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Festival Waco 2015

Waco, el festival más guapo.

Mientras la mayoría de las miradas y la emoción giraban alrededor de Guadalajara y su Festival Coordenada, nosotros nos embarcamos en un viaje de 12 horas por carretera, para ser acariciados y arropados por el rico calor de Torreón y su guapo Festival Waco.

Waco es un festival pequeño, pero que enamora con su propuesta sencilla. Es como estar en una fiesta en donde no conoces a nadie y estás a muchos kilómetros de distancia, pero que entre la música, los tragos, el baile y la belleza femenina de Torreón, hace que termines sintiéndote más a gusto que en casa.

Después de un largo viaje, un desayuno de campeones y un pequeño descanso para cargar las baterías del cuerpo, por fin llegamos a La Bombonera, una pequeña cancha de fútbol rápido acondicionada con un escenario principal, foodtrucks, carpas para taparte del sol y puestos de mercancía de colores, de esa que los muchachos hipsters tanto anhelan.

La música comenzó con el surf de Los Mecánicos, un trío de adolescentes que a pesar de no haber mucha gente durante su set, trataron de no reflejar el nervio que se les veía en los ojos por tocar en un festival.

El primer momento grande se dio con el pequeño y enamoradizo Dromedarios Mágicos. "Valen mil, yo soy Dromedarios Mágicos, de Chihuahua, Chihuahua. Esto se va llenando cada vez más, como mi corazón de lágrimas", dijo el músico. Dedicando canciones a las morritas y hasta invitándolas a darse una vuelta por la habitación de su hotel, el pequeño Dromedarios estrenó canciones de lo que será su disco debut, además de regalarnos joyas como "Mildred" y "Pistache". Simplemente Dromedarios Mágicos es amor.

Los siempre vagos de O Tortuga dieron su primer concierto en Torreón, el cual resultó divertido. Con su garage surfero de banqueta, los acordes de "Mi Amor es el Mar", "Palma Linda", "Ferrari" y "Ovni", hicieron que los chilangos pusieran a mover los huesos y caderas de la gente que ya tenía ganas de agarrar la fiesta.

Aunque el clima de Torreón se portó buena onda y no nos derritió la cara con su calor —como temíamos—, los hermanos Sotomayor fueron quienes subieron la temperatura de manera Salvaje: "Grita Torreón, no pares". El atardecer ya nos coqueteaba y no hubo manera para no dejarse querer por los ritmos tropicales y sensuales de "Pum Pum", "Morenita" y "Cielo".

"Alce las manos quien aún colecciona discos", con este grito de guerra e invitados de lujo como Serko Fu y gente de Los Caballeros del Plan G, Lng/SHT nos dio una cátedra de rimas y nos sacudió el cerebro con sus verso llenos de verdades con rolas como "El Club de los 27", "Muchacha" y "El punk rock arruinó mi vida".

Antes de que llegara el acto más esperado del festival, Sunsplash dio un set lleno de loops y secuencias tropicales que recordaron a "Alegranza" de El Guincho; un pequeño bocado electrónico que dio paso al fenómeno enamorador de señoritas, Caloncho.

La Calonchomanía se adueñó de Torreón, y vaya que se hizo sentir con los gritos, piropos, miradas de amor y cientos de propuestas indecorosas que la horda de mujeres lanzaba hacia el tapatío. Caloncho derrochó alegría y amor frutal, dedicando "Bésame Morenita" a sus enamoradas, aventando bananas al público, bailando despacito y haciendo que el bonito momento llegara cuando todas las parejitas de enamorados se quisieran romper el hocico a chupetazos.

El sonido pecador tomó posesión de Waco con la cumbia electrónica de El Sonido Satanás, quienes convirtieron la cancha de fútbol en una pista de baile sonidero digna de la colonia Guerrero. En Torreón se baila y se raspa el tacón salvajenemte, ¡sí, señor! La noche llegó a su clímax cuando soltaron un mash up de "Lean On" de Major Lazer, mezclada con "Bidi Bidi Bam Bam" de Selena. Hermoso y épico momento.

Perdidos entre la fiesta como zombis y con varias cervezas en la sangre —que por cierto cuestan la mitad de lo que sale una chela en un concierto en CDMX—, la noche nos fue comiendo de la mano de André VII, La Royale, y Sau Poler, quienes al ritmo de techno duro que trababa las mandíbulas, dieron paso al fin del Festival Waco.

Nos la pasamos tan bien en Waco, que ni las piernas entumidas por las 12 horas de regreso a nuestros hogares nos borrarán la sonrisa de la cara. Total, lo bebidos, apapachados y bailados, ya nadie nos lo quita.

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