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Pulso GNP 2019
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Querétaro necesitaba su propio festival y con la segunda edición se consolida el sueño llamado Pulso GNP.

Tras un debut soñado, la segunda edición de Pulso GNP superó las expectativas. En 2018, cuando se anunció que MGMT y The Vaccines (ambos proyectos en plena promoción de sus respectivos nuevos discos) regresaban a México para encabezar este naciente festival, los reflectores cayeron de inmediato sobre Querétaro. Gran acierto para descentrar la escena musical de la República. El estado ha tenido un rápido crecimiento poblacional y comercial en los últimos años; necesitaba su propio evento masivo musical.

Manteniendo el mismo perfil de ofrecer exposición a bandas nacionales y complementar con proyectos internacionales de gran convocatoria. Este año en el cartel, figuraban los nombres de Los Blenders, Little Jesus, Siddhartha, Camilo Séptimo, Mon Laferte, Wolfmother, Caifanes e Interpol. Mención aparte para Mi Banda el Mexicano.

La logística de los espacios y los horarios fue dinámica. En los dos extremos opuestos del lugar, se instalaron los escenarios grandes. El principal y masivo del lado izquierdo respecto del acceso; el secundario, de similares dimensiones, del derecho. Al centro, dos pequeños, de espaldas uno del otro. La música no paró en ningún momento. Hubo buena sincronía entre los dos escenarios grandes; en terminando la actividad en uno, comenzaban las operaciones del otro. Mismo caso con los pequeños. De esta manera, el sonido nunca estuvo en competencia o se vio empañado. Lo complicado, como en todo festival, es decidir si ver un acto completo o salirse antes para alcanzar buen lugar en el siguiente. Eso sin contar los tiempos para descansar, comer, comprar cerveza o pasar al baño.

Los sets de los primeros actos duraron 30 minutos; los de media tarde fueron de 40 y 50. Los headliners tuvieron una hora. Caifanes y Mi Banda el Mexicano recibieron una hora con 10 minutos, por trayectoria y repertorio, obviamente.

En punto de las 14:00 H, Budaya se encargó de inaugurar formalmente la jornada. Jugando prácticamente de local, el dúo guanajuatense reunió a su fanbase del área, en su mayoría integrado por jóvenes debutantes. También, recibió y sorprendió al público que se apresuró a llegar desde temprano a las inmediaciones del Antiguo Aeropuerto de Querétaro para evitarse el congestionamiento vial. Con su ligero synth pop con mixtura dream pop, Maya Piña y Tulio Almaraz vestidos de rosa pálido pusieron a bailar a la gente. A muy pocos molestaron los 29º C de un calor seco.

Del otro lado, S7N estrenó el escenario principal. Puso a headbangear a los pocos metaleros de playera negra que había por allí. Aplauso por ofrecer opciones para gustos variados. Regresando al secundario, el surf rock de Los Blenders refrescó el ambiente. Parecía como si estuviéramos a media playa, paleando el rigor de los rayos UV con una cerveza fría. Los destellos country de su interpretación en directo hacían mucho sentido con los sombreros que se agitaban por encima de la mirada. Los de playeras floreadas se sacudían a cada cambio de riffs con “Ha sido”. Las chicas murmuraron la letra de “Amigos”. Para cuando sonó “Amor prohibido II” nadie se resistió a bailar, cantar y saltar. Dos años han pasado desde su participación en el Coachella y a los de Coapa aún les falta dar otro gran paso. Ojalá que no demoren tanto en realizarlo.

De camino a Los Mesoneros me topo con el cierre de Barco. Los argentinos traen ese sonido revival noventero. Deudores de Soda Stereo, cierran su presentación con un cover de “Cuando pase el temblor”. Además de buen acento y entonación cadenciosa, el vocalista y guitarrista Alejandro Alvarez tiene el carisma que se necesita para enganchar con el público. Se bajó del escenario y se subió a la baya para poner a corear a su gente; se quita la camisa y la arroja como muestra de agradecimiento. Incluso regaló agua.

Pocos se resisten al encanto romántico de Los Mesoneros. La banda venezolana se ha establecido en México capital, agradece a cada oportunidad la calidez con la que su música es recibida en este país. En Querétaro se entregaron al público. Sacaron lo mejor de su catálogo, “Solo”, “Exprópiese”, “Algo bueno”, “Dime como tú quieras” y por supuesto “Te lo advertí”. Su buen temperamento y honestidad son palpables, la semana pasada formó parte del lineup de Live SOS VZLA, un evento en el que se recaudaron fondos para apoyar la compleja situación social, económica y política en Venezuela.

Justo cuando el calor alcanzó su máximo de 32 grados fue momento de disfrutar un interesante combo de tres proyectos mexicanos que atraviesan por un gran momento. Al rededor de las 17:00 H, “La magia” de Little Jesus se hizo presente en Pulso GNP. Fue una gran sorpresa ver que de pronto el aforo del festival había crecido muchísimo. El escenario principal se vio muy nutrido y dispuesto para la fiesta. Luego de las primeras cuatro canciones el audio dejó de estar saturado. Para cuando sonaron “Mala onda”, “Los años maravillosos” y “Disco de oro” (su nuevo sencillo) el problema con el audio estaba casi resuelto. Santiago Casillas, el vocalista reconoció estar enfermo de la garganta; la ayuda no se hizo esperar y la audiencia comenzó a entonar la letra de “Azul”. “¿Quién más va a creer tus historias del mundo al revés? Quiero convencer-te de lo que sé”…

A las 17:15 H, el Antiguo Aeropuerto de Querétaro se transformó en un arenal. De pronto, una ráfaga de viento levantó una cortina de tierra. Llegar al escenario secundario se volvió una travesía desértica. Había que darse prisa para no llegar “Tarde” para ver a Siddhartha. Entre la nube de polvo y el sol que pegaba de frente, era complicado ver lo que sucedía sobre el entarimado. Al igual que la mayoría, me conformé con disfrutar de la música por sí misma. “Bacalar” fue esa rola con la que las parejas se abrazaron y se miraron como cómplices. Jorge González se tomó un tiempo para agradecer el cariño de Querétaro. Recordó que después de su natal Guadalajara, éste fue el primer estado en el que se presentó.

Camilo Séptimo abarrotó el escenario principal. Centenares de parejas fueron atraídas como abejas al polen. Es totalmente lógico, “Eres”, “Ser humano”, “Miénteme” y “Vicio” son el soundtrack de las historias de amor de toda una generación. Con su disco Óleos, la banda de Manuel Mendoza se ha apuntalado en el gusto del público mexicano. Ha pasado de tocar en lugares pequeños como el Foro Indie Rocks! a la masividad del Pepsi Center WTC, pasando por el Teatro Metropólitan y El Plaza. En Pulso GNP, los tórtolos bailaron, cantaron y se prometieron afecto incondicional.

El sol comienza a perder intensidad; tímido, se esconde tras el único cúmulo de nubes que hay en el cielo. A las 18:40 H, algo estaba fallando en el Escenario Pulso. Luego de un retraso de 10 minutos, Rhye tomó el micrófono y dijo “OK, let’s try it”. Al parecer un cable hacía tierra y dificultaba el monitoreo en los auriculares. Comprensible. Un músico tan de academia y perfeccionista como lo es el propio Mike Milosh está siempre atento a los aspectos técnicos para entregar la mejor experiencia a su audiencia.

Acompañado de violín, piano y violonchelo, despuntó una progresión instrumental. El ritmo atravesó como viento ligero por las regiones de un suave funk, incluso hubo destellos de psicodelia. Su voz iluminó y guió el alma a través de la oscuridad de la melancolía. El tiempo apremia. El día previo había abarrotado El Plaza; ahora solamente contaba con 40 minutos. Músico total, durante su performance tomó la batería y se puso al piano para envolvernos en seda. Como era de esperarse, “Open” y “The Fall” fueron momentos de clímax.

Contraste. Luego de la sutileza melódica de Rhye, pasamos a la locura salvaje de Wolfmother. La expectativa era directamente proporcional a la ansiedad que se respiraba. Los cuerpos se preparaban para entrar en colisión. Las hostilidades comenzaron con “Victorious”. El publicó se mostró hiperactivo desde el minuto uno. Sin esperarlo, llegó “Woman” y aquello se volvió una locura. De pronto, toda la agente se abalanzó hacia el frente como cuando un tsunami toca tierra. Los vasos de cerveza salieron volando; codazos y empujones para todos. Golpe de adrenalina directo a las venas. En el rostro de Andrew Stockdale era evidente el goce, como si se alimentara de la euforia del público que arremetía en el mosh. La rola fue llevada a su máximo potencial, la aceleraron y la aletargaron para terminarla con una tormenta de riffs. Continuaron “New Moon Rising”, “Gypsy Caravan” y la explosiva “Joker And The Thief”. Destrucción.

El amor del público mexicano por Interpol es incondicional y recíproco. Abarrotan cualquier lugar en el que se presentan. Si bien es cierto que la banda ha hecho de nuestro país un centro de operaciones geoestratégico para apuntalarse en América Latina, es igualmente verdadero su aprecio sincero por el folclore de este país. Paul Banks residió parte de su adolescencia rebelde en la capital.

El viernes, la banda lanzó a nivel global un nuevo EP bajo el rótulo de A Fine Mess y ofreció una sesión fotográfica con 300 afortunados fans en una plaza comercial al sur de la Ciudad de México. El sábado, consolidó a Pulso GNP como un festival al que se le augura mucho éxito. El setlist abrió enérgico y potente con “C’mere”, siguió “If You Really Love Nothing” (sencillo de su más reciente álbum).

Sobrevinieron “Public Pervert”, “Not Even Jail” y “Evil”, todas del Antics que este 2019 cumple 15 años. Momento cumbre. Muchos sacan su teléfono para capturar el instante, quieren llevarse un pedazo de Querétaro a casa. Para la mayoría, un alud de memes y selfies sepultará este archivo de video en la memoria de silicio. Otros, quizá los menos, lo atesoraremos y volvamos a mirarlo para recordar con alegría aquella noche en la que compartimos anécdotas, sonrisas y cerveza con una persona especial.

 

“Rest My Chemistry”, “The Rover” y “Slow Hands” anunciaban el final. Pese a que las pausas fueron pocas, 56 minutos de programación se habían ido volando. En perfecto español, Banks agradeció a México en general y a Querétaro en particular por todo el amor. Vino “Roland” y se terminó. Faltaron canciones más potentes para despedir; nos quedamos con la expectativa de un cierre más épico. El reloj nos traicionó. El tiempo se había terminado. Cronos nos había devorado a todos.

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