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HIPNOSIS 2018 presentado por Aeroméxico

HIPNOSIS 2018 presentado por Aeroméxico

Fotos Toni François

Tormenta de psicodelia en HIPNOSIS 2018.

En anteriores ocasiones y reseñas de conciertos y discos me he referido al poder de la música como aliciente creativo, como embalsamador del alma o como fuerza inexplicable con la capacidad de mover a las masas sin importar la ideología, el destino o el momento en el que vivan. En otras palabras, de esos clichés de los que siempre habla uno como apasionado y que pierden objetividad. Pero por algo son objetivos a la hora de presenciar y analizar. Y volví a cerciorarme el día de ayer cuando fui testigo de la audiencia devota y vitalizada que acudió a la segunda edición de HIPNOSIS, el festival de música psicodélica que tiene todo el potencial para ser un punto obligado de encuentro anual para todos los melómanos. ¿Qué me hace estar tan seguro?

Primero que nada, el HIPNOSIS de este año cayó víctima de un par de factores que para algunos les hizo pensar que demeritaría la experiencia. Primero, un inesperado cambio de locación, moviéndose del ubicuo Deportivo Lomas Altas —que había sido empleado anteriormente— a Las Caballerizas, en las profundidades de Huixquilucan, foro que complicó el traslado para la gran mayoría. En segundo, una fuerte temporada de huracanes que hemos presenciado a lo largo de las últimas semanas y que amenazaba con arruinar la fiesta. Sí, hubo un descontento por el cambio y, efectivamente, hubo una tormenta considerable que hizo del recinto un lodazal inaccesible, hecho que propició a que ciertos asistentes lo bautizaran como “Fangosis” en redes sociales. Algo jocoso, pero muy acertado.

Pero la fiesta no se canceló e incluso se convirtió en un evento para recordar, por razones inesperadas.

Pero, ¿qué hay del talento? El cartel de este año fue más ecléctico que el previo, demostrando el creciente interés por el género psicodélico entre los escuchas alternativos y el afecto que tienen las bandas internacionales por venir a presentarse, así como la apertura hacia las propuestas nacionales que poco a poco también van ganando tracción. Como entremeses para los que llegaron temprano, estuvo el conjunto punk hermosillense Sgt. Papers, que no se anduvo con rodeos e inició el descontrol con el pie derecho al interpretar “Pank”, “Hey Ya!” y “Open D”. Acto seguido, subió al escenario Build A Vista, defeños con influencias de desert rock, shoegaze y folk que agudizaron las estridencias con canciones como “Lying Lips” y “They Know I’m Leaving”.

Tocó el turno de la irreverencia de los tijuanenses San Pedro el Cortez, banda que poco a poco está trascendiendo el culto para acercarse a ser una referencia obligada al hablar de psicodelia nacional. El conjunto no decepcionó y siguió calentando motores con su dinamismo musical y química entre músicos. Los actos nacionales brillaron bajo un sol cegador que estaba a pocas horas de desaparecer.

Al mismo tiempo que seguía aumentando la concurrencia e iba visitando los tianguis culturales (destacando especialmente la fila prolongada para el stand de La Roma Records con un excelente catálogo de merch oficial), los food trucks y la tirolesa instalada, tocó el turno para el cuarteto australiano de Stonefield, integrado por las hermanas Findlay. Con un arsenal potente de órganos, riffs crujientes y la voz dulce y peligrosa de Amy Findlay, canciones como “Through the Storm”, “Delusion”, “Sister” y “Love” cimentaron los rumores de su fuerte presencia en vivo y de lo influyente que seguía siendo la escena musical australiana en términos de psicodelia.

Otros que tampoco negaron la cruz de su parroquia fue Boogarins, sus integrantes directos desde Brasil y criados con una dieta estricta de Os Mutantes y Novos Baianos. Su toque funky y juguetón salió a relucir con “Foimal”, “Erre” y “Lucifernandis”, en las que el vocalista, Dinho Almeida, susurraba, se reía y declamaba las letras. Al mismo tiempo, las primeras gotas empezaron a caer y todo se convirtió en un carnaval con una verdadera sensación tropical.

Mientras algunos iniciaron sus quejas por el repentino cambio del clima —que, si estuvieran al tanto de los pronósticos, era clarísimo que iba a pasar— de las filas de pago y la negativa de los vendedores por aceptar efectivo sin ser depositado en una pulsera -—que también, era clarísimo que iba a pasar— los neoyorkinos de DIIV tomaron el escenario para ofrecer un toque más surf y dream pop a las festividades al son de “Is the Is Are,” “Dopamine”, “Under the Sun” y “Out of Mind”, con la finalidad de contrastar cualquier malestar. A medida que iba oscureciendo, OM subió para retumbar oídos con su doom metal minimalista, que bien ayudó para limpiar un poco el paladar aural de tantos sonidos y colores y convirtió el bosque nublado en un pantano desolado y lúgubre.

La tormenta empezó a caer con más aplomo, pero fue justo lo que Wooden Shjips aprovechó para hacer que las masas sacudieran las gotas y el frío para olvidar esta tempestad. Los originarios de San Francisco, California, causaron revuelo con sus rendiciones de “Staring at the Sun”, “These Shadows” y “Ruins”, llenas de improvisaciones y solos creativos. Pero la lluvia no cesó, y esto ocasionó problemas para que Allah-Las comenzara su set, para el disgusto de quienes estaban parados ahí tiritando y esperando. Los californianos tocaron un set agradable y relajado, en donde incluyeron “Busman’s Holiday”, “Artifact” y “Catamaran”, pero no fue suficiente para subir los ánimos. Algunos comentaron que hubieran intercambiado su horario con Wooden Shjips, pero creo yo que no hubiera hecho la diferencia. De todos modos, ambas bandas hicieron una labor increíble.

El agua cesó, la fogata que habían encendido a varios metros del escenario volvió a resurgir y muchos la emplearon para resguardarse de la tempestad. Fue entonces cuando estuvimos más listos para el primer plato principal de la noche, los neozelandeses de Unknown Mortal Orchestra, ya afamados y respetados por el público mexicano. Con el propósito de promocionar su disco reciente, Sex & Food, el virtuoso y carismático frontman Ruban Nielson y compañía tocaron “Major League Chemicals”, “Ministry of Alienation” y “Hunnybee”, así como las conocidas “Ffunny Ffriends”, “Multi-Love” y “So Good at Being in Trouble”. Un set eficaz, pero muy parecido a lo que presentaron en el Corona Capital de 2016.

El mañana ya era hoy, y alrededor de las 12 de hoy empezaron a asomarse algunos miembros del siguiente acto para hacer live check de sus instrumentos. Seguramente era la intención el provocar para generar expectativa de lo que sucedería después. Y así fue. Ya era casi la 1 de la mañana y King Gizzard & the Lizard Wizard tomó el escenario para apoderarse del evento y los corazones de todos los asistentes. No tuvieron misericordia ni dejaron escapatoria desde los primeros acordes de “Rattlesnake”. Quizás por eso fue la razón de los encharcamientos, el frío y el lodazal, para que la tranquilidad de un bosque se volviera un mosh pit mugriento y alborotado mientras máscaras de dinosaurio se meneaban, inflables de cocodrilo volaban y hombres y mujeres se empujaban y gritaban.

Hubo quienes se sabían a la perfección todos los acordes, cambios de tiempos y solos en “Sleep Drifter”, “Crumbling Castle”, “Digital Black”, “The Lord of Lightning”, “Robot Stop”, “I’m in Your Mind”, cuando llegó el cierre épico de “Head On/Pill”, dejó de importar algún dejo de inconformidad con el servicio, las condiciones de los alrededores o hasta el estrés de la semana. La música nuevamente había curado todo, y la acumulación de esta dosis de psicodelia en medio de la penumbra y la suciedad era justo lo que muchos necesitábamos. Si podíamos afrontar eso acompañados de música que nos hiciera sentir como ese 6 de octubre de 2018, podemos con lo que sea.

 

 

 

 

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