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King Gizzard & The Lizard Wizard — L.W.

8

King Gizzard & The Lizard Wizard
L.W.

Flightless Records; ATO; Caroline Int. / 2021

Artista(s)

King Gizzard and the Lizard Wizard

El mago lagarto recurre de nuevo a una fórmula conocida para su álbum más político.

Después de sorprender al mundo con el giro thrash metal de Infest the Rats’ Nest (2019), King Gizzard & the Lizard Wizard decidió utilizar su siguiente dupla de álbumes para continuar las exploraciones microtonales iniciadas en Flying Microtonal Banana (2017). Mientras K.G. (2020) desvaría en la consecución de nuevas ideas para este concepto, L.W. (2021) presume una búsqueda más firme, a la par que lanza un justo alarido de rabia contra el cambio climático. Sin embargo, parece que el grupo australiano comienza a agotar sus ideas.

King Gizzard intensificó la discusión sobre el problema medioambiental en Fishing for Fishies (2019) y la llevó a un oscuro camino de ficción especulativa en Infest the Rats’ Nest (2019). No obstante, para la banda australiana este tema ya ha merecido exceder los límites del disco: con cada descarga de L.W. vía Bandcamp, se donará un porcentaje de las ganancias a Greenfleet, organización dedicada a cuidar y reforestar bosques en Australia y Nueva Zelanda.

Así, King Gizzard llevará a la praxis su crítica social, que en L.W. toma forma en canciones como “If Not Now, Then When?” y “O.N.E.”. Éstas abren el álbum con melodías joviales, las cuales sirven de fondo para las profecías cantadas por Stu Mackenzie sobre la extinción de una humanidad que nunca aprendió a relacionarse con su entorno. “East West Link” y “Supreme Ascendancy” continúan esta línea al despotricar contra los proyectos urbanos destructores del medio ambiente, y contra las intocables figuras de autoridad que consienten tales masacres.

Estos cortes vaticinan los dos momentos más gloriosos de L.W.: “Pleura” y “K.G.L.W”. El primero sugiere una crítica mordaz a quienes han minimizado la gravedad de la pandemia, de la que tampoco se salvan los políticos: “el nigromante absorberá la vida de lo que amas, tal como lo hace el sujeto naranja”, cantan Stu y Joey Walker. La segunda canción, por su parte, recupera las guitarras stoner que en “Pleura” se asoman tímidamente, y las explota en una retahíla de riffs desoladores para culminar el sentimiento apocalíptico del álbum.

En cortes como “Ataraxia”, “See Me” y “Static Electricity”, confluyen las poéticas introspectivas que imperaron en K.G. y los largos pasajes instrumentales habituales en la discografía de King Gizzard. Así, L.W. no solo iguala y hasta supera a su antecesor, sino que satisface las altas demandas de los seguidores del grupo.

Sin embargo, aunque L.W. cumple, carece del contundente elemento sorpresa que King Gizzard ofrece en casi cada estreno. Para un grupo acostumbrado a reinventarse en cada paso, con abordajes desde estilos como el jazz, metal o boogie rock, estirar la exploración microtonal a lo largo de tres álbumes confirma que superarse a sí mismo será una empresa cada vez mayor.

La pertinencia de L.W., empero, no se encuentra en su música, sino en su mensaje: King Gizzard & The Lizard Wizard pone el dedo en la llaga una vez más sobre el tema del cuidado medioambiental y, a través del eco artístico, nos urge a dejar de hacer oídos sordos ante él.

Solo el tiempo demostrará si sus fatídicas visiones resultaron erradas. O no.

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