alfonso Figueroa, fue el inicio de un festín marcado por la nostalgia y la negación de algunos fans a decir hasta luego. Los acordes de “Laberintos” dejaban entre dicho la pronta incorporación de la empoderada Iraida Noriega para dejar una excelsa interpretación de “Ojalá fuera tu voz”, marcando claramente el paso demoledor de lo que sería una noche de ensueño que fungió como repaso de todas las glorias de la banda.

La parte musical fue acompañada todo el tiempo de elementos visuales verdaderamente sobresalientes, aderezando a la perfección la experiencia durante el concierto. La brutalidad del sonido conjugado por todos los artistas arriba del escenario merece una mención verdaderamente honorifica. La guitarra ejecutada por Alex Otaola terminó siendo un deleite que de paso prueba que es uno de los mejores ejecutores en nuestro país. Así de sencillo.

Concierto Santa Sabina, Teatro Metropolitan. Foto: Paulo Vidales/OCESA

La noche apenas estaba agarrando el ritmo cuando “La Daga” sorprendió a la fanaticada y de inmediato evocó recuerdos de aquellos años de Mar adentro en la sangre y esa clara influencia del expresionismo alemán heredada del Gabinete del Doctor Caligari.

Siguiendo con el repaso – más que justo – de toda la discografía de la agrupación capitalina, llegaba el turno de la mística “Babel”, un agasaje barroco de principio a fin, que sirvió como introducción para que el Coro Virreinal Rita Guerrero deleitara al público con una versión imponente de “Olvido”. Las emociones fueron aumentando cuando llegó el momento de darle la bienvenida a Ximena Mor, invitada de lujo que comenzó su magnifica participación interpretando “Lamento” dejando clara la escuela vocal que Rita Guerrero dejó a muchos artistas en varios sectores de la música a pesar de su ausencia.

La mención honorífica se la lleva la variedad musical que la banda oriunda de la Ciudad de México impregnó, partiendo de nuevas versiones apoyadas por los coros, pasando por la cantidad de invitados que no decepcionaron en ninguna de sus intervenciones, hasta la introducción de voces sampleadas de Rita en canciones como “Una canción para Louis (Vampiro)".

Resultó emotivo el fervor con el que artistas como Salvador Moreno de La Castañeda, y Dafne y Sandra de Descartes A Kant imprimieron en sus actuaciones, desplegando aplausos y elogios de los asistentes. Siguiendo con la energía a tope y el despliegue de simbolismos alusivos a Rita como vestuarios e imágenes, canciones como “Alas negras”, “Miedo” y “Estando aquí no estoy” fueron un verdadero vendaval para los asistentes al Teatro Metropólitan.

Concierto Santa Sabina, Teatro Metropolitan. Foto: Paulo Vidales/OCESA

Una de las sorpresas más llamativas fue la invitación de Alfonso André – el padrino de la banda – por parte de Alfonso Figueroa para cantar una canción nunca antes grabada por Santa Sabina, llamada “Rinoceronte”. curioso haber podido apreciar a Alfonso tomar sobre el escenario unos rototoms tal y como lo hacia en la década de los 80 con Las Insólitas Imágenes de Aurora.

Las notas de “Vacío” también acompañadas de la voz de Alfonso André comenzaron a anunciar el cierre del recital, para sorpresivamente cambiar a la caótica “Mirrota”, que hizo que todo el teatro se pusiera de pie para descontrolarse e invadir pasillos para poder bailar y saltar como una sola alma. Por si no fuera suficiente los micrófonos anunciaron a Jessy Bulbo como la elegida para cantar “Chicles” y rematar de forma despiadada.

“Gasto de saliva”, “No me alcanza el tiempo”, “Azul casi morado”  y “A la orilla del sol” fueron clásicos que no pudieron faltar en la celebración de los testigos de una historia como pocas en nuestra música. Una ovación de pie de parte de los asistentes fue la clara sentencia de la convocatoria que Santa Sabina tiene y tendrá como legitima contribución a la escena rockera mexicana. Las lagrimas de algunos asistentes y gritos de apoyo no se hicieron esperar cuando el escenario del Teatro Metropólitan quedó en penumbras para solamente dejar aquel micrófono con rosas enredadas en su mástil que solía usar Rita, acompañado de una grabadora que posteriormente reproduciría una ultima canción, una ultima canción que confirmó que el espíritu de la mítica cantante sigue presente, y seguirá allí mientras su gente se aferre a su recuerdo.

El fin de la travesía se dio con “El ángel”, canción memorable, idónea para cerrar con broche de oro un recital de altas proporciones, una digna despedida para un legado que duró más de treinta años, un hito ecléctico llamado Santa Sabina. La salida del recinto es triste, pero es tajante al momento de asegurar que fueron dichosos todos aquellos que estuvieron dentro, que aquella noche una estrella brillaba más que las demás. Sonríe Rita, que la música te dio voz, y tu voz te hizo inmortal. Gracias por tanto, Santa Sabina.

REDACCIÓN:

Marco
Yirel Ruiz

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Cortesía
OCESA / Paulo Vidales

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