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Bob Moses — Battle Lines

8

Bob Moses
Battle Lines

Domino Records / 2018

Artista(s)

Bob Moses

Battle Lines: Es electrónica, cachonda, pero con una dosis de ternura.

11 canciones conforman Battle Lines, el nuevo álbum del dueto canadiense Bob Moses. El viaje arranca con los coros de “Heaven Only Knows” que reza: “Sacrificar toda tu vida, las cabezas cuelgan pesadas cuando hay sangre en la línea. Está justificado, no preguntes por qué. Porque el cielo solo sabe”, y precisamente solo el cielo sabe a cuántas otras canciones nos recuerda este tema pegajoso, bien producido y bailable, es tan bueno como genérico y mejora justo al final en que las percusiones y los beats se atascan a niveles de Nine Inch Nails (toda proporción guardada).

“Battle Lines”, la canción que da nombre al disco es un poco más oscura, con melodías de piano constantes y riffs de guitarra hacia el final. Aquí, Howie suena más sensual, y sus palabras parecen hacerse más arrastradas con cada letra que entona, dando más protagonismo al sonido que a la letra. Para finalizar, el solo de guitarra mantiene el sex appeal de este tema que es uno de los memorables del disco. “Back Down” es más alegre, casi como salida de un anuncio de autos, o del top 10 de una estación de radio comercial. Es divertida y pegajosa con su coro que repite “Never coming back”, pero resulta un tanto predecible, y quizá el efecto no se desgastaría tanto si no durara más de cuatro minutos.

“Eye for an Eye” tiene instantes en que la voz de Tom Howie acompañada de un piano recuerda los momentos melodramáticos de Keane, Coldplay pre Viva la Vida o hasta Robbie Williams cerca de Escapology. En un inicio tiene una nostalgia tipo pop británico y su coro de lamentos “don’t pretend you are innocent” antojan cantarla como himno romántico de estadio. Parece nacida para un videoclip en que el vocalista cante con un cuello de tortuga negro mientras la cámara le hace un close up.

El coro de “The Only Thing We Know” muta de una suerte de amenaza/ruego a un beat que progresa para dejar el pop meloso y pasar a lo bailable, luego a lo triste. El contrapunto del resto de la instrumentación con el piano y las palabras de Tom lo hacen hipnotizante, pues gracias a su repetición hace que el escucha entre en una suerte de trance, como un engranaje que sigue avanzando, mostrando una nueva capa cada vez. “Nothing But You” tiene una vibra de pop noventero, que también coquetea con sintetizadores ochenteros. En ella, la distorsión da nuevos matices a la voz del proyecto. Su energía es de esperanza y el resultado es muy radiable.

Por su parte “Enough to Believe” cuenta con una introducción casi cinematográfica que sería perfecta para los créditos de alguna serie de Netflix. Luego muta, sumando velocidad a su ritmo mientras la voz de Howie se mantiene en su compás y canta por momentos arrastrando las palabras de una manera que, de nuevo, lo que menos importa es lo que dice sino la forma en que suena. Este es uno de los momentos interesantes del álbum, pues se aleja un poco del resto de los temas y logra texturas sonoras interesantes. También destaca “Listen to Me” en la que el bajo toma mayor protagonismo. Esta canción se antoja particularmente para algún remix que llene las pistas de baile.

Al inicio de “Selling Me Sympathy” da la sensación de ya haber escuchado el tema en el mismo disco, pero luego se diferencia con un tono más oscuro y una letra cliché: “Don´t say too much, I´ve heard it all before”. Sin embargo, a pesar de sus lugares comunes, tiene uno de los coros más memorables del disco. Más completa es “Don’t Hold Back” que tiene un beat que resume la esencia de Bob Moses y tiene más sex appeal que el resto del material. Es electrónica, cachonda, pero con una dosis de ternura y coros sencillamente pegajosos, que invitan a no detenerse y bailar.

Para finalizar “Fallen From Arms” mantiene la nota melancólica con su piano eléctrico (probablemente sea la más nostálgica del disco), pero no llega a la sofisticación de otros proyectos como Beach House o The xx. Eso sí, la voz de Howie alcanza notas que resultan muy agradables y dan ganas de escucharlo cantar en más géneros.

Así, Battle Lines es un álbum cuya mayor virtud es el deseo de sus creadores de experimentar. Sin embargo, resulta menos divertido que su predecesor y por momentos se reduce a indie/electro pop genérico; está bien como música de fondo o para escuchar una canción de forma independiente del disco, pues en conjunto resulta un tanto aburrido. Su fórmula de indie cansa rápido y sus momentos electrónicos no siempre alcanzan el nivel de, por ejemplo, “Tearing Me Up” de Days Gone By. Aún así, el disco agradará a sus fanáticos y los mantendrá en la mira como un proyecto que seguir. Eso sí, la fórmula, sin alterar, difícilmente alcanza para un disco más.

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