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Kanye West — Donda

7

Kanye West
Donda

DEF JAM RECORDS / 2021

Artista(s)

Kanye West

Kanye West y la última batalla por el culto a la personalidad.

A principios de 2021 y bajo la coyuntura del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl a cargo de The Weeknd, la organización de medios de comunicación NPR MUSIC coordinó un estudio que pretendía analizar hábitos de consumo de adolescentes y jóvenes entre los 12 y los 20 años. El diseño del experimento fue el siguiente: tomar el número de reproducciones generadas por la audiencia casual (o sea, personas que no pertenecen a la industria musical ni a algún fandom en particular) y contrastarlas con sus búsquedas en Internet relacionadas con la música; el resultado fue, en palabras de Bob Boilen –titular del espacio All Songs Considered en NPR- sorprendente: el grupo seleccionado mostró poco interés por conocer datos sobre la identidad y la vida personal de los artistas que interpretan sus canciones favoritas; por lo que concentran su atención en la experiencia despersonalizada de la escucha; es decir: no importa quién la canta o cuál es la historia detrás de ella, solo importa que la puedan escuchar con sus amigos. 

Por otro lado, en 2020, el proyecto Hip Hop By The Numbers, especializado en el análisis estadístico de todo lo que tenga relación con dicho género, lanzó una encuesta para preguntar a sus seguidores por el número de veces que habían escuchado de principio a fin el álbum My Beautiful Twisted Dark Fantasy. El resultado de este ejercicio también fue sorprendente: un 42% de su audiencia entre los 15 y los 25 años aceptó jamás haber escuchado el disco en su orden canónico. La elección no fue aleatoria: además de ser una de las producciones que recibió mayor reconocimiento por la prensa especializada durante la última década, también es el tema que más interacciones les genera en sus redes sociales. 

¿Cuál es el vínculo entre esos dos experimentos aparentemente aislados?

Kanye West. Y no sólo por la manera en que su ente mediático contradice una tendencia de consumo, sino también por lo que representa esa ruptura para la opinión pública: tratándose de Ye, su figura como artista, diseñador o socialité está totalmente rebasada por la discusión que genera. Lo que digamos de su persona –sea bueno o malo- es más grande que él mismo. 

Al ser lecturas tan regionales y sesgadas, podemos intuir que ni NPR ni Hip Hop By The Numbers arrojaron verdades irrefutables; sin embargo, sí pueden darnos un panorama de lo que puede significar un nuevo disco de Kanye West en 2021: el último bastión masivo del culto a la personalidad. 

 Y así llegó DONDA, su décimo álbum de estudio: después de una campaña maratónica que incluyó listening parties multitudinarias en estadios Atlanta y Chicago, sus típicas promesas incumplidas, mercancía diseñada por el director creativo de Balenciaga, apariciones polémicas de personajes sumamente cuestionables y a él –literalmente- en llamas.

Heaven & Hell

DONDA encuentra a Kanye en un momento muy similar al que vivía cuando lanzó My Beautiful Twisted Dark Fantasy: en aquella época, cancelado por el acto de machismo que ejerció contra Taylor Swift en ese deplorable episodio de los VMA’s; ahora, cancelado por sus posturas ideológicas y políticas. En ese momento, devastado por la muerte de su madre; ahora, golpeado por la disolución de su matrimonio con Kim Kardashian. Bajo tal premisa, MBTDF y DONDA son paralelos en sus intenciones: ambos son esfuerzos de reivindicación… Proyectos donde el autor busca encontrarle razón de ser a una visión creativa tergiversada por su estilo de vida; la diferencia radica en que, diez años después, tiene hijos, su fortuna se quintuplicó, su salud mental está deteriorada, su círculo social es otro, halló nuevos intereses y por lo tanto, somos conscientes de los alcances que tiene. 

DONDA se construye a partir de cuatro líneas temáticas principales: la nostalgia que siente por su madre, su vínculo con Dios, el arrepentimiento por los errores que cometió dentro de su matrimonio y el hartazgo de su personaje farandulero.

Así como en su placa anterior, en este material recurre constantemente al pasaje bíblico en el que Jesucristo le dice a sus apóstoles que ‘’deben sufrir para poder purificarse’’ (1 Pedro 4:12-16). Y es en este contexto en el que se abre para sincerarse y clamar que necesita un nuevo comienzo. Ya lo de decía Kim en el capítulo número once de la última temporada de Keeping Up With The Kardashians:’Una de sus motivos para querer el divorcio es porque dice que se dio cuenta que tiene todo, excepto una vida normal… Y una vida normal es lo que más desea en este momento’’. 

Entre su egomanía y la necesidad de desprenderse del título de rey del jetset, la participación de DaBaby, Marilyn Manson y Chris Brown en DONDA cobran sentido como una provocación: el llamado a que se le cancele definitivamente para acceder a una libertad que perdió hace mucho.

Keep My Spirit Alive

Por primera vez en la historia de su discografía, este material no se produjo desde ceros; de hecho podríamos definirlo como una especie de recopilación de ideas, maquetas y demos  extraídos de obras jamás publicadas (Yeezus 2 y Yandhi) y de otras en las que no superaron el corte final (The Life Of Pablo, Ye, Kids See Ghost y Jesus Is King). Es por eso que el extenuante tracklist de DONDA parece una revisión integral de la segunda etapa de su trayectoria, misma en la que se empecinó en desarrollar una identidad sonora minimalista, influenciada por arreglos industriales y armonías góspel. 

En cierta medida también trata de homologar Dark Fantasy en el modo de nutrir a DONDA de fuerza colectiva: cerca de 66 colaboradores entre productores, ingenieros de audio, asesores artísticos y sobre todo, muchos raperos de la nueva generación… Tantos que su participación se vuelve redundante con el paso de las canciones, lejos de los matices que podrían aportarle desde la trinchera del pop. 

Por encontrarle un referente contemporáneo con cual equipararlo, podríamos decir que es el untitled, unmastered de Ye.  Aquí es donde el número de canciones le juega en contra: dentro de la hora y cuarenta y ocho minutos que dura, la distancia entre sus highlights y el resto de tracks es abrumadora. La falta de cohesión es evidente y deja la sensación de que no existió rigor para pulir lo que pudo ser un buen disco de once canciones.

Tanto así que, "Believe What I Said’’ - la que probablemente es la mejor canción del disco- se siente fuera de lugar ante el tono y la energía que dominan la placa, con todo y que su tópico encaja con el rompecabezas discursivo de DONDA.  Algo así como "Paranoid’’ en 808’s & Heartbreak.  Eso sí: a través de su sampleo a Lauryn Hill nos da pistas de lo que puede ser la  hipotética etapa post-religiosa de Kanye: la era afro-house que ha augurado desde Graduation.

Come To Life

Aunque su legado serán varias canciones memorables dentro de su repertorio ("Hurricane’’, "Jail’’, "Come To Life’’ y "Moon’’ -por ejemplo-), al final parece que DONDA funciona mejor como show, donde se robustece de los simbolismos que plantea Demna Gvasalia y donde Playboy Carti, Lil’ Yatchy, Travis Scott y Young Thug se ven dominantes; sin pasar por alto que, tras este proceso, es muy notorio que su postura mesiánica y el método de trabajo por el que ha apostado desde 2016 son insostenibles. 

De facto, nuestras expectativas han devorado por completo cualquier movimiento en el tablero que haga Kanye. No compite contra él mismo sino contra lo que nosotros queremos de él; y entonces  acepta una carrera que está condenado a perder porque, como dice Villoro sobre Maradona: "no puede vivir sin el ego que no lo deja vivir".

Más allá de los récords que acumuló en sus primeros días en plataformas digitales, el intercambio pasional que genera entre sus amantes y detractores ponen evidencia que todos los involucrados en la discusión necesitan de Kanye: unos para validar un gusto que constantemente busca codearse con eso que llaman alta cultura; otros para expiar sus culpas a través de los pecados que él comete; y los medios para conseguir vistas, incluso si nuestros titulares van sobrados de razones para borrarlo del mapa definitivamente. 

Podemos concluir que Kanye tenía razón cuando hace once años dijo que ningún hombre debería tener tanto poder; y ahora le hemos concedido uno que ya ni siquiera él es capaz de controlar.