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Scott Weiland: Bye, Crackerman

Scott Weiland: Bye, Crackerman

“Big Empty” fue el primer esbozo de la presencia de Scott Weiland que tuvimos en nuestra tierra, y ante nuestros ojos, su vistoso sombrero ocultaba el rostro demacrado pero la garganta seguía fiel a su condición de grandeza. Su movimiento errático y su mirada difusa se combinaron con las canciones que siempre quisimos cantar con él. Y como la escena de The Crow que musicaliza este tema —así como la vida de Scott—, siempre que pisas demasiado el acelerador, te arriesgas a tener una muerte de la que todos hablarán.

La segunda ocasión, en el Palacio de los Deportes, Scott llegó tarde de Guadalajara, donde había tocado una noche antes. El show se retrasó unos 20 minutos. Scott bajó de la camioneta y caminó hacia el escenario, su zona de confort; la puerta a la sinceridad, la alucinación perfecta, el lugar donde podría demostrar lo que en verdad podía hacer: “He’s a man, he’s a man, crackerman”.

18 canciones después, Scott ni siquiera pudo bajar las escaleras del escenario, simplemente se desplomó. Su gente de seguridad lo levantó cargando y lo arrastraron de nuevo hasta la misma camioneta negra con destino al descanso necesario. “No era agradable encontrar a tu vocalista tirado en el suelo del baño clavándose una jeringa justo antes de salir a tocar”, refirió alguna vez Slash, acerca de la difícil situación en la que siempre se desenvolvió quien también fuera la voz de Velvet Revolver.

Velvet Revolver

La última vez que vimos a Scott Weiland en México fue en El Plaza Condesa, y esa fue la mejor actuación de Stone Temple Pilots. Justo habían regresado de un paseo por Teotihuacán y al parecer la energía de los dioses los había recargado; el andar por la calzada de los muertos hizo que de alguna forma renacieran. Con su inseparable megáfono, la voz emanaba frases difusas mientras los hermanos DeLeo improvisaban con sus respectivas cuerdas y el humo del copal limpiaba sus conciencias. Sin rencillas, sin malestares por síndromes de abstinencia, alentados por el candor del chamán y una cinta roja atada a su frente, nunca olvidaremos aquel 9 de noviembre de 2011.

Ayer la noticia se disipó rápido, nos fuimos a dormir evocando sus canciones, mirando sus fotos, mandando mensajes a los amigos cercanos anunciando la fatal noticia —como si se tratara de alguien muy cercano—, apreciando sus recuerdos; desde su porte en aquella mecedora en su MTV Unplugged hasta otra posible reunión con su banda de toda la vida, e incluso sus gloriosas frases hasta sus últimos momentos. “Cuando murió Andy Wood fue como el fin de la inocencia para nosotros”, dijo Chris Cornell al respecto de la muerte por sobredosis del vocalista de Mother Love Bone, el primero de muchos que en el camino de la aguja encontraron su cruel final. Hoy volvemos a sentir ese gran vacío por alguien que conocíamos y que sentíamos que, gracias a sus letras, nos conocía. Recordemos una de sus entrañables frases que refleja el sentir de sus fans a partir de hoy: "Well, I’m half the man I used to be”.

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