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Boson de Higgs — Años Luz

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Boson de Higgs
Años Luz

Boson de Higgs / 2019

Artista(s)

Boson de Higgs

El inicio de una partícula subatómica: Años Luz.

Permanecí observando fijamente, no había nada, en serio. Conjeturo que no fueron años luz los que creí habían corrido, pero estoy seguro fue “incontable el tiempo”. Cuando traté de mirar a otro punto, todo se había llenado de moléculas fosforescentes. ¿Será que la música coloreó mi habitad de átomos brillantes? Como haya sido, solo necesito darle un play…

Fer y Lalo –ya sé, no debo llamarlos así; son Eduardo Odraude y Fernando Portilla, pero su proyecto me hace sentirlos tan cercanos– han saltado de un sonido a otro; decorando por aquí, ambientando por allá. Nada propiamente suyo a decir verdad. Fue hasta que Marco Romero y Bernardo Gómez avivaron eso que siempre tenían en sus sentidos y que ahora lleva por nombre Boson de Higgs.

Su new wave proveniente de la Ciudad de México ha ido como una bola de nieve en las plataformas digitales desde hace algunos meses, luciéndose con sus sencillos "Géminis" o “Duele y lo sabes” y con videoclips con más de 19k visitas. Ahora, era momento de girar fuertemente y dejar que la nieve que han acumulado toque todo en su andar.

Sí, Años Luz. Su primer álbum tan coherente con el perfil de la banda, de su estilo y difusión. Un álbum que permeé el compromiso completo de dichos artistas, e inaugurado con “Primera fila”: el track debut de este material. Un conjunto de ocho canciones que defienden las partículas elementales… de su música.

Si despegamos desde aquí al reproducirlo, encendemos motores con “Géminis”, track que lucía como inédito hace unos meses y que hoy encabeza este complemento. Con sintetizadores activos y arduamente vivos, el tema número uno abre las puertas de una reflexión emotiva; y que en brevedad nos impulsa a no parar. “Alma tímida” es el palpite que culmina el arranque; un tema de bajos automatizados que hacen deambular electromovimientos finos y que acodan con la voz de Fernando; un momento estrepitoso entre la paz interna y la saturación emocional. El salto a “Duele y lo sabes” (otro de sus sencillos previos a este lanzamiento) nos orilla a los inicios retros de lo-fi, aquel ambiente Mac DeMarco y sus tornamesas acompasadas y serenas. Un tema que aplica una válvula de escape a la vulnerabilidad natural de un ser acorralado.

El trayecto no es tan catastrófico cuando se hace una detención en “Culpable”, track no. 5. Con un acorde de guitarra electrónico, éste permite a un canto fortalecido murmurar “no le voy a decir, aunque tenga las pruebas…”, algo como un rezo consolidado por diversos solos rítmicos.

Para prevenir un cierre alterado y desproporcionado, “Zipolite” continua la musicalidad de este trabajo. Un tema de entornos escandalosos y tecleos nocivos de inspiración; es impresionante los cambios que pueden otorgar desplegándose de bombos alterados a musicales movimientos de cuerdas eléctricas. Y así, como un freno de mano deliberado, “El observador” cierra esta ola de canciones montadas completamente en su new wave propio, que si bien es cierto que sus proyectos anteriores (como 60 Tigres) no se ven involucrados, hay una influencia nata del camino que desean tomar y en el que no les caería mal alterar un poco más el movimiento de cada una de sus canciones… para así no navegar en las mismas partículas sonoras durante 40 minutos; sería mejor demostrar la fuerza elemental entre su música y el universo, así, como el Bosón de Higgs.

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