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Festival Anónimo 2017

Festival Anónimo 2017

Así vivimos la primera edición del Festival Anónimo en Pepsi Center WTC.

Dentro del saturado mercado de festivales en nuestro país, es difícil encontrar una propuesta que realmente rompa las pautas de lo que conocemos y nos ofrezca una experiencia totalmente nueva. Más allá del lugar, las actividades o las bandas que puedan presentarse, la experiencia que pueda tener el público muy probablemente siempre sea la misma. A menos que lo que cambie sea lo que está pasando arriba del escenario y el festival esté planeado para que ellos, los organizadores y artistas, sean los que demuestren que mejor se lo están pasando. Y eso fue lo que terminó haciendo del Festival Anónimo un evento bastante digno de recordar.

Celebrado en el Pepsi Center, de entrada la idea de un festival bajo techo no llamaba mucho la atención, pese a que su cartel no le pedía nada a cualquier otro que reuniera los mejores talentos de la música latinoamericana en los últimos años. Sin embargo, la diferencia se podía comenzar a ver en la interacción que se veía en las redes de los artistas que se presentarían unos días antes; una emoción real por tocar con sus viejos amigos, invitaciones a músicos que no estaban contemplados para participar en alguna canción, diálogos con sus fans juntando peticiones. El preámbulo de algo que se veía venir como una tarde entre camaradas.

Y nada quedó a deber cuando llegó el momento. Desde el ecléctico proyecto audiovisual de XATO pudimos percatarnos que la propuesta del Festival Anónimo también iba hacia las nuevas experiencias sonoras más allá de los artistas ya conocidos. El día y el horario no ayudaron a que la gente llegara precisamente temprano, una lástima ya que el segundo acto corrió a cargo de Baltazar, uno de los proyectos que más nos emocionaban del cartel, y en donde se comenzaba a ver el hilo que unía a prácticamente todas las bandas presentes, ya que sería la primera vez que veríamos a Juan Pablo Corcuera, "JP" para los cuates, en el escenario. El proyecto alterno del también vocalista de Technicolor Fabrics sumió al Pepsi Center en un aura mística que pintaba el ambiente de la energía necesaria para comenzar a dejarse llevar por la música.

La red de amigos continuaría con Yogui, proyecto solista del guitarrista de los Technicolor (vayan acostumbrándose, porque todas las bandas tienen que ver entre sí), que llegó a refrescar la tarde con sus sonidos más cercanos al pop que hizo que los presentes empezaran a aflojar los pies. El terreno quedó más que listo para recibir a Daniela Spalla y Juan Pablo Vega, al tiempo que el recinto podía verse cada vez un poco más poblado. Para mi sorpresa, la sólida base de fans del colombiano lo recibió con una energía impresionante. Para el tiempo que el cantautor invitó al escenario a Sabino para aderezar con su freestyle su éxito “Vicio”, todo ya parecía una verdadera fiesta.

Lamentablemente el estar en un lugar cerrado sí terminaba de bajar un poco la emoción festivalera. Esto le pegaba un poco a los actos del escenario Bros, ya que al terminar el escenario principal la gente se abarrotaba en los baños en vez de ir a ver al resto de las propuestas, pero aún así Zoviet hizo lo propio y sacudió de las cabezas de aquellos que se animaron a escuchar sus guitarras. Sin embargo, la mayoría de la gente estaba comenzando a apartar el lugar para recibir a Technicolor Fabrics, uno de los actos más queridos del cartel.

Los consentidos de Guadalajara hicieron un emotivo recorrido por su discografía, con clásicos como “Frequency” u “Otoño”, pero las más coreadas fueron los temas de Bahía Santiago. Con “Fuma” una vez más se llenó el escenario de invitados pero fue Siddhartha quien se llevó la ovación de la gente, poniendo una vez más en evidencia que esto era una reunión de amigos y que la verdadera fiesta estaba arriba del escenario. Lo que no quiere decir que el público la estuviera pasando mal, pero era justo la energía de los músicos y el sentido de camaradería que se sentía lo que terminaba de contagiar a quienes cantábamos con ellos.

Jósean Log fue una grata sorpresa que no tenía el gusto de conocer, y a quienes definitivamente les seguiré la pista. Sin embargo, pudo más mi nostalgia y emoción por ver a Porter y tuve que escucharlos desde lejos para tener un buen lugar en el escenario principal. Y es que volver a ver a Porter era algo que no había podido hacer desde su reencuentro, por lo que para mí era el momento más esperado de la noche. Espera que terminó por superar mis expectativas, pues lo de Porter en el Festival Anónimo fue una locura. Guiados por sus texturas y la penetrante voz de David Velasco, los tapatíos hicieron que la noche cobrara una emoción particular. Algo que llamó bastante la atención es que el público presente parecía que era en su gran mayoría de reciente afición por la banda, ya que los temas mejor recibidos fueron los incluidos en Moctezuma, y no sus grandes clásicos. Sin embargo, el encore con “Espiral” pasará a mi memoria como una de sus mejores interpretaciones. Aunque todas las palmas se las llevó “Huitzil”, que cerró una presentación perfecta y el Pepsi Center explotó tanto arriba como abajo del escenario.

La noche siguió con Sabino, a quien ya habíamos visto varias veces en la tarde como invitado en otros actos, pero que dio una muy buena dosis de hip hop para despertarnos un poco después del viaje tremendo en el que nos había dejado Porter. Para la llegada de Siddhartha, todo era emoción, sudor y un ambiente de fiesta inmejorable. Recibido entre gritos ensordecedores, el cantautor centró su presentación en los temas de Únicos, su más reciente producción, aunque nos consintió con algunos clásicos de su repertorio, como “Control” o “Náufrago”, que sacaron llantos de sus fans más clavados. Una de las grandes sorpresas de la noche, y que se venía cocinando desde antes en las redes del festival, llegó con “Loco” y la presencia de Caloncho en el escenario para consentir a todos los que pedían su participación. Fue justo tras este tema que las palabras de Siddhartha hicieron eco de lo que estaba siendo la noche: “Este festival es para todos los que queremos dejar de ser anónimos. Para todos los que están aquí apoyando a las propuestas que a base de trabajo hemos logrado salir adelante. Pero sobre todo para todos los que creyeron en estas propuestas y nos tienen aquí”.

Y es que es cierto. A pesar de que no necesariamente fue un festival de música independiente, prácticamente todos los actos presentes empezaron de cero y solo apoyándose entre ellos fue que llegaron a ser lo que son. Produciéndose unos a los otros, siendo músicos invitados en sus discos, llevando el booking y management de varios de los proyectos por su cuenta y organizando festivales de cero fue que pudieron llegar a tener un público que los soportara. No es sorpresa que todos los músicos fueran amigos entre sí ni de la misma ciudad. Más allá de una situación de palancas o compadrazgos, la historia de las bandas que hicieron vibrar el Pepsi Center es una de trabajo duro y colaboración; algo que debería de ser ejemplo para muchas escenas crecientes que muy pronto podrían estar encabezando su propio festival.

El ambiente festivo terminó con los chicos de Mylko, a quienes hemos podido ver un par de veces y nunca nos han decepcionado, que con sus beats prepararon el terreno para recibir a Los Amigos Invisibles. La noche se llenó de ritmo y sabor con los venezolanos que cada vez se sienten más en casa. Pese a que mucha gente dejó el recinto tras la presentación de Siddhartha, el ánimo se sentía más emotivo que nunca. Con su fusión de ritmos y siendo unos de los grandes consentidos por el público mexicano en los últimos años, “Chulius” y compañía no tuvieron piedad con aquellos que ya estaban cansados tras un día lleno de música y nos exigieron el último aliento. Dejando todo en el escenario, fueron el cierre perfecto para una jornada que fuera de darnos la típica experiencia festivalera, nos hizo darnos cuenta que el talento latinoamericano tendría que ser todo menos anónimo.

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