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A 20 años del 'Blackwater Park' de Opeth

A 20 años del 'Blackwater Park' de Opeth

27/Feb/2021

Se cumplen 20 años del Blackwater Park de Opeth, el álbum que dibujó el inicio real de la banda sueca entre diferentes puntos de inflexiones.

Hablar de Opeth es abrir un debate innecesario sobre las producciones musicales que han desarrollado debido a su amplia ambivalencia y gama de sonidos. La banda sueca había consolidado unos primeros muy ligados a un death metal progresivo en sus trabajos iniciales Morningrise (1996) e incluso, el maravilloso debut de la banda, Orchid (1995). Sin embargo, en febrero del 2001, la banda en cabeza del frontman y gran genio musical Åkerfeldt, cayó por el abismo.

Tal vez parece que caerse por el abismo es un acto sumamente abrasivo y radical, pero este gran paso le cobró a Opeth su importancia actual que tienen ahora y por supuesto, uno de los mejores álbumes de prog conocidos a nivel mundial: Blackwater Park (2001).

Después de que el proyecto musical fundado por David Isberg sufriera los encuentros y las diferencias relacionadas con creación, la banda llegó así a manos de Mikael Åkerfeldt al punto de poner tres álbumes de estudio previos a Blackwater Park. Y aunque es difícil de reconocer los cambios en su aleación original que han tenido los miembros de la banda, los sonidos característicos de la misma mantuvieron indelebles en el tiempo con esa belleza rústica.

El Blackwater Park recogió todo lo que Opeth había construido desde 1990 hasta el año 2000, equivalente a 10 años de trabajo y la unión con el no-tan-conocido de ese entonces, Steven Wilson (Porcupine Tree) para elaborar este material que ha mantenido esencial entre géneros compartidos como el death metal y metal progresivo.Harvest” es el mejor ejemplo ilustrado en el álbum que hunde sus cimientos entre un blackgaze y prog, aquel que une la muerte con la vida.

Aquel prog que conocíamos en los 70 se elevó y formó un álbum simbiótico de ritmos, sombras y nacimientos que contiene el Blackwater Park. Todo aquello que habíamos conocido tras la cabeza de Åkerfeldt, pasó a otro punto de quiebre emocional agudizado y lleno de semblanzas únicas. Blackwater Park tiene una belleza subjetiva y congenia bastante bien con la producción hecha a manos de Wilson; pero tal vez, estos atributos son escasos para el oscuro atractivo que ha tenido la banda: es única y lo sabemos.

Una serie de paisajes se dibujan y se enlazan entre sí con cada minuto de cada canción contenida en el disco: un álbum que fácilmente nos arrastraría por los más temibles círculos del infierno que describiría Alighieri en su libro La divina comedia para finalmente disfrutar de la novena esfera en el paraíso donde moran los más bellos ángeles.

 

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