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Sei Still — Sei Still

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Sei Still
Sei Still

Fuzz Club Records / 2020

Artista(s)

Sei Still

10/Abr/2020

La niebla hipnotizante de los mexikaners.

Hubo un tiempo en el que tener una banda a la que clasificaban como krautrock, era más bien despectivo. En los 70 todavía no había pasado la aversión a los alemanes, sobre todo por parte de un sector estadounidense que veía en la música que no seguía las bases del blues/rock tradicional como algo extraño que merecía ser señalado. Por su parte, a músicos como John Weinzierl de Amon Düül nunca les ha gustado el término. Para él, el krautrock era sinónimo de querer sonar como gringos o británicos. Como ejemplo pone a los Scorpions. Sobra mencionar que cuando se voltea al revalorizado olimpo del krautrock, Amon Düül, CAN, NEU!, Kraftwerk, La Düsseldorf o Popol Vuh, son vistos como parte de un movimiento que revolucionó la música, con una influencia que llega hasta el día de hoy. Es sobre todo apreciable cuando bandas como Sei Still aparecen en el panorama para cautivar a los incautos. 

Desde la CDMX, Sei Still de inmediato se sienten como viejos conocidos. Y es que no sé si lo que me pasó a mí sea lo adecuado, pero el año pasado pude verlos abriéndole a Mueran Humanos en uno de esos recónditos y benditos lugares que todavía existen en la ciudad cuando no hay pandemias amenazando. Poco o nada había escuchado de ellos y enseguida me capturaron. Por supuesto que no recuerdo el setlist, pero hay bandas que pueden tocar lo que sea e hipnotizarte. Así pasa con ellos. ¿Es el trance inducido por las baterías Dingerescas? Quizá. El famoso motorik que quieras o no demuestra que para controlar a un ser humano hace falta muy poco, te deja perplejo. Lo primero que hice después de aquella noche, fue buscarlos para re-escucharlos. Por supuesto que desde aquel día esperaba con ansias su primer material. 

Es fácil poner una etiqueta que ha traspasado tantos años. Es fácil decir que Sei Still toca krautrock, pero es difícil definir al krautrock. Algo hay de ritmos de música clásica, de psicodelia, de funk, por supuesto de electrónica, de música concreta, de jazz, de rock y de blues, al final, el amplio espectro de bandas que conformaron el periodo histórico del “verdadero” krautrock, hace que muchos perfiles encajen. Con Sei Still podríamos decir que al primer vistazo, es el más clásico. En el que todos pensamos cuando nos dirigen al ritmo alemán. Y no lo niegan, su nombre alude a un disco de Popol Vuh. El título de la primera canción de su álbum homónimo está en alemán. “Blumenkriege” lleva por título. Dado que mi alemán es nulo, busqué el nombre en la Internet. He aquí la fusión, el juego, las referencias que unen culturas. “Blumenkriege” se refiere a las guerras floridas, aquellas misteriosas prácticas en donde se argumenta que los mexicas tomaban como prisioneros a individuos de otros pueblos menos poderosos, ya sea para esclavizarlos o, quizá, para devorarlos. Algo típicamente mexicano con terminología teutona. 

“El camino” sigue por la misma línea. Mención aparte es el video musical hecho por Absolute Beginners Films que rescata algunos puntos clave de la ciudad como la cabeza olmeca del Parque Hundido, el Polyforum o la estatua a Rockdrigo en el metro Balderas. “Emisión” tiene un aura guitarrera. Es aquí en donde se diversifican los estilos. Se pierden las fronteras para que “Fortuna” se desmarque un poco más del kraut y, curiosamente se acerque al fútbol con las palabras Fortuna Düsseldorf repetidas constantemente. Además, post punk sería la etiqueta por momentos, quizá. Nada nuevo, puesto que el génesis del género tal vez no hubiera llegado sin los alemanes. La banda tiene una esencia, pero no teme navegar en ríos distintos. A final de cuentas, apenas estamos viendo el forjamiento de la identidad. 

Sei Still hace un recorrido en brumas. Robert A. Heinlein publicó hace tiempo una serie de relatos que incluyen la novela corta que da título al libro: La desagradable profesión de Jonathan Hoag. En ella, Hoag contrata a un investigador privado para que descubra qué ha hecho cuando entró al piso 13 de su lugar de trabajo, puesto que el piso no existía. Es una historia mucho más compleja, pero hay un pasaje al final en donde se habla de una niebla gris e informe que, cuando abren la ventanilla palpita en lugar de la ciudad que ven cuando está cerrada. Por supuesto que no deben abrirla para, digamos, no ser “consumidos” por la nada. Repito, el relato da para mucho más, pero no puedo sino imaginar ese trayecto, con canciones como “Ladrón” o “Tácticas de guerrilla urbana” de Sei Still retumbando en las bocinas. Los sonidos perfectos para un sendero amenazante pero apasionante.

En el 2020, tocar krautrock o Teutonic Railroad Rock ‘n’ Roll —como alguna vez se le quiso llamar— no solo no es despectivo, sino que es emocionante. Se agradece poder ver por ahí alguna banda que tenga bases tan arraigadas, alguna banda mexicana que extienda las distorsiones de sus pedaleras y sintetizadores hasta las aguas del Rin.

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