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Peter Hook and The Light en el Pabellón Cuervo

Peter Hook and The Light en el Pabellón Cuervo

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Pabellón Cuervo

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La interminable influencia de Joy Division y New Order.

Noche de contrastes en el Pabellón Cuervo (la versión mini del Palacio de los Deportes), donde en una mitad del concierto se escucho el dance/synth pop electrónico de New Order, y en la otra, el rock de Joy Division. Peter Hook regresó a la CDMX, como es ya su costumbre anual, después de pasar por el legendario Café Iguana de Monterrey, y donde también estará en la Arena VFG de Guadalajara. El setlist cambió a partir de lo que venía presentando en su gira por Europa, donde, junto con un puñado de canciones de Joy Division, estaba tocando los álbumes completos de New Order: Technique (1989) y Republic (1993). Pero para esta mini gira mexicana, la omnipotente OCESA le habrá ordenado que no se anduviera con ternuras y nos diera los hits, así que en México si se pudieron escuchar canciones queridas de New Order como “Bizarre Love Triangle” y “True Faith”.

Hubo algún imperfecto en la logística del evento y a mí y al resto de la querida “prensa fifí” nos tuvieron esperando hasta la cuarta rola para entrar, nos metieron por detrás del escenario, y por un resquicio podíamos ver de lado a la banda, y ahí estaba Peter Hook, en shorts (bermudas en la CDMX), tenis y camiseta, elegante como siempre, interpretando “Everything’s Gone Green” de lo que era la parte New Order del concierto. Una vez en la plancha principal del recinto, nos mezclamos con el resto del público, casi todo vestido de negro, algunos vatos con lentes oscuros, y otros con boinas negras de piel, muy al estilo del club The Haçienda a mediados de los ochenta, e invariablemente, muchísimas playeras oficiales de los “Melómanos Cool”, aquella de Joy Division que trae las ondas de radio en el frente, sacadas de la portada del debut Unknown Pleasures (1979).

Peter Hook, y su banda The Light, interpretaron rolas como “Temptation”, “Thieves Like Us” y “Sub-culture”. “Blue Monday” recibió una enérgica reacción por parte del público, y Hook presentó una versión un poquito más roquera e “industrialona”, hasta más parecida a la versión de Orgy que a la propia. Fue un setlist añejo, tanto este como la parte de Joy Division, si no me equivoco, no se escuchó en toda la noche música posterior a 1989.

“Hooky” nos regalaba esporádicamente su sonido tan particular en el bajo, lo rasgaba y se aventaba algunos solos reconocibles de vez en cuando, pero principalmente era Jack Bates el encargado en el instrumento. La voz ronca y áspera de Hook, sorpresivamente se suavizó para cantar al estilo de su némesis Bernard Sumner en el hit “Bizarre Love Triangle”, canción icónica de los años 80, que uno casi jura que es parte del soundtrack de alguna película de John Hughes (no lo es, pero si escuchamos “Shellshock”, que forma parte del soundtrack de Pretty in Pink). Y finalmente, la parte de New Order terminó con “True Faith”, la cual, me había comentado Hook algunos días antes, no habla de la sobriedad, como yo siempre lo había pensado.

Tras el intermedio, la banda reapareció sobre el escenario. “Esto es Joy Division”, dijo Hook y el público se volvió loco, acto seguido presencié una de las mejores experiencias musicales en vivo en lo que va de este año. Cada rola fue una joya y la electricidad en el Pabellón Cuervo era palpable. El contraste entre el rock y el dance fue disfrutable para todos, y quedé impactado con lo poderosa que es la música de Joy Division en vivo.

Salió la caja de ritmos y en su lugar entró una batería que ahora, a diferencia del set de New Order, tenía más presencia y fondo, el bombo te golpeaba el pecho, al tiempo que el bajo de Bates y Hook se había tornado más “grungesco”, la acústica del Pabellón, que no es la mejor, pero que si crea mucho eco, era perfecto para apreciar el crunch de las guitarras en “These Days” y “Warsaw”. Para “Digital”, se armó el slam más friendly que jamás hubieras visto, con cientos de personas bailando con los extraños de a un lado, “Autosuggestion” sonaba como el prototipo del post punk y en “Dead Souls” me dieron ganas de haber visto en vivo a Ian Curtis tan siquiera 5 minutos bailando como esquizofrénico entre las potentes guitarras rítmicas y los redobles de la batería, ya se que hay muchos videos en YouTube de Joy Division, pero no es lo mismo. Si no tuviera que escribir esta reseña, me daban ganas de llegar a la casa a volver a ver Control de Anton Corbijn.

“Ian era un buen chico…era nuestro más grande fan”, me acordé de las palabras de Hook solo días antes. Antes de empezar “Atmosphere”, Hook le dedicó la canción a su ex cantante: “Esta canción es para Ian Curtis, un aplauso para Ian”, y todos en el Pabellón lo celebramos con las palmas por unos segundos. La noche terminó con “Love Will Tear Us Apart”, canción muy memorable, en gran parte, por la parte en el bajo de Hook, y aquí lo teníamos en persona, al fundador de no una, pero dos bandas tremendamente influyentes a nivel mundial. El público, nuevamente, se volvió loco en cuanto reconoció la canción y todos empezaron a saltar al unísono. Hook me lo había dicho claramente cuando hablamos: “Lo que hago es realmente fantástico, me toca encerrarme con 2000 o 3000 personas que tienen los mismos gustos que yo, les encanta New Order y Joy Division”. Lo estaremos esperando para el 2019.

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