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'Once Upon a Time in Hollywood', la nueva película de Quentin Tarantino

'Once Upon a Time in Hollywood', la nueva película de Quentin Tarantino

La novena película de Quentin Tarantino llegó para ser odiada o querida pero no ignorada.

La propia existencia artística del cineasta Quentin Tarantino es el meollo de Once Upon a Time in Hollywood y se revisan algunos temas existenciales, como el declive de un talento descarnado, explosivo y natural (como Tarantino lo ha temido sobre su propio talento, dijo que a los 60 ya no iba a estar haciendo películas), la decadencia de una carrera artística en Hollywood y la estrepitosa caída de una década en general, la tumultuosa década de los 60, del sueño utópico hippie, con el asesinato de Sharon Tate por parte del séquito de Charles Manson a finales de 1969.

Leonardo DiCaprio es Rick Dalton en uno de los papeles más complejos de su carrera, y aunque sé que es ultra pretencioso utilizar términos de enología para estas cuestiones, me veo obligado a decir qué si esta actuación fuera un vino, sería un caldo robusto de considerable añejo lleno de matices, no es Leo 100% sicópata como en el Lobo de Wall Street, o imparable Leo en el Aviador, o Leo el salvaje en El Renacido (Raaaaarrrr! vean todo ese Leo).

Dalton es inseguro, pero con suficiente ego como para luchar activamente contra esa inseguridad, tartamudea socialmente pero no frente a las cámaras, sus años dorados en películas y programas western durante los 50 han quedado atrás, y ahora se enfrenta a la realidad de tener que rejuvenecer su carrera haciendo spaguetti westerns en Italia (algo que le da asco), el rencor y el miedo corren por sus venas, ve jóvenes parados en una esquina y se limita a decir: “pinches hippies”. Rick Dalton hubo muchos a finales de los 60 en Hollywood, los George Maharis, Fabian, y Ty Hardin, actores principales de perfil muy masculino venidos a menos a finales de los 60.

No exagero en decir que podríamos hablar de esta actuación de DiCaprio todo el día, pero del otro lado está su contraparte Brad Pitt, que en esta película es exactamente lo que uno piensa que va a hacer Brad Pitt, estar ahí, verse bien, no decir mucho, irradiar seguridad, como Aldo el Apache la última vez que Pitt trabajó con Tarantino en Bastardos Sin Gloria, o como yo lo vi personalmente minutos antes de la función, bajando por la escalera eléctrica hacia una horda de fans chillantes, sin hacer ni decir mucho, solo firmar muchos autógrafos y… estar ahí.

Pero eso es perfectamente lo que Tarantino habrá visto en Pitt para el personaje Cliff Booth, el doble, “stuntman”, de Rick Dalton, que ayuda a cargar con sus peligros y sus penas, en el set y en la vida; sirve de pañuelo para cuando Dalton anda deprimido, arregla la antena en el techo de su hogar, lo lleva y trae del trabajo. Un amigo/empleado en el que uno puede apoyarse en la vida.

Dalton y Booth conducen el Cadillac DeVille 1966 en crema de Rick por las calles de L.A., tan meticulosamente recreadas de acuerdo a la época por Tarantino y su equipo de producción, que la ciudad se convierte en otro personaje de la historia con el deambular cotidiano de los personajes, es nostálgico y casual como Sharon Tate (Margot Robbie) recorre las tiendas para finalmente entrar a un pequeño cine en Westwood y ver su último papel, uno pequeño, en una película pequeña, durante lo que podemos suponer son sus últimos días.

A diferencia de Cuarón y lo que el vio que andaba sucediendo en la CDMX durante su infancia y lo reprodujo en Roma, Tarantino se imagina que andaba sucediendo en L.A. durante su infancia, donde Polanski tiraba party en la Mansión Playboy con The Mamas and The Papas y el mundo en general era mucho más divertido de lo que probablemente era en realidad.

Pero al igual que el personaje de DiCaprio, hay matices que discernir, y no todo es diversión, Tarantino pondera su propia mortalidad (algo que ya había hecho más o menos en Jackie Brown) y aunque, al final de Once Upon a Time in Hollywood, puede que estés impactado o desilusionado con la violencia exageradísima y ridícula del último acto (ya sabes que va a haber finales Tarantino en una película Tarantino), la oportunidad de todavía disfrutar este cine de autor, con estos presupuestos, tratando material original (ni reboot, ni spinoff, ni secuela, ni precuela, ni versión live-action) es un platillo que rara vez se encuentra en las cadenas de cine hoy en día.

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