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Interpol en el Teatro de la Ciudad

Interpol en el Teatro de la Ciudad

Cortesía
OCESA / Chino Lemus

14/Ago/2018

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Teatro de la Ciudad

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El (post) punk no ha muerto: La primera de dos noches especiales de Interpol para su público chilango.

¿Por qué demonios Interpol daría un concierto en el Teatro de la Ciudad? habiendo tantos recintos más grandes que la banda neoyorquina podría llenar en la CDMX, como lo demostró llenando el Pepsi Center WTC dos veces hace menos de un año para el tour que celebraba el álbum debut, Turn On the Bright Lights (2002). Pues porque Interpol le tiene un cariño especial a la Ciudad de México, y no nada más porque Paul Banks vivió en la ciudad unos años, y donde en el Colegio Americano, una prima mía y sus amigas le gritaban: “Paul-Paul-Interpol”, pero como quedó demostrado hace un mes, con la faramalla promocional para el próximo álbum de Marauder (2018), y su presentación oficial en nuestra capital, quedó constatado que la ciudad y el público mexicano son quizás el objetivo comercial (y afectivo) más importante que tiene la banda hoy en día.

Por lo tanto, estas dos fechas en un recinto histórico, de arquitectura neoclásica, fueron para agasajar a su público chilango en un par de conciertos íntimos y especiales. Habrá quedado el Metropólitan y el Teatro de la Ciudad en la recta final, y simplemente, este último es el que se ve mejor desde el escenario (el grupo también quiere disfrutar la noche), a pesar de que el Metropólitan lo aventaja en calidad de audio… no descartamos que hayan vuelto a filmar durante estas presentaciones.

“Ya saben que es un placer estar en México… es el mejor público que tenemos”, dijo Paul Banks hacia el micrófono cerca del final del concierto.

Esta noche lluviosa fue la ocasión perfecta para que se presentaran dos números en vivo por primera vez: “If You Really Love Nothing” y “Number 10”, ambas del nuevo álbum, Marauder.

“Pensamos mucho en nombrar esa”, dijo sarcásticamente Banks sobre “Number 10”, “yo quería ponerle 'Número 9', pero Daniel no me dejó”, comentó en un español perfecto. Muy cursi, fue la décima canción de la noche.

La banda de Nueva York andaba inspirada esta noche; tocaba en sincronía como un grupo bien compacto, en canciones rápidas como “Slow Hands” y “Roland”. Sam Fogarino, el baterista, andaba preciso en los fills entre los versos, aparte de que mantenía el beat con potencia. Daniel Kessler, el más movido en el escenario, sacudía las piernas, y dejaba que las notas de su Epiphone Casino colgaran en el aire como una espesa brisa, particularmente en “Pioneer to the Falls”, una canción que le daba un comienzo tan memorable al sub-valuado Our Love to Admire (2007).

Era una banda mucho más motivada que la última vez que la vi en vivo, hace como diez años abriéndole a The Cure, incluso ahora que ya no está Carlos D.

Esta vez, la raza ya estaba de pie desde la cuarta canción, “C’mere”, coreando y bailando entre los asientos; fue de las canciones más coreadas de la noche, junto con otra querida del Antics (2004): “Evil”. Yo me quedé con las ganas de cantar “Take You on a Cruise”, cuyas ególatras líneas “there’s nothing like this built today…you’ll never see a finer ship in your life”, siempre me han dado risa por alguna razón, pero en su lugar interpretaron “The Scale”. Una de las sorpresas de la noche fue “Mammoth”, la cual, antes de esta noche, habían tocado solo una vez desde el 2015; la empezaron para pararla en seco, y finalmente la reiniciaron en forma tras un breve respiro.

Y EL BAJO, APÁ? Ha sido una tendencia notoria, desagradable para algunos, que el bajo en el sonido general de Interpol cada vez lo esconden más en la mezcla. Desde el álbum homónimo del 2010, y tras la salida de Carlos Dengler, el instrumento ha dejado de ser predominante en el sonido de la banda, y aunque sobre el escenario Brad Truax es casi una copia física de Dengler, sus líneas en el bajo son más genéricas, aparte de que ahora con las grabaciones de Marauder que se pueden escuchar en las plataformas, “The Rover” y “Number 10”, el instrumento ha quedado bien enterrado en el mix. Dengler no era un bajista nato, pero su forma de tocar heterodoxa era parte del charm de esta banda cuando apareció a principios del milenio, “tan malo para tocar, que era bueno”, como alguna vez escuché a alguien decir, tipo Alex James de Blur.

“Obstacle 1”, la canción que lanzó al grupo a la escena internacional, interpretada en vivo, fue un ejemplo de como se extraña el staccato extraño de Dengler como parte del sonido de la banda.

Bañados en luces azules y moradas, Interpol interpretaba aquella canción de su álbum debut como último número del encore y de la noche. No había ni una persona sentada en el recinto (bueno tal vez algunas en gayola… pero ¿quién se quiere caer desde allá?). Estábamos a segundos de cerrar la primera noche en el Teatro de la Ciudad, y mientras el bombo de Fogarino y el bajo de Truax hacían retumbar al viejo recinto, me escabullí del palco de prensa para adelantarme a la (pequeña) muchedumbre, con una sonrisota en el rostro, pues había visto a una de mis bandas preferidas del nuevo milenio como siempre la había querido ver.

REDACCIÓN:

Iván
Lechuga

FOTO:

Cortesía
OCESA / Chino Lemus

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