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Cuco — Para mí

7

Cuco
Para mí

Interscope / 2019

Artista(s)

Cuco

Para mí: Colores que vibran en una zona gris.

La música de Cuco nunca ha sido para todo el público: hay quien puede tacharla de mediocre, poco inventiva, genérica, facilonamente y hasta aburrida. Y en realidad es que nada de eso es mentira, en cierto sentido. Los últimos años ha surgido una afición por los sonidos lo-fi y ritmos lentos que evocan una sensación de calma y relajación, además de que una serie de artistas que hablan de cosas como el amor, drogas y sentimientos de desesperación de una forma tan anodina e insulsa han crecido exponencialmente. Por ello es fácil hablar de las canciones de Omar de con tanta banalidad y poco respeto, pues cae dentro de esta nueva oleada de músicos que buscan dichos sonidos a través de sus tracks.

En su primer álbum dentro de Interscope, Cuco, produce y escribe cada uno de sus temas, no hay otra mano que mueva los hilos detrás de las creaciones del artista de California. La influencia de artistas como Kevin Parker, Toro y Moi o Mac DeMarco es claramente identificable. La esencia de temas como “Lo que siento” o “Lover Is a Day” se sigue escuchando, pero hay una evolución clara en los sonidos que terminan volviéndose más maduros con cada proyecto.

El disco es un entretejido de ritmos como bossa nova, R&B, y synth pop con una clara nota californiana.

El viaje inicia con “Intro”, una colaboración con Foos Fone Wild que se vuelve a un monólogo autocrítico del propio Omar en la que relata pasajes poco agradables de la vida del artista. Con una tonada melosa acompañada de Auto-Tune, sintetizadores y una batería alegre, “Keeping Tabs” es como la bienvenida a una feria de película americana en la que los algodones de azúcar y los dardos son color pastel y el cielo se vuelve más azul que de costumbre, esta de la mano de Suscat0. Le siguen “Bossa No Sé” y “Perihelion (Interlude)”, la primera con la colaboración de Jean Carter, y que construye la estructura de la canción, precisamente, en una base de bossa nova adornada con secuencias de hi-hats y la voz de Cuco con una textura virtual. “Perihelion”, por su parte, es un interludio facilón al que bien se le podría dar skip sin perder la esencia del disco.

Por la mitad del proyecto encontramos canciones como “Feelings”, “Lovetripper”, “Ego Death In Thailand” y “Hydrocodone” en las que el trayecto se vuelve más sintético y atmosférico que la primera parte de Para mí. “Hydrocodone” es el track más interesante de este tramo y es en el que se produce un cambio para adentrarnos al final del álbum con un sonido lleno de texturas más introspectivas, pero naturales.

Para el final del disco hay dos interludios más: “Brokey The Pear” y “Room Tone”, ambos únicamente entendibles como transiciones prescindibles y en las que Cuco experimenta con sonidos que suenan ajenos a su propia historia. “Far Away From Home” es una balada synth pop melancólica y llena de sonidos cliché de la década de los 90 que rememora los bailes de escuela (americanos de nuevo) en los que un par de niños apenas mueven los pies mientras rodean sus cuellos o cinturas con sus brazos. Llega “Best Friend”, a mi gusto el mejor track de todo el álbum, que de nuevo utiliza un bossa nova, pero esta vez sin una alteración tan marcada como en “Bossa No Sé”, aunque las secuencias de hi-hats vuelven a aparecer. Es la mejor pieza del rompecabezas que es Para mí, una canción en la que se siente una frescura de la cuál carece el resto del álbum. Es una canción triste en la que le canta un amor que se fue y al cuál sigue queriendo. Nada típico, ¿cierto?

Y cierra con “Do Better”, en la que una guitarra marca el compás y nos despide con una balada más tropical y llena de esencia bossa.

En resumen, Para mí, es un buen disco. Punto. Plano y lleno de espacios forzados y carentes de emoción, pero que funciona para el público que acostumbra escuchar a Cuco. Su discurso nunca es político, aunque tampoco esperábamos que lo fuera, y los únicos momentos en los que se vuelve serio es para hablar de amor no correspondido o de sentimientos de duda.

Así, en general, el álbum del artista de California es un idílico viaje por memorias y momentos en la vida de él mismo. Un viaje que no trasciende y que se queda corto para las expectativas con las que cargaba Omar Banos… aunque al final tampoco es como que nos deba algo.

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