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Festival Cumbre Tajín 2018

Festival Cumbre Tajín 2018

Una ventana al mundo para conocer la cultura indígena y sus múltiples identidades.

En un abrir y cerrar de ojos despierto en Tajín, la ciudad del trueno. Pareciera que no ha cambiado nada y que el tiempo se ha detenido desde mi última visita. El aroma de la cocina tradicional Totonaca despierta mis sentidos y también mi apetito. Las mujeres de humo nos reciben con un festín al paladar en donde no pueden faltar los bocoles y el tradicional zacahuil.

Recorro cada uno de los pasillos del Parque Temático Takilhsukut y al centro un grupo de hombres pájaro se reúnen para comenzar con el ritual. Son los llamados Voladores de Papantla, que con sus distinguidos trajes y bordados multicolores, suben uno a uno por un mástil para invocar a los dioses y agradecer por las cosechas y el bienestar de sus familias.

Bajo un sol abrasador me adentro a la zona arqueológica de El Tajín, reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. En su interior la gente se toma la foto del recuerdo y deambula por lo que fuera uno de los centros ceremoniales más importantes de la cultura Totonaca. La vista desde lo más alto del mirador es impresionante, pero también enigmática.

El Festival Cumbre Tajín es un evento que cada año evoca al mundo, pues celebra, reúne y difunde nuestro patrimonio cultural. En él podemos encontrar una gran cantidad de actividades para toda la familia; desde talleres, exposiciones, danzas tradicionales, teatro, conferencias e incluso ceremonias, rezos, masajes y terapias alternativas, todo lo necesario para desintoxicar nuestros cuerpos, purificar el alma e iniciar un viaje con nuestro yo interior.

La música es otro elemento importante dentro de este festival y si algo ha caracterizado a Cumbre Tajín en ediciones anteriores ha sido por traer artistas y bandas de talla internacional (Björk, Tool, Pet Shop Boys). También ha servido de plataforma para impulsar grupos regionales y darles el mérito que se merecen como Mono Blanco, agrupación con 40 años de trayectoria impulsores del son jarocho.

En su edición número 19 pudimos ser testigos del regreso de una banda consentida por los veracruzanos: Kinky. Desde el primer minuto nos conquistaron con un arsenal de hits como “Coqueta”, “Ejercicio #16”, “Hasta quemarnos” y “Soun Tha Mi Primer Amor”, además de un gran espectáculo de luces.

Otro de los platos fuertes sin duda fue la cantante Ana Torroja, quien interpretó algunos temas de su autoría y de su icónica banda Mecano. Asimismo preparó un popurrí con pequeños fragmentos de canciones que rara vez había tocado en vivo para complacer a sus fans más exigentes. Temas como “Cruz de navajas”, “Maquillaje”, “Me cuesta tanto olvidarte” y “La fuerza del destino” despertaron el recuerdo de las personas ahí reunidas y no dejaron de corear cada una de las canciones mientras que fotografías en blanco y negro del extinto grupo eran proyectadas en pantalla.

Con “Un año más” una explosión de papeles y humo invadieron el escenario despertando los gritos y aplausos de las personas que desde temprano se dieron cita en el Nicho de la Música. “Duele el amor”, “El hijo de la luna” y más éxitos se hicieron presentes.

El jalisciense Siddhartha también fue bien recibido demostrando que tiene una gran fan base en tierras veracruzanas. En conferencia de prensa adelantó detalles de su siguiente material en vivo que saldrá en los próximos meses, mientras que el sucesor de Únicos saldrá hasta el próximo año.

“Buenas noches, un gusto conocerlos en este lugar”, fueron las primeras palabras de Sidd ante un recinto lleno. Temas como “El Aire”, “Control” y “Fuma”, encendieron los ánimos del público, pero fue con la canción “Loco” que la euforia explotó al bajar del escenario y reunirse con sus fans.

Otros artistas que también se presentaron en el festival fueron Renee Mooi con un show lleno de energía y fuerza además de luces estroboscópicas; la chilena Ana Tijoux con una dotación de rimas filosas y Vanessa Zamora cuyo escenario fue un frondoso árbol de zapote que nos resguardaba del calor mientras que ella nos refrescaba con sus suaves melodías.

Es así como Cumbre Tajín se convierte en una ventana al mundo para conocer la cultura indígena y sus múltiples identidades. No permitamos que el brillo de este mágico festival se extinga y sobre todo el brillo de nuestra memoria, de nuestras tradiciones, de nuestro legado porque como diría Efraín Huerta en su poema El Tajín “cuando nadie sea nada y todo quede mutilado impuro templo desolado, la pequeña pirámide podrá cerrar los ojos”.

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