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Hinds — I Don’t Run

8

Hinds
I Don’t Run

Mom + Pop / 2018

Artista(s)

Hinds

Crecer, correr y tropezar: Hinds.

Kurt Vonnegut alguna vez dijo que la madurez es una decepción amarga para la cual no existe ningún remedio, a menos que se pueda decir que la risa puede remediar algo. Precisamente esa futilidad anímica y desesperación a la impotencia emocional son territorios fértiles para que el cuarteto madrileño Hinds musite con ironía y descaro, en vez de llorar y lamentarse. Si su primera ofrenda, Leave Me Alone, tenía una sensibilidad más cruda y juguetona, la culpa y la consciencia después de una serie de noches prosaicas y mal planeadas hacen que su segundo disco, I Don’t Run, haga frente a las consecuencias de tanto desmadre.

Si anteriormente le debían su estruendoso sonido a actos como Bikini Kill y Vivian Girls, ahora parece que robaron en despecho los discos de The Velvet Underground y The Libertines de sus ex parejas, los estudiaron a fondo y los emplearon como plantillas sonoras para su siguiente trabajo. El resultado es un trabajo más uniforme y cándido, pero a la vez manteniendo la espontaneidad e irreverencia de siempre. Canciones como “The Club” y “Finally Floating” contienen mucha ligereza en sus acordes, pero las letras jocosas acerca de la infatuación romántica le dan el punch para ser memorables, mientras que las melodías más dramáticas como “Soberland”, “Tester” y la semi acústica/semi en español “Ma Nuit” abren paso a la tragedia y a la infidelidad con una riqueza musical que no habían tenido anteriormente.

Uno de los factores primordiales de la madurez (hablando en general) es la dicotomía y Hinds hace hincapié en este aspecto a lo largo de I Don’t Run. Se nota en la personalidad y textura vocal de Carlotta Cosials y Ana García Perrote, guitarristas y cantantes de la alineación. Una es más sensible y maternal; la otra es rasposa y revoltosa. Como una hermana mayor aconsejando a la otra acerca de los mismos males de amores. Se nota también en el estilo, que va desde un indie pop tierno hasta el surf pop más acelerado, todo mientras las letras distan bastante de optimistas. Y sobre todas las cosas en las letras, con las cuales nos podemos sentir identificados entre el impulso de dar el rechazo, olvidar todo y dar el siguiente paso, pero seguir añorando y cometer las mismas estupideces de siempre. Quizás “madurez” signifique traer esa contradicción natural siempre bajo el brazo y aceptar esa humanidad. De ser el caso, Hinds nos acaba de dar una buena lección.

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