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Vive Latino 2017: Día 2 #VL17

Vive Latino 2017: Día 2 #VL17

Así nos despedimos de otra edición del Vive Latino.

Nada como un buen festival. Poder escuchar decenas de bandas de cuanto estilo y género se te ocurra, en un ambiente de paz, con tus amigos, cerveza y buen clima es algo que no tiene comparación.

El segundo día empezó un poco lento en cuanto asistencia se refiere. Seguro el público decidió llegar más tarde debido al bailongo de Bronco de la jornada anterior. La Pegatina abrió el escenario principal casi sin audiencia, aunque a estos españoles no pareció importarles mucho. Tocaron su set de latin-ska como si estuvieran ante 80 mil personas, eso se agradece.

Con Mexican Dubwiser la cosa no fue muy distinta, poco público pero mucha fuerza en su show, aunque quizás la mayor diferencia con la banda abridora fue que, al tratarse de un escenario más chico,  la energía se concentra mejor. También ayudó la presencia de invitados como Mariel Mariel, que ayudaron a levantar el ánimo.

Para la hora que Antidoping piso el escenario principal, el público por fin se empezó a notar. Esto no es de extrañarse ya que se trata de una de las bandas más representativas del reggae nacional, que además, se caracteriza por ser una de las mejores en vivo. Su presentación tuvo mucha vibra positiva, aunque pocos “hits”, esto no pareció importarle mucho a los presentes que no pararon de bailar durante la misma.

Los escenarios principales estaban cumpliendo su objetivo, despertar a la audiencia y darle al público masivo lo que pide: si quieren reggae, reggae se les dará. Por otro lado, el Vive Latino acostumbra llegar a todo tipo de audiencia, aquí es donde entra Lng/Sht. El, autonombrado, “rapero para punk rockers”, ofreció uno de los sets más intensos del festival. Sus letras logran llegar a un sector de la población que quizás no tenía muchos representantes, y menos en el hip hop: la clase media. Canciones como “El punk rock arruinó mi vida”, “Bad Religion” y “Club de los 27”, realmente pusieron a brincar a todo el que se acercara a la Carpa Doritos. El mejor momento de su show fue cuando invitó a Muelas De Gallo (Banda Bastón) y al héroe millennial Chumel Torres a hacer una versión que “Llaves, teléfono y cartera” himno de todo aquel que quiera (o sea) su propio jefe.

Después de tan intensa presentación llegaba el momento de calmarse de nuevo y recuperar fuerzas para la noche y que mejor forma de hacerlo que con La Sonora Santanera, show que prometía bastante debido a los invitados que podrían unirse a la legendaria agrupación. Y sí, en efecto, por el escenario desfilaron personalidades como Julieta Venegas, Roco de La Maldita, es más, hasta Paquita La Del Barrio. Todo este intercambio cultural es la esencia del Vive Latino, ya lo dijo Café Tacvba: en las tocadas la neta es el slam, pero en mi casa sí le meto al tropical.

Después de La Santanera, el festival se partió en dos: por un lado estaban los grupos masivos: Enanitos Verdes, Hombres G, Zoé, Mon Laferte, etc. Pero, en los escenarios Vive Latino y Carpa Doritos, que, convenientemente se encontraban muy cerca uno de de otro, se estaba gestando una rebelión punk y metalera, misma que dio por inaugurada Chingadazo De Kung Fu, banda local que empezó diciendo: “esta es la banda más culera que van a ver en todo el festival”. Y pues, como negarlo, no es lo peor de la vida, pero de los actos que se vieron fue el que más carecía de argumentos para tocar en un festival de este tamaño, sin embargo, esto lo compensaron con actitud, presencia y desfachatez y pues ¿acaso no se trata de eso el punk?

En el Escenario Vive Latino, se presentó la leyenda metalera: Brujería. Durante más de 25 años, estos chicanos se han dedicado a llevar el nombre de México en alto en materia de metal, presentándose en todo el mundo. Sus letras son violentas, llenas de rabia, algo que representa muy bien, tanto al género, como a su origen.

En este momento hubo una breve pausa en la música pesada. Javier Corcobado subía al Carpa Doritos a presentar su más reciente material, Mujer Y Victoria. Su estilo obscuro, melancólico quedó muy bien en ese escenario y a esa hora, ya que permitió descansar las piernas y quizás comer algo mientras se disfrutaba de uno de los mejores letritas en español.

Pero bueno, ahora sí comenzaba lo bueno. La siguiente seguidilla amenazó con romper más de una nariz en los slam: Attaque 77, Marky Ramone y Rancid. Los tres son nombres legendarios dentro del punk-rock y vaya que demostraron el porqué de ese adjetivo.

Primero Attaque 77. Los argentinos tuvieron la ausencia de su guitarrista y vocalista, Mariano Martínez, aún así lograron salir adelante gracias a un setlist perfectamente bien escogido: “Western”, “Beatle”, “El cielo puede esperar”, “Chicos y perros”, “Hacelo por mí” y “No me arrepiento”, fueron sólo algunas de las canciones elegidas, o sea que no importó quién las cantó en el escenario, el público se encargó de corearlas todas, es más, puede que existan despistados que se dieron cuenta de la ausencia hasta que Luciano pidió disculpas a nombre de Mariano.

Ni bien terminó la última canción de Attaque 77, se prendieron las luces de la Carpa Doritos y Marky Ramone, el hombre que más tiempo ocupó el puesto de baterista en Ramones (aunque no es miembro original), subía al escenario con su ya conocido tributo a la pionera banda punk. Aquí pasó lo mismo que con los argentinos: crearon un set perfecto. Muchas canciones de su primera época (curiosamente la época en la que Marky no formaba parte de la agrupación) complementadas con algunas canciones de su etapa más madura como: “I Believe In Miracles”. Su presentación llegó a su punto más alto cuando empezó el famoso grito guerra: “Hey! Ho, Let’s go”, increíble.

Rancid fue la última banda de esta trinidad punketa en tocar. Los californianos jamás habían tocado en suelo mexicano a pesar de tener una fuerte base de seguidores desde su formación, hace 25 años. Su presentación fue como se podía esperar, llena de éxitos, obvio tenían que tocar: “Ruby Soho”, “Time Bomb”, “Old Friend”. Sin embargo muchos se fueron inconformes, sobre todo los más fans, ya que, al parecer sintieron que faltaron muchas de sus canciones preferidas, aunque eso pasa cada que una banda pisa por primera vez un país en el marco de un festival, no puede tocar más que lo esencial.

Mientras tanto, al regresar a la realidad masiva del festival, pude notar que los Hombres G impresionaron a más de uno y que Zoé “toco bien, como siempre ¿no?” O al menos eso le decía una chica a su novio mientras caminaba hacia el Pilsner a ver al Cuarteto De Nos, esos uruguayos locos, ingeniosos, que usan de manera privilegiada el lenguaje para sacarte una sonrisa, una lagrima o incluso uno que otro grito de rabia. Como hace unos años, el “cuarteto” que en realidad es quinteto” le tocó cerrar este escenario y lo hizo casi con el mismo show, mismas canciones y, quizás, hasta la misma gente, sus fieles seguidores, como nos llaman.

Justice cerró esta edición, y vaya que fue un gran cierre. Sus beats electrónicos no decepcionaron, siempre es bueno acabar el Vive con la pila hasta arriba. Este año, el padre de los festivales modernos en México, cumplió 18 ediciones. Durante casi dos décadas se ha dedicado a romper moldes y dejar los prejuicios a un lado. El camino no fue fácil, pero hoy se puede presumir que hubo quien escucho reggae, son, ska, metal, hip hop, punk, rock y electrónica el mismo día y la pasó bien, algo impensable 10 años atrás.

Checa las transmisiones en vivo del VL que tuvimos en Facebook presentadas por Doritos.

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