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'Silent Alarm' de Bloc Party cumple 15 años

'Silent Alarm' de Bloc Party cumple 15 años

Silent Alarm celebra su decimoquinto aniversario. La sangrienta fiesta fue en Londres. 

No es una sátira política, su nombre es Bloc Party y simplemente quiere fiesta. Pero, ¿qué pasaba hace 15 años? ¿Cómo se movía el mundo? Y, sobre todo, ¿cómo giraba la música más rápido alrededor de todos nosotros? Estamos hablando de 15 años. Nokia y Sony Ericsson eran los reyes de la telefonía móvil, el Internet corría por un cable ethernet desconectado de la línea telefónica y el iPod comenzaba a sustituir las grandes carpetas repletas de discos. Son 15 largos años, querido amigo lector. Vaya, el Vive Latino era de un solo día. 

Y, pasada esa década sumada más lustro, el Silent Alarm de Okereke y compañía sigue siendo relevante. A manera personal, eso hace que cierta clase de música sea de verdad notable. Puedes conocer a muchísimas bandas, pero si un disco –en su totalidad– no queda grabado en tu memoria, no fue un gran disco. El cuarteto londinense creó un material para la posteridad que se ganó a la crítica y al público. Lo que pasó con la banda después, es historia. Pero, hace 15 años, se grabaron las bases para muchos proyectos que hoy en día siguen haciendo vibrar escenarios. Hola, Foals 

Porque recordar es volver a vivir, se debe recalcar que el Silent Alarm no fue una coincidencia, su sonido tenía un significado gigantesco. Otras bandas que en ese momento iban en ascenso hacían lo propio. Interpol recién lanzaba Antics; Franz Ferdinand hacía lo propio con su segundo LP You Could Have It So Much Better tras su inmejorable debut homónimo; Alex Turner y compañía seguían ensayando para conquistar con Whatever People Say I Am, That's What I'm NotThe Horrors se formaba en el verano de ese año para un par después lanzar Strange House; y The Libertines, se despedía de los escenarios en París ya sin el problemático Doherty. Nada era una casualidad. Los nuevos headliners nacían tras ensayar por horas en sucios garage o en un apartamento. Ahora todo suena a nostalgia, en ese momento era todo o nada. 

Para Silent Alarm, Bloc Party acudió con Paul Epworth para la producción, que en ese momento aún no era el monstruo que es ahora. El disco va de más a menos, tal vez por ello la banda toque el setlist del álbum a la inversa en su gira. Iniciando con Like Eating Glass y Helicopter, el cuarteto trae su dance-punk a nuestros oídos. Letras bien construidas, arreglos limpios y todos los ganchos en su lugar. La banda creaba puentes que siempre te llevaban a mirar fuegos artificiales. Utilizaba sintetizadores, pero no se abusaba de ellos. Este era el tan mal y bien llamado “indie” rock. La voz de Kele, le daba gran parte de la grandeza a la banda. 

La magia en el debut de Bloc Party son las joyas incrustadas entre los sencillos. Sabemos que existe She’s Hearing Voices, Banquet y This Modern Love”, pero antes de llegar a cada una de ellas hay que pasar por “Positive Tension, “Blue Light” y “Luno”. Transiciones que recorrían nuestra piel pasando desde inquietantes y desesperados ritmos de urgencia hasta puntos de anclaje que rayaban en lo cursi. Son los dos obsequios del cuarteto: el sonido de la alarma donde el terremoto se aproxima; y la calma, en ocasiones pesada, que llega tras el derrumbe.  

Silent Alarm es adictivo. Tiene ese chip en su interior, cada que lo escuchas de nueva cuenta notas un nuevo arreglo. Ese otro chillido. Una vibración externa en su sistema. Parece que se corrompe para encantar a un nuevo público. Como pasa con Is this It Antidotes. Los londinenses no huyen al mostrarse completamente desnudos. Sus sentimientos, hartazgo y hasta vulnerabilidad lo reflejan sin miedo. La alarma silenciosa es adictiva porque, al final de cuentas, no es tan silenciosa. Al contrario, es una máquina que suena y lo hace fuerte. 

Para Russell Lissack y Kele Okereke la idea nacía en 1999 en el mítico Reading. Nosotros lo seguimos celebrando en 2020. Tal vez Bloc Party no brilló como debía, quizá faltó un poco de ambición tras tumbar las listas de popularidad. Las ideas se agotaron rápido o la fórmula no fue tan efectiva como con sus homónimos antes mencionados, pero lo que pasó en Silent Alarm, son 47 minutos que siempre serán alabados con méritos plausibles. La fiesta nació en Londres. Se advirtió, es adictiva.  

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