Favoritos

Haz click en la banderilla para guardar artículos en tus favoritos, ingresa con tu cuenta de Facebook o Twitter y accede a esta funcionalidad.

152978
Jesca Hoop — STONECHILD

8

Jesca Hoop
STONECHILD

Memphis Industries / 2019

Artista(s)

Jesca Hoop

Notas que demuestran que el lado oscuro de las emociones también puede ser hermoso.

El quinto álbum de la artista californiana es una exploración fresca hacia tintes menos luminosos, que no menos bellos, que el resto de sus materiales. Sin embargo, la esencia de Jesca Hoop se mantiene latente en el recorrido de las 11 estaciones de STONECHILD.

El disco hace referencia a uno de los casos médicos más horrendos y desconcertantes: los bebés de piedra o litopedión. Una rara afección en las mujeres que provoca que el feto se momifique en el vientre de las madres, pudiendo pasar así años sin siquiera presentar molestias. Probablemente una metáfora al miedo a la maternidad, a enfrentarse a lo hermosamente catastrófico y “natural” que es el ser madre.

El tema central: la maternidad. Acompañada por el productor y músico británico, John Parish, este álbum es un descubrimiento de la propia Jessica hacia sus adentros, un viaje a su propio interior y un cuestionamiento de su verdadero yo frente a demonios como la soledad, la incertidumbre y el miedo a sentir. Un trabajo sumamente personal y, por ello, completamente universal.

El trayecto inicia con “Free of the Feeling”, una melodía en guitarra bastante sencilla y apenas adornada con una flauta que se escucha en el fondo, complementada por la exquisita voz de Jesca y el genio de Lucius. Una críptica composición llena de simbolismos y una musicalización que se debate entre lo pagano y lo celestial (¿no son los mismo?) y que es la introducción perfecta al resto del material. A continuación, y de nuevo acompañada por Lucius, Hoop nos conduce de la mano a través de “Shoulder Charge”, uno de los tracks centrales y que brilla con mayor fuerza dentro del álbum. Es a la vez una balada cantada casi a capella y un monólogo operístico (porque en realidad las voces de Jess Wolfe y Holly Laessig apenas sirven como un acento) que raya en la genialidad.

Le siguen temas como “Old Fear of Father”, “Footfall of the Path” y “Death Row” que, sin ser mediocres ni carecer de una genialidad casi innata, se pierden un poco en el transcurso del viaje. Estas tres cambian de canciones de fogata a un canto céltico para terminar convirtiéndose en un discurso musicalizado y lleno de nostalgia.

Para la mitad del disco tenemos “Red White and Black”, uno de los tracks que más recuerdan a trabajos anteriores de Jesca Hoop y en los cuales sentimos a una artista más humana y cercana a quienes la escuchamos. No tanto por la casi nula complejidad del track, sino por la manera en la que articula la historia dentro de la letra y lo natural que parece su cantar. Después siguen “01 Tear”, un tema lleno de tristeza y dolor que termina sucumbiendo para ser intrascendente; “All Time Low”, uno de los tracks que más disfruté del álbum por el tono meditativo de su cantar y la alegría de sus susurros que se contraponen con la confrontación de la propia letra.

Para el final de nuestro viaje tenemos tres temas particulares por sí mismos: “Outside of Eden”, con Kate Stables y Justis, que es una alegre tonada que se queda pegada en la cabeza como un jingle. “Passage’s End”, que como un presagio triste y a la vez apaciguaste anuncia el cercano final del paseo a través de los demonios internos de la artista. Cierra el disco con “Time Capsule”, una manera de abreviar su disco, que es quizá mi track favorito del álbum. Una tierna y taciturna canción para declamar mientras por la ventana la lluvia empapa el pasto o el asfalto.

Cada uno de las canciones que componen el álbum toca temas centrales en la vida de cualquier mujer que se ha visto violentada y se atreve a cuestionarlo todo: misoginia, sexismo, abuso, depresión, subyugación y dolor. Temas, que no solo conciernen a ellas, sino a una sociedad actual que debe mirar con los ojos bien abiertos a estos problemas latentes. De nuevo, el disco es una exploración tan personal que se vuelve universal, tan dolorosa que es necesaria y tan repugnante que nos parece tan real.

 

No es una revista, es un movimiento.