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Dios Salve a la Reina en la Arena Ciudad de México

Dios Salve a la Reina en la Arena Ciudad de México

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Arena Ciudad de México

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Una apuesta por revertir las condiciones del tiempo y el espacio.

Vas en el transporte público, tienes tus audífonos puestos y de pronto se pone esa canción que tanto disfrutas. En cuestión de segundos te das cuenta de lo desafortunado que eres. La música es infinita, los humanos quienes la interpretan no. A pesar de esta situación, existe una apuesta por revertir las condiciones del tiempo y el espacio. Eso son las bandas tributo. 

Este viernes 6 de septiembre, Dios Salve a la Reina —banda tributo a Queen— se presentó en la Arena Ciudad de México con un espectáculo lleno de nostalgia. ¿Cuántos hemos deseado haber sido parte de aquella icónica presentación en Live Aid? ¿O cuántos anhelamos haber podido corear un 'ay-oh' de Freddie Mercury? Todo eso parecía posible en esta presentación.

Al llegar, familias enteras entraban con gran emoción por lo que estaban por presenciar. Muchos niños portaban la chamarra amarilla icónica de Mercury. Algunos adultos vestían accesorios referentes al artista. Y otros más mostraban su emoción con una sutil playera referente a la agrupación.

Minutos antes de comenzar, voces de infantes soltaban un 'ay-oh'. Y al instante, alguien del lado opuesto de la Arena le respondió. Este inocente juego le abrió camino a Railrod, la banda mexicana de hard rock que se encargó de abrir el concierto. 

Desde los primeros instantes, su sonido estridente puso en alerta al público. Óscar “The Os” Estrada —vocalista— se tomó un momento para comentar que se sentía bien estar en casa. Y cargados de mucho amor al rock, la agrupación nos presentó sencillos como “No se ve bien”, “Soldado Caído”, entre otros.

Al terminar, los aplausos no se hicieron esperar. Quizás por su actuación o la emoción por lo que venía.

Eran las 21:44 H. Las luces se apagaron y una onda de sintetizadores recorrió toda la Arena. Una especie de bruma tapó todo el escenario y no tardó en aparecer una figura que, al instante, todos reconocimos. Con un increíble parecido físico, Pablo Padín salió al escenario y comenzó a interpretar una nueva versión de “We Will Rock You”

Después le siguieron “Now I’m Here”, “Another One Bites The Dust”, “Somebody To Love” y “Fat Bottomed Girls”. Desde las primeras canciones, las guitarras se robaron por completo el protagonismo. Quizá no estábamos frente a Freddie Mercury, pero melódicamente Queen estaba presente y nosotros lo sentíamos. ¡Dios Salve a la Reina lo estaba logrando!

“Killer Queen” se hizo presente, así como “Keep Yourself Alive” y “Under Pressure”. Para este momento, muchos comenzamos a prestar especial atención en los agudos característicos de Mercury que, desafortunadamente, no se encontraban presentes. Sin embargo, a otros cuantos no pareció importarles y comenzaron a ponerse de pie para acompañar a la agrupación en cada canción.

Uno de los momentos más especiales fue “Love Of My Life”. La Arena Ciudad de México parecía un cielo estrellado pese a que no estaba a su máxima capacidad. Algunas parejas a mi alrededor se besaban al compás de la canción, y otras cuantas permanecieron abrazadas. Todos disfrutando el momento.

Un cambio de vestuario llegó. Playera de tirantes y pantalón de mezclilla vestía Pablo Padín. Quien al entrar se colocó frente al gran piano que les acompañaba y comenzó a tocar las primeras notas de “Bohemian Rhapsody”. Todos estábamos conmocionados, a la expectativa de lo que estaba por ocurrir. Pero a los pocos minutos, esa emoción se vino abajo. Y un sabor agridulce recorrió mi ser. 

Tras esta pieza, sonaron importantes canciones como “Radio Gaga”, “Crazy Little Thing Called Love” y “We Are The Champions”. La multitud se paró y no dejaba de corear y bailar canción tras canción. Estábamos frente a Dios Salve a la Reina, no frente a Queen. Y aún así, por instantes, uno podía sentirse en algún concierto de la agrupación londinense.

El momento del encore llegó y algunos comenzaron a levantarse de sus asientos. Sin embargo, otros más sabíamos que aún nos faltaban una piezas más. “I Want To Break Free” inició. Padín usaba una playera entallada rosa y una voluminosa peluca. Entendíamos la referencia y comenzamos a cantar.

“The Show Must Go On” continúo y esto parecía no tener fin, esperábamos que no. Sin embargo, los músicos comenzaron a interpretar “Don’t Stop Me Now” y entre miradas cruzadas descubrimos que aquel viaje en el tiempo había llegado a su fin.

En una noche, Dios Salve a la Reina nos llevó por un viaje de múltiples emociones. Para algunos fue una experiencia al estilo Live Aid, para otros solo fue un poco de la esencia de una banda tan relevante como Queen. Sin embargo, lo que nos unificó fue el amor por los clásicos, por esas canciones que escuchas y no puedes no corear. Un lenguaje que sin importar el tiempo y espacio, sí resulta ser infinito.

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