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A 10 años de 'Wounded Rhymes' de Lykke Li

A 10 años de 'Wounded Rhymes' de Lykke Li

25/Feb/2021

Escribo sobre Wounded Rhymes (2011) a la misma edad que Lykke Li...

Las interrogantes más ‘fastidiosas’ son aquellas que nos hacen (re)pensar las formas en las que habitamos el mundo. Los actos cotidianos que acostumbramos a describir con monosílabos y ambigüedades son los más incómodos de nombrar. ¿Qué es la adultez? ¿A qué está ligada si no es a puntos intermedios y a una narrativa de «lo que ya no existe»? Pocos son los relatos que se trazan desde una ruta distinta a la nostalgia y el pesimismo. La mayoría caemos en esa trampa: creemos que ser adulta/o implica obligarse a aceptar la pérdida, separación y ruptura permanente: 

de la inocencia, simplicidad e  ilusión. 

Terminar una carrera. Decidir lo que se quiere ser hasta el día que nos convirtamos en polvo. Formar un solo tipo de familia. Conseguir un trabajo. Recibir una remuneración de cada una de nuestras actividades. Adaptarnos a la supervivencia. Aprender a vivir en crisis. Dar las cosas por hecho: un breve —y ya muy gastado— sumario de las antologías de la edad adulta.

Casi nadie nos ha hablado sobre las posibilidades de (des)armar las narrativas. Ser adulto/a es estar en constante fuga. Estar atravesadas/os por lo incierto y lo fragmentario. Lykke Li potencia la economía del lenguaje y arrebata el supuesto carácter natural y ‘evolucionista’ de las biografías. Por supuesto no lo pensé así a los 14 años. Ahora tengo 24, la misma edad que Li Lykke Timotej Zachrisson cuando escribió “Youth Knows No Pain”. Empiezo a aproximarme a uno de los fundamentos de la edad adulta: 

«So come on, honey. Blow yourself to pieces (...) 

Come together and join the parade

And get back what you got lost in the trade».

*

La mayoría de las conspiraciones surgieron del susurro. Luego estallaron. Eso sucedió con la música de Lykke Li; incluso con canciones que musicalizaron películas que poco —o nada— tenían que ver con (des)articular las disciplinas del cuerpo y las sexualidades. 

Pienso en la única persona que me ha hecho creer en la posibilidad de formar mariposas a partir de los recortes y (des)dobles de nuestras corporeidades. Bailamos juntas: «He a message. I’m the runner. He the rebel, I'm the daughter waiting for you». Nos cobijamos en la imparable potencia de amar a alguien: « You're my river running high. Run deep, run wild». Y habitamos la misma trinchera: «Cutting through my veins and spirit (...) cause wicked games seek wicked people».

Para quienes crecimos en familias conservadoras, la única forma en la que podíamos acercarnos a nuestra sexualidad era a través de experiencias, palabras y edificaciones ajenas. Por fortuna, Wounded Rhymes se volvió  una rebelión propia. 

Desde muy joven me sentí atraída por la narrativa folklórica de los vampiros, pero nunca fui gran seguidora  de la historia de Bella Swan y Edward Cullen. Conocía un par de blogs en Tumblr y —en ese entonces— “Possibility” era una de las canciones más compartidas entre la comunidad de fans de Twilight. En 2008, Stephenie Meyer, Catherine Hardwicke y Lykke Li hablaban de temas con los que se nos silenciaba y castigaba en las escuelas o reuniones familiares.

Para 2011, las cosas no eran tan distintas. A muchos ‘adultos’ les causaba incomodidad nombrar la realidad, sobre todo aquella que desafiaba «lo normativo». La desobediencia siempre ha causado malestar y repudio. Lykke Li se inspiró en Bob Dylan, David Lynch, Michaelangelo Antonioni y Maya Deren para demostrar que saldría victoriosa de una prensa sensacionalista, sexista y poco profesional. Muchas de nosotras nos inspiramos en ella para escribir nuestros respectivos episodios de “Rich Kids Blues”, “I Follow Rivers” y “Get Some”

«Go ahead, go away low

Where I can no do wrong

Got you ‘round finger my finger like a lonely lover’s charm».

*

A finales de 2010, Lykke Li se mudó a Los Ángeles, una ciudad convexa entre anhelos y tristezas. Para ella, el trazar cartografías sin raíces era algo habitual. Vivió en Marruecos, Portugal e India. Jamás sintió nostalgia por los lugares, pero sí por quienes formaban parte de los paisajes. «Recupera lo que perdiste ante las personas», subraya con el canto de folk que podría ser “Unrequited Love”. Tal como lo sugiere el título, Wounded Rhymes es una epopeya al ciclo vital de las flores: tienes que marchitarte con algunas personas para florecer con otras.

En ningún momento tuvo la intención de ocultar lo que es su segundo álbum de estudio. Musicalmente, es un carnaval entre el electropop, una oda a la percusión, tintes sesenteros y el trabajo de Phil Spector. Líricamente, es un recordatorio de que la adultez es una herida abierta y en constante cicatrización. Con temas como “Silent My Song” y “Sadness Is a Blessing”, Li deja clara una de las formalidades implícitas en la edad adulta: algunas interrogantes se quedan en puntos suspensivos o en un monólogo hacia nosotras/os mismas/os. 

«My wounded rhymes make silent cries tonight (...)

Will sorrow be the only lover I can call my own?»

*

Durante el proceso creativo de Wounded Rhymes, la compositora se refugió en el desierto. «Quiero que mis canciones sean una fuerza de la naturaleza que te sostenga en situaciones en las que crees no tener voz» argumentó. «Me siento afortunada de poder filtrar mis emociones en los horarios estelares porque sé que alguien está viviendo lo mismo», reiteró en una entrevista con Pitchfork. Nadie escribe sola/o. Aún en las tierras poco fértiles del sur de California, Lykke Li estuvo acompañada por las y los adolescentes que años más tarde tendrían la misma duda que ella: ¿Qué implica ser adulto/a? 

Nombrar las etapas de la vida incomoda. Nadie nos ha enseñado a desnudar los actos cotidianos que acostumbramos a describir con monosílabos y ambigüedades. Somos ese punto intermedio entre “Youth Knows No Pain” y “Love Out of Lust”.

Hagámonos pedazos. Arrebatemos el supuesto carácter natural y ‘evolucionista’ de las biografías. 

Ser adulto/a es estar en constante fuga. 

Ser y trazar cartografías.

Aún en las profundidades del agua.

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