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Sparks — A Steady Drip, Drip, Drip

8

Sparks
A Steady Drip, Drip, Drip

BMG Rights Management (UK) Limited / 2020

Artista(s)

Sparks

13/May/2020

Sparks le da la bienvenida al nuevo mundo, con anotaciones de lo que debemos dejar de hacer.

Son pocos los grupos que llegan al medio siglo de existencia, son aún menos las que se mantienen haciendo música y no están vendiendo su tercera gira del adiós. Los hermanos Mael están muy por encima de todo eso, pues a pesar del tiempo, han demostrado que sus creaciones en Sparks aún valen la pena. 

Hace tres años, la banda nos sorprendió con Hippopotamus, un disco intenso e inteligente, que se centraba en sus viejas obsesiones. Ahora, la agrupación de Los Ángeles regresa con un disco que nos presenta el mundo bajo los extraños ojos de Ron y Russell, un material que podría confirmar una nueva etapa, brillante y prolífica, de Sparks

A Steady Drip, Drip, Drip abre de una manera muy inesperada, con un himno lleno de instrumentos de viento y solemnes coros. Sin embargo, esta primera probada llamada "All That", aunque puede parecer un himno fuerte y memorable, es llevada directo al olvido por los violentos riffs y la demencia de su sucesor: "I'm Toast". Es en este segundo track, es donde verdaderamente podemos sentir el vibrante carácter de la banda y donde reclaman nuestro interés. 

El grupo, como era de esperarse, no sigue una línea. Su camino es sinuoso y cambian de dirección constantemente, así que no es sorpresa encontrarnos con piezas como "Lawnmower", un tema que explota el elemento de lo absurdo y lo domina con una melodía pegadiza, casi infantil.

Desde una mirada lejana, este es un disco de desemejanzas, un lanzamiento que busca llevar la versatilidad a sus extremos. Esto se ve reflejado sobre todo en "Pacific Standard Time" y "Stravinsky's Only Hit". El primero es un tema serio e incluso algo sombrío, mientras que el segundo nos regresa de manera inmediata a la burla y la irracionalidad.

La primera mitad del álbum nos presenta todo lo que habíamos esperado: excentricidad y teatralidad. Pero fuera de algunos sonidos, esta parte del disco no ofrece nada diferente, nada especial. 

Es hasta el track número ocho, "Self-Effacing", cuando vemos uno de los mejores momentos de Sparks. Esta es una canción fascinante, que retrata la angustia y la decepción del oficinista común. La letra realmente contagia el pesimismo y la desilusión, lo que me parece muy interesante, pues cabe destacar que los hermanos Mael jamás han tenido un trabajo de ese estilo. 

"One For The Ages" y "Onomato Pia" nos regresan a ese Sparks un poco más pop, con ritmos punzantes pero no desagradable, que no se hunden por completo en la alegre demencia pero tampoco en lo tenebroso o lo lúgubre. El disco, a pesar de desbordar genialidad y emociones, necesita sus momentos de equilibrio. 

A Steady Drip, Drip, Drip es un libro de notas, es un comentario al nuevo mundo, sobre cómo ha cambiado y cómo hay cosas que nunca cambian. Podemos concebir a una Alexa o un smartphone como extensiones de nosotros, pero no podemos evitar las crisis existenciales ni las decepciones de lo que nos hemos convertido. Creo que ese es el mensaje que nos quieren comunicar con temas como "The Existential Threat" y "iPhone".

Finalmente, Sparks cierra este diario jugando con el doble sentido en "Please Don't Fuck Up My World". A primera vista una canción afectuosa, pero que tiene detrás un reclamo a las terribles conductas autodestructivas.

Este álbum deja en claro que los hermanos Mael nunca van a cambiar, pero que eso no es precisamente algo malo. A Steady Drip, Drip, Drip continúa a lo largo del camino extraño y sinuoso de los materiales anteriores y más complejos de Sparks. Aunque este disco es más extraño de lo normal, también es mejor.

Musicalmente, los hermanos Mael no suenan como una banda saliendo de escena. Sparks suena a una banda llena de nuevas ideas y con algo importante que decir. Esta es una nueva etapa donde me atrevo a decir que compiten contra sus mejores propias versiones.

No es una revista, es un movimiento.