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Entrevista con Lucius

Entrevista con Lucius

Una vida con Roger Waters, tribus lejanas y relaciones complicadas.

The Green Room, el hospitality del concierto de Roger Waters en la capital inglesa. A mitad del show los miembros de la banda tienen un momento para ir a convivir con las celebridades e invitados especiales que ahí disfrutan. Noel Gallagher permanece sentado bebiendo hasta que Holly Leassing aparece en la escena, y le pide que se tome una foto con ella para darle celos a su marido. Él obedece pensando que se lo quiere ligar. Ya con su trofeo, ella se despide y parte para continuar su labor como corista de Waters. Así es un día cotidiano en la vida de Leassing, quien junto con Jess Wolfe no solo forma parte de la banda de Roger, sino que además comparten un proyecto de indie rock llamado Lucius.

“Esa fue la última vez que una celebridad me impresionó”, explica Leassing refiriéndose a Gallagher. “Mi esposo es su fan y lo he visto mil veces a través de una pantalla –en la tele, en internet– entonces fue muy raro verlo en persona y sin querer le tiré la onda. Yo solo quería una foto para darle envidia a mi esposo. Ya después entendí lo ridículo de lo que hice”.

La escena quedó en eso; una anécdota para hacer reír a su marido. Sin embargo, es el resumen de uno de los principales retos que se enfrentan estas dos chicas al dedicar su vida entera a la música. “En realidad no tenemos tiempo fuera de esta banda o del tour con Roger. Literalmente toda nuestra vida es la música”, explica Wolfe. Y no exagera. Una vez estuvieron tanto tiempo de gira que cuando volvieron a su hogar en Nueva York, la ciudad ya no era la misma. “Estuvimos rodando dos años y cuando volvimos hubo un éxodo de gente creativa porque la ciudad dejó de sentirse como un lugar artístico, así que fuimos a Los Ángeles a grabar un disco, nos quedamos en varios AirBnBs en distintos barrios para ver qué energía nos gustaba y luego decidimos quedarnos para siempre en esta ciudad”.

“¿Sabes? Hay muchas versiones de Los Ángeles. La nuestra consiste en estar en casa rodeadas de amigos de la escena. Siempre hay algo que hacer si quieres pero a la vez te puedes aislar en tu patio y no ver a nadie por semanas. Eso me fascina. Hacemos muchos asados, vamos a exposiciones. Para bien o para mal estar en nuestro hogar en L.A. es algo que valoramos, aprovechamos para escribir, hacemos sesiones de composición, cada una lleva ideas, tocamos instrumentos simples como al guitarra y el ukelele, luego sobre eso hacemos arreglos vocales que mutan”, agregó Holly. “Aún así, casi nunca estamos. Para que me entiendas, el último concierto al que fui fue de Jonathan Wilson en Colombia, y eso porque es parte de la banda de Roger. No tengo mucha vida social”.

¿Pero entonces como funcionan sus relaciones amorosas? Sencillo: no funcionan dicen ambas de forma tajante. Luego Holly elabora. “Es difícil. Son sube y bajas. Porque creces lejos de tu pareja, vives cosas distintas y eso es duro. Por más que le cuentes lo que sucedió no es lo mismo que estar ahí. Pero es como es y con suerte estás con alguien que tiene una pasión similar y entiende por qué haces lo que haces y cada quien vive su vida a la vez que de una forma extraña comparten una en periodos intermitentes”.

Sin embargo, ante cada desventaja, algo que hace que valga la pena. Lucius se caracteriza por ser una banda que realmente conoce cada destino que pisa. “Hacemos un esfuerzo por ponernos en una situación en la que en verdad respiremos la cultura del lugar en el que estamos. Eso requiere trabajo e investigación. Por ejemplo en Brasil fuimos a visitar una tribu indígena, queríamos saber cómo cultivan sus plantaciones, qué música escuchan, qué comen, cómo se ve su sociedad y cómo otras culturas han afectado su vida”, explicó Holly. “Entonces fuimos, pasamos un día con los guaraníes. Es algo que llevamos haciendo mucho tiempo, en la universidad estudiamos música del oeste de África y en parte eso fue lo que encendió la llama de querer ser parte de otras culturas lejanas. En Ghana también nos quedamos un mes con distintas tribus para estudiar su música y su baile, fue una experiencia que nos cambió la vida y que nos gusta replicar al viajar. Y claro, a veces cuando estás de gira solo conoces el hotel y el lugar donde tocas, pero en este tour con Roger hay muchos días libres porque sus conciertos implican mucha logística. Eso nos permite conocer más a fondo cada ciudad”.

Así si bien el corazón de la banda sigue siendo el amor de ambas por la música de los años 60 y 70 y su admiración por figuras con tendencia a usar ropa llamativa, como David Bowie, las experiencias culturales por todo el mundo son algo que definitivamente informan su arte. “Los museos son una gran fuente de inspiración al igual que los Drag Queens y los artistas visuales como Andrew Thomas, quien trabaja con mixed media y hace cosas con Björk. Por nuestro amor por lo vintage y por ser dos mujeres vestidas igual, que aman en soul, la gente nos relaciona con grupos como The Supremes o The Ronettes. Y vaya, las amamos, pero no tratamos de hacer eso. Simplemente sucede porque amamos todo lo que es gráfico, brillos y luminoso”, contó Holly.

“Otra cosa que sucede es que sea consciente o no, no puedes no inspirarte por los otros proyectos. Estar cerca de Roger por los últimos tres años nos ha enseñado cómo funciona su mente, pendiente de cada detalle, preocupada por crear esta gran experiencia para su audiencia y haciendo todo lo posible para que cada momento cuente. No tomamos notas, pero aprendes de ver. También solemos grabar muchas notas de voz; el sonido de una iglesia en San Petersburgo, las voces de una tribu cantando para nosotros. Todo eso tiene mucho significado y se plasma en la música que hacemos”.

La mezcla de tribus lejanas con giras con iconos del rock puede hacer parecer la vida de Lucius como fuera de serie. Pero en realidad la banda está en una búsqueda de autenticidad. Por ello su más reciente EP se llama Nudes y es –claro– un intento por desnudar su esencia.

“Elegimos ese término porque queríamos exponer las canciones de una forma muy cruda y simple, sin sobre pensarlas. Solo ir al estudio dos días, grabar todo y terminar. Fue algo muy bueno porque así no nos obsesionamos con cada detalle y fue un momento de simplemente dejarlo ser y dejar que las canciones brillen desnudas sin un exceso de producción. Necesitábamos más autenticidad. No tratar de hacer este gran paisaje artístico que hemos hecho otras veces y que está bien pero no era lo que este instante pedía”, recordó Jess. “En el estudio todo cobra forma con el resto de la banda, pero todo empieza siempre con nosotras dos componiendo. Intentamos no solo pensar en las canciones sino en el show en sí y cómo expandir el concepto de una banda de indie rock, esa es nuestra nueva meta: hacerlo una experiencia más integral que abarque ojos, oídos, corazón. Con un poco de suerte lo lograremos”, concluyó.