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Nos vimos en el baño: Corona Capital 2019

Nos vimos en el baño: Corona Capital 2019

20/Nov/2019

A veces les decimos cosas a los demás con el fin de decírnoslas a nosotros, no queremos reconocer eso ante nuestros propios ojos y es más fácil verlo en otros…

Esperaba en la fila del baño de hombres, llevaba un rato sin que se abriera la puerta, la idea de aliviar la punzada en el vientre se hacía insoportable, Interpol cerraba aparentemente su show con “Obstacle 1” –volverían más tarde-, la gente chifló para que quien estuviera dentro del baño apresurara la salida, entorno se mezclaban los gritos, la música, los coros, un torrente de sonido en cualquier dirección que mareaba y excitaba, yo también grité. Del baño salieron dos chicas ajustándose la ropa, tenían una sonrisa que por un instante fue más grande que el barullo de la zona. La escena me recordó lo que dice Lizzy Goodman en el libro que relata el surgimiento de la escena musical en Nueva York del nuevo milenio, Nos vemos en el baño. “Todos, público y artistas, perseguíamos lo mismo. Una sensación de rebelión, de posibilidad, de promesa, de caos. Teníamos que encontrarla para descubrir quienes éramos en realidad”. Esa urgencia abierta en dos puntos, la necesidad de caos y de un sonido distinto, combinada con la caída de las puntocom, el surgimiento de los blogs e incluso el ataque a las torres gemelas llevó a un grupo de chicos a cambiar la historia de la música. Algunos de esos chicos estaban en los escenarios principales de la décima edición del Corona Capital

Pensé… esa rebeldía y esa urgencia, la voluntad para encontrarse con uno en medio de la vorágine que implicaba un nuevo siglo, había desaparecido. Ignoro lo que hacían las chicas aunque puedo imaginarlo como un acto de rebeldía, como un ardor en el cuerpo, como un motor empujando hacia un lugar; tengo una certeza, la afirmación de que esa etapa de la historia se cierra aquí, con el fin de esta década, con la décima edición de este festival, con sus headliners, con The Strokes siendo unas estrellas de rock en el escenario -la propia Goodman dice en su narración que ellos eran unas estrellas de rock antes que unos músicos-, con Interpol tocando una decena de éxitos sobre sus impecables trajes y lentes negros, con sus tremendos juegos de luces poniendo su música en el Olimpo de los éxitos y un enardecido tumulto aullando, con el colectivo Broken Social Scene sobre un templo que volcaba un indie rock puro -si es que podemos polarizar- que más tarde pisaría una nueva estrella pop que definitivamente no se parece en nada a las que surgieron en los dosmiles; y con otro pionero del cambio en ese mismo escenario, Jack White. Lo dijo un amigo, a este cartel solo le faltaron los Yeah Yeah Yeahs.

Incluso los más alejados de Nueva York que participaron en ese giro de la ciudad y del mundo estuvieron soberbios, los desaparecidos Bloc Party vinieron a recordarnos con mucho ímpetu nuestras tardes nostálgicas en la preparatoria y Franz Ferdinand de nueva cuenta pusieron a bailar a las chicas. Ya no hay rebeldía. Estas bandas ya no ofrecen la posibilidad, la promesa de un estado mejor o la búsqueda de uno mismo, ya los escuchamos con el recuerdo y no con el mañana. Y no hay una oferta de posibilidades porque “tenemos” todo a nuestro alcance, nos sobran las posibilidades, a diferencia de hace 15 o 20 años cuando el futuro era un abstracción de felicidad. El momento climático fue con Broken Social Scene interpretando la hermosa “Anthems For A Seventeen-Year-Old Girl”, volvió el pasado al presente, la máquina del tiempo trajo muchas cosas, me vi y vi reflejados a mis viejos amigos y pensé en nuestras aventuras y me pregunté en qué consejos les daría a nuestras viejas versiones si pudiera hacerlo, como lo hace la protagonista la canción diciéndose a sí misma que no crezca, que vaya más despacio, que no hay prisa. “Estaciona el carro, suelta el teléfono, duerme en el piso y sueña conmigo”. Y si pensamos en la última frase de esa canción también parece muy lejano… antes deseábamos que alguien soñara con nosotros, ahora, el amor está en las apps. 

Dice el periodista Imran Ahmed en libro de Goodman: “Los mejores grupos siempre tienen su propio universo. Es como si vinieran del espacio exterior y te ofrecieran la oportunidad de conectarte a ese mundo suyo tan personal”. En esos escenarios estaban esos mundos y nosotros nos enganchamos con ellos, con esas estrellas de rock que son de nuestra época, una que ya se acabó y con ella el impulso y la furia y el caos y la posibilidad. Nos vimos en el baño, pero ya éramos otros.

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