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The Killers — Imploding The Mirage

8

The Killers
Imploding The Mirage

Island Records / 2020

Artista(s)

The Killers

¿Se puede alcanzar la gloria en donde un vacío persiste?

A pocas horas del estreno de Imploding The Mirage, parecía ser uno de los mejores álbumes de The Killers, por debajo del Sam’s Town y peleando el lugar con Hot Fuss, pero no podemos pedir más. La experimentación de Wonderful, Wonderful quedó atrás, pues en este cada tema está bien planeado y pensado.

Lo que para unos podría ser un álbum más, para otros una maravilla. En un mundo en el que parece que todo está arruinado, cumple, pero no sorprende. Los temas son predecibles, pero cada uno tiene un elemento; su encanto, aquellos que sirven para ornamentar cada canción, pero la repetición, los lleva a la perdición. Solos de guitarra que son enganchados después de una nota alta y larga, sintetizadores al estilo new wave y coros pegadizos que podrían cantarse una y otra vez sin llegar a cansarnos. Eso sí, con la esperanza de verlos de nuevo, con su rock de estadio.

La primera mitad del álbum ya la conocíamos, y en la que parecía que nos iban a presentar su mejor cara. “My Own Soul's Warning”, el primero de muchos himnos en el que la tranquilidad y algunos arranques de euforia son controlados por Shawn Everett. Asimismo, lo encontramos “Running Towards A Place” en el que los sintetizadores que recuerdan a The War On Drugs.

Las historias y discursos perduran, pues en “Dying Breed” Brandon Flowers renueva sus votos con potencia y voz firme. “Caution” parece remontar a las épocas de Battle Born y Day & Age  al resaltar la batería de Ronnie y la poderosa guitarra de Lindsey Buckingham. “Fire In Bone” es la primera propuesta con toque funk y diferente, en el que la línea de bajo resalta y que poco a poco se convierte en el pop convencional.

“Blowback” también cautiva con unos sintetizadores, que poco a poco se van perdiendo y regresan con intermitencia. Los teclados de Adam Granduciel sostienen la canción junto con una brillosa guitarra acústica. Las colaboraciones no se hicieron esperar, y en este caso funcionan pues la narrativa en las canciones toma otro curso. k. d. Lang en “Lightning Fields” le da fuerza al puente al ser uno de los personajes más importante de la historia, al mismo tiempo los coros ya no solo están al mando de Flowers. En “My God” tiene una energía celestial en los coros, marcando palabras importantes de la canción, sin embargo, el tiempo para Weyes Blood no es suficiente.

“When The Dreams Run Dry” cambia un poco, los deseos de salir corriendo y la inquietud se convierte en esperanza. Finalmente, como un cuento o un musical que ha llegado a su fin “Impoding The Mirage”, otro grito de esperanza mas no de triunfo. Los días de gloria para la banda cada vez se ven más lejanos e inalcanzables.

The Killers ha madurado en lo personal, mas no en lo musical, aun y cuando siguen encabezando los festivales más grandes del mundo. Difícilmente bajan el ritmo, buscando el éxito en cada canción. Lo celebro porque como fan, a veces es difícil desapegarse de todos los sentimientos que una banda ha provocado a lo largo de los años. Sin embargo, es un álbum que podría disfrutarse alrededor de amigos, desconocidos, coreando y entonando las canciones hasta que las voces sean una.

No es una revista, es un movimiento.