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Alfonso Cuarón habla con Indie Rocks!

Alfonso Cuarón habla con Indie Rocks!

03/Dic/2018

Los sonidos que componen Roma están en nuestra memoria.

A los minutos de que ha comenzado la proyección de Roma los murmullos no cesan. Volteo para averiguar de quién se trata y me doy cuenta de que todos están enmudecidos, atentos a la pantalla y de que en realidad aquellas voces provienen de la película. El sonido es potencia. Nos traslada al período en donde ocurre la historia, al ambiente, a sus texturas... quizás es mejor decir que nos arrastra a los diferentes estadios emocionales que se suceden uno tras otro en el film. “No era tanto un testamento acerca del período histórico, es más sobre mis memorias y un punto de vista emocional, quería recuperar las texturas y los sonidos”, señala el director de cine Alfonso Cuarón sobre un aspecto de tantos que sobresalen en su cinta, el audio.

Ya sean las canciones de Juan Gabriel, el afilador pasando por las calles, la programación televisiva, el lenguaje de los personajes, la música de una radio portátil, el audio de Roma es un prodigio en los ámbitos técnico y emocional, mezclado de una manera fascinante. Un entramado sonoro que resulta familiar porque habla del acontecer cotidiano y de cómo pasan muchos eventos a los cuales no les prestamos atención, pero resultan monumentales. “Es el sonido más complejo que he hecho y que ha hecho Dolby, la mezcla tomó el doble de tiempo que Gravity, queríamos recuperar la esencia del sonido de esa ciudad, la idea era rodar hasta no estar satisfechos, teníamos que sentir que incluso podíamos percibir los olores. Hay una parte universal de ese México que no cambia”, agrega Cuarón. El sonido es tan profundo como caminar en silencio sobre eje central un domingo a mediodía. Un bullicio sobre tu mente.

Roma, junto con la nueva cinta de Los hermanos Coen, La Balada de Buster Scruggs, son producciones sobre las que Netflix tiene los derechos de transmisión y han tenido que estrenarse en principio en salas de cine para que puedan competir por algún Óscar, y después, contra lo que había dicho el gigante del streaming, también se estrenaron en cines alrededor del mundo. Alfonso Cuarón dice al concluir la entrevista con Indie Rocks! que la polémica entre Netflix y las salas de cine es simplemente una pugna por un modelo económico. Puede ser. Sin embargo, no han sido pocos los directores que están en desacuerdo porque sus filmes se vean en pantallas minúsculas con un sonido que está lejos de transmitir lo de una sala de cine. Lo cual también es cierto. Cuando concluye Roma es claro, la película debe verse en cine. Y debe verse como su creador la construyó: en 4K y con sonido Dolby Atmos. No se trata de una preferencia sobre la privacidad y la comodidad del hogar, pero a menos de que tengan un sonido muy potente y un lienzo enorme en sus hogares se perderá la fuerza cinematográfica del film. Porque Roma es todo lo que los críticos de cine han dicho, y mucho más: es un milagro, cinema puro, una experiencia que nos ahoga en los recuerdos familiares y personales. En la rutina del desayuno, las comidas y las cenas donde los afectos se desbordan. Y eso está lejos de sentirse en una pantalla de casa, una computadora o un celular.

El film apunta Alfonso Cuarón. “Era un inquietud de explorar una llaga personal y a la vez una llaga social. Dos llagas distintas que se proyectan una con la otra. Soy uno de los niños que aparecen ahí, el segundo mayor, Paco. En esa época sucedieron eventos transformadores, pero esta película no es acerca de mí, en realidad estás siguiendo a Cleo, que es uno de los seres que más quiero en mi vida”. La “historia” podríamos resumirla en un párrafo, porque como dice él no es una gran “trama”. El relato parece anecdótico hasta cierto punto. La fragmentación de su familia y la crisis personal que atraviesa Cleo (Yalitza Aparicio), la empleada doméstica, es a manera escueta el conflicto de Roma, el octavo largometraje del director mexicano. Pero la esencia no está en el fondo, sino en su forma. En su poesía.

“Cualquier película es personal, en realidad las películas las he hecho porque ha habido una necesidad, quizá alguna tuvo un poco un desvío, pero en general todas las que he hecho han tenido una necesidad muy íntima, Y tú mamá también estaba poblada de referencias biográficas, pero todo eso enmarcado en una narrativa de ficción. Aquí el proceso fue lo importante, fue una película que no hice con un impulso narrativo, sino con el impulso de recuperar esas memorias y plasmarlas, y hacerlo desde un punto de vista sensorial confiando en que eso iba a llevar la emoción. Fue un proceso distinto a todos los otros que he tenido”.

Un Cuarón muy tranquilo explica su film, pero es difícil comprender de qué habla hasta que ves, o mejor dicho, hasta que sientes, hasta que vives su película. Habla de las dificultades técnicas que implicó recrear algunos escenarios, de que los efectos visuales los hizo MPC, de que la corrección de color la hizo Technicolor y que quería una fotografía en blanco y negro contemporánea, de que está rodada en 65 mm cuando muchos directores lo hacen en digital, de que originalmente la iba a fotografiar "El Chivo" Lubezki, de que éste fue quien lo convenció de que lo hiciera el propio Cuarón, de que buscó un operador-fotógrafo mexicano que lo apoyara (Galo Olivares) y le diera un punto de vista fresco, de que estuvo durante el rodaje y parte de la postproducción con el director hindú Chaitanya Tamhane como parte del programa de Rolex y que él tuvo el guión antes que cualquier otro miembro de la producción. Insiste con la ausencia de la narrativa.

“Aquí son flujos de escenas, escenas que son momentos y que empiezan a tener una congruencia uno tras el otro, lo que empuja la película son momentos que se van acumulando y van teniendo un efecto emocional a medida que avanzan, la esperanza es que este efecto se dé a medida de este otro impulso emocional que lleva la memoria. La película se trata de cómo se crea una nueva familia, y está clara la separación de clase dentro de un núcleo familiar, es necesario crear unas transformaciones inmediatas acerca de la relación con las trabajadoras domésticas. Muchas de estas trabajadoras domésticas terminan convirtiéndose en el lazo emocional que une a las familias”.

Roma palpita en sus delicados planos, un avión reflejado en un charco de agua, un auto estacionado cuidadosamente, un cigarrillo sobre la palanca de velocidades, el ir y venir de Cleo sin realizar un corte en el plano; estamos ante un milagro cinematográfico que muestra las grietas familiares y personales. Grietas cuya reparación implica dolor y, sobre todo, amor.