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Boris — No

10

Boris
No

Sargenthouse / 2020

Artista(s)

31/Jul/2020

El relámpago que te despierta en la madrugada.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra, y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y de pronto se escuchó el estruendo de un riff de guitarra lacerando las nubes, un tambor batiente a modo de anunciación, el feedback como elemento para crear nueva vida. “Genesis” es la primera canción del disco más vendido en Bandcamp en la actualidad y el sonido de Boris se yergue cual monolito de una nueva era tan necesaria en tiempos de pandemia. 

El inicio de “Anti-Gone”, y no me importa si al decir esto los puristas del noise/drone/sludge/etc que extrañan el Festival Aural se sienten ofendidos ante tal sacrilegio, me remite a “Hit the Lights” de Metallica, los inicios del thrash, y el desarrollo del tema, a Toxic Holocaust, de lo más reciente de dicho subgénero. Y de pronto la voz que muchas veces se mantiene en silencio comienza a escupir odas a un Apocalípsis personal. “Non Blood Lore”, apenas han pasado 3 tracks, imaginé que estaba en plena presentación en directo de este disco, y creo que para este punto, el cansancio, el sudor y la sofocación ya me hubieran hecho salir del mosh pit. 

“Temple of Hatred” me indica que no habrá aparente calma en este recorrido por el infierno, para muchos no será fácil procesar tanta furia, velocidad y cataclismo, el pequeño dolor de cabeza permanente resultado de la privación de sueño que acarreo desde hace semanas se agudiza, pero a la vez me alienta a seguir escuchando, a desmenuzar cada elemento de esta masacre, a entender que la música es catarsis contenida que cuando encuentra su punto de fuga puede desatar el caos y su aparente orden. Porque cada instrumento se entrelaza y pelea, un escorpión, una serpiente y una tarántula atacándose en busca de quedarse con un bocado propio. 

“Zerkalo” me hace pensar en Amenra y el acertado comentario al respecto de este álbum por parte de Colin H. Van Eeckhout, miembro de dicha agrupación. “En serio, ya no hay muchas bandas capaces de hacer un disco como este”. Y es verdad. Hoy el confort duerme en los laureles de los likes antes que despertar la inventiva, fácil es para un influencer que se dice “músico” hacer un cover e incluir el placement de una bebida energética para generar ganancias, pero ni la taurina más pura logrará que quieras azotar contra el suelo la guitarra eléctrica que no tocas más. No solo la glucuronolactona te causa taquicardias, ni el café orgánico y más puro que crees que solo tú bebes y preparas en tu prensa francesa te hará sentir tantas ganas de salir corriendo sin un rumbo fijo. 

“HxCxHxC -Perforation Line-” en honor a todos aquellos que con una x marcada con plumón en sus manos estaban impedidos a beber alcohol en un concierto de hardcore, pero que encontraban su salvación golpeándose unos a otros, rabia absoluta, sudor y sangre, gritos del alma perdida y despedazada. “Kikinoue” y la belleza del desorden, los rayos de sol que emana el desastre natural, “Lust” y ese sonido a demo viejo, a lugar de mala muerte donde sudan las paredes y hasta el techo llega la sangre de los heridos en la debacle del mosh pit, “Fundamental Error” y el ánimo core del futuro, aquel que Converge y The Dillinger Escape Plan hicieran en algo inaudible para el público del heavy metal. 

“Loveless” es la pieza de más duración del álbum y asimismo quizá la más elaborada y digerible para aquellos oídos menos acostumbrados a la neurosis que provocan los altos decibeles, las guitarras arrumbadas en sus estuches que cuando salen de su sarcófago cual vampiros hambrientos de sangre, y al conectarse a los amplificadores Orange, despiertan a los demás murciélagos sedientos. Este álbum como la transfusión de tejido conectivo que tanto nos hace falta en días en los que no queremos levantarnos. 

“Interlude” y la invitación a la calma y la introspección, todos estamos rotos de cierta forma ante la incertidumbre y el encierro obligatorio, rumores y malas noticias, lluvias intermitentes y mosquitos que no dejan dormir...como si pudiéramos. Pero Boris y su ruido entrañable nos dan una lección de vida: el poder es a veces la solución, e rabiar también es iluminarse, el desquitarse con uno mismo funciona para luego perdonarse, y así como se vale llorar, se vale hacer headbanging ante la mirada de extrañeza de nuestras mascotas, es ideal subir el volumen para contrarrestar la playlist de éxitos de Luis Miguel que pone tu vecino todo el día, es gratificante ponerte los audífonos y sentir como cada riff te acuchilla y te alienta a hacer slam contigo mismo para sacar toda esa rabia que surge por lo que hemos perdido. 

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