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Ladytron en El Plaza Condesa

Ladytron en El Plaza Condesa

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El Plaza Condesa

Artista(s)

Los caminantes negros y la fragmentación de las moléculas.

Lo importante es reconocer nuestra condición, aceptar que algo ha cambiado, que eso se mueve, que tiene vida y que está latente, que está suspendido, flotando, cayendo o ascendiendo. En la última canción de su show, la banda de Liverpool, Ladytron, interpretó el himno de quienes se reconocen devastados, “destrúyeme de esta forma, todo lo que pueda abandonarte, para que eso no pueda herirte, solo debes mirar detrás de ti”. Unos levantaron las manos, otros sacaron celulares, los que podían bailaban, pero todos cantaban, “sacude tu mano, saca la pistola, aléjate del sol”. Lo importante es que el ánimo estaba arriba, más allá del escenario, más arriba de El Plaza –adonde la banda reaparecía después de ocho años de ausencia de México–, cerca de la noche estrellada. Destruye todo lo que tocas. Era una orden, y quienes ahí estaban la llevaron acabo.

Después de una apertura ad hoc de media hora por parte de NWT, que propuso el ánimo ochentero, el público comenzó a llenar el lugar. Ciertos shows parecen una rutina, al telonero pocos lo ven y cuando el acto principal está por comenzar, los fans se amontonan hacia adentro. Aquí pasó igual. Muchos con ropa de negro. Uno que otro con un look exótico. 21:17 H. Comenzó el intro de Madeleine Chartrand, “Ani-Kuni”, y las luces se apagaron. Esa es la señal. Gritos. Energía. Euforia. Emoción. “Black Cat”, “The Island”, “Ghosts” y “Soft Power”. No son cuatro jinetes, son seis personas que como los caminantes blancos de Game of Thrones comandaron el show. Helen Marnie, de cabello rubio, con un vestido negro a rayas moradas; Mira Aroyo, también de vestido negro; Reuben Wu, Daniel Hunt y el baterista invitado, Billy Brown, con jeans y playeras negras, comenzaron su nueva gira en México, después de haber publicado el reciente material. Una chica los acompañó tocando un synth extra y haciendo coros.

Si en Game Of Thrones los caminantes blancos son una especie de criaturas persiguiendo tenazmente una misión, guiando a los no-muertos para que los ayuden a cumplir con su objetivo, aquí la banda sobre el escenario estaba formada por caminantes negros conduciendo a El Plaza que se encontraba a tope. Sin interactuar entre ellos, sin intercambiar miradas, simplemente ejecutando impecablemente sus canciones. “Ha pasado mucho tiempo desde nuestro último show en México” dijo Helen. El grito de un fan se elevó, “¡ocho años!”. “The Animals”, “Deadzone” y “Runaway”. Placer. Vibración. Alegría. Constelaciones explotando. El cuerpo desintegrándose por dentro ante los tonos orgásmicos de la banda, las moléculas separándose, los átomos disparándose y el tiempo se congeló. Más gritos. Más baile. Más euforia.

“Fighting in Built Up Areas”, “Paper Highways”, “International Dateline”, “White Elephant” y “Far From Home”. Durante la ausencia de la banda el mundo cambió. Y ahora que regresó lo tiene muy claro. Detrás de ellos dos pantallas proyectaban imágenes con glitch, figuras geométricas, abstractas y orgánicas. La vida se ha digitalizado. Algo llamó la atención de sus pantallas, la recurrente imagen de una mujer repetida en un bucle sobre otras formas, sin aparente relación. La mujer daba vueltas lentamente y podía parecer que estaba flotando o que estaba cayendo o ascendiendo. O todo al mismo tiempo. Era parecida a la portada de Velocifero. Ese era el ritual. Esa era su misión. Fragmentarlo todo, el cuerpo, la carne, los huesos, el alma. Synths análogos que vibraban fortísimo y que ocultaban al bajo, que querían opacar a la batería pero no lo lograban. Synths que se metían en los oídos y viajaban por el cuerpo. “You’ve Changed” y “Discotraxx”. Fin del show, muchos aplausos, muchos gritos, las luces siguieron apagadas. Ladytron entró de nuevo.

El encore fue demencial. Temas de una generación que creció, vivió o salió de noche escuchándolos, con la sensación de algo más, de que algo sucediera, con ganas de acelerar, con ganas de nunca frenar, con ganas de arder, con ganas de llorar y de reír. “White Gold”, “Playgirl”, “Seventeen” y “Destroy Everything You Touch”. Sobre el escenario los caminantes negros casi a oscuras, luces rojas-azules por encima del escenario, luces blancas y amarillas disparando hacia el público, las pantallas brillando en blanco resplandeciente. Helen Marnie caminaba hacia los costados, cruzaba el brazo de manera sensual, giraba el rostro, conducía e imponía. Y el público únicamente gritó, “destrúyeme, destrúyeme de esta forma, destruye todo lo que tocas” reconociéndose devastado.

Eso fue lo que pasó el miércoles 27 de febrero. Hoy los asistentes han vuelto a escuchar a la banda porque no fue suficiente y porque la música suena mejor después de un concierto, cuando recuerdas lo que pasó.

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