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Zoé — Aztlán

7

Zoé
Aztlán

Universal Music / 2018

Artista(s)

Zoé

24/Abr/2018

Aztlán: De amor y otros delirios.

Una banda que ha superado las pruebas del mainstream, de la fama, de las sustancias y del tiempo es Zoé. Este año, de la mano de Phil Vinall, su productor de cabecera, y Craig Silvey, quien ha colaborado con proyectos como Arcade Fire y Noel Gallagher, el quinteto mexicano regresa con un álbum romántico e introspectivo que rinde tributo a las raíces de nuestro pueblo: Aztlán.

León Larregui es un compositor nato que nos ha cantado historias sobre su percepción del mundo, la vida y el amor desde hace siete años. Si hay algo que se valora de un compositor, es cuando hace uso de los propios dilemas y conflictos existenciales, y junto a su banda crean sonidos y atmósferas que comunican sentimientos. Sin correr riesgos, y siguiendo la fórmula sonora que los caracteriza, Zoé comparte en esta sexta entrega nuevas historias reales y oníricas.

“Venus” da inicio al disco. Se trata de una balada ligera que transita entre tiempos suaves en la batería, teclados luminosos, y panderos de fondo. Nada diferente del sonido que ha caracterizado a la banda en los últimos años.

Por otro lado, en el primer sencillo “Azul”, los músicos galácticos nos hablan de la soledad, el despecho, y la miseria de saberse olvidado por la persona amada, logrando convertir el tema en uno de los más potentes del álbum.

“No hay mal que dure” está compuesta por muchos teclados típicos del synth pop, y bajos que se entrelazan para crear un ritmo pegajoso. La poesía impregna el pedaleo de las baterías a través de 4:52 minutos.

Es grato cuando el vocalista se pone meditativo, y expresa en letras sus miedos y ansiedades. “Al final” suena a un tema más tema personal que desgaja con toques nostálgicos una serie de reflexiones y conclusiones con las que todo humano puede identificarse.

Sonidos de suspenso y los sintetizadores aumentando la velocidad, son el preámbulo a la voz que comenzará a interpretar “Hielo”, una de las canciones más obscuras y maduras que expresa la amenaza del inminente final de una relación.

“Aztlán” inicia con música que crea una atmósfera de misticismo tal como la tierra de los antiguos aztecas, el “lugar de la blancura”. Así resuena la suave voz del cantante, para después ser acompañada por aplausos alegres. “Aztlán, ¿dónde quedó tu gloria? Águila sin sol. Gran Aztlán tu pueblo te reclama, no te abandonará”, canta Larregui. Aquí Zoé le habla a su pueblo, y deja un himno para reflexión de todos los mexicanos.

Siguiendo con la esperanza, “Renacer” invita a una reconstrucción y el surgimiento a una vida diferente. “Oropel” suena entre rasgueos melancólicos. La nostalgia de una atmósfera urbana son la base para una historia de una relación separada por años de diferencia. Finalmente, el álbum concluye con “Clarividad”, seduciendo el oído con teclados espaciales, y bajos lentos, que junto con la melodía vocal conforman un lienzo romántico lleno de misterio.

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