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Semana de las Juventudes 2017 — Día 1

Semana de las Juventudes 2017 — Día 1

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Zócalo CDMX

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La noche en que el cielo estuvo más cerca del templo mayor: Caifanes en la Semana de las Juventudes 2017.

Méshico Tenochtitlan, en el ombligo de la luna que se extendió hasta los terrenos más inimaginables, aquella majestuosa ciudad donde se erguía el templo mayor, que nuestros antepasados construían obsesivamente hacia arriba, para estar cada vez más cerca de los dioses. Esa ciudad que descansa bajo nuestros pies aún saca hacia la superficie moderna ciertos caprichos de su existencia: El bullicio de la urbe que no descansa, los pregoneros dominando el aire con su palabra, los danzantes que rinden tributo a nuestros olvidados y auténticas deidades… Simplemente somos el reflejo de lo que fuimos y seremos por toda la eternidad.

¿Qué sería de este maravilloso lugar, símbolo del esplendor y el mestizaje prehispánico sin la música? La fecha marcada en el calendario por todos los rockeros capitalinos –muchos otros de la zona metropolitana y estados aledaños– por fin llegó con el fin de semana de conciertos de la Semana de las Juventudes. Conformado por un gran cartel que reúne las propuestas más frescas e interesantes de la escena, amalgamado con bandas consolidadas nacionales y extranjeras, el Instituto De La Juventud de la CDMX se ha introducido exitosamente en el amplio catálogo de festivales de la urbe.

Siendo el viernes la primer jornada de música, las bandas, como cada año, se volvieron a distribuir en dos escenarios, uno en la plaza de Santo Domingo, y el segundo en El Zócalo.

El ambiente del escenario ubicado en la Plaza Santo Domingo vio desfilar a la primer camada de bandas emergentes del festival, tales como Delta Venus y Emilia. Más tarde, los encargados de seguir el festín fue Sierra León, que con su energía y buena actitud sobre el entarimado lograron que algunos transeúntes voltearan a ver su propuesta y se unieran al concierto. Por su parte, AJ Dávila, Belako y Descartes A Kant fueron los encargados de concluir las actividades de manera exitosa. Las miradas pasarían a voltear más tarde hacia la Plaza de la Constitución, allí se forjó una de las proezas que quedarán marcadas en la historia del rock mexicano.

¿Quién iba a pensar que el destino de dos músicos estaría marcado a unos cuantos pasos del imponente escenario montado este viernes en el Zócalo de la Ciudad de México? Era el lejano 1986, cuando el proyecto que antecedió a Caifanes, Las Insólitas Imágenes de Aurora, decidió tocar con un equipo precario, afuera de la Catedral Metropolitana, junto a los albañiles, plomeros y electricistas que ponían sus letreritos en el piso ofreciendo sus servicios, a lo cual ellos pusieron el suyo con la leyenda “Grupo”. Esos dos chicos aún comunes y corrientes eran Saúl Hernández y Alfonso André, quienes tres décadas después se encontraron junto con Diego Herrera, Sabo Romo y Rodrigo Baills, a unos cuantos pasos de aquel lugar, solo que ahora hicieron vibrar a una plancha del Zócalo repleta, pletórica, donde sus aliados rompieron los paradigmas de la edad y la clase social.

El éxtasis de dos generaciones que crecieron y vivieron con la música de la banda más influyente del rock en México se reunió en un solo espacio, donde la nostalgia y la felicidad fueron detonantes de una noche inolvidable, una noche donde Caifanes hizo el silencio más largo de toda su historia. El ritual de rituales en el templo mayor de la Ciudad de México.

Añorado por sus fans desde el 2011, año del reencuentro, la idea de poder ver a los interpretes de “No dejes que” parecía más un sueño guajiro y descabellado que una realidad palpable. Después del trágico S19 la sociedad cambió evidentemente su manera de ver la vida, y tal parece que esos cambios lograron lo que muchos daban por algo imposible. La agrupación chilanga consolidó su celebración de treinta años de una manera sublime, llena de sorpresas, momentos sumamente emotivos y dedicaciones especiales.

El reloj marcó las 19:30 H como el inicio del concierto, haciendo recordar al mismo tiempo los añejos masivos de los noventa por el tremendo ímpetu de sus asistentes. En las pantallas se visualizó el lúgubre videoclip de “Será por eso” que se complementó con las primeras notas de “Viento”, siendo este el punto de partida dentro de la festividad, provocando alaridos descontrolados, esos que salen cuando sientes que todos los empujones y pisotones valen la pena.

Con los ánimos a tope arriba y abajo del escenario, “Nubes” lanzó la fiel invitación a dar una vuelta al cielo, que lucia despejado, benevolente ante la exhibición de unos Caifanes que siguen y seguirán vigentes por muchos años más. Las ya características palabras de Saúl no pudieron faltar al momento de agradecer e hincarse ante la multitud que lo ovacionaba, emulando así la misma devoción que la tribu mexica le rendía al Dios de la Guerra, Huitzilopochtli.

Con una gran experiencia que se reflejó en la complicidad de los músicos sonó “Amanece” lanzando la siempre contestataria premisa “Solo muertos nos podrán callar”. Sin olvidar los clásicos, la agrupación chilanga entonó “Antes de que nos olviden” en protesta de los asesinatos a periodistas y feminicidios en nuestro país, seguida de “Los dioses ocultos” coreada con gran intensidad.

Da gusto resaltar la carga tan especial que Caifanes dio a esta presentación, regalándoles a sus seguidores detalles en cada una de sus canciones, siendo los más emotivos y aplaudidos el intro de “Mátenme porque me muero” donde una proyección en las pantallas rescató la icónica oración dicha por Tin Tan. Y qué decir de la maravillosa “Afuera” que sorprendió a todos con la llegada de un grupo de imponentes danzantes, sonando caracoles, expandiendo incienso y bailando al ritmo de la batería del gran Alfonso André y el solo de Rodrigo Baills. Un momento para la memoria, tanto que no hubo quien esta vez no pudo evitar sacar su celular para capturar el momento.

Sin olvidar grandes canciones de su álbum debut como “Cuéntame tu vida”, “Perdí mi ojo de venado” y otras como “Aquí no es así” y “Nos vamos juntos” hicieron que chicos y grandes cantaran juntos a todo pulmón, olvidándose del frío y disfrutando cada melodía del cuarteto mexicano. Con una pieza del himno nacional interpretada a través del saxofón de Diego Herrera daba inicio el encore que sellaría una noche de ensueño para los que pudieron presenciar el concierto, ya fuera de pie, sentados al fondo de la plaza visualizando las pantallas, o desde los balcones y ventanas de los hoteles que rodean el Zócalo.

“Vamos a hacer un silencio” desplegó otro momento muy emotivo, un homenaje a las víctimas del terremoto del pasado 19 de septiembre, provocando que los puños se alzaran, mientras tanto en las pantallas se homenajeaban a todos los héroes anónimos que nos dejó el sismo.

Seguido por el clásico de Juan Gabriel, “Te lo pido por favor” se veían en la gente sonrisas de auténtica satisfacción, niños en hombros de sus padres cantando, viviendo un momento único que remató con “No dejes que”, “La célula que explota” y la infaltable “La negra Tomasa” desgastando el ultimo aliento, dejando todo en el escenario, saltando hasta el cansancio, pero no sin antes abrirles paso a un grupo de Mariachis que terminó por endulzar los corazones de miles y miles de aliados caifanes con “El son de la negra”.

El tiempo pasó muy rápido, los que antes cantaban y saltaban ahora marchan cansados, uno detrás del otro, buscando pronta salida, por la calle de Madero o 5 de Mayo, para emprender el camino a casa. Pero las horas en medio del calor, las pisadas y los empujones han valido la pena. No todos los días se tiene la oportunidad de ver a los dioses ocultos hacer un ritual supremo donde se hace el silencio, que se complementa con el significado de aquel símbolo que se ve en posters y playeras conmemorativas de Caifanes, el OM. Todo lo que es, lo que fue y lo que será, el origen divino de todas las cosas. No es casualidad que Caifanes simbolice su treinta aniversario con el OM, simplemente, primero se creó el sonido, y después, todo lo demás.