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Vuelveteloca — Contra

9

Vuelveteloca
Contra

Independiente / 2020

Artista(s)

Vuelveteloca

Neo-psicodelia andina para delirar, experimentar y enloquecer.

Cuando hablamos de neo-psicodelia, generalmente recurrimos a la mención fácil -y hasta gastada- de bandas referentes como Tame Impala o King Gizzard & the Lizard Wizard. Que no se malentienda: son enormes grupos y su trabajo habla por sí solo, pero hay que voltear hacia nuevos horizontes de vez en cuando. 

En ese sentido, Latinoamérica encuentra a un excelso representante del género en Vuelveteloca. La banda chilena vuelve con su producción Contra para romper no solo con dos años de ausencia desde su último material; también lo hace para demostrar, de la mano de la tremenda producción de Pablo Stipicic, que los sonidos psicotrópicos, efusivos y enloquecedores también se pueden montar de manera perfecta “del otro lado del charco”. 

Vuelveteloca_2020

A través de seis delirantes tracks, la agrupación conformada por Marcos De Iruarrizaga (guitarra), Tomás Olivos (voz/guitarra), Juan Gili (batería) y Mauricio Lacrampette (bajo) ofrece la visión de un futuro aparentemente distópico y de la reconexión del ser humano con su lado más pagano, y lo hacen en su séptimo trabajo de estudio lleno de energía sin descuidar la producción elegante, detallista y la ejecución virtuosa. 

El viaje comienza con “Un Millón de Años” y su ritmo galopante sobre el que aparecen y desaparecen sutiles líneas de guitarra que rompen, por momentos, en furiosos rasgueos. La batería (mención honorífica para Juan) orquesta todo con su tempo que juega a una especie de divertido “sube y baja de intensidad”. 

Con “El Desierto”, la banda expone su lado más cercano al stoner rock con un riff poderoso que calla entre versos. Este tema es el ejemplo perfecto de lo atentos que debemos estar para escuchar las intrincadas secciones de bajo y los destellos psicotrópicos de guitarra que se esconden mientras la voz acapara el primer plano de nuestra capacidad audible: esa es una de las características esenciales del álbum. 

La psicodelia echa raíces en diversos géneros como el rock progresivo y el grunge. Esa combinación toma parte con “Calor”, pista que se sostiene en el bajo y los teclados (nuevamente hay que tener un oído atento aquí) para ambientarse mientras la distorsión y la calma se intercalan. Hay momentos enérgicos y de virtuosismo, como si de un hijo de Porcupine Tree y Soundgarden se tratara. 

Esta experimentación llena de momentos prog-rock continúan con Ciudades Subterráneas”, en la que se asoman vestigios innegables del lado más metalero y alternativo del grupo. Hay un par de conceptos que recuerda a Tool y otros más que coquetean con The Mars Volta en una amalgama frenética que no falla. La fórmula se recompone también en “La Sangre del Oro”, que debe ser el track que más secciones musicales, arreglos y breakdowns debe de tener. La pieza más virtuosa sin duda. 

“Puentes Etéreos” aparece para retomar el ritmo galopante del primer corte del disco, pero en esta ocasión sucede algo curioso: las partes más versátiles en cuanto a la ejecución se escuchan en los calmados versos cantados por Tomás y en los interludios, donde la canción se inunda de todo tipo de efectos y punteos de guitarra fantasmales y psicodélicos; etéreos pues. 

Contra de Vuelveteloca es un paseo por todas las ramificaciones posibles que la neo-psicodelia puede otorgar. El álbum cabalga entre el estruendo y la calma, la sutileza y la energía, el virtuosismo y la serenidad. Desde Chile para Latinoamérica y el mundo, en este disco hay -o debe haber- un tremendo referente de la música psicodélica actual.

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