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La máxima fiesta del cine mexicano en una jaula de oro

La máxima fiesta del cine mexicano en una jaula de oro

28/May/2014

Cuando creíamos que Alfonso Cuarón, el hijo pródigo, cruzaría con su majestuosa inteligencia el humilde umbral de Bellas Artes para ser reconocido también por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) con motivo de su cinta Gravity, todo se trataba de un muy buen/mal chiste de Regina Orozco. Como dijeran en la caricatura Los Super Amigos, de vuelta en la tierra, en la realidad cotidiana, la gran ganadora de la 56 entrega del premio Ariel fue la cinta La Jaula de Oro (2013), del director español Diego Quemada-Diez.

El evento arrancó alrededor de las 19:30 con una medianamente divertida ceremonia presentada por Regina Orozco y Enrique Arreola donde se bromeó desenfadadamente sobre los avatares actuales en el terreno de la cinematografía nacional.  De este excelso cortejo en torno a la imagen-movimiento,  la mayoría de los representantes de la prensa, simples mayordomos del oficio comunicativo, todos apretujados en el lobby del Palacio de Bellas Artes, sólo pudimos ver lo que se transmitía por unas minúsculas pantallas con pésimo audio. Claro, al final nadie estuvo privado de su reglamentaria copa de vino, como dijera Rafael Aviña, no sin ironía, "fueron tan políticamente correctos que se le quiso dar gusto a todos."

Las primeras producciones en descorchar el espumoso fluir del Ariel 2014 fueron Los insólitos peces gato (2013) de Claudia Sainte-LuceLa jaula de oro (2013) y Halley (2013), de Sebastián Hofmann.

Lisa Owen, egresada del CUT de la UNAM, fue reconocida con el galardón de Mejor Coactuación Femenina por su admirable trabajo en la película de Sainte-Luce. La Mejor Coactuación Masculina fue para Rodolfo Domínguez quien participó en  La jaula de oro. El joven no-actor mandó un saludo a todos los chiapanecos y agregó: “Quiero seguir haciendo cine hasta que la muerte nos separe.”

Desde otras entregas de estos premios ya se había marcado de forma contundente el principio del fin del actor profesional (como portavoz y rostro natural de la sustancia cinematográfica) y la bienvenida del no-actor a las entrañas de esta maquinaria. Como presagiosamente sucediera cuando Magdalena Flores, actriz de Japón (2002), obtuvo el Ariel, se concreta ahora, doce años después, el paso de este galardón a manos de estos personajes-actores que en lugar de ser los típicos expertos en la representación que llegaran a cumplir con un papel, por el contrario, nacen durante el rodaje de un filme al mismo tiempo que encarnan frente a cuadro una parte de sus propias existencias. La pregunta aquí es obligada y de tan obvia resulta grosera.

El Ariel 2014 en la categoría de Mejor Maquillaje fue otorgado al impresionante trabajo zombificador de Adam Zoller en Halley. Como es de suponerse, hubo monito de metal para muchos más, incluso para directores de la vieja escuela como el caso del veterano de guerra fílmica Arturo Ripstein, a quien se le ayudó a seguir agrandando su colección cuando se le concedió el Ariel de Oro por trayectoria. Por otro lado, a Felipe Cazals le fueron concedidas un par de estatuillas por Ciudadano Buelna (2013).

Desde la tímida aparición por la alfombra roja de Coral Bonelli (antes Pinolito) en compañía de su madre y, también del director Roberto Fiesco, el triunfo de Quebranto (2013) ya se anunciaba. Esta película es una exitosa coproducción del CUEC de la UNAM, a quienes por cierto Fiesco no se acordó de mencionar durante sus inspiradas palabras de victoria. Este premio no solamente viene a reconocer el importante trabajo de los largometrajes documentales, sino, al mismo tiempo, de esa Otredad sexual que en nuestro país aún ahora permanece subterránea, escondida del entendimiento social.

Mientras que No se aceptan devoluciones (2013), película que siempre me recomienda alguno que otro incauto en Facebook, por fortuna fue ignorada por la Academia, Amat Escalante se levantó con el premio de mejor director por su última película, Heli. Durante sus palabras ironizó con el hecho de que por fin a la Academia le gusta un trabajo suyo. Este filme pintaba  para probable mejor largometraje de ficción y sin embargo, se quedó muy corto en premiaciones. O como dijera en broma Armando Espitia: “Heli era la más chingona pero nos ganaron justamente.”

De esta luminosa noche en Bellas Artes donde casi todo el caudal de estatuillas terminó enjaulado, hay que rescatar cuando Adriana Roel, por No quiero dormir sola (2014), obtuvo el galardón de Mejor actriz. De igual modo, Brandon López recibió su premio a Mejor Actor por La Jaula de Oro. “Mi sueño era ser actor y en mi país no hubiera tenido esa oportunidad. Este premio se lo dedico a mi mamá porque ella me dijo: hijo, venite acá que unos señores están haciendo un casting para una película. Si no fuera por ella, yo no estaría aquí”, declaró emotivamente el joven.

¿Qué más decir de La jaula de oro, la mejor pieza de la noche, y de Diego Quemada-Díez, su autor, a quien nosotros entrevistamos durante el pasado Festival de cine de Morelia? El tema que se retrata en su filme es un tópico actual de la agenda global, aunque es una cuestión que abruma a México desde hace más de 20 años y es la primera vez que el Ariel premia una cinta que hable sobre esto. “Yo soy migrante y, desde esta condición, quería contar una historia que hablara sobre unos migrantes sudamericanos”, declaró el director al recibir el Ariel por su película.

Mientras en Hollywood se galardona a un mexicano por hacer una película estadounidense de nombre Gravity, en México el filme de un español migrante conquistó la noche de los premios nacionales a lo mejor del cine; el mundo debe estar loco o la globalización nos ha alcanzado a todos; como quiera que sea, que sea lo que tenga que ser pero que los sublimes señores de la Academia, a la hora de invitar a sus eventos, recuerden ser un poco más benévolos con los sucios perros románticos que escribimos sobre cine. Mientras tanto la dura La Jaula de Oro, la implacable Heli (2013), la excéntrica Halley y la entrañable Los Insólitos Peces Gato, representan una buena camada de producciones mexicanas que prometen bastante y hacen soñar demasiado; soñar con sueños sobre mejores días para la cinematografía nacional independiente. ¿Será?

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