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Helado Negro en Foro Bud Light

Helado Negro en Foro Bud Light

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Foro Bud Light

Artista(s)

Una de las noches más esperadas en la ciudad.

Son poco más de las 22 H y Roberto Carlos Lange todavía no sale al escenario. Y La Bamba ya terminó su set, una serie de canciones que mezclan perfectamente la tradición del folk con la celebración del pop, una de esas bandas que sorprenden a propios y extraños con una colección de canciones que difícilmente solo sirven para llenar espacio. Y, además, una poderosa introducción para una de las noches más esperadas en la ciudad desde hace un par de meses. Roberto -y el resto de las personas que conforman Helado Negro en vivo- todavía no hace aparición porque, al parecer, el audio aún no es el adecuado. Parece ser una pequeñez, pero es suficiente para que se tome su tiempo hasta que se resuelva.

Son poco más de las 22 H, apenas unos escasos 10 minutos antes de que todos entren al escenario y den inicio a una cosa casi mágica.

Lo primero que uno puede notar en el concierto es que Helado Negro, el proyecto entero, es perfeccionista. Su pequeño retraso no fue otra cosa sino un esfuerzo necesario para que el sonido del Foro Bud Light le hiciera justicia a su música. Se podía ver desde que Y La Bamba dejó el escenario: después de la tradicional desconectada, la puesta en escena de Helado Negro fue minuciosa. Los tres músicos sobre el escenario revisando cada cosa con especial atención, como peritos en una escena del crimen.

Una vez que todo estuvo en orden comenzó la sesión. Y es que, más que un concierto, la presentación de Helado Negro fue una especie de reunión espiritual. La primera petición de Lange fue clara: el público debería ser una extensión de lo que sucedía arriba del escenario, es decir, un silencioso cómplice de su desnudez. La noche no fue un concierto genérico, sino un diálogo constante entre artista y audiencia.

Y esa audiencia tenía This Is How You Smile fresco en la cabeza. El segundo anuncio de Lange también fue muy claro. “Voy a tocar el nuevo disco completo, en orden, y después algunas oldies but goodies”. Lo que sucedió después fue un poco más de lo que la imaginación podría dibujar.

Helado Negro también es un proyecto detallista, siempre preocupado porque cada uno de los esfuerzos que conforman su música esté perfectamente bien acomodado. En el concierto hubo varias cosas que lo comprobaron, desde el perfect timing en cada una de las canciones que conforman uno de los mejores discos en lo que va del año, hasta los distintos arreglos que hizo para que todas ellas se acomodaran al ensamble de la noche. El resultado fueron variantes que complementan perfecto la experiencia del disco.

Un violín y un par de saxofones fueron el secreto. Por momentos Helado Negro parecía ser una extensión de los experimentos Roxy Music de Destroyer, como cuando las canciones encontraban un momento de paz especial que pasaban de ser una especie de ambient en los interludes para convertirse en una dulce representación de amor. La audiencia se callaba mutuamente, pero el sentimiento general no era de hostilidad, sino de una comunión.

This Is How You Smile terminó con una bellísima interpretación de “Two Lucky” que erizaba la piel y el resto de la noche se llenó de éxitos que solo confirmaron que los ahí presentes no eran meros oportunistas, sino seguidores de antaño que clamaban una noche similar desde hace tiempo. Sonaron con fuerza himnos como “Young, Latin & Proud” e “It’s My Brown Skin”, todos al unísono. La noche dejó de ser individual, para convertirse en una velada colectiva. Una dichosa reunión.

Eran poco más de las 22 H y la impaciencia empezaba a aparecer. A veces uno es necio nada más por estar acostumbrado a la puntualidad y las exigencias de una ciudad que no para. Si de algo sirvió aquella noche de Helado Negro fue para recordarnos -al igual que lo hacen sus discos- que el tiempo es mero trámite, una orden mayor, cosa que no debería importar tanto. La magia, esa de la que hablé al principio, fue parar el caos por una hora y media, hacernos sentir que ese valor que le damos al tiempo es poca cosa. Todos estuvimos ahí, viendo pasar los minutos en frente de nuestras sudadas caras, con cervezas en la mano y con un grupo musical que no dejaba de recordarnos que las cosas más bellas están en los detalles.

Parte de la ciudad se detuvo poco después de las 22 H. Ahora entiendo la importancia de la impuntualidad.

 

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